Lectio Divina: DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO A, « ¡Señor, sálvame!»

Escrito en 13/08/2017 por Rita de Casia en Lectio Divina

DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO  A

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ORACIÓN INICIAL

Señor, intentamos empezar la Lectio Divina, pero necesitamos de Ti. Necesitamos que nos des tu gracia, que nos llenes del Espíritu Santo. Sin Él a ninguna conclusión podríamos llegar y tu Palabra quedaría como semilla sobre tierra árida y seca. Tú puedes cambiar en cada momento nuestra historia. Y es que “sin Ti nada podemos y contigo todo lo alcanzamos”. Queremos ser tus “mendigos”, para que podamos sentarnos en tu mesa y saciarnos de Ti, que eres el Alimento que sacias la hambriento, la Fuente del Agua Viva que apagas la sed del sediento. Si no fuera así iríamos a beber en cisternas agrietadas, que en vez apagar la sed, nos crearía más problemas. Tú pediste a Pedro que caminara sobre las tumultuosas aguas del Mar de Galilea y mientras se fio de Ti pudo hacerlo, pero cuando le entró la duda, tuviste que darle la mano para que no se hundiera. Danos,  Señor, la gracia de comprender la dimensión de lo que implica creer y confiar en ti; ayúdanos a creer y confiar en ti, así como Tú lo esperas y quieres

 

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS. Mateo, 14, 22-33

Inmediatamente obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo allí. La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas, pues el viento era contrario. Y a la cuarta vigilia de la noche vino él hacia ellos, caminando sobre el mar. Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: «Es un fantasma», y de miedo se pusieron a gritar. Pero al instante les habló Jesús diciendo: « ¡Ánimo!, soy yo; no temáis.» Pedro le respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti sobre las aguas.» « ¡Ven!», le dijo. Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jesús. Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: « ¡Señor, sálvame!» Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?» Subieron a la barca y amainó el viento.  Los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: «Verdaderamente eres Hijo de Dios.

Contexto

Este monte es una colina que se levanta junto a la ciudad pesquera de Cafarnaúm y desde cuya cima se ve el lago de Genesaret, también llamado mar de Galilea o de Tiberíades. En otro monte llamado Horeb -que es el mismo Sinaí- Dios se había hecho percibir no a través del ruido del huracán o del terremoto, ni del el ardor del fuego, sino mediante el susurro del aire que representa el aliento renovador de su Espíritu. Así lo experimentó el profeta Elías, como nos lo cuenta la primera lectura, cuando era perseguido a muerte por la reina idólatra Jezabel y reconoció en forma de brisa suave la presencia del verdadero Dios que “anuncia la paz”. También nosotros podemos experimentar la presencia alentadora de Dios si nos disponemos a que Él mismo nos salga al encuentro en el silencio interior, elevándonos por encima del ruido y de los trajines cotidianos, y dejando que su Espíritu llene nuestra vida como el aire puro que refresca y renueva la existencia.

Hoy la Palabra de Dios nos invita a reflexionar sobre la forma en que Él nos hace reconocer su presencia en los momentos difíciles, capaz de calmar las tempestades que nos zarandean y evitar que nos hundamos en las aguas del pesimismo y la desesperanza. Meditemos en el mensaje que nos trae el Evangelio, teniendo en cuenta también las otras lecturas Jesús con los discípulos se encuentran en la orilla del lago, al caer de la noche, después de la multiplicación de los panes. Algunos comentadores sostienen que se trata de una aparición de Jesús después de la resurrección. Vienen así aclaradas las dificultades de la Iglesia y la necesidad de una fe más grande en Jesús resucitado.

Principalmente, la Palabra de Dios de este día nos impulsa a afrontar la intemperie, a dejar el refugio, la cueva donde nos defendemos y escondemos, para poder encontrarnos con el Tú divino, como señala el salmista: “Voy a escuchar lo que dice el Señor” (Sal 84). Cuando vivimos pertrechados en nuestros feudos ideológicos, seguros de nosotros mismos porque dominamos el ambiente, nos exponemos a perder la posibilidad de percibir la acción del Señor, y con ello, perder la experiencia de su paso. El ejemplo de Jesús, quien “después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar”

Texto

Los discípulos cruzaron el lago y Jesús se quedó en oración, hasta muy tarde. En un momento tan importante como éste, Jesús se retira en solitario para orar, como en el Getsemaní. Jesús ora en la soledad y en la noche, a la hora de las comidas,  con ocasión de los acontecimientos más importantes: el bautismo, antes de escoger a los doce, antes de enseñar a orar, antes de la confesión de Cesarea, en la Transfiguración, en el Getsemaní, sobre la cruz. Ruega por sus verdugos, por Pedro, por sus discípulos y por los que le seguirán. Ruega también por sí mismo y enseña a orar.

La multiplicación de los panes podría haber generado tanto en el pueblo como en los discípulos esperanzas triunfalistas con respecto al Reino de Dios. No comprendan su misión. Por tanto, Jesús ordena a sus discípulos que inmediatamente se alejen. El pueblo aclama a Jesús como Profeta y quiere hacerlo guía político. Los discípulos son muy fáciles a malentender, y hay el riesgo de dejarse llevar del entusiasmo del pueblo.

Los discípulos en medio del lago estaban siendo sacudidos por las olas porque soplaba viento en contra, cuando el Señor Jesús se les aparece caminando sobre las aguas. Viene a apoyarles ante esta situación, y ellos  pensaron que era un fantasma,  y ahí se pusieron a gritar. En ese momento el Señor se da a conocer, diciendo: “…ánimo, no teman, SOY YO…”. El que reacciona es Pedro, pidiéndole ir a Él, y  el Señor accede a ese pedido. Pedro camina sobre las aguas, pero viendo la intensidad del viento, le viene la duda y la desconfianza,… y ahí se hunde. Esto produce el reproche y la crítica del Señor quien le dice: “…hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?…”

Cuántas veces nuestra vida se parece a esa barca “zarandeada por las olas a causa del viento contrario”. La barca zarandeada puede ser el propio matrimonio, los negocios, la salud… El viento contrario puede ser la hostilidad y la incomprensión de las personas, los reveses continuos de la vida, la dificultad para encontrar casa o trabajo. Quizá al inicio hemos afrontado con valentía las dificultades, decididos a no perder la fe, a confiar en Dios.

Durante un tiempo nosotros también hemos caminado sobre las aguas, confiando únicamente en la ayuda de Dios. Pero después, al ver que nuestra prueba era cada vez más larga y dura, hemos pensado que no podíamos más, que nos hundíamos, hemos perdido la valentía.  De ahí que la vida cristiana es un acto de fe continuo y absoluto, que busca seguir al Señor, creyendo y confiando en Él, viviendo de acuerdo a su voluntad, teniéndole a Él como nuestro Dios y Señor, sabiendo que tiene autoridad sobre la naturaleza, escuchando continuamente de parte del Señor: “Ánimo, no teman, soy YO…”, haciéndonos ver que Él siempre está a nuestro lado, que nos acompaña y que nuestro apoyo y nuestra fortaleza es Él.

Los discípulos solos en la barca significan la Iglesia de Cristo, después de su muerte y resurrección. Tiene que hacer frente a varias pruebas como la persecución y la herejía sin la presencia de su Maestro. En todos los tiempos ha tenido que sufrir los embates de las circunstancias que le acompañaban. Hoy día, con la corriente llamada “pos-verdad”,  la Iglesia se enfrenta al relativismo moral, tanto sexual como en los muchos campos de la vida. Esta amenaza dice que no existen verdades permanentes, sino que todas las cosas cambian según las situaciones concretas que vivimos. Por ejemplo, defiende como lo más natural del mundo, y como que nadie tiene derecho a pensar o expresarse en contra, el matrimonio entre dos hombres o dos mujeres porque, según ellos, actualmente el matrimonio existe sólo para facilitar la conveniencia de dos personas humanas; la doctrina sobre género, la libertad para elegir su condición sexual….  Sin embargo, la Iglesia mirando las enseñanzas de la Biblia, y más concretamente las de Jesús, expresa su opinión contraria, la verdad es la misma en todos los tiempos.

El evangelio también enseña que Jesús jamás está lejos de la Iglesia. Más bien, siempre está disponible para apoyar tanto a nosotros fieles como a los líderes apurados. Su asistencia no es una fantasma como temen los discípulos en la barca. Simplemente tenemos que confiar en su ayuda por llamarlo con la insistencia. Jesús siempre está listo para ayudarnos. No debemos tener miedo a expresar y vivir la Verdad, y hasta dar la vida por esa Verdad.  ¡Ánimo, soy yo, no tengan miedo!”

MEDITACIÓN

¿Qué sentido tiene y qué expresa el hecho que por un lado los discípulos estén en la barca, sufriendo un tempestad de viento y por otro lado que Jesús camine sobre las aguas y que ahí les diga: “…ánimo, no teman, soy YO…”?, ¿qué da a entender con eso?, ¿de qué manera esto se aplica a nuestra vida?

Pedro fue un hombre osado, al pedir al Señor  ir a Él, en mi caso. ¿De qué manera vivo mi fe?, ¿puedo decir que también soy osado en mi búsqueda del Señor?, ¿lo busco de corazón y con todas mis fuerzas? ¿Es Dios una prioridad en mi vida?

Viendo como Pedro sucumbió ante la adversidad y dudó y así se hundió, en mi caso, ¿Cuáles son las cosas que me hacen tambalear en mi fe? ¿Cuáles son esas cosas que me debilitan y hacen dudar en mi seguimiento del Señor?  ¿Qué estoy haciendo para vivir con más intensidad, con más alegría mi seguimiento al Señor?, ¿de qué manera busco profundizar lo que creo para así estar más unido al Señor?

Los discípulos supieron reconocer al Señor, así se postraron ante Él y lo proclamaron el Hijo de Dios, en mi caso, ¿quién es Jesús para mí?, ¿qué lugar ocupa en mi vida?, ¿qué hago para vivir en más unión y comunión con Él?

En los momentos de oscuridad y tormenta interior ¿cómo reacciono? La ausencia y la presencia del Señor ¿cómo las integro en mí? ¿Qué puesto tiene en mí la oración personal, el diálogo con Dios? ¿Qué pedimos al Señor en la noche obscura? ¿Un milagro que nos libre? ¿Una fe más grande? ¿En qué me asemejo a Pedro?

ORACIÓN 

Señor, te damos gracias por cuanto nos has inspirado en lo que venimos desarrollando. Tú que esperabas que Pedro caminara sobre las aguas, yendo hacia ti, y  quieres que nosotros actuemos de la misma manera, abandonándonos en ti, confiando y esperando en ti, siguiéndote de manera radical, viviendo por y para ti. Te pedimos que nos ayudes a vivir nuestra fe en ti, a pesar de las adversidades, de los contratiempos, de las dificultades y de las cruces de la vida que nos hacen titubear y tambalear, pero ante esas situaciones, danos Tú la gracia de esperar todo de ti, confiando en ti, sabiendo que Tú estás a nuestro lado y pendiente de nuestra vida para ayudarnos a caminar contigo. Que las tempestades que emergen social, cultural y aun religiosamente, no mermen nuestra confianza en Ti. Más bien, viviendo los medios que Tú nos ofreces, caminemos en tu presencia todos los días de nuestra vida. Que nunca nos pleguemos al viento que más sopla, sino al soplo del Espíritu, que nos ha de llevar a la Verdad plena.

CONTEMPLACIÓN

Ahora me toca a mí, situarme ante las realidades que tengo que vivir. A solas y con la Palabra de Dios delante, con las exhortaciones de la Iglesia, y más concretamente del Papa Francisco, busco ser sincero conmigo mismo para ver como en un espejo mi propia vida frente a las exigencias del Evangelio. No puedo “echar balones fuera”, eso sería engañarme a mí mismo y engañar a los que piensan que camino en la presencia del Señor. Él, después de la multiplicación de los panes, no escucha a nadie, se va a hablar con su Abba (Padre). No quiere que se repitan las tentaciones del Desierto. El demonio le sigue presentando un Redención Triunfalista, pero no es esa la voluntad del Padre. Él debe asumir la Cruz, porque es el único camino por el que nos puede devolver a la gracia primera, en la que fuimos creados. Y puedo orar con la siguiente oración, o la que brote de mi interior:

Señor, Tú siempre nos sorprendes y nos enseñas con tu vida, pues después de todo lo que has hecho con la multitud te has dado tiempo para ti mismo, te has ido solo a un cerro para orar, para encontrarte con el Padre, para tener esa intimidad con Él y así buscar confrontar lo que hacías con la voluntad de Aquel que te envió. Te dabas tiempo para orar, para reflexionar, para aprender del Padre aquello que Él esperaba de ti. Sabes, esto nos llama tanto la atención, porque uno diría que Tú no necesitabas rezar, porque siempre estabas en comunión con el Padre, en cambio, te dabas tiempo para ese encuentro de corazón a corazón con Él; Tú te dabas tiempo para rezar, en cambio nosotros vivimos tan a las apuradas, de un lado a otro, de una cosa a otra, que siempre nos falta tiempo y nunca nos damos tiempo para parar para reflexionar, para encontrarnos contigo y esto es lo que finalmente repercute en todo lo que hacemos y de manera especial en nuestra fe. Por esto, Señor, ayúdanos a aprender de ti, ayúdanos a buscarte siempre, a darte tiempo para que Tú nos llenes de tu presencia y de su amor. Señor, Tú que quieres que te imitemos y que asumamos tu manera de ser, te pedimos que nos des la gracia y la sensibilidad de vivir en una dependencia amorosa de ti, buscándote siempre, teniéndote siempre presente en nuestras opciones y prioridades, siendo Tú el que da sentido a nuestra vida, porque te buscamos de corazón. Danos Señor, la gracia de buscarte y encontrarte siempre a nuestro lado.

ACTUACIÓN

Anotar en un cuardenillo aquellas palabras o frases que hoy más me han llamado la atención: Jesús se retira a orar, ánimo no teman, Tú eres el Hijo de Dios, confianza en Dios y no dar crédito al pensar “avanzado de la sociedad”, esperar en Dios contra toda esperanza, saber en quién hemos puesto nuestra confianza y no quedaremos defraudados…

 

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