Lectio Divina, 5° DOMINGO DE PASCUA CICLO B

Escrito en 23/04/2018 por Rita de Casia en Lectio Divina

ORACIÓN INICIAL 

Señor, hoy nos hablas que Tú eres  la vid verdadera y que nosotros somos las ramas. Que tan solo produciremos frutos, uva buena y de calidad, en la medida que nos dejemos podar, purificar por el Agricultor que es el Padre. Para llegar a ser en Ti, un “YO contigo” tenemos que morir a nosotros mismos y producir frutos en abundancia que es lo que agrada al Padre. Ayúdanos, Señor,  a entender y asumir, el hecho que sin ti no podemos hacer nada. Somos como la rama cortada del tronco, que se seca y no da fruto tan deseado. Derrama Señor tu Espíritu Santo, para que nos sensibilice que nos haga tomar conciencia de que solamente teniéndote a ti, podremos producir los frutos que el Padre espera de cada uno de nosotros. Ayúdanos Señor a permanecer en ti para recibir de ti, vida, gracia y bendición, siendo auténticos discípulos. Que así sea.

LECTURA DEL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 15, 1-8

 

1Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. 2 Él corta todos mis sarmientos que no dan fruto al que da fruto, lo poda para que dé más todavía. 3 Ustedes ya están limpios por la palabra que yo les anuncié. 4 Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí. 5 Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. 6 El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer. 6 Pero el que no permanece en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca; después se recoge, se arroja al fuego y arde. 7 Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran  y lo obtendrán. 8 La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos.

 

Contexto:

 

Nos situamos en la última Cena cuando abre su corazón de un modo muy especial a sus discípulos para revelarles las grandes maravillas de su amor. Con la imagen de la vid busca resaltar la relación del Señor con sus discípulos, imagen única en todo el Nuevo Testamento. Es una unidad tan estrecha, profunda e indisoluble, que no tiene par en todos los Evangelios; es el texto que dice lo que ningún otro texto de las Sagradas Escrituras es capaz de decir en relación a la vida cristiana, su potencia, sus deberes, su gozo y su dolor, su esperanza y su lucha en este mundo y en la Iglesia. El Señor deja a los suyos una presencia nueva, un modo nuevo de existir: a través de la parábola de la vid y de sus sarmientos y a través, del maravilloso verbo permanecer, repetido muchas veces, Jesús da comienzo a esta su historia nueva con cada uno de nosotros, que se llama inhabitación. Él no puede quedarse junto a nosotros porque vuelve al Padre, pero permanece dentro de nosotros.

Texto

1: “Yo soy la vid verdadera… y ustedes son los sarmientos. La expresión “Yo soy” empleada por Jesús (“Yo soy la luz del mundo”, “Yo soy la puerta”, “Yo soy el buen pastor”, “Yo soy la resurrección y la vida”, “Yo soy el camino, la verdad y la vida”, “Yo soy el pan de vida”, “Yo soy la vid verdadera”, “ “Yo soy, el que habla contigo” “Cuando ustedes hayan levantado en alto al Hijo del hombre, entonces sabrán que Yo soy”, o simplemente “Yo soy”, hace referencia al nombre con el que se le había revelado Dios a Moisés: “Yo soy el que soy” (Éxodo 3, 14), que es lo que traduce el nombre “Yahvé”. Más exactamente: “Yo he actuado, estoy y seguiré actuando”, es como un canto de alegría, de victoria del Señor, que a Él le gusta cantar continuamente dentro de la vida de cada uno de nosotros. “Yo soy: y lo repite cada mañana, cada tarde, cuando llega la noche, mientras dormimos y de Él no nos acordamos. Él en cambio vive propiamente en función de nosotros: existe por su Padre y por nosotros, para nosotros. Sería interminable seguir buscando frases bíblicas con esta expresión, con la gran riqueza que encierran  estas palabras.

La verdadera vid. Esto me trae a la mente el vino, ese fruto tan bueno y precioso, me hace pensar en la alianza que Jesús cumple con nosotros, nueva y eterna, alianza de amor, que nada ni nadie podrá romper. ¿Estoy dispuesto a permanecer dentro de este abrazo, dentro de este sí continuo de mi vida, que se deja entrelazar con la suya? ¿Alzaré también yo, como el salmista, el cáliz de la alianza, invocando el nombre del Señor y diciéndole que, sí, que yo lo amo?

  1. 2. Jesús define a su Padre comoagricultor” o “viñador”. El Padre nos ama hasta el extremo de enviar a su propio Hijo para salvarnos. Vemos con qué cariño procede el agricultor. Se fatiga, se dedica al trabajo de la tierra; se dobla sobre la tierra, se dedica a su campo de una manera total. No es el que planta la viña y la abandona. Se preocupa de cavarla, abonarla, le quita los brotes inútiles, la poda…, porque “el agricultor espera pacientemente los frutos de la tierra”. (Sant 5,7). Esta es la forma por la cual damos gloria al Padre, produciendo muchos frutos de buenas obras. En vista a este producir frutos, es que el Padre actúa como un viñatero, podando y limpiando toda rama (Jn 15,2), para que la planta produzca aún más frutos. Es todo el misterio de purificación que el Señor hace en nosotros en vista a nuestra adhesión cada vez mayor a Él. Porque la rama que no produce frutos es cortada y es arrojada al fuego. De la misma manera aquel que no produce frutos de buenas obras experimenta la poda del Señor para que su fruto sea aún más abundante.

  1. 4: “Permanezcan en mí y yo permaneceré en ustedes…” Este permanecer, el estar junto al Señor, adherirnos a Él, es condición para la vivificación y la transformación del creyente. Sin esta comunión no existe ni seguimiento, ni frutos, de ahí la necesidad de estar unidos al Señor, de la misma manera, como los sarmientos deben estar unidas al tronco, pues, es esto lo que produce muchos frutos.

Un texto como este nos lleva a cuestionarnos nuestra actitud de fe, la manera como estamos asumiendo el hecho de llamarnos cristianos, para ver qué frutos estamos produciendo y de qué manera estamos expresando nuestra fe en el Señor. A su vez si los frutos que producimos reflejan o no nuestra fe, o si nuestra fe es estéril, por no producir ningún fruto.

  1. 5-6. Sin mí no pueden hacer nada…, La única forma de integrar al Señor en mi vida, en mis proyectos, en mis sueños, en los deseos más profundos de mi corazón, es tener una actitud de dependencia amorosa ante Él, vivir en su gracia, contando siempre con su ayuda, que nunca fallará, porque “el que confía en el Señor no quedará defraudado”. Si no fuera sí mi fe no pasaría de ser pura  teoría. Y es que los sarmientos no pueden producir frutos si no permanecen junto a la cepa. Los sarmiento secos, los echan al fuego.  De esta manera es  la relación vital del discípulo con el Señor es imprescindible, porque la fe y  la gracia son acciones directas del Señor, y no sirve  solo el  esfuerzo humano, porque  es intervención y acción del Señor en el creyente, que transforma y vivifica. Esta relación de dependencia es tal que el Señor llega a decir: “…sin mí no pueden hacer nada…”.

v.7. “Si permanecen unidos a mí y fieles a mis enseñanzas, pidan lo que quieran…”. Si estamos unidos como el sarmiento a la vid, nuestra vida dará frutos “de conversión”, Dios Padre será glorificado en Cristo a través de nuestra conducta. Es frecuente la queja de quienes se sienten desatendidos por Dios porque no oye sus peticiones o parece no tenerlas en cuenta. Quienes así se quejan, por una parte no han cumplido la condición que indica Jesús, si permanecen unidos a mí y fieles a mis enseñanzas, y, por otra, no han entendido que la oración hecha como es debido nos dispone a pedir no lo que corresponde a nuestros afectos desordenados, sino lo que nos conviene para nuestra vida espiritual y eterna. Pidámosle entonces a Dios Padre, en el nombre de Jesús, e invocando la intercesión de María Santísima, que no nos deje caer en la tentación y nos libre del mal para que permanezcamos unidos a Él, de modo que nunca nos apartemos de quien nos enseñó con el ejemplo de su vida a cumplir el mandamiento del amor.

  1. 8: En el versículo 1 hemos visto significados e implicancias del “Yo Soy”. En la medida que Jesús lo sea todo en nuestra vida, nosotros “seremos” en Él. Estaremos dispuestos a hacer su voluntad, a ser sus verdaderos discípulos, a seguirle a donde quiera que vaya, no nos quejaremos de su proceder. No estaremos “lejos de ÉL”, sino que viviremos dentro de Él, “seremos” inhabitados. Por el Bautismo quiso hacernos partícipes de su destino, nos hermanó en el Padre, nos hizo a cuantos recibimos esa dignidad “ser hijos de Dios y hermanos”. Pero no basta saberlo en teoría: estamos llamados a dar frutos que permanezcan para siempre. El Padre busca en cada uno el fruto de la conversión, quiere que “llevemos frutos de toda clase de obras buenas”, por las que seremos benditos y dichosos. Es así que muchas veces necesitamos ser “podados”.  El ejemplo más claro lo tenemos en Jesús mismo que “tiene que morir” para rescatarnos de nuestra muerte por el pecado y restituirnos a la grandeza que vocacionalmente tenemos. Jesús nos advierte muchas veces que realizará en nuestras vidas, una purificación íntima, total, la del corazón y la conciencia, para que demos frutos en abundancia. Ezequiel nos lo dice expresamente: “Les purificaré de todos sus ídolos; les daré un corazón nuevo… (Ez 36, 25ss.33).  En fin, esta es la verdadera gloria del Padre. Esta  es la condición para glorificar al Padre, por medio de los frutos, pues sin el Señor no se puede producir frutos.

MEDITACIÓN

 

¿Qué implicancias tiene para mi vida escuchar tanta veces, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento: ¡Y SOY!? ¿Acepto gustosamente las podas que experimento en mi vida por parte de Dios o me rebelo?

¿Desilusionaré, yo tierra, la esperanza del Padre que me cultiva cada día, cavando la tierra, limpiándome de piedras, poniéndome buen abono y construyéndome una valla alrededor, para que yo permanezca protegido? ¿A quién consigno yo los frutos de mi existencia? ¿Para qué existo yo, para quién decido y escojo el vivir de cada día, cada mañana, cuando me levanto?

¿Qué medios utilizo en mi vida para vivir relacionado con Dios o soy un cristiano que tan solo piensa en llevar una vida moral, sin profundizar en mi auténtica vocación?

¿Qué significa para mí: “permanecer en Dios y dar fruto en abundancia?  ¿Dónde permanezco yo, cada día, por todo el día? ¿Con quién permanezco? Jesús une siempre este verbo a esta partícula “en mí”. ¿Me confronto con estas dos palabras: yo estoy “in”, o sea, estoy dentro, vivo en lo profundo, excavo para buscar al Señor, como se excava para hacer un pozo o más bien, estoy fuera, siempre disperso sobre las diversas superficies de este mundo, lejos lo más posible de la intimidad, de la relación y del contacto con el Señor?  ¿Tengo miedo de la voz del Señor, que me habla urgentemente y siempre?

 ¿Qué hacer para estar unidos al Señor, para caminar junto a Él, para vivir sus enseñanzas?  ¿Qué hacer para producir muchos frutos de buenas obras, en mi familia, en mi comunidad, en mi trabajo? ¿Cómo? ü Sabiendo que sin el Señor nada podemos, ¿qué haremos para estar más unidos a Él, para darle más lugar en mi vida y en mis acciones?, ¿cómo?

ORACIÓN.  Salmo 1

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin. No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. En el juicio los impíos no se levantarán, ni los pecadores en la asamblea de los justos; porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal.

CONTEMPLACIÓN

Señor, no permitas, que yo me equivoque de tal modo. Deseo permanecer en Ti, como sarmiento en su vid, junto a los otros sarmientos, mis hermanos ¡Señor, enséñame a rezar! Haz que mi oración más bella sea mi vida, transformada en un grano de uva, para el hambre y para la sed, para el gozo y compañía del que venga a la Vid, que eres Tú.

Señor, nos dices que Tú eres la vid verdadera y que separados de ti, nada podemos. He comprobado muchas veces que mi “voluntarismo” no sirve de nada, o mejor, me hace entender que no puedo conseguir nada,  porque es como quisiera que una rama seca diera fruto, cosa imposible y desde la fe, sería un rechazo de tu generosidad que viene en apoyo de nuestra pequeñez, porque nada somos sin Ti, y todo lo podemos en quien nos fortalece.  Señor, quiero apoyarme en Ti, para que el tronco (que eres Tú) dé sabia de vida a las ramas que somos nosotros. Tú nos haces tomar conciencia que la vida de fe es absolutamente imposible lejos o separado de ti, pues esto nos lleva al sin sentido y a la esterilidad existencial, pues sin ti, sin tu ayuda, todo pierde sentido.  Creo en cuanto nos dices: “…permanezcan en mí y yo permaneceré en ustedes…”. Señor, danos la gracia de estar siempre contigo, de asumir tu estilo de vida, de vivir en íntima unión contigo, para que Tú nos transformes interiormente

Señor, ¡gracias por hacernos ver la relación que quieres tener con nosotros!, ¡gracias porque nos vas dando todo lo que necesitamos para vivir lo que Tú nos pides! ¡Gracias Señor, por hacernos ver que sin ti, nada somos, que sin ti nada podemos, que Tú eres todo para nosotros! Gracias Señor, por ayudarnos a tomar conciencia de que la vida de fe no es algo que uno lo hace por nuestros propios medios, sino que eres Tú el que vas actuando en nosotros, dándonos la gracia de responder a todo lo que Tú mismo nos das. Gracias Señor, porque nos ayudas a darnos cuenta que llamarnos personas de fe, es tener el sentido de nuestra vida en ti, para que seas Tú el que nos vayas transformando e identificando contigo. Gracias Señor, porque nos haces ver que estando contigo, toda nuestra vida, adquiere una nueva dimensión, porque Tú nos llenas de amor y haces que nuestra vida tenga un nuevo sentido, produciendo frutos de buenas obras, con las que glorificamos al Padre. ¡Gracias Señor!

PROPÓSITO

Repetir todos los días, ante nuestra fragilidad,  en nuestra oración: Señor, yo creo pero aumenta mi fe

Pedir al Señor, que frente a las podas que  hace en nuestras vidas, no nos desanimemos, que nuestra fe no decaiga, más bien se fortalezca con su ayuda en momentos duros por los que todos pasamos

Cuando me encuentre con algún hermano(a) que está pasando por diferentes pruebas, le demos ánimos y confianza, a quien nos ha pedido que en el día de la tribulación, no nos abandonará.

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