Lectio Divina: A uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad.

Escrito en 16/11/2014 por Rita de Casia en Lectio Divina

DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO

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fiel en lo poco

 

ORACIÓN INICIAL

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección. Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS  (Mt 25,14-30):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Un hombre, al ausentarse, llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó». Enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos. En cambio el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor». Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con ellos. Llegándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: ‘Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado’. Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor». Llegándose también el de los dos talentos dijo: ‘Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he ganado. Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor». Llegándose también el que había recibido un talento dijo: ‘Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo. Mas su señor le respondió: Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses. Quitadle, por tanto, su talento y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y a ese siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes».

Ambientación

Nos acercamos a la fiesta del Adviento y, por tanto, el final del año litúrgico está cerca. Seguimos leyendo el capítulo 25 de Mateo, el cual contiene tres grandes parábolas. La parábola de las vírgenes, la parábola de los talentos y la parábola del juicio final, colocan la vida del discípulo en el horizonte del destino final, señalan lo que espera que “haga” un discípulo de Jesús a lo largo de la historia, que es el tiempo de la “espera” de la Venida del Señor. Aquí nos encontramos ante la exigencia de una preparación cuidadosa y responsable de la Venida del Señor.

Comentario

El relato nos pasea en medio de cifras exorbitantes. Lo entregado es el equivalente de un gran tesoro que está calculado en “talentos”. Hoy es muy difícil decirlo con matemática exactitud, pero sí nos podemos aproximar: un solo “talento” ya es una gran fortuna, era en oro o plata, y su peso oscilaba entre los 25 y los 35 kilos (¡un solo talento!). Otra forma, para hacernos una idea de cuánto dinero se trata, es seguir el cálculo salarial. Sabemos que un talento equivalía a unos 6.000 denarios. Un “denario” es lo que normalmente gana un trabajador de campo por una jornada. Ahora multiplíquelo por 6.000. Es una gran fortuna la que les confía: es una manera de hablar de la grandeza de los dones que Dios nos da.

En cuanto “siervos”, los discípulos de Jesús no son personas independientes: están obligados a rendir cuentas y han de tener conciencia de que todo lo que poseen es un bien que les ha sido dado. El comportamiento y el destino de los servidores puede ser bueno o malo.  La confianza que el Patrón tiene en sus siervos es tan grande, que les entrega sus propios bienes y no se queda  para vigilar ni decir lo que hay que hacer; él cree en la buena conciencia, en la madurez y en las habilidades de sus servidores. No nos dimos la vida ni tampoco nos daremos el destino final: todo es gracia. Incluso nuestras capacidades vienen de Él y es en el uso de ellas está la realización plena de nuestra vida, sobre la que Dios tiene la última palabra.

En la entrega de los talentos se guió por un criterio: “A cada cual según su capacidad”. Desde el punto de vista de los siervos vemos cómo cada uno le reconoce sus habilidades. Desde el punto de vista de Dios, la idea es esta: los dones de Dios son variados, pero siempre generosos, no importa cuales sean: “Tengan una sobria estima según la medida de la fe que otorgó Dios a cada cual… Pero teniendo dones diferentes, según la gracia que nos ha sido dada” (Romanos 12,3.6). “Que cada cual ponga al servicio de los demás la gracia que ha recibido, como buenos administradores de las diversas gracias de Dios” (1 Pedro 4,10).
“Les encomendó la hacienda”.  Han de asumir la responsabilidad de la hacienda del patrón. Se acentúa el “entregar” por parte del patrón y el “recibir” por parte de los siervos. Lo curioso es que el patrón no da instrucciones. Él deja abiertas las posibilidades.

“Y se ausentó”. El patrón se va lejos a hacer nuevos negocios dejando su fortuna en manos de sus servidores. No se prevé cuándo regresará, lo que sí es claro  es que vendrá de nuevo.

“Se puso a negociar”. Los dos primeros servidores se comportan de la misma manera: no dejan inactiva la fortuna sino que la duplican.

De lógica, se espera que el tercer siervo sea capaz de duplicar el único talento. Pero no sucede así. Veamos sus acciones: “se fue” (=alejarse), “cavó un hoyo en la tierra” y “escondió el dinero”: pone el dinero en un espacio seguro, fuera del alcance de los ladrones. Hace algo que en principio es correcto, pero olvida un detalle: él debía tener sentido de pertenencia y haber tratado el tesoro como lo hubiera hecho el patrón..

Los dos primeros siervos habían procedido interpretando el querer del patrón: se sometieron a sus objetivos y defendieron sus intereses. Y este proceder resultó en fruto abundante.

El patrón pide cuentas (25,19-30). Quiere decir, a propósito de la parusía, cuando Cristo regrese, la pregunta será: “¿qué has estado haciendo?”. No será suficiente dar las cuentas exactas de lo recibido, como si el problema fuera cuantitativo, sino si el comportamiento se inspiró en lo que haría el patrón: una cuestión cualitativa.

Vale detenerse en las palabras de felicitación del patrón: “¡Bien, siervo bueno y fiel!” (25,21.23). “Siervo bueno” es aquel que acepta plenamente su posición y se pone al servicio de su patrón; no se apoya en sus propias ideas ni en sus variables estados de ánimo, no se mantiene a distancia del patrón sino que se identifica con sus búsquedas e intereses. “Siervo fiel” es aquel se ocupa con mucha premura y con plena conciencia de aquello que ha recibido.

“¡En lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré!” (25,21.23). La idea es que se incrementa la confianza y, por lo tanto, la responsabilidad. Esto se comprende en el plano de la sabiduría (la sensatez), como lo dice Proverbios 9,9: “Da al sabio, y se hará más sabio todavía; enseña al justo, y crecerá su doctrina”.

“¡Entra en el gozo de tu señor!” (25,21.23). El discípulo y su Señor se alegran juntos, es la máxima expresión festiva. El discípulo es llamado a la felicidad plena: se le había invitado a “entrar en el Reino”, luego se le invitó a “entrar en la vida”, ahora se le invita a “entrar en el gozo”. Ambos siervos reciben la misma recompensa: lo que valora no es la cantidad que ellos rinden sino la fidelidad en la tarea encomendada: su compromiso total.

El “siervo malo y perezoso” e “inútil”. El tercer siervo parece esperar que lo feliciten por su precaución, quizás por la virtud de la “prudencia”: guardó astutamente el dinero. Sin embargo el patrón lo ve como un perezoso. Al rendir cuentas  termina con la frase “Mira, aquí tienes lo que es tuyo”, justifica  su comportamiento: Lo llama “Señor” y le dice: “Sé que eres un hombre duro, que…”. En pocas palabras, el siervo regañando a su patrón. Este siervo, por una parte se reconoce dependiente de él, pero por otra le deja entender que no le tiene confianza. Para este siervo la dependencia del patrón es una dominación, una dura opresión, y por eso lo acusa de abusivo: que pide más de la cuenta, que hace trabajar a los otros para sí y que vive a costas de ellos.  Se auto-acusa de “miedo, se comporta como alguien que siente una gran distancia con su patrón.

“Aquí tienes…”. Le devuelve lo que ha recibido. El problema de fondo es el tipo de relación que sostiene el servidor con su Señor: cómo lo ve a él, cómo se ve a sí mismo, cómo interpreta lo que tiene que hacer.
La reacción del patrón es adversa, a la que el siervo esperaba y  le aplica un castigo. Le llama “malo y perezoso” e “inútil”. Los tres calificativos lo señalan como que ha fracaso totalmente. Si él sabía cómo era el patrón, con mayor razón debía actuar. Es incompetente precisamente por su desidia, por no proceder al menos por lo que ya sabe. El tercer siervo es un anti-modelo, el ejemplo perfecto de lo que no se debe hacer. ¿Cómo es que el siervo “sabiendo” cómo es su Señor cometa un error tan trágico? Si no se sentía buen negociante, al menos había otras alternativas, él tenía autoridad para entregar el dinero a los banqueros, para que ellos ganaran los intereses.

El castigo: “Echadle a las tinieblas de fuera”. Es la ruptura definitiva de la relación, no es admitido en la comunión íntima de vida con su señor: puesto que se ha mantenido a distancia del patrón, ahora el patrón toma distancia de él.  Lo arroja a las “tinieblas”, a un espacio donde no hay alegría sino “llanto”, infelicidad, pérdida de la visión de futuro.  Habrá sí “rechinar de dientes”, rabia y  sentimiento de fracaso, desesperación porque él mismo ha provocado una existencia miserable e insoportable. Queda excluido de la comunión con Dios, de la luz y del calor de su presencia.

MEDITACIÓN

 

«Las historias de tantas personas sencillas, bondadosas, a las que la fe ha hecho buenas, demuestran que la fe produce efectos muy positivos (…). Y, al revés: también hemos de constatar que la sociedad, con la evaporación de la fe, se ha vuelto más dura…» (Benedicto XVI).

¿Qué idea del Señor tienen los dos siervos buenos y qué idea tiene el siervo malo? ¿Qué imagen de Dios tengo y cómo veo mi relación de dependencia con él? ¿Qué dones me ha dado Dios? ¿Consigo verlos y reconocerlos con gratitud? ¿Cuáles son los dones más grandes e importantes para mí? ¿Cómo utilizo los dones recibidos? ¿Qué quiere Dios hacer con los demás a través de mí? ¿A quién quiere ayudar a través de mí? ¿A qué se refiere cuando dice: “…al que tiene se le dará y tendrá en abundancia, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene…” (Mt 25,29)

ORACIÓN

Señor Jesús, nos dices: …al que tiene se le dará y tendrá en abundancia…                 te pedimos que derrames sobre nosotros, tu gracia para vivir nuestro seguimiento a ti,dándonos y entregándonos totalmente a los demás como lo hiciste Tú;ayúdanos Señor, a que como Tú amemos y amemos hasta el final,buscando en todo momento, colocar todo lo que somos y tenemos,todo lo que Tú nos has dado, para ayudar y servir a los otros.

Derrama Señor, tu gracia en nosotros,haciéndonos conscientes que hay más alegría en dar que en recibir,y que tus dones fructifican en la medida que nos damos y nos entregamos a los que nos rodean.

Ayúdanos Señor, a amar dándonos, a entregarnos siendo serviciales,a vivir la vida como una tarea, a buscar servir y amar como lo hiciste Tú siendo presencia visible de tu amor mostrando con nuestra manera de ser y de actuar que Tú eres nuestro Dios y Señor y que Tú actúas en y por nosotros.

CONTEMPLACIÓN

Tratar de situarnos ante el Señor y escucharle atentamente a la hora en que me hace entrega de los talentos que me ha confiado. Contemplarlos cual si fueran bienes materiales puestos ante mis ojos. Y ver cómo los recibo, qué cálculos hago y qué espero. Por otra parte observar el rostro de Dios en la persona de Cristo. ¿Por qué se ha fijado en mí y por qué me ha dotado de tantos bienes? Me ha dado la vida, con la vida la fe, la libertad, la familia, la Iglesia…… y qué me promete si soy fiel.

ACCIÓN

Pidamos perdón por todas las veces que ocultamos nuestros talentos, escondimos nuestras capacidades, simplemente por acomodarnos a lo que el mundo piensa.

En otras ocasiones nos conformamos con nuestras incapacidades para salir al encuentro del otro, porque no queremos sacrificarnos, rechazando  los dones que nos dio.

Prometamos amar y servir desde la gratuidad, desinteresadamente.

Un Comentario

  1. Carola de Mc Gowen 16/11/2014 en 7:51 pm

    Me ayudó mucho en mi reflexión, descubrí cosas que no las había visto antes.
    Gracias por ayudarme a orar.

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