Lectio Divina; 4° DOMINGO DE CUARESMA – CICLO B °

Escrito en 11/03/2018 por Rita de Casia en Lectio Divina

ORACIÓN INICIAL

Señor Jesús, seguimos preparándonos para recordar, celebrar y vivir tu hecho redentor y salvador: tu pasión, muerte y resurrección. Señor, no podemos olvidar que somos humanos, frágiles y que tus promesas de Vida Eterna para quien cree en ti, pueden esfumarse. No porque Tú nos abandones, sino porque el Desierto de nuestra vida, nos hace sentir de, o en momentos pareciera  como nos has dejado de tu mano, nos has abandonado, como San Juan de la Cruz canta: “¿Adónde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido? Como el ciervo huiste habiéndome herido; salí tras ti clamando y eras ido”. Señor, te pedimos que sigas iluminándonos,  que sigas mostrándonos cómo estamos, que nos ayudes a conocernos interiormente,  que iluminados por tu palabra, nos dejemos cuestionar por ella, para ver nuestras faltas, nuestros pecados, nuestras carencias, nuestras limitaciones, y así ser transformados y renovados por la acción de tu Espíritu Santo. Señor danos la gracia de vivir tu voluntad y tu proyecto.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS. Juan 3,14-21

Y como Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga en él la vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios. Y el juicio está en que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios.»

Contexto

Las lecturas del día de hoy son la manifestación más clara de la dimensión del amor de Dios hacia nosotros y del sentido de nuestra vida de fe.  El Evangelio nos presenta la última parte de la conversación de Jesús con Nicodemo. Este personaje pertenecía al partido religioso de los fariseos, quienes en tiempos de Jesús y de los inicios del cristianismo se identificaban como los cumplidores perfectos de la Ley y de los ritos judaicos. Buena parte de ellos se oponían a Jesús, pero también había entre los fariseos hombres sinceros que buscaban la verdad, como Nicodemo, quien pertenecía además al “Sanedrín”, un tribunal en el que se decidían los asuntos religiosos de los judíos, frecuentemente con repercusiones jurídicas y políticas.

En el Evangelio de este domingo encontramos una de las frases absolutamente más bellas y consoladoras de la Biblia: «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna».  Para hablarnos de su amor, Dios se ha servido de las experiencias de amor que el hombre tiene en el ámbito natural: conyugal, paterno, materno, de amistad. Ante todo Dios, en la Biblia, nos habla de su amor a través de la imagen del amor paterno. El padre nunca se olvida de sus hijos, quiere hacerlos crecer, empujándoles a que den lo mejor de sí. Por ello difícilmente un padre alabará al hijo incondicionalmente en su presencia. Teme que se crea cumplido y no se esfuerce más. Un rasgo del amor paterno es también la corrección. Pero un verdadero padre es asimismo aquel que da libertad, seguridad a los hijos, que les hace sentirse protegidos en la vida. He aquí por qué Dios se presenta al hombre, a lo largo de toda la revelación, como su «roca y baluarte», «fortaleza siempre cerca en las angustias».

Otras veces Dios nos habla con la imagen del amor materno. Dice: « ¿Acaso olvida una mujer a su niño, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ésas llegasen a olvidar, yo no te olvido» (Is 49, 15). El amor de la madre está hecho de acogida, de compasión y de ternura; es un amor «entrañable». El hombre conoce por experiencia otro tipo de amor, el amor esponsal, del cual se dice que es «fuerte como la muerte» y cuyas llamas «son flechas de fuego». Y también a este tipo de amor ha recurrido Dios para convencernos de su apasionado amor por nosotros. Todos los términos típicos del amor entre hombre y mujer, incluido el término «seducción», son empleados en la Biblia para describir el amor de Dios por el hombre.

Comentarios al texto  bíblico (Evangelio).

  1. 14. Y como Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre para que todo el que crea tenga en Él la vida eterna. Cuando el Pueblo de Israel vivía en el desierto, en muchas ocasiones protestaron y se rebelaron contra Dios. En una de esas oportunidades los hijos de Israel fueron mordidos por serpientes venenosas. Moisés les ofreció una posibilidad de salvarse fijando la vista en una serpiente de bronce. El Hijo del hombre en el desierto del mundo será levantado sobre la cruz como signo de salvación para todos aquéllos que sientan la necesidad de continuar viviendo y no se abandonen a mordidas venenosas de preferencias erróneas. Cristo está allí: maldito para el que no tiene fe, bendito para el que cree.

3,15. No es lo mismo tener o no tener fe. Ahí  se planteado el sentido que uno da a la propia vida, porque con la fe estamos dando a nuestra vida una perspectiva de eternidad, porque buscamos vivir nuestra existencia a la luz del proyecto de amor que el Padre tiene para cada uno de nosotros. Por eso, el tener fe nos coloca en la dimensión de Dios, donde nos da una perspectiva de vida, marcada por el encuentro definitivo con Él: “para que todo el cree en Él tenga vida eterna”. Este es el sentido de la opción de fe: aceptar o no la invitación de Dios.

v.16. El amor con que Dios nos ama es un amor de predilección, un amor tangible, un amor que habla. Dios Padre se ha ido revelando a lo largo de toda la historia, se ha ido manifestando de diversas formas y en diversas circunstancias, demostrándonos su amor gratuito y desinteresado, buscando únicamente derramar su amor en nosotros y para nosotros. Pero la expresión máxima  es que en la plenitud de los tiempos, nos ha enviado a su propio Hijo, al Unigénito, al Verbo eterno de Dios, para que asumiera nuestra vida y se hiciera uno de nosotros, en todo iguales a nosotros, menos en el pecado. Esta es la expresión máxima de su amor: “tanto amó Dios al mundo…, …para que todo el que crea en Él no se pierda, sino que tenga la vida eterna

  1. 17-18. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. La revelación de Dios busca que lo conozcamos para que así podamos adherirnos a Él y tener de Él la vida que solamente Él puede dar. Jesús es la expresión máxima del amor de Dios, que hizo todo por amor, nos demostró hasta dónde puede llegar su amor, que nos envió a su propio Hijo para darnos su vida, para reconciliarnos con Él. Jesús no ha sido enviado como Juez, sino como mediador, el que nos reconcilia con el Padre, el que con su sangre nos ha devuelto la amistad con el Padre. El que cree en Él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios.

  1. 19-20. Y el juicio está en que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. El único juicio que abarca a toda la humanidad es la llamada a vivir en la luz. Cuando Cristo nace, ninguno puede substraerse a esta luz que todo lo inunda. Pero los hombres se han construidos casas para poder escapar de la luz del Amor: casas de egoísmo, de oportunidades. Han perforado túneles y escondrijos para continuar libremente haciendo sus obras. La luz de la existencia tiene una sola fuente: Dios. Quien se aparta de la luz, muere a luz. Dios tanto nos ama, que nos ha dado lo más precioso que tenemos que es nuestra libertad; nos ha dado la gracia de elegir y decidir nosotros la suerte que queremos tener. De ahí que busca que lo conozcamos para que conociéndolo sepamos escoger el camino que debemos seguir.

  1. 21. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios. Todo lo que cae bajo los rayos del amor eterno, se viste de luz, como sucede en la naturaleza. Parece que todo sonríe cuando sale el sol. Y las cosas que durante el día son familiares y bellas, de noche toman formas que infunden temor por el solo hecho de no ser visibles. El sol no cambia la forma, pero la exalta en su belleza, Quien vive la verdad de sí mismo y acoge su fragilidad de su ser hombre, no tiene temor de la luz, porque no tiene nada que esconder. Buscar a Dios es el sentido de toda nuestra existencia y en la medida que lo busquemos caminaremos en la verdad. Este es el estilo de vida cristiano, que busca que conozcamos el evangelio para vivir de acuerdo a las enseñanzas de Jesús para encontrar en Él la plenitud de vida.

MEDITACIÓN

¿Qué significa para ti la serpiente colgada en un mástil en pleno desierto? ¿Por qué aquí el autor sagrado la compara con Cristo y su relación con su muerte y resurrección?

¿Da lo mismo tener fe o carecer de ella para la Vida Eterna? ¿Qué sentido tiene  la frase: “La luz ha venido al mundo, pero los hombres han preferido las tinieblas”? ¿Qué tinieblas rodean mi vida? ¿Somos capaces de vivir nuestra debilidad como lugar de encuentro y de apertura a Dios y a los otros, deseosos como de trabajar fielmente en su espacio y en su tiempo?

¿Qué consideración podrías hacer frente a los muchos que afirman: “Me basto solo”? ¿Qué sentido encuentra a la frase: “Cristo se ha hecho pecado, maldito, para salvarnos de nuestros pecados, colgando de un madero?

¿Qué fuerza mueve a Dios a entregar a su Hijo en la cruz? ¿Cuál es la condición que pone Jesús para tener vida eterna? ¿Para qué tener fe?, ¿es lo mismo tener fe o no tener fe?, ¿qué ganamos teniendo fe?, ¿la fe nos ayuda a crecer más como personas?, ¿somos mejores teniendo fe?, ¿qué buscamos al tener fe?

La condenación eterna, ¿de quién depende? ¿Quién es el responsable del juicio? ¿Es sólo para el futuro o tiene repercusiones en el presente? ¿Quiénes prefieren la oscuridad a la Luz? ¿Por qué algunos odian la Luz y se alejan de ella?

ORACIÓN

Señor Jesús, te damos gracias porque hoy, una vez más, Tú nos has hablado. Nos has expresado que Tú eres el amor de Dios hecho gesto, Tú la manifestación viva del amor de Dios, Tú nuestra verdad y nuestra vida, Tú el dador de vida eterna, Tú el camino de salvación, Tú nuestro Señor y Salvador. Tú que tanto nos amaste hasta dar tu vida en la cruz por cada uno de nosotros. Tú el que venciendo la muerte estás vivo y resucitado. Tú la expresión máxima de la cercanía y del amor de Dios. Tú Señor que has venido para reconciliarnos y redimirnos, y darnos nueva vida en ti.  Derrama en cada uno de nosotros, la gracia de tu Espíritu Santo, para que nos capacite a responderte, para que nos disponga a seguirte, para que nos abra a tu amor, para que creamos en ti y te amemos. Danos Señor la gracia de actuar y amar como Tú. Renuévanos Señor en tu Palabra y con tu Espíritu Santo. Que la fe guie nuestra vida, que tu gracia prime sobre nuestra flaqueza, y que siempre estés presente en nosotros, para que “nada ni nadie nos separe del amor que hemos descubierto en Ti”.

CONTEMPLACIÓN

El Evangelio de hoy nos ayuda a plantearnos el tema de la vida con mayor profundidad, pues se trata de vivir desde la fe en Jesús, vivir conforme a la verdad, vivir en plenitud. Mucho puede ayudarme releer las lecturas e irlas saboreando versículo tras versículo. Profundicemos esta PALABRA  que nos ayudará  a conocer el corazón de Dios y así ver hasta dónde llega su amor hacia nosotros y nos estimulará a adherirnos vivencialmente a Él, buscándolo con todo el corazón.

Señor, entre las cosas que más me han llamado la atención, es considerar cuán grande es el amor que nos tienes, porque no quieres que ninguno se pierda, sino que tengamos vida y Vida abundante. Señor, te considero  que me amas en el amor que tienes a tu Hijo Jesús, como PADRE-MADRE. Siente que tu amor me envuelve por doquier, sin mérito de mi parte. Tanto me amas que me has preferido a mí a tu propio HIJO, al que entregaste a la muerte y muerte de Cruz para yo pueda vivir en tu presencia, ahora humanamente y después gloriosamente. Eso sí me pides que crea firmemente en Ti, tal como confesamos cuando rezamos el Credo. ¡Qué corazón tan duro debemos tener cuando nos detenemos en las cosas pasajeras, hasta preferirlas, a tu amor eterno!

No puedo olvidar, poniéndonos en vela, el planteo que nos hace la Iglesia durante la cuaresma, que  nos pide oración, ayuno y caridad en vista a la conversión, al cambio de vida, a reorientar la propia vida en vista a vivir más plenamente nuestra existencia, adhiriéndonos a Ti,  asumiendo sus enseñanzas, haciendo nuestras sus actitudes y sus sentimientos, que son los tuyos, que nos amas hasta el extremo. En este pasaje San Juan nos habla que no es suficiente conocer cosas acerca de Ti, sino que implica una opción, una decisión y un seguir buscando continuamente, como nos recuerda el Salmista: “Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro”.  Señor Jesús, ¡es fascinante ver lo que Tú has hecho por nosotros!, uno se queda maravillado por tu actitud y la de tu Padre. ¡Cómo llegar a entender la dimensión de amor!, ¡cómo penetrar en el corazón para poder ver lo que siente por cada uno de nosotros! Por deducción uno se imagina el corazón inmenso que deben tener para hacer lo que hicieron y lo que hacen continuamente por nosotros. Señor, gracias; gracias por amarnos tanto, gracias por el amor sin límites que tienes por nosotros; gracias porque Tú eres un Dios fascinante y maravilloso, que nos muestras tu interés, tu preocupación, tu solidaridad, tu cercanía hacia nosotros. Gracias, Señor Jesús, por haberte hecho uno de nosotros y habernos dado vida con tu vida. Gracias Señor.

PROPÓSITO

 Rechazar circunstancias en las que prefiero las tinieblas a la luz, sobre todo cuando se trata de mi relación con mis hermanos: mal genio, malos modales, críticas, murmuraciones…

Poder decir con San Juan: « ¡Nosotros hemos creído en el amor que Dios nos tiene!» Creciendo en la fe, don de Dios, crecemos también en el Amor al prójimo.

Ser sensibles ante el dolor de nuestros hermanos, queriendo descubrir en cada uno de ellos el rostro de Cristo.

Para san Juan la cruz es signo de padecimiento y de triunfo. Que cuando realice ese signo, no me avergüence de hacerlo, porque que nos identifica como seguidores de Cristo. Si lo hacemos a conciencia, estamos expresando nuestra fe en el acontecimiento pascual de la muerte y resurrección del Señor

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