LECTIO DIVINA: DOMINGO II DE CUARESMA, CICLO A

Escrito en 07/03/2017 por Rita de Casia en Lectio Divina

DOMINGO II DE CUARESMA, CICLO A

ORACIÓN INICIAL

28140929216_99ba0b4650_mEnséñame cómo se va a ese país, que está más allá de toda palabra y de todo nombre.
Enséñame a orar a este lado de la frontera, aquí donde se encuentran estos bosques.
Necesito que tú me guíes. Necesito que tú muevas mi corazón.
Necesito que mi alma se purifique por medio de tu oración.
Necesito que robustezcas mi voluntad. Necesito que salves y transformes el mundo.
Te necesito a ti para todos cuantos sufren, para todos cuantos padecen prisión, peligro o tribulación.
Te necesito para todos cuantos han enloquecido.
Necesito que tus manos sanadoras no dejen de actuar en mi vida.
Necesito que hagas de mí, como hiciste de tu Hijo, un sanador, un consolador, un salvador.
Necesito que des nombre a los muertos. Necesito que ayudes a los moribundos a cruzar el río.
Te necesito para mí, tanto si vivo como si muero. Es preciso. Amén.       Thomas Merton

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS. Mateo 17,1-9

TransfiguracindeJessEn aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escúchenlo». Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis». Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No cuenten a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

Contexto

La segunda catequesis, o tema de este domingo, es como la otra cara de la moneda con relación al domingo pasado: si allá contemplamos a Jesús en su humanidad probada, ahora lo vemos en su humanidad glorificada. Jesús ha dado  una lección sobre su seguimiento: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”. En la mente de sus discípulos no entra la cruz de Jesús, y es causa de conflictos. Pedro frente al anuncio de la Pasión: “¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!”. A lo cual Jesús responde: “¡Apártate de mi vista, Satanás!”.

Texto

“Seis días después”. Esta es la frase que conecta con el relato precedente de la confesión de fe de Pedro, el anuncio de la Cruz y su seguimiento. Lo importante es que cuando llega el séptimo día, Dios se manifiesta plenamente. Es probable, que Mateo no sólo esté pensando en los seis días precedentes sino en el séptimo día que está por venir: el de la manifestación de la Gloria en la Cruz. El séptimo sería el día del cumplimiento.

La narración se encuentra a continuación del primer anuncio de la pasión y la descripción  de las condiciones necesarias para seguirle,  y antes también del suceso de la glorificación del Hijo del hombre en la gloria del Padre. Antes de la glorificación, Jesús debe ir a Jerusalén para el cumplimiento del misterio pascual, o sea: la pasión, muerte y resurrección. Aquéllos que desean y quieren seguir a Jesús deben negarse a ellos mismos tomando también cada uno la cruz para después seguir al Maestro. Sólo así se podrá participar en su gloria: “Quien quiera salvar la propia vida, la perderá; pero quien pierda la propia vida por mi causa, la encontrará”.

Aquéllos que no aceptan el acontecimiento de la cruz en la vida de Cristo y por tanto en el programa del seguimiento, son considerados por Jesús “Satanás”, porque no piensan “según Dios, sino como los hombres”. La expresión que Jesús dirige a Pedro: “¡Retírate de mí Satanás!” nos recuerda una expresión usada por Jesús en la parábola del juicio final “cuando el Hijo del hombre venga en su gloria”: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno, preparado para el diablo y para sus ángeles” (Mt 25, 41). Esta maldición está dirigida también a aquéllos que no reconocen al Señor y por esto no forman parte de su reino.

En la Transfiguración el Padre declara que Jesús es  “Mi Hijo predilecto en el cual tengo mis complacencias. ¡Escúchenlo!”. Es una manifestación a que lo  acepten sus discípulos. También nosotros somos en Él, hijos del mismo Padre. Así pues, Jesús se nos presenta como guía en el camino hacia el Reino.

Se pone de relieve la revelación por parte del Padre que proclama la filiación divina de Jesucristo. Además de esta proclamación en la Transfiguración, la identidad del Hijo se proclama por dos veces en el evangelio de Mateo: al principio y al fin. Después del bautismo de Jesús en el Jordán, una voz del cielo dice: “Este es mi hijo amado, en quien tengo mis complacencias”; y cuando Jesús muere en la cruz, el centurión exclama palabras de revelación y de fe: “Verdaderamente éste era Hijo de Dios”.

El descubrimiento de la identidad del Hijo, suscita en los tres testigos el temor de Dios, postrándose los tres, rostro en tierra. Ya en el comienzo del evangelio, en el nacimiento de Jesús, los magos “entrados en la casa, vieron al Niño con María su Madre, y postrándose lo adoraron”

Pedro pronto busca instalarse, olvidándose de cuanto significa la Cruz, que hacía poco le había escuchado: «Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Lo que estaba dirigido a los discípulos, es hoy el proyecto para nosotros, que como seguidores del Señor, lo encontramos en Él, en sus enseñanzas, en su manera de ser, en sus actitudes. Esto que en sí es una constatación de lo que puede significar la revelación del Señor, es algo positivo. Lo negativo viene cuando como Pedro, queremos quedarnos en ese lugar, instalarnos, acomodarnos, desentendernos de los demás.

Por eso, no podemos llamarnos cristianos, si no tenemos ese referente imprescindible como es escuchar al Señor por medio de su Palabra, para conocerlo y así seguirlo, dando testimonio de Él

No sabemos el contenido del diálogo que se desenvuelve entre los dos personajes celestiales y Jesús, aunque en San Lucas se aclara. Para Mateo basta con la contemplación del cuadro de tres personajes resplandecientes. Lo importante es el tipo de relación que establece entre ellos.

Y termina la visión: “Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: ‘Levántense, no tengan miedo’. Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo.  Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó: ‘No cuenten a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos’”

Los discípulos vuelven a la realidad terrena. Quien ha tenido una visión cae como atontado, como muerto. Para volver en sí los discípulos tienen necesidad de la ayuda  de Jesús.

La conversación final que se da mientras Jesús y los discípulos descienden de la montaña. La orden de callar sobre la visión hasta la resurrección del Hijo del hombre: en la visión a los discípulos se les concedió ver anticipadamente al Jesús perfecto, resucitado. Cuando llegue la Pascua los discípulos vivirán plenamente este acontecimiento y lo entenderán. Pedro lo recuerda muy bien en su primera carta.  No perdamos de vista que este “transfigurar” a Jesús, tiene una fuerte dimensión eucarística: nos hacemos uno sólo con Jesús para reflejar al mundo su gloria. Para esto hay que hacer el camino eucarístico de la Cruz.

MEDITACIÓN

El Señor se dio a conocer a Pedro, Santiago y Juan y así les hizo ver su identidad plena. Nosotros también hemos recibido esa revelación y aún mucho más sabiendo que Él es el Hijo de Dios vivo, que comparte con el Padre, la misma gloria, la misma dignidad y el mismo poder. Siendo así, ¿de qué manera manifiesto mi fe en el Señor Jesús?, ¿qué hago para dar a conocer el hecho que Él es el único, en quién y por quién recibimos vida y salvación?, ¿qué hago para que otros también lo tengan a Él como su Dios y su Señor?

Pedro, se sentía tan bien, al ver y participar de la gloria del Señor, que quiso instalarse y acomodarse en ese lugar, queriendo hacer tres tiendas, una para Jesús, otra para Moisés y otra para Elías. ¿En qué circunstancias yo actúo como Pedro, que me acomodo en mi fe y no me preocupo de los demás? En alguna circunstancia, ¿tengo la misma actitud de Pedro, de despreocuparme de los demás, viviendo mi fe solo como una relación entre Dios y yo y me olvido e ignoro a los demás? ¿A qué se debe eso?, ¿cuál es el motivo?

La mejor manera de escuchar al Señor es por medio de su Palabra Escrita en la Biblia, siendo así, ¿qué hago para tener familiaridad con la Palabra de Dios?, ¿qué hago para  profundizar ese conocimiento de la Escritura?, ¿la leo y la reflexiono diariamente, como un alimento para el alma?, ¿la tengo como aquello que me lleva a conocer siempre más al Señor? Y lo que conozco de la Escritura, ¿me esfuerzo por hacerlo vida, para que así mi vida exprese y manifieste mi fe en el Señor?

ORACIÓN

Señor, muchas veces queremos como Pedro instalarnos, no saber nada de la Cruz. Pero es que no se puede entender tu seguimiento sin la Cruz. Te pedimos, Señor, que  en esta Cuaresma seamos sensibles a tu presencia en nuestra vida, y que nos ayudes a valorar tus manifestaciones y tu acción en nosotros. Por eso, danos una sensibilidad especial para buscarte durante este tiempo santo y así ser capaces de dejarnos transformar por ti. Dios Padre bueno, Tú que nos pides que escuchemos a tu Hijo, danos una sed insaciable de ti, para que te busquemos y te encontremos en tu Palabra, en la Eucaristía, en la vida de nuestros hermanos, en los signos de los tiempos… Por eso, danos la gracia de tu Espíritu Santo, para ser sensibles y dóciles a su acción en nosotros, para que todo lo que conozcamos de tu Hijo, lo hagamos vida, imitándolo y actuando como Él.

CONTEMPLACIÓN

Para una mejor comprensión y adentrarnos en el tema, leamos de nuevo el evangelio del día, creando  el ambiente de silencio para hablar a solas con Él, pero sintiéndonos testigos de esa manifestación. De modo que nos unimos a los discípulos y nos de involucramos en su ambiente.

“Señor Jesús, impresiona tu actitud ante nosotros, porque ahí nos damos cuenta, que Tú eres Alguien que quisiste que te conocieran, que hiciste todo lo que estaba a tu alcance para darte a conocer, para que así supieran quién eras y lo que eras. Así en cada oportunidad que tenías, te dabas a conocer, ya sea por medio de los milagros, sanando a una persona, resucitando a otra, multiplicando el pan o caminando sobre las aguas. Buscabas que ellos se dieran cuenta que Tú eras Alguien especial, porque actuabas de manera diferente, porque buscabas mostrar el corazón de Dios con hechos y palabras, pues dando a conocer al Padre te dabas a conocer a ti mismo.

En el Tabor nos haces ver a Pedro, Santiago, Juan y a mí, quién eres, lo que eras y cómo eras, revelándonos tu gloria. Y ahí no solo,  nos hiciste ver tu gloria, sino que el Padre en persona, dio testimonio de ti, recociéndote como su Hijo Amado, como Aquel en quien Él ponía toda su complacencia, y ¡cómo no poner su complacencia en ti!, que le fuiste obediente hasta la muerte y muerte de cruz y así nos mostraste la manera que debíamos vivir nuestra vida para agradarle a Él.

Pero el Padre no se conformó con darte a conocer, sino que nos invitó a todos a “escucharte”, es decir, a tomarte a ti como referente, como modelo, como proyecto, para actuar como Tú y vivir como Tú. Por eso, Señor, ahora que nos has hecho ver tu identidad y que nos has manifestado tu gloria, te pedimos que nos ayudes a seguirte cada vez con más entrega, de manera incondicional, buscando siempre identificarnos contigo, buscando que seas Tú todo para nosotros, viviendo como lo has hecho Tú, amando y amando hasta el final.

ACCIÓN

Involucrarme totalmente en el tiempo cuaresmal, sin temor a lo que me pueda pedir el Señor, que descubriré que antes de pedirme algo ya me ha dado su gracia para cumplirlo. Dios nunca nos pedirá imposibles. Contemos siempre con su gracia.

 

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