XVIII del Tiempo Ordinario A ( 31 de julio 2011) Mt. 14,13 -21

Escrito en 31/07/2011 por Rita de Casia en General, Reflexiones Dominicales

Primera Multiplicaciòn de los panes  VIDEO

 

Necesidades más necesidades:

Un filosofo definió al ser humano como un ser necesitado. Aunque satisfaga sus necesidades elementales, siempre busca más y crea otras… El hombre y la necesidad de la humanidad no se satisfacen solamente con cosas materiales… Quizás eso ha llegado a plantearse la necesidad de una salvación y muchas de las conocidas revoluciones de la historia y que cambiaron su rumbo, según dicen, tuvieron motivaciones de esa salvación integral del ser humano. Pasaron esas revoluciones y se esperaron sus frutos, o hasta se consiguieron llevar a la meta algunas propuestas, pero volvió a aparecer la necesidad.

A lo largo de la historia, la humanidad, fatigada y oprimida por múltiples angustias y problemas, siempre ha experimentado, y cada vez más, la incapacidad de darse una salvación meramente terrenal, obtener una paz duradera y alcanzar una justicia unánime.

Las lecturas:

1)    En la primera lectura ( Is. 55,1-3 ) hemos escuchado la invitación a acercarnos a Dios: Todos los que tengan sed, vengan a beber agua… vengan a comprar trigo, coman gratuitamente vino y leche sin pagar nada. Cuatro elementos vemos en la lectura: el agua, el vino, la leche y el pan.

a)     El agua es el principio y fundamento de la vida. Sin agua hay muerte.

b)    El vino alude a la alegría  y es signo del banquete mesiánico.

c)     La leche está asociada a la prosperidad y la abundancia de bienes que Dios providente nos concede en su ternura como consuelo.

d)    El pan que aparece aquí como presencia y como ausencia. Porque hay una alimentación material, pero hace falta una alimentación espiritual.

2)    La segunda lectura ( Rom 8,35.37-39 ) que es la lectura  semicontinuada que venimos haciendo de la carta a los Romanos, no está escogida en función del evangelio, pero hay que recalcar y que vine a cuento de Cristo Jesús, porque: ¿Quién nos separara del amor de Cristo? Nada podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo.

3)    En el evangelio se nos presenta a la humanidad necesitada, en expresión del evangelista un gran gentío, que además, se encuentra en un lugar desértico, que muestra una mayor carestía de todo. Jesús, el Dios hecho hombre, se hace solidario con aquella multitud, con el ser humano necesitado. En varias situaciones de Jesús podemos resumir en tres palabras su actuar: vio, sintió compasión, curó (en este caso, alimentó).  El corazón divino de Jesús se estremece ante aquella indigencia humana, indigencia que el evangelista se encarga de recalcar por las circunstancias en que se encuentran: el anochecer  y el lugar desértico.  

El pan de vida eterna:

Sin forzar los textos tenemos que recurrir a la Eucaristía, pan de vida eterna. Lo dice claramente Jesús en el evangelio de Juan: En primer lugar, aspirar a algo más que la materialidad:

Þ    Les aseguro que ustedes no me buscan por los signos que vieron, sino porque comieren pan hasta saciarse (Jn 6, 26).

Þ    A lo que Jesús les propone otro pan: esfuércense por conseguir no el alimento transitorio, sino el permanente, el que da la vida eterna (Jn 6,27).

Þ    Los oyentes de Jesús tienen muy presente el paso del pueblo de Israel por el desierto y quieren ver en Jesús un nuevo Moisés que los alimente: ¿Qué señal puedes ofrecernos para que al verla, te creamos?  ¿Cuál es tu obra? Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: “Les dio a comer pan del cielo” (Jn 6, 30).  

Þ    A lo que responde Jesús: Les aseguro que no fue Moisés quien les dio el pan del cielo. Es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. El pan  de Dios viene del cielo y da la vida al mundo (Jn 6, 32).

Þ    Y la respuesta definitiva de Jesús que da sentido a todo lo que venimos diciendo: Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no volverá a tener hambre; el que cree en mí nunca tendrá sed (Jn 6, 35).

Þ    Y es esto es lo que nunca debemos olvidar y saber la necesidad de comulgar: Yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron el maná en el desierto y, sin embargo, murieron. Este es pan que ha bajado del cielo para que quien lo coma no muera (Jn 6, 48).  

Nuestro testimonio:

Nuestra participación en la comunión, nos compromete, Voy a terminar esta homilía con este testimonio:

“El verano pasado fui como voluntario a un país llamado de ‘de misión’. Ensené a leer, a escribir, a sumar, a restar, también ensené el catecismo. El último día recibí una gran lección del niño más pobre de la misión. Todos los días me pedía algo para comer, pero yo nunca le di. El último día saqué un paquete de galletas que me había sobrado y se lo di. Él llamó a los demás niños de la escuela y repartió las galletas entre todos. Yo creí que había ido a enseñar a aquel lugar lejano, el último día comprendí que había aprendido yo más, entre otras cosas y último día, a compartir.

Jesús nos sigue invitando a todos a recibirlo como pan del cielo, pero nos enseña así mismo a darnos como pan,  a partirnos y repartirnos por amor abandonando el egoísmo y el orgullo.

P. José Jiménez de Jubera

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