Lectio Divina: DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO B

Escrito en 11/06/2018 por Rita de Casia en Lectio Divina

ORACIÓN INICIAL

Ven, Espíritu Santo, te abro la puerta, entra en la celda pequeña de mi propio corazón, llena de luz y de fuego mis entrañas, como un rayo láser opérame de cataratas, quema la escoria de mis ojos que no me deja ver tu luz. Ven. Jesús prometió que no nos dejaría huérfanos. No me dejes solo en esta aventura, por este sendero. Quiero que tú seas mi guía y mi aliento, mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz. Te necesito en mi noche como una gran tea luminosa y ardiente que me ayude a escudriñar las Escrituras. Tú que eres viento, sopla el rescoldo y enciende el fuego. Que arda la lumbre sin llamas ni calor. Tengo la vida acostumbrada y aburrida. Tengo las respuestas rutinarias, mecánicas, aprendidas.

Tú que eres viento, enciende la llama que engendra la luz. Tú que eres viento, empuja mi barquilla
en esta aventura apasionante de leer tu Palabra,  de encontrar a Dios en la Palabra, de encontrarme a mí mismo en la lectura. Oxigena mi sangre al ritmo de la Palabra para que no me muera de aburrimiento. Sopla fuerte, limpia el polvo, llévate lejos todas las hojas secas y todas las flores marchitas de mi propio corazón. Ven, Espíritu Santo, acompáñame en esta aventura y que se renueve la cara de mi vida ante el espejo de tu Palabra. Agua, fuego, viento, luz. Ven, Espíritu Santo. Amén. (A. Somoza)

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS. Marcos 4, 26-34.

 También decía: 26«El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; 27duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. 28La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. 29Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega». 30Decía también: ¿«Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? 31Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; 32pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra». 33Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle; 34no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado.

 Contexto

Las parábolas son un recurso o género literario utilizado por Jesús para presentar sus enseñanzas sobre el Reino de Dios. Jesús fue original en este estilo, no conocido en los libros del AT ni en la literatura rabínica. El tema central de las parábolas de los Evangelios es el Reino de Dios. Jesús, como buen sabio, nos descubre el misterio del Reino, plan o proyecto de Dios sobre la humanidad. Hoy leemos dos Parábolas: la semilla que crece por sí sola y el grano de mostaza. Jesús al proclamar la venida del Reino había suscitado, por una parte el interés de la gente, y por otra había despertado la hostilidad de los dirigentes del pueblo. Había cosechado algunas adhesiones y con las parábolas busca infundir confianza en sus propios discípulos para superar las dificultades, que se les presentaban.

Marcos  escribe su evangelio a los cristianos de Roma, que viven una fuerte crisis de fe. Se hallaban descorazonados, porque la predicación de Pedro y de Pablo, que habían realizado en Roma, se iba diluyendo al desaparecer ellos, porque ambos apóstoles habían sido martirizados en las persecuciones, que, ahora, volvían a arreciar. No es de extrañar que aquellos cristianos tuvieran la sensación de ser un grupo minoritario y sin futuro. El Reino anunciado por Jesús no parecía aflorar por ninguna parte.

Texto

26-27. En el contexto hemos expresado que Marcos narra dos parábolas. La primera presenta a Dios como un agricultor que esparce la semilla en su campo. «El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra…  Es Él quien arroja la semilla. ¿Y cuál es esta semilla? Es Jesucristo, nuestro Señor. Él es el grano de trigo, que vino del cielo y cayó en la tierra. Él mismo lo dijo: “Si el grano de trigo no muere queda infecundo”. Su misterio pascual, misterio de muerte y de resurrección es el misterio de un grano que muere y de un grano que resucita, que brota, y que va creciendo. El Reino de Dios, sembrado en el campo de la humanidad, en el corazón de la historia, tiene la fuerza y la vitalidad suficientes para ir creciendo y creciendo. Los comienzos son sencillos y ocultos. Pero la fuerza interior que tiene la semilla va impulsando el crecimiento en una planta con sus frutos.

  1. La tierra da el fruto por sí misma… crece lentamente, pero su crecimiento nadie lo puede detener ni impedir. Primero un tallo, luego la espiga, después el trigo abundante.

¿Y dónde va creciendo? Va creciendo en la Iglesia, fruto de la muerte de Cristo, de su sangre derramada. Si miramos la Iglesia el día en que el Señor ascendió a los cielos, nos espantamos por su pequeñez. Era el primer tallo, débil, tembloroso. La venida del Espíritu santo el día de Pentecostés hizo que ese grupo reducido tuviera el coraje de salir a la luz pública. Los apóstoles se repartieron por todo el mundo,  y brotaron las pequeñas comunidades, plantadas también ellas sobre la sangre de los mártires. Y así esa Iglesia, que vimos tan pequeña en el Cenáculo, se fue extendiendo, creciendo, de día y de noche, hasta hacerse inmensa. Como dice la parábola de hoy: La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano.

  1. Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz. Dios actúa en secreto. ¡Siembra! El principal Trabajador del Reino es el mismo Dios. El hombre es colaborador en la siembra. Y así debemos comprender cómo los valores del Evangelio van creciendo en la historia humana. La fuerza, oculta pero efectiva, del Evangelio ha ido venciendo muchas injusticias: derechos humanos, derechos de la mujer, justicia y solidaridad con los pobres, atención a los enfermos, educación de los indígenas y campesinos, etc… Y si lo analizamos personalmente, repasando nuestra propia historia, percibiremos que el Señor ha hecho maravillas a lo largo de nuestra vida, dando el crecimiento a la semilla de la fe, que recibimos en el bautismo.

30-31. La segunda parábola comienza por unos interrogantes. Jesús compara el Reino a un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después crece… La simiente de mostaza es mínima, como un punto de aguja. Sin embargo, está dotada de fuerza interior, que le hace crecer, desarrollar y dar cobijo a los pájaros. La pequeñez y la humildad son las virtudes más cotizadas en los Evangelios. El Reino de Dios, su proyecto de salvación, es algo humilde y modesto en sus orígenes. Así tenemos  el nacimiento de Jesús, conocido solamente por los humildes: María, José y los pastores…

Jesús explica el proceder de Dios: ser como niños. Bendecirá a su Padre por la forma insólita de comunicar su verdad a los hombres: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.” No hay aquí un desprecio por las ciencias y el arte, ni una actitud demagógica. En la actitud de los pequeños del Reino, de los pobres bienaventurados, de los que sufren y tienen hambre y sed de justicia, de los que son perseguidos por seguir a Jesús, está concentrada la condición para ser verdaderamente sabio. Jesús no se ocupa de presentar académicamente la verdad, la expresa y la comunica a quienes están dispuestos a recibirla: ¡“El que tenga oídos para oír, que oiga!”  En nuestra vida espiritual, no soñemos con acciones grandiosas. En la sencillez de la vida, pongamos mucho amor, para que el Reino vaya creciendo entre nosotros.

MEDITACIÓN

¿Cuál es el ambiente que rodea al evangelio de este domingo? ¿Qué relación encuentras entre la primera lectura y el Evangelio?

¿Por qué Jesús hablaba en parábolas a la gente y no en particular a los discípulos? ¿Cómo entiendes las dos parábolas de este domingo? ¿Qué encuentras de parecido?

¿Es  el hombre el protagonista en el crecimiento del Reino o plan de Dios o es un mero colaborador? (primera parábola). Lo mismo en el crecimiento espiritual del cristiano.

¿Crees que Dios actúa en la historia de la humanidad, a pesar de que las apariencias digan lo contrario? ¿Cuál es nuestro papel en todo lo que funciona bien? ¿Nos atribuimos los éxitos, ser protagonistas o colaboradores?

¿Qué te está diciendo lo siguiente: en la agricultura de Dios siempre es mínima la semilla: Ezequiel hablaba de una ramita pequeña y tierna,  David, del que descendía Jesús, era un pastorcillo de ovejas, y María, una humilde muchacha de aldea?

ORACIÓN

Señor, al escuchar atentamente tu Palabra, observamos que los frutos de nuestra labor no suelen ser inmediatos, sino a largo plazo. A todos nos gusta “llegar y besar”…, pero lo más frecuente es que uno sea el que siembra y otro el que siega. Señor, ayúdanos a todos a no desanimarnos cuando “al esfuerzo no parece que haya recompensa”. Son muchos los ambientes que tenemos: Padres, educadores, catequistas… ¡No permitas que  nos cansemos de sembrar, aunque tarde en verse el fruto!

Impresiona, Señor, como Tú para establecer el Reino,  escogiste  un grupito de personas débiles para convertir al Imperio más grande de aquella época.  Nos dice tu Apóstol Pablo: “Dios eligió a los necios del mundo para confundir a los fuertes”. Los apóstoles eran humildes y pequeños, pescadores y publicanos. Eran la semilla de mostaza que, cuando se la siembra, es la más pequeña, pero después crece y llega a ser la más grande de las legumbres. Permítenos ser los nuevos sembradores de tu Reino en un ambiente que nada quiere saber de Ti, que te relega al último lugar

Padre, Tú que eres el que hace crecer la semilla de nuestras buenas obras, haz que siempre creamos que Tú eres el protagonista de nuestro crecimiento y de nuestra felicidad. Jesús, Tú eres la buena y fecunda semilla sembrada en nuestra conciencia, en el Amor del Espíritu. Sigue, te rogamos, alimentando nuestra pequeñez y limitación para crecer a tu medida.

CONTEMPLACIÓN

Quedo ensimismado en las maravillas que eres capaz de hacer y que realizas con todos. Tu Iglesia, expresión visible de Tu Reino en el mundo, a pesar de los reveses externos e internos, ahí sigue comunicando por el mundo entero que el Reino de Dios está en medio de nosotros. Jesús, de origen humilde, procedente de Nazaret, aldea de mala fama,  sigue siendo la gran semilla, sembrada en la tierra de la humanidad que va produciendo abundantes frutos.

Señor, el día en que fuimos llevados a la pila bautismal, sembraste la fe en nuestra alma. Y la fe es don tuyo, no viene de nuestra capacidad. Una fe inicial, pequeña, como el grano de mostaza. Pero, a partir del día, en que adquirimos el uso de la razón, esa fe comenzó a crecer, aunque tenga sus altos y sus bajos. Pero siempre nos das la oportunidad de  retomarla y mantenernos fieles, y crecer contra viento y marea, hasta hacerse un árbol sólido donde anidan los pájaros. La fe es, pues, como una semilla en nuestra alma, comparable a un grano de mostaza.

Señor, en el libro de los Hechos de los Apóstoles encontramos la hermosa expresión: “la palabra del Señor crecía”. Así debe suceder en el interior de cada uno de nosotros. ¡Dichosos los que escuchan  la palabra de Dios y la ponen en práctica! Pero es especialmente al recibir tu Cuerpo y tu Sangre, donde estás realmente presente, te conviertes para todos en semilla, en grano de trigo molido en la pasión, alimento de las almas en la Eucaristía.

Te pedimos que crezca cada día más y más en nuestro corazón la Semilla de tu Palabra y de tu Eucaristía,  que nos transforme por dentro, y tu Reino d Justicia, Verdad y Gracia llegue a todos, sobre a quienes te buscan sinceramente.

PROPÓSITO

Agradeceré continuamente al Señor por el gran derroche de su Amor hacia mí, que me llamó desde el vientre de mi madre. Y cuantas veces me olvidé me regresó a su Camino

Repetiré: “Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré  su fidelidad por todas  las edades” (Sal 89, 2).

No me avergonzaré de ser “sembrador de semilla de vida eterna”, de la nueva mostaza en medio de un ambiente descreído.

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