Lectio Divina: DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO A, “Vigilen, porque no saben el día ni la hora”.

Escrito en 08/11/2017 por Rita de Casia en Lectio Divina

DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO A

ORACIÓN INICIAL

Pidamos al Señor la gracia de comprender lo que significa vivir sus enseñanzas y así darnos cuenta lo que eso implica para nuestra manera de ser y de actuar. Tú nos invitas a estar preparados, vigilantes, atentos y dispuestos a tu venida, sabiendo que seguirte implica asumir tus enseñanzas y hacerlas vida; y escuchamos tu invitación  a estar vigilantes, a vivir cada día de manera más plena nuestra identificación contigo. Te pedimos que nos envíes tu Espíritu, para que Él nos recuerde y avive el deseo  dinamizar nuestro compromiso con una fe viva y radiante, contagiadora  y vivificadora, que no solo exprese que te estamos esperando, sino que animemos a otros a esperar tu venida, renunciando a una vida mundana y sin esperanza alguna.

 

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS. Mateo 25, 1-13

 «Entonces el Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite; las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas. Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron. Mas a media noche se oyó un grito: ‘¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!’. Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: ‘Dennos de su aceite, que nuestras lámparas se apagan.’ Pero las prudentes replicaron: ‘No, no sea que no alcance para nosotras y para Uds.; es mejor que vayan donde los vendedores y  compren.’  Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: ‘¡Señor, señor, ábrenos!’ Pero él respondió: ‘En verdad os digo que no las conozco.’  Velen, pues, porque no saben ni el día ni la hora.

 

Contexto en el que se va a desarrollar la parábola.

Mateo escribió su evangelio en unos momentos críticos para los seguidores de Jesús. La primera generación cristiana vivió convencida de que Jesús, el Señor resucitado, volvería muy pronto lleno de vida. No fue así. La venida de Cristo se iba retrasando demasiado. La fe de no pocos se relajaba. Era necesario reavivar de nuevo la conversión primera. Movido por esta preocupación, recogió tres parábolas de Jesús  para llamar a todos a la vigilancia,  a la responsabilidad: «No esperes que otros te den “aceite” para encender tu “lámpara”, tu mismo tienes que cuidar tu fe; no te contentes con conservar tu “talento” bajo tierra, tienes que arriesgarte a hacerlo fructificar; no estés esperando a que se te aparezca Cristo, lo puedes encontrar ahora mismo en todo el que sufre».

A su vez, quiere expresar la boda de Jesús con cada uno. Nuestra vida temporal tiene su término. “Está determinado que a todos nos alcance la muerte”, que no es el final del camino, sino el momento en que comenzamos a  vivir en plenitud con Dios. El Profeta Isaías lo describe con palabras esponsales: “La alegría que siente el Esposo con la Esposa, es la alegría que el Señor siente contigo.”

Para comprender mejor esta parábola  recordemos  la costumbre de entonces.  Después de haber realizado el desposorio, los actos de una boda comenzaban a la puesta del sol. La novia esperaba en su casa rodeada de amigas. Ella estaba adornada con una corona de flores para la llegada del novio, que venía a buscarla desde su casa,  acompañado del grupo de familiares y amistades. Unidos los dos cortejos, llevaban a la novia a casa del esposo donde iban a vivir. Todo este cortejo se realizaba con antorchas y cantos festivos alusivos a los  esposos, entonados tanto por los amigos del novio como de la novia.

Texto

El Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio…. Esta parábola de las diez vírgenes se refiere a la llegada del Reino, para el que debemos prepararnos siempre. Para aclarar esta dimensión del Reino, Jesús recurre a la costumbre bien conocida  de los desposorios. En este caso habla de diez jóvenes invitadas para acompañar al esposo a la fiesta. Ellas debían acompañarle con las lámparas encendidas. Pero las lámparas  utilizadas eran pequeñas y el aceite que contenían bastaba sólo para un tiempo determinado. Por esto, era prudente que cada una llevase consigo un poco de aceite de reserva. El recorrido podía durar más del tiempo limitado del aceite en la lámpara. Y  observamos que no todas van bien preparadas. Unas llevan consigo aceite para encender sus antorchas; a las otras ni se les ha ocurrido pensar en ello. Creen que basta con llevar antorchas en sus manos. 

Como el esposo tarda en llegar, «a todas les entra el sueño y se duermen». Los problemas comienzan cuando se anuncia la llegada del esposo. Las jóvenes sensatas encenderán sus antorchas y entrarán  con él al banquete. Ellas representan  a los que «escuchan la Palabra de Jesús», y «la ponen en práctica». Toman en serio el Evangelio y lo traducen en vida. Son como el «hombre sensato» que construye su casa sobre roca. Pero hay también quienes escuchan la Palabra de Jesús, y «no la ponen en práctica». Son tan «necios» como el hombre que «edifica su casa sobre arena». Su vida es un disparate. Construyen sobre el vacío. Si fuera sólo por ellos, el cristianismo sería pura fachada, sin fundamento real en Jesús.

Mas a media noche se oyó un grito: ‘¡Ya está aquí el novio! ¡Salgan a su encuentro!’. Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas ….. Mientras las vírgenes insensatas  iban a comprar el aceite, llegó el esposo y las que estaban preparadas entraron con él a la fiesta de las bodas, y se cerró la puerta. A pesar de ser de noche, y que todo estaba cerrado, las no previsoras encontraron una tienda abierta, y compraron el aceite, pero para cuando vuelven «la puerta está cerrada» y llaman gritando: ” ¡Ábrannos  la puerta! El esposo responde con dureza: “En verdad les digo: que no las conozco”.

Las jóvenes que no tenían consigo aceite de reserva, piden aceite prestado a las otras. Estas responden que no pueden darles, porque al final faltaría para unas y otras. Si hubiese sido solo para alumbrar el camino, las previsoras hubieran podido decir: ” Caminen junto a nosotras y verán donde ponen los pies”. Pero no se trata de alumbrar el camino. Las lámparas  eran en este caso para festejar e iluminar la llegada del esposo. El compartir es una práctica muy importante y fundamental en la vida del pueblo de Dios. Pero aquí no se trata solo de compartir: porque si las prudentes hubieran compartido el aceite hubieran provocado daño al esposo, arruinando la fiesta de las bodas y hubieran terminado por no cumplir ni ellas ni las otras la tarea que habían asumido. Por esto las prudentes, de frente a la petición de las necias, responden que no pueden compartir y dan un consejo realista: “¡Vayan  a comprarlo!”

Jesús con esta parábola no quiere apariencias artificiales, “salir del paso”,  sino coherencia de vida. No vale ser cristianos sólo cuando nos ven, o cuando hay un acontecimiento notorio, o cuando se acercan determinados momentos de la vida o de la muerte en los que “toca” sacar el traje creyente. La hora de Dios no es ésta o aquélla, sino que su hora es siempre.  Las vírgenes prudentes son el prototipo de las personas religiosas, que buscan vivir su fe, que se esmeran de que aquello que el Señor pide que su forma de ser y de actuar está marcada por una auténtica fe, en el convencimiento de los que se cree y vive. Tal es así que la vuelta del Señor no las encuentre desprevenidas y mucho menos con las manos y el corazón vacíos.

Las vírgenes necias no  “esperan a nadie”, y al no prepararse a la llegada del novio se autoexcluyeron de la fiesta. Una situación como ésta es la de la gran mayoría de nuestra sociedad, que ni se plantean este tema del encuentro con el Señor, de tal manera que viven la vida como si fueran eternos, así su único interés y su única perspectiva es  lo terrenal, lo material, el tener y el acumular siempre más. De ahí que a la hora del encuentro con el Señor, ellos mismos se autoexcluyen porque han sido incapaces de disponer el corazón y acumular buenas obras. Esta parábola de las vírgenes prudentes y de las necias es un llamado de atención para todos y cada uno de nosotros, en vista a prepararnos y así disponernos a ese encuentro final con el Señor, que más tarde o más temprano sucederá y que será el momento donde cada uno recogerá aquello que ha sembrado y así participará o no de la vida del Señor, de acuerdo a lo que fue su vida. Por eso, toda esta parábola es una vehemente invitación a vivir en fidelidad y esperanza nuestra vida sabiendo que el Señor volverá con poder y gloria a dar a cada uno aquello que ha sembrado.

Conclusión: vigilancia. La conclusión del mismo Jesús, al final de la historia, es una frase que puede servir de clave para toda la parábola: “Vigilen, porque no saben ni el día ni la hora”. Dios puede venir en cualquier hora de nuestra vida. Todos debemos estar preparados. Como las jóvenes de la boda, todos deben ser prudentes y previsores, llevando cada uno consigo aceite suficiente.

La vigilancia espiritual no es “el ir tirando”, con la  superficialidad y la frivolidad, con el vivir de las rentas. La vida cristiana debe estrenarse continuamente, porque  nuestro encuentro será con Alguien vivo, con Alguien que está viniendo continuamente, ya que sus bodas con la Iglesia y con la humanidad son un eterno presente. Hace falta tener el aceite suficiente para que cuando llegue Él,  podamos reconocerle, sabiendo además que la luz con la que vemos a Dios también ilumina los senderos de los hombres hermanos y nos permite ver sus vidas y sus rostros. No es una vigilancia nerviosa o interesada calculadamente, sino la vigilancia de quien quiere que el amor no se duerma para poder reconocer el Amor de Dios siempre presente.  Que nadie tengamos que escuchar  la frase tan severa del esposo“¡No las conozco”! “Vigilen, porque no saben el día ni la hora”. La parábola nos advierte varias veces que vendrá, pero no dice cuándo, pero sí que estemos preparados. Y que seremos reconocidos y aceptados en la medida en que Él haya sido como el Esposo de nuestra vida.

REFLEXIÓN

¿Estoy convencido de que Jesús regresa? Si es así ¿Qué importancia le doy a mi preparación para la vida futura?, ¿es algo que me interesa y que lo tengo siempre presente o es algo que me resulta sin importancia y así lo ignoro totalmente?

En el momento actual ¿con quiénes me identificaría más con las necias o con las prudentes?

¿Qué estoy haciendo para que la llegada del Señor, a mí no me tome desprevenido y así sin preparación? ¿Cuáles son ‘las reservas de gracia’, que tengo mientras espero al Señor?, ¿qué hago para no cansarme en la espera del Señor?, ¿qué estoy haciendo para mantener viva la llama de mi fe y así estimular mi vivencia cristiana? Si tuviera la oportunidad de saber el día y la hora de la llegada del Señor, ¿cambiaría en algo mi actitud y mi disposición en la vida?

¿De qué manera debo prepararme y estar dispuesto para la venida del Señor?, ¿qué es lo que debo hacer y qué es aquello que debo mejorar?  ¿Qué va a cambiar en mi vida, después de haber visto que el Señor nos pedirá cuenta de todo lo que digamos, hagamos o dejemos de hacer?

ORACIÓN

Señor, te damos gracia por cuanto hoy me has recordado. Son Palabra de vida eterna. En ellas nos jugamos nuestra salvación. Que la rutina o el ambiente hostil a la fe, no nos lleven a olvidarnos que nuestra vida es como aves de paso: hoy estamos y mañana… Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Quiero mantener encendidas, en la noche tenebrosa de los errores las luces de la fe y de la esperanza hasta que despunte la aurora luminosa de tu llegada en gloria. No permitas que se nos embote el sentido cristiano de la vida. Ayúdanos a mantener siempre ardiendo la lámpara de la fe que tú encendiste el día de nuestro bautismo. Así, alimentándola siempre con el amor y la fidelidad cotidiana, caminaremos a su luz hacia el encuentro contigo para ser admitidos al banquete eterno de tu reino

CONTEMPLACIÓN

Para este momento de tanta intimidad, en el que el Esposo hablará a la esposa en el silencio, en la intimidad, deseo que nos sirva un breve fragmento de una carta de un cristiano del siglo segundo, que se la dirige a un tal Diogneto. En ella recalca mucho que los cristianos somos peregrinos forasteros: vivimos en una Patria que no es nuestro lugar definitivo.

Señor, confieso que somos personas de paso. Y no tenemos más que ver nuestro diario vivir. Quienes un día nos acompañaron, se fueron. Pero en este lugar de paso ¡cuántas contradicciones en nuestra vida! No llegamos a creernos esta transitoriedad, cuando ponemos tanto empeño en las cosas que no podremos llevarnos, que se quedarán aquí. Nuestra mortaja no tendrá lugar para lo que tanto nos afana. Haz, Señor, que sin descuidar nuestras obligaciones y el interés natural, nos demos cuenta que “estamos” en el mundo, pero “no somos del mundo”. Como “extranjeros” toda tierra extraña es patria.

Concédenos, Señor, que sepamos poner orden en nuestra vida. Y no es que las cosas de este mundo las debemos menospreciar, ¡ni mucho menos!, sino que nos han de servir como estímulo para vivir ya desde ahora esa vida que no se marchita y que nadie nos la debe arrebatar. De ahí que nunca descuidemos el vivir en plenitud los sentimientos propios  de Cristo Jesús. Sin descuidar las obligaciones en la tierra, vivir con nuestra esperanza puesta en los cielos, que será nuestra Patria definitiva, donde un día Cantaremos, Alabaremos, Glorificaremos al Señor y Dios nuestro, que nos creó para Él y nuestro corazón estará inquieto hasta que descansemos en Él.

PROPÓSITO

Esforzarme por ser un verdadero ciudadano es este mundo, cumpliendo a cabalidad con las responsabilidades familiares, religiosas, sociales… Pero hacer memoria de que nuestro destino no es quedarnos aquí, sino esperar a que llegue el Esposo, y nos lleve a su casa, donde habitaremos para siempre con Él y con todos los que han sido fieles a su llamada, y lo han seguido, a pesar de cuantos problemas se le pudieron presentar en la vida. Prefirieron la Vida para siempre.

 

Deja un comentario

  • Social