Lectio Divina: DOMINGO XXXIV DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO A SOLEMNIDAD DE CRISTO REY

Escrito en 22/11/2017 por Rita de Casia en Lectio Divina

ChristusRex

ORACIÓN INICIAL

 

Espíritu de verdad, enviado por Jesús para conducirnos a la verdad toda entera, abre nuestra mente a la inteligencia de las Escrituras. Tú, que descendiendo sobre María de Nazareth, la convertiste en tierra buena donde el Verbo de Dios pudo germinar, purifica nuestros corazones de todo lo que opone resistencia a la Palabra. Haz que aprendamos como Ella a escuchar con corazón bueno y perfecto la Palabra que Dios nos envía en la vida y en la Escritura, para custodiarla y producir fruto con nuestra perseverancia.

 

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS. Mateo 25, 31-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Cuando el Hijo del hombre venga, rodeado de esplendor y de todos sus ángeles, se sentará en su trono glorioso. La gente de todas las naciones se reunirá delante de él, y él separará unos de otros como el pastor separa las ovejas de las cabras. Pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Y dirá el Rey a los que estén a su derecha: ‘Vengan, benditos de mi Padre y reciban el reino preparado para ustedes desde que Dios hizo el mundo. Pues tuve hambre y me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber; fui forastero y me dieron alojamiento; estuve sin ropa y me la dieron, enfermo y me visitaron, en la cárcel y vinieron a verme.’ Entonces los justos preguntarán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te dimos de comer, con sed y te dimos de beber, como forastero y te dimos alojamiento, sin ropa y te la dimos, enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?’ El Rey les contestará: ‘Les aseguro que todo lo que hicieron con uno de estos hermanos míos más humildes, conmigo lo hicieron.’ Luego dirá a los que estén a su izquierda: ‘Apártense de mí, los que merecieron la condenación; váyanse al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Pues tuve hambre y no me dieron de comer; tuve sed y no me dieron de beber; fui forastero y no me dieron alojamiento, estuve sin ropa y no me la dieron, enfermo y en la cárcel y no vinieron a visitarme.’ Entonces ellos le preguntarán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, como forastero, falto de ropa, enfermo o en la cárcel, y no te ayudamos?’ El Rey les contestará: ‘Les aseguro que todo lo que no hicieron con uno de estos hermanos míos más humildes, tampoco conmigo lo hicieron.’ Estos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.”

 

Contexto

Hoy la Iglesia  celebra la solemnidad de Cristo Rey. Es el último domingo del año litúrgico, y que viene a ser como la conclusión de la historia humana con el juicio universal. Nuestro texto forma parte de un discurso escatológico, pronunciado por Jesús en el monte de los Olivos a sus discípulos. El Hijo del hombre es el Mesías que inaugura el Reino de Dios, eterno y universal, basado en  el amor a Dios, a través del amor al prójimo. ¿Amamos al prójimo? Porque, si no lo hacemos, nos mentimos a nosotros mismos cuando nos decimos que amamos a Jesucristo.

Desde el anuncio de su nacimiento, Jesús es definido como “rey”, en el sentido mesiánico, heredero del trono de David, según las promesas de los profetas, para un reino que no tendrá fin. La realeza de Cristo permaneció del todo escondida, hasta sus treinta años, transcurridos en una existencia ordinaria en Nazaret. Jesús inaugura el nuevo reino, que “no es de este mundo”, y que al final lo realizó plenamente con su muerte y resurrección.

 

Comentarios al Texto de este día.

Cuando el Hijo del hombre venga rodeado de esplendor…”  Jesús nunca quiso dejarse proclamar rey terrenal, obrando siempre como el servidor de todos, en especial los más necesitados. Precisamente por eso reconocemos su soberanía universal, no en el sentido de un poder terreno, sino en el plano trascendente que corresponde al destino final de la humanidad. Proclamar a Jesucristo Rey del Universo es relativizar todos los poderes de este mundo, sean ellos de carácter social, político, económico o religioso, porque las instituciones humanas no son fines en sí mismas, sino que deben orientarse a la realización auténtica del Reino de Dios (Prefacio de la plegaria eucarística de hoy: es “Reino de verdad y de vida, Reino de santidad y de gracia, Reino de justicia, de amor y de paz”).  Una vez más, San Mateo recurre a la imagen de “sentarse”, como Maestro para ofrecer una lección magistral. Esta vez le acompañan los Ángeles y le escucharán todas las naciones, porque todos seremos llamados a Juicio, no de condenación, sino de salvación.

Él separará unos de otros, como el pastor separa las ovejas de las cabras…” Una imagen frecuentemente empleada en los textos bíblicos para referirse al Reino de Dios es la del pastor, que nos remite a la experiencia originaria del pueblo de Israel. Pero Jesús se presenta además como el pastor que en el juicio separará a las ovejas de las cabras, para indicar quiénes merecen la felicidad y quiénes la desgracia eterna. En el lenguaje bíblico las ovejas y los corderos son símbolos de bondad, mientras que las cabras y los chivos simbolizan el poder destructor del mal. Y su ubicación respectiva a la derecha o a la izquierda se relaciona con la costumbre que tenían los reyes de situar a su derecha a quienes recompensaban por sus méritos. Son símbolos de la cultura de su tiempo para explicar su criterio decisivo en el juicio final.

Entonces dirá el Rey a los de su derecha: Vengan, benditos de mi Padre….porque tuve hambre…. “Lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más humildes…”  Sobre todo esta última parábola del juicio final es una clara indicación  que Jesús se identifica con el pobre: el hambriento, el sediento, el sin hogar y sin ropa, el enfermo, el encarcelado. Jesús nos juzgará sobre nuestra solidaridad para con los marginados. Más aún, podemos decir que dejará que los mismos pobres nos juzguen: ellos son la Corte Suprema de Justicia de la historia. No valdrán en aquél momento las buenas intenciones, ni los buenos deseos, ni siquiera los ritos o prácticas de devoción, sino únicamente nuestra acción concreta en solidaridad con los pobres de este mundo.  No podremos sacar disculpas de que no tuvimos ocasión de conocerlo. El Rico Epulón tenía todos los días al pobre Lázaro a la puerta de su casa. Lo conocía perfectamente, pero nunca le interesó ayudarle. Este pasaje nos hace ver que a Dios lo encontramos en el hermano que tenemos a nuestro lado, que se identifica con aquellos que necesitan de nuestra ayuda, con todos los que pasan hambre o sed, que están enfermos o presos, en nuestros vecinos…. De ahí la necesidad de estar atentos, porque el Señor puede estar a nuestro lado y  “no nos enteramos”.  San Juan en su primera carta nos recuerda la cercanía de Dios por medio del hermano: Quien dice que ama a Dios, a quien no ve, y ni ama a su hermano, al que tiene delante, es un mentiroso y la Verdad no está en él.

“Apártense de mí, malditos”.  Y lo dicho no será sólo querido por Dios, sino, paradójicamente, también por los hombres, también por los impíos. En el día del juicio universal, no será sólo el Juez el que bajará del cielo, escribió el poeta  sino que toda la tierra se precipitará a su encuentro, para  “Restaurar en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra”.

El amor se mide por el “hacer” no por los sentimientos que declaramos ni simplemente por las intenciones.  Y este amor pedido tiene destinatarios: a “los más pequeños”. En Mateo el pequeño es el frágil física, emocional y espiritualmente; el que necesita todo tipo de apoyo. Se caracteriza también por su invisibilidad social. Jesús se identifica con los “pequeños” a quienes llama “hermanos míos”. Hay una presencia sacramental de Jesús en ellos, porque son sus hermanos en el sufrimiento.

El evangelio de hoy indica que la caridad para con el prójimo pide con claridad practicar las obras de misericordia “corporales”, que Jesús recoge magistralmente en las siete que hemos escuchado, y que en tantas ocasiones se hizo mención en el año de la Misericordia.  La piedad cristiana ha añadido otras siete, que ha designado como obras de misericordia “espirituales”: aconsejar bien al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que hace mal,  consolar al triste, perdonar y sufrir con paciencia a quienes molestan, y rogar a Dios por vivos y muertos

El Espíritu de Jesús, que se nos ha comunicado en el bautismo y que continúa inyectándose por los sacramentos y otras obras de la gracia, ha de ser como esas células madre, que se multiplican y transforman el organismo, en el que han sido injertadas, de modo que produce otras nuevas y revitalizan a las células muertas. Así el cristiano se va haciendo más Cristo, en la medida que le permitimos que se apodere más y más de nosotros. “Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga a sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte” (1 Cor 15,25 s).

REFLEXIÓN

¿Qué relación encuentras entre Jesús Rey del Universo y el Juicio final?

El juicio será sobre el Amor a Dios y el amor al prójimo. ¿Cómo puedes describir que comience por el amor al prójimo y no a la inversa?

¿A quiénes se dirige Jesús al referirse a los “hermanos más pequeños? ¿Podrías pensar en algunas ocasiones en las que sale en defensa de los más vulnerables y por el contrario desprecia a los más “fuertes”?

Uno será juzgado no tanto por lo que ha hecho, sino por lo que ha dejado de hacer u omitir. ¿Tendrías alguna razón para justificar cuanto nos pide Jesús?

¿A qué estilo de vida te está pidiendo Jesús que te atengas, si deseas ser su seguidor? Nuestras justificaciones ¿serán escuchadas el día del juicio? ¿Por qué? ¿De qué manera vivo la dimensión social de la fe cristiana? ¿siento que el hecho de llamarme cristiano me compromete con las necesidades de los más necesitados?

¿Qué hago para ser sensible y solidario ante las necesidades de los que me rodean, de esos que tengo a mi lado y que precisan de mi ayuda? ¿De qué forma busco acercarme a los que están pasando por alguna necesidad, a quienes podría ayudarles?

¿Sabes cuáles son las obras de misericordia “corporales y espirituales?

ORACIÓN

Señor, tú presencia  en medio de nosotros es constante. Nunca podremos decir que “no te hemos visto”, después de haber escuchado tu Palabra. Nos adviertes vendrás al final de los tiempos para juzgar a todas las naciones. Pero Tú vienes cada día a nosotros de mil formas y nos pides que te acojamos. Te encontramos en la Palabra y en el partir del pan. Y te encontramos también en los hermanos partidos y desfigurados por el hambre, la opresión, la injusticia, la enfermedad, el rechazo de la sociedad. Abre nuestros corazones para saber acogerte en el hoy de nuestra vida, para ser por Ti acogidos en la eternidad del cielo.

 

CONTEMPLACIÓN

 Vamos llegando a la parte final de nuestras consideraciones. Es el momento concreto en quiero imaginarme ese juicio, en el que estoy de pie ante el Señor y sus ángeles, ante mis  “hermanos, los más pequeños”,   ante los  que necesitan de mi ayuda. Ya no me valen rezos, devociones, ni excusas. Me haces ver que Tú esperas de mí que te sega y que  haga de mi vida tu proyecto, que viva la vida con el corazón puesto en ti, pero con la mirada puesta en los que nos rodean, amando y sirviendo como Tú lo has hecho. Es así que escucharé: “…vengan benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber, sin hogar y me acogieron, preso o enfermo y me visitaron, desnudo y me vistieron…”.

Señor, Tú me  has enseñado que  el amor a Ti y al prójimo  sintetiza toda la ley, pero pasa por la solidaridad y sensibilidad con los que sufren y pasan necesidades. Y no solo me dices que necesito tener una actitud de caridad y sensibilidad activa con los que me rodean, sino que Tú te identificas con quienes necesitan ayuda o pasan carencias. Estos criterios de acción me  hacen ver que seguirte a ti es mucho más que una idea o una teoría, que tus cosas no se agotan en la información; que creer en ti más que doctrina es vida, que más que conocimiento es actitud, que más que saber cosas es vivir tu estilo de vida, asumiendo tus actitudes y tus disposiciones.

Un modelo de entrega lo encuentro en María: acude presta a ayudar a su prima Isabel; en las Bodas de Caná está atenta a la falta de vino, pero es que esa ha sido su actitud para todos cuantos en la historia de la Salvación, se han acogido  a su Amparo y protección. A Ella también quiero mirar y pedirle su ayuda.

Señor Jesús, te pido perdón por las veces que he vivido una fe con la mirada en el cielo, sin ver que Tú estás en los que nos rodean; perdón por tener una fe de teorías y no de vida; perdón por las veces que me llamo cristiano y no tengo tus actitudes y paso desinteresado e indiferente ante los que me  necesitan; perdón por las veces que me hice del desentendido y no quise ver o escuchar el clamor de aquel que me pedía una mano; perdón Señor, por cerrar mi corazón a los que me rodean, por volverme insensible e indiferente ante el otro. Perdón, Señor, por mis muchas excusas para la inoperancia, por hacer “mis gustos” y no buscar tu voluntad. Tantas veces te digo: “hágase tu voluntad…”, pero se convierte en una rutina de oración y no buscar lo que Tú quieres de mí.

Espíritu Santo, Tú que transformaste la vida de los apóstoles y de tantos y tantos a través de la historia,   transforma mi  vida y ayúdame a  crear dentro de mí el Reino de la Verdad, de la Justicia y de la paz, donde Tú con el Padre y el Hijo reinen por siempre.

 

PROPÓSITO

Dios me está hablando directamente. Escucho su voz como un susurro interior. Ya no puedo buscar excusas: “me estrecha por delante y por detrás”. Para mejor discernir, dirijo ahora la mirada a los que  viven cerca de mí, y sufren  carencias, pasan necesidad, tienen angustias o sufrimientos, ¿qué puedo hacer por ellos?, ¿qué está a mi alcance para ayudarlos y así ser instrumento de Dios para ellos?

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