Lectio Divina: 5º DOMINGO DE CUARESMA, CICLO B

Escrito en 14/03/2018 por Rita de Casia en Lectio Divina

ORACIÓN INICIAL

Señor, ¡qué valentía la tuya! Conociéndonos perfectamente, sabiendo que te vamos a llevar a la muerte y muerte de Cruz, te atreves a hacerte uno de nosotros, asumes nuestra condición humana, menos en el pecado para redimirnos, para comprarnos a precio de Sangre. Y es que nos ves como  obra de tus manos, y quieres que el primer propósito tuyo, se realice: que tengamos vida y Vida abundante. No te importa lo que podamos hacerte, sino lo que Tú quieres hacer por nosotros: quieres que nos suelte del “dueño” de este mundo para que tengamos la oportunidad de entrar en comunión contigo, con el Padre, mediante el Espíritu, que seamos divinos. Envía tu Espíritu a nuestros corazones para que el designio del Padre no fracase en nuestra vida. Ojalá que tu Salvación alcanzara a todos, pero nos dan el don de la libertad: aceptarte o rechazarte. Toca los corazones de los que quieren vivir en la Verdad, para que acojamos como lo más grande y maravilloso que ocurrirá en quienes queremos decirte: “El Señor es mi Pastor, nada me falta…”

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS. Juan 12,20-33

Había algunos griegos de los que subían a adorar en la fiesta. Éstos se dirigieron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron: «Señor, queremos ver a Jesús.» Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Jesús les respondió: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo de hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará. Ahora mi alma está turbada. Y ¿qué voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto! Padre, glorifica tu Nombre». Vino entonces una voz del cielo: «Le he glorificado y de nuevo le glorificaré». La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno. Otros decían: «Le ha hablado un ángel.» Jesús respondió: «No ha venido esta voz por mí, sino por vosotros. Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será derribado. Y yo cuando sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí.» Decía esto para significar de qué muerte iba a morir.

El contexto en el que va a desarrollarla escena del día de hoy.

La cuaresma, lo hemos expresado desde sus comienzos, viene a ser para nosotros cristianos un tiempo de preparación para vivir más plenamente nuestra fe, asumiendo y realizando lo que implica ser cristianos. Pero también es un tiempo de aprendizaje, pues en los días de semana santa tenemos el modelo máximo de amor que puede haber: un Dios que hace hasta lo imposible para reconciliarnos con Él y así darnos su vida. En este sentido Jesús es la expresión máxima del amor sin límites del Padre, que no solo lo envió para hacerse hombre, sino que se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz, para reconciliarnos con el Padre y darnos vida en Él y por Él. Nuestra fe nos muestra que nuestro Dios nos ama con amor infinito, de ahí que viendo cuánto Dios nos ama, cada uno de nosotros debemos buscarlo en nuestra vida y así reconocer su presencia en cada acontecimiento de nuestro día a día, para transmitirlo con todo lo que somos y con todo lo que hacemos.

Comentarios al Texto evangélico.

En esta ocasión, por ser el texto muy amplio, centraré la atención tan solo en ideas centrales. Jesús se encuentra en Jerusalén, para celebrar “su pascua” definitiva. Bien sabemos cómo a esta fiesta venía de todo el mundo conocido, donde se encontraban sobre todo los judíos de la diáspora. Entre ellos hay un grupo de “griegos”, nombre genérico para hablar de los que no eran auténticamente judíos. Este grupo quiere conocer a Jesús, y para ello quieren servirse de medicaciones: Felipe y Andrés, que son de Betsaida, ciudad cosmopolita, en la que se hablan las distintas lenguas. Su intención es querer conocer a Jesús. No sabemos si lo hacen por curiosidad, o porque en verdad buscan encontrar el verdadero camino en él. Nos inclinamos por la segunda idea, porque inicia el evangelista que habían llegado a Jerusalén para adorar a Dios. Puede haber una clara idea de que Cristo se abre a todos.

El Señor aprovecha la ocasión para hablar del sentido de su muerte, de la entrega de sí mismo que iba a hacer en la cruz: aquel momento decisivo donde Él debía realizar el proyecto de amor del Padre, Hora en la que el Hijo del Hombre va a entrar en su Gloria…” Esto expresa el momento de la pasión, muerte, resurrección y glorificación del Señor, donde Él nos ha demostrado la verdadera dimensión del amor de Dios. Desde el primer momento el evangelio de Juan nos habla de la identidad del Verbo eterno de Dios, que compartía con el Padre y el Espíritu Santo la misma gloria y el mismo poder. Este Verbo de Dios se ha hecho hombre, asumiendo nuestra vida, de ahí que toda la vida de Jesús está marcada por este salir del seno de Dios a un volver al Padre, es este volver a donde estuvo siempre.

Y busca como un referente el mundo del agricultor: “Si el grano de trigo no cae en tierra…” Todos saben que si el grano de trigo al sembrarlo, “no muere”, queda infecundo. Sería perder la simiente. Este mismo sentido ha de tener la entrega de Jesús; su muerte no será un sin sentido. Nadie le arrebata la vida, sino que Él la da libre y voluntariamente, la da por nosotros para vivificarnos con su amor, para que su muerte sea fruto de vida eterna para nosotros. Y añade que el  que ama su vida la pierde y el que la pierde la conserva para la vida eterna. Y saca unas conclusiones en nosotros los que sabemos que hemos sido redimidos.

A los ojos de muchos, principalmente hoy en día, cuando vivimos en una sociedad que habla de calidad de vida, de disfrutar de la vida, la vida cristiana podría ser un sin sentido, porque implica renuncia, donación, entrega, esto que para nuestra sociedad es un perder la vida, pero a la luz del testimonio del Señor Jesús es vida y es condición para la vida eterna. La vida cristiana está marcada por el testimonio que el Señor Jesús nos ha dejado, por su ejemplo de amar hasta dar la vida.

Ante la muerte que se le avecina, Cristo-Hombre no es insensible: “Ahora mi alma está agitada”. No es fácil sufrir, la carne se rebela, la inclinación natural te hace huir del sufrimiento. También Jesús ha sentido esta repugnancia, ha sentido horror, delante de una muerte que se perfilaba dolorosa y humillante. En su pregunta “¿qué voy a decir?”, podemos sentir este escalofrío, este miedo, esta tentación de sustraerse a una muerte semejante. Juan coloca este momento difícil antes de la última cena; los sinópticos, por el contrario, lo colocan en la oración del Getsemaní, antes de la captura. Este pasaje nos muestra de manera clara, que su pasión y muerte no le eran algo indiferente.

La muerte de Cristo no va a ser casual, sino que está enmarcada por una entrega libre y voluntaria, para darnos vida por medio de su sangre. Este amor ha llegado a su máxima expresión al dar su vida en la cruz. La hora de Jesús consiste en este dar su vida por nosotros en la cruz, su resurrección y glorificación en su vuelta al Padre. Este pasaje para nosotros es absolutamente fundamental para encontrar la verdadera dimensión del sentido de este tiempo de preparación como es la cuaresma, pues aquí nos muestra que el sentido de toda nuestra fe no es creer y seguir a uno cualquiera, sino que es búsqueda de identificación con Alguien que es Dios vivo y verdadero hecho hombre que dio su vida por nosotros para que nosotros tengamos vida en Él.

Juan nos hace otro planteo respecto del sentido de la muerte redentora de Jesús, pues nos muestra que esa muerte no es solo oblación de sí mismo, sino que es, a su vez, derrota de aquel que es señor de este mundo. La cruz de Jesús es el signo de la victoria de Dios sobre el mal, es el testimonio elocuente del amor de Dios que nos ha reconciliado con Él por la sangre de Jesús.

Y en la parte final del texto de este día nos dice que: “Atraeré a todos hacia mi”. La cruz se convierte en una verdadera entronización de aquél que es para todos, salvación y bendición. De la violencia que lo quería marginar y quitar de en  medio, se pasa a “un atraer” que se engendra no por curiosidad, sino por amor; será suscitador de discipulado, de adhesión a sus principios. No será la muerte ignominiosa la que alejará, sino que se convertirá en fuente de atracción misteriosa. Una vida entregada que genera vida; una vida sacrificada que genera esperanza y nueva solidaridad, nueva comunión, nueva libertad.

MEDITACIÓN

Felipe y Andrés ¿por qué han sido interpelados precisamente ellos?  Los griegos que hablaron con Felipe, querían ver a Jesús, por curiosidad o por interés, pero lo buscaban, ¿y nosotros?, ¿queremos ver y conocer a Jesús?, ¿nos esmeramos en buscarlo?, ¿somos personas de oración que le damos tiempo al Señor? ¿Buscamos profundizar nuestra fe por medio de la lectura y meditación de la Palabra de Dios?, ¿nos esforzamos en leer libros que nos introduzcan en el tema religioso y así alimenten nuestra fe?, ¿cómo profundizo mi fe? ¿Quería Jesús que respondiesen con fórmulas? ¿O más bien con testimonios?

¿Qué me llama la atención de este pasaje donde el Señor nos habla del sentido de su entrega y de su donación?, ¿qué me hace pensar?, ¿qué le aporta a nuestra fe?

Jesús dice: “…si el grano de trigo no cae en tierra y no muere, queda solo, pero si muere da mucho fruto…” ¿a qué se refiere con esto?, ¿qué está diciendo con esto?, ¿cuál es la conciencia que Jesús tiene de su pasión?

Comentar: “…el que ama su vida, la pierde; y el que la desprecia en este mundo, la conserva para la vida eterna…”, ¿qué debemos entender con esto?, ¿qué pretende inculcarnos con esta afirmación? A partir de esto, ¿cuál debe ser nuestra actitud en la vida? …mirando mi vida a luz de la Cruz del Señor… Viendo que Jesús nos amó hasta dar su propia vida por nosotros, sabiendo que nosotros debemos imitarlo, veamos: ¿cómo es mi amor a Dios, cuánto lo amo, cómo lo expreso?, ¿hasta dónde va mi fe?, ¿qué estoy dispuesto a hacer para testimoniar y transmitir mi fe en el Señor?  ¿De qué manera vivo mi relación con los que tengo junto a mí?, ¿qué actitud tengo en mi familia o en mi comunidad?, ¿soy capaz de sublimar mi actitud y mi relación con ellos, buscando al Señor por medio de los que rodean?,

ORACIÓN

Señor Jesús “…ha llegado la hora…”, el momento de dar la vida, de amar hasta morir en la  cruz, hasta derramar tu sangre por nosotros. Tú vas al encuentro de “…tu hora…”, para eso habías salido, para eso te había enviado el Padre; vas consciente y lleno de amor, vas sabiendo que tu muerte era vida para nosotros, vas sabiendo que tu caer era el levantarnos a nosotros. Vas porque nos amas, porque quieres nuestra vida, porque nos quieres junto a ti, porque nos preparas para la vida eterna. Ha llegado “..la hora..”, es la hora de la entrega total, de la muerte redentora, del comienzo de la vida nueva para ti con tu resurrección y para nosotros con tu redención. Señor, en estos días de Semana Santa que se aproximan, danos un corazón sensible a tu sufrimiento, para condolernos contigo, y así valorar lo que fue tu amor y tu vida dada por nosotros. Derrama Señor tu Espíritu Santo y haznos vivir la experiencia de tu pasión, muerte y resurrección para que así podamos vivir como Tú lo has hecho.

CONTEMPLACIÓN

En estos momentos pasan por mi mente y siento en mi corazón contrastes muy diferentes. ¡Cuánto nos tienes que querer, Padre, que prefieres que tu Hijo, tu Amado, tu predilecto, tome condición humana, se haga uno de nosotros, se implique en un anonadamiento hasta experimentar ser el último de todos, y ser capaz de compadecerse de todos! Asume en su vida la muerte más cruel, el desprecio más inhumano, la soledad  más horrible… porque llega hasta sentirse abandonado  por Ti, Padre. ¡Cuánto tienes que amarnos, que pudiendo actuar de otra forma, quisiste “comprarnos” a precio de sangre del mismo Dios humanizado!

Señor Jesús, en este momento decisivo de tu vida,  cuando te está llegando “la hora”, sorprende verte tan dueño de la situación, uno queda admirado respecto a tu actitud ante tu pasión y muerte;  no le quitas el cuerpo, sino que la asumes, la aceptas y vas al encuentro de ese momento límite, dándole un sentido redentor. Muchas veces habías dicho, que todavía no era tu hora, en cambio ahora, la das a conocer, manifiestas que ya estás en esa hora, que es el momento que Dios Padre había preparado para ti, es el momento de tu entrega total, en el que nos mostrarías hasta donde llega tu amor hacia nosotros. Señor, regálanos en estos días previos a la Semana Santa la gracia de aprender de ti a vivir de acuerdo al corazón del Padre; ayúdanos a valorar lo que significa vivir en sintonía de amor contigo, para tener tus mismas actitudes y tus mismas disposiciones a lo largo de cada momento de lo que nos toca vivir, para que así como Tú, sepamos buscar la voluntad de Dios en todo lo que pensamos, deseamos y hacemos.

Señor Jesús, cuando vienen a nuestra vista escenas de tu Pasión y muerte, uno se estremece,  se llega a hacer preguntas: ¿Tanto me valora Dios Padre, que llega a este extremo de preferir que su Hijo muere y de qué manera a que siga en la muerte, en manos del enemigo de la humanidad?

Y a pesar de todos, todavía no abrimos nuestros ojos ni se enternece nuestro corazón, cuando tantos hermanos siguen gritando que mueras Tú, que suelten a  Barrabás, que mueran muchos niños en el seno de su madre, que se destruya las normas y mandatos que dejaste para felicidad nuestra, que el matrimonio sea abolido, que cada uno viva como le parezca bien, que cada uno construya  “su verdad”, que es mejor vivir en la postverdad que buscando la felicidad que perdure para siempre y que Tú solo puedes dar. Nacimos en el desastre y amamos la destrucción. Nacimos muertos para la Vida y queremos morir en Vida, que vivir destruyendo la muerte.

PROPÓSITO

Buscar momentos para estar a solas y valorar cuanto estamos a punto de vivir en la Semana Santa.

¿En qué y cómo puedo imitar a Jesús dando mi vida por los demás, siendo como el trigo caído en tierra, para poder dar muchos frutos?

¿Qué puedo hacer para vivir con las actitudes y los sentimientos que tuvo Jesús?  ¿Cómo y de qué manera puedo o debo “perder y despreciar” mi vida por Jesús y por el Evangelio para adquirir la vida eterna?

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