CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS

Escrito en 30/10/2014 por Rita de Casia en Lectio Divina

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 [fbshare]Invocación

Espíritu de vida, de la vida sin fronteras, ven y condúceme hasta los pastos abundantes donde tu Palabra quiera conducirme, hasta las fuentes que has preparado para mí; para que yo me sacie de tu presencia y goce con la sobreabundancia de tus dones.

Sorpréndeme, Espíritu de vida y, una vez más, que tu Palabra me guíe donde jamás hubiera soñado.

Tú que eres Don derrámate sobre mí y desbórdame con tu hermosa y rica presencia. Derrámate y consuélanos con tu amable llegada.

Espíritu Santo, Amor del Padre y del Hijo, visítanos hoy con tu sabiduría e inteligencia espiritual, ilumina los ojos de nuestro corazón para que podamos comprender el sentido de las Escrituras, el mensaje que Jesús Maestro Verdad nos quiere comunicar en este día.

Haz que la Palabra que escuchamos resuene en nuestro corazón y pase del corazón a la vida. Que no seamos sólo “oyentes” de la buena Noticia, sino que, con tu gracia, la llevemos a la práctica.

¡Ven, Espíritu Santo! Abre nuestra mente, voluntad, corazón y haznos acogida de la Palabra de la Verdad y de la Vida.

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 14, 1-6 (Son muchas las lecturas como alternativa)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: – No perdáis la calma: creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias, y me voy a prepararos sitio. Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino. Tomás le dice: – Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino? Jesús le responde: – Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí.

Contexto

El evangelio nos sitúa en la Última cena. En aquella noche Jesús comunicó a los suyos las verdades más profundas de su vida, de su existencia y se autorevela, como el camino que lleva a Dios, es  “camino, verdad y vida”. Es una realidad que se hace, se realiza, se lleva a la práctica. Al ponernos hoy de cara a la realidad de la muerte, no nos llenamos de desesperación, sino más bien de una profunda alegría.  Es como lo sentían y lo celebraban los primeros cristianos, el “día del verdadero nacimiento”, el día en que somos introducidos en la Casa del Padre, para el encuentro definitivo con la Trinidad Santa, encuentro que le da sentido y plenitud a toda nuestra existencia.

Texto

En su casa hay sitio para todos. Todos cabemos allí. Todos reunidos alrededor de la Mesa, alrededor del Padre de la Vida, nuestro Creador. Todos unidos, viviendo en plenitud el amor, haciendo realidad plena el proyecto de Dios para el mundo, para todos nosotros. Hacia ahí caminamos. Pero mientras tanto hay que seguir luchando en la vida, aquí abajo, luchando por alcanzar esa santidad que Dios nos propone. Luchando cuando la vida se pone cuesta arriba y alegrándonos en los momentos dulces y gozosos. Pero siempre, en todo momento y ocasión, amando. Ese es el secreto para vivir en esta vida, es la receta perfecta: el amor. Así nos lo mostró Jesús con su estilo de vida. Aquí, en la Eucaristía, le vemos dando su vida por amor a nosotros. Aquí, en la Eucaristía, le pedimos por nuestros difuntos. La Eucaristía es la gran oración por los difuntos, es el empujón definitivo hasta la casa del Padre. Como dice el memento de difuntos, hoy le pedimos por nuestros familiares y amigos que han muerto “en la esperanza de la resurrección”

La muerte vendrá inevitablemente, de esto podemos estar seguros. Pero también es cierto que si caminamos en el proyecto de Jesús, entregando la propia vida en el servicio a todos, haremos del atardecer de nuestras vidas, el comienzo de la mañana de la resurrección.  Sólo quien sigue a Jesús, unido a Él en el servicio, participará de su destino, llegando así a la meta en la cual recibirá el reconocimiento de parte del Padre.

Nos preparamos para este momento crucial revistiéndonos de las buenas obras: bondad, honestidad, responsabilidad, capacidad de amar, perdonar y servir a todos intensamente.  De esta forma el cielo puede comenzar en la tierra.

Cuanto venimos comentando no nos  hace ser indiferentes anta la muerte. Cristo mismo ante la inminencia de la muerte ora profundamente al Padre, diciendo: “Aparta de mí este cáliz”, líbrame de esta hora

 “¡Padre, glorifica tu nombre!”. Él no esconde su turbación interior, pero tampoco cae en la desesperación. Con la mirada clavada en el Padre, su corazón orante se abre para acoger la “Gloria” que viene del Padre, la cual brillará en la Cruz.

Sabemos que lo más seguro de la vida es la muerte, aprovechemos este momento para pedirle al Señor la gracia de vivir con la mirada puesta en ese encuentro que tendremos con Él. Ignoramos cuándo será la hora cuándo nos llamará, cuándo me dará el don máximo como es encontrarnos y participar de su vida, cuándo será todo nuestro vivir para él y quedar llenos de su amor, de sus gracias y bendiciones. Vivamos convencidos que la muerte nunca es el fin, que la vida no se acaba en un cajón.

Él nos ha prometido que “dentro de poco” regresará para llevarnos. La fe en la Resurrección, nos has hecho ver que estamos marcados por la eternidad, y que el Señor nos espera después de esta vida, para unirnos vivencialmente, participando de su divinidad.

MEDITACIÓN

¿Qué es la muerte para mí?, ¿qué actitud tengo ante esa experiencia?  ¿De qué manera la fe cristiana ilumina esa situación límite?, ¿qué le aporta a ese momento especial como es la muerte? ¿Qué actitud tengo ante la muerte? Cuándo me ha tocado despedir a un ser querido, ¿en qué he buscado refugio y consuelo?, ¿qué fue aquello que me sostuvo y contuvo?

ORACIÓN

Señor Jesús Tú que nos dijiste que eras la Resurrección y la Vida, que con tu Resurrección diste un nuevo sentido a la muerte porque Tú la has vencido en la cruz y así le diste un nuevo sentido a ese momento que irremediablemente todos lo vamos a experimentar. Al recordar a nuestros fieles difuntos te pedimos la gracia de ser capaces de iluminar la ausencia de ellos y en ti encontrar la esperanza siendo conscientes que en ti la muerte no es el fin y que a la luz de tu vida todo adquiere un nuevo sentido, porque Tú eres el sentido verdadero y pleno tanto de la vida, como de la muerte. Por eso, Señor, al recordar a todos aquellos que marcaron nuestra vida y sentimos su ausencia, a la luz de la Esperanza de la vida eterna, te pedimos que nos des consuelo y paz, sabiendo que ellos participan de tu vida y así descansan en paz. Que así sea.

CONTEMPLACIÓN

Situémonos frente a nuestra muerte. Observemos a nuestros acompañantes junto a nuestro lecho de dolor. Unos rezan, otros comentan mi pronta partida, alguno llora. Han venido a despedirme. Ya me cuentan entre los que bajan al sepulcro, pronto cerrarán mis ojos.  Por otra parte, contemplo el rostro de Dios, que radiante  abre sus brazos para acogerme, como el padre del hijo pródigo lo acoge en sus brazos. ¿Qué puedo decir a unos y otros? ¿Cómo dirijo a mi Padre, que me espera, a mi amigo Jesús que se hace Camino, porque una vez más me expresa que es la Verdad y la Vida? Y también me espera mi Madre María junto a los que amé en este mundo

Un Comentario

  1. José F. Dañino Amorós 30/10/2014 en 12:56 pm

    Hacer lo que Dios nos ha enseñado , con sencillez y honestidad, viviendo como EL vivió, dándonos ejemplo y cumpliendo sus mandamientos. Ser luz y ejemplo para los hermanos.

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