XX Del Tiempo Ordinario ( 14 de agosto), Mt. 15,21-28

Escrito en 14/08/2011 por Rita de Casia en General, Reflexiones Dominicales

Mujer, ¡qué grande es tu fe!  (VIDEO)

Oh+Dios+que+te+alaben+los+pueblos mp3 (Salmo 66 ) música

La fe y el amor:

¿Quién puede salvarse? ¿Quién puede ser santo y justo? La respuesta nos viene desde la fe. La fe en Dios es la que nos abre a la santidad = en la Biblia identificada santidad con justicia, de ahí la categórica frase: el justo vive de la fe. La fe nos abre el camino hacia Dios, a su Iglesia, a la salvación… Pero la fe se va realizando en el amor que se desarrolla en un camino de búsqueda al que san Agustín, y estamos en el mes agustiniano, entiende muy bien al afirmar: “Mas he aquí que amaste la verdad” (Sal 50,8), y quien obra según ella viene a la luz (Conf. X, 1,1). Y sigue afirmando el santo: Cierto estoy y ninguna duda me cabe, Señor, de que te amo. Con el dardo de tu palabra heriste mi corazón y te amé. El cielo y la tierra con todo lo que contienen me dicen que te ame, y a todos se lo dicen tan claro, que si no te aman, no pueden disculparse (Conf. X, 6.8). 

La mujer que amaba:

Sí,  a la mujer cananea le mueve acercarse a Jesús y aguantar tanto porque ama a su hija y quiere verla sana y salva. Y ese amor mueve también su fe. Bajo esta perspectiva creo conveniente meditar en este interesante y hasta enigmático pasaje evangélico de este domingo.  Jesús está fuera de Palestina, es lógico que se le acerquen a él, pues su fama ha podido llegar hasta allí. Y una mujer cananea lo hace porque su hija tiene un demonio muy malo. Los discípulos la distraen para que no se acerque al maestro, harta le piden a él que la haga irse. Ella se mantiene firme hasta en la falta de acogida por parte de Jesús que le indica que él sólo ha venido a las ovejas descarriadas de Israel; a lo que la mujer insiste con firmeza: Señor, socórreme, a pesar del silencio de Jesús. Y viene la respuesta muy dura de Jesús, buscando lo que más puede herir a un pagano, pues los israelitas llamaban perros a los paganos. Y ella recoge sin ofensa la respuesta de Jesús y la lleva a su campo: Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos. Y Jesús alaba su gran fe: Mujer, que grande es tu fe; que se cumpla lo que pides.

La imagen de la Iglesia:

Las primeras comunidades cristianas nacidas del judaísmo unas y otras formadas  del paganismo tuvieron que tener muy en cuanta esta escena de Jesús con la cananea. Muchos querían formar comunidades con los de origen judío y no querían saber nada de los que venían del paganismo;  unos  y otros se reprochaban muchas cosas. Somos Iglesia y cuando nos olvidamos de lo esencial: un solo Dios, un solo Señor y Padre de todos y una sola Iglesia, porque hay un único Redentor, Cristo Jesús, es fácil separar, reprochar y hasta condenar. En la historia de la salvación fueron unos pocos los que vieron a Jesús y son testigos de sus hechos, fundamentalmente de su muerte y resurrección, pero los más tenemos que creer sin haber visto, y ser felices por serlo como le dice Jesús a Tomás (cf. Jn 20,29).  

Y no vamos a creer que nos llegan migajas, sino que nos llega la salvación en toda su plenitud porque tenemos a la gran Maestra que es la Iglesia y que nos reparte a Jesús en su Palabra y en la Eucaristía. Porque, enseña el Concilio Vaticano II: Una sola es la vocación última de todos los hombres, es decir, la vocación divina. En consecuencia, debemos creer que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, de un modo que sólo Dios conoce, se asocien a su misterio pascual (GS 22).

Dios no ha hecho distingos. Las llamadas y los dones de Dios se esparcen en el mundo sin miramientos, como en la parábola del sembrador. Dios ha tenido misericordia de todos, siendo todos pecadores, nos ha redimido a todos y a todos nos concede la salvación. Descubramos la misericordia que Dios nos ha revelado  y vivamos abiertos a todos, comprometidos con todos sin pensar ni en su raza, ni como visten, etc., porque de los que se nos va a pedir cuenta es sobre el amor, como lo dice el conocido verso de san Juan de la Cruz: Al atardecer de la vida seremos examinados sobre el amor.

Desde la humildad:

En el pasaje de la cananea de lo que brilla en ella es el amor a su hija y a la humildad en su petición, sin importarle las actitudes de Jesús. Ciertamente la salvación comienza con el pueblo elegido, Israel, pero la misericordia de Dios, en Jesucristo alcanza a todos los pueblos… incluso a nosotros, aunque seamos rebeldes. Hay que llegar a practicar la justicia, donde todos recibimos, debemos recibir, lo que es propio, no migajas o caprichos, sino la verdad y el derecho.

Oración:

Reconocemos, Señor,  que eres el justo y verdadero providente, que muchas veces nuestro cristianismo lo vivimos con mezquindad y raquitismo… Por un lado va lo que decimos creer y, por otro, lo que hacemos… No acabamos de comprender que la salvación es un don tuyo y los hombres no podemos pedir cuentas a Dios, sino vivir agradecidos a lo que se nos ha dado y saber compartirlo.  Humildes y obedientes caminamos en tu presencia, Señor, junto a los hermanos ayudándonos los unos a los otros en el avanzar.  

P.José Jiménez de Jubera o.a.r

Deja un comentario

  • septiembre 2017
    D L M X J V S
    « Ago    
     12
    3456789
    10111213141516
    17181920212223
    24252627282930
  • Social