XVII del Tiempo Ordinario A (24 de julio de 2011)Mt. 13, 44-52

Escrito en 31/07/2011 por Rita de Casia en General, Reflexiones Dominicales

 

Jesús es el reino de Dios  (VIDEO)

 

Hablemos de economía: Es tema de todos los días y  a todas las horas: que si la economía está embalsada, que si las inversiones se retraen, que si los sueldos parece que se encogen cada día más, que si la bonificación por fiestas patrias  no llega para nada, que si el sol se devalúa, que si las acciones en la bolsa suben o bajan, que si hay inflación o deflación…

La economía en las parábolas que hemos escuchado: Economía es el tema de de las dos parábolas de hoy; sí, no se extrañen, tratan de la economía de la salvación. Y por economía de salvación se entiende todo el conjunto de bienes espirituales que Dios ha dispuesto en Cristo y muchos de los cuales los ha entregado a su Iglesia para la salvación de los hombres. La economía de la salvación busca que todos los creyentes alcancen la salvación, la santidad. Porque “economía” viene del griego y literalmente significa administración de la casa. Dios nos propone que “administremos” bien todos los medios de salvación para alcanzar que la vida sea eterna, no la muerte del infierno. Porque tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo Único para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna (Jn 3,16). Al administrar bien la economía nos enfrentamos en  lucha contra el pecado y al uso que hacemos de la libertad.  

Libertad y pecado:

Por más que se hable de la libertad como de un valor absoluto, la libertad del hombre es finita y falible. De hecho el hombre erró y sigue errando. Es el abuso de la libertad, que se llama libertinaje. Libremente pecó. Al rechazar el proyecto del amor de Dios, se engañó a sí mismo y se hizo esclavo del pecado. Esta primera alienación engendró y engendra una multitud de alienaciones. La historia de la humanidad, desde sus orígenes, atestigua desgracias y opresiones nacidas del corazón del hombre a consecuencia de un mal uso de la libertad, que lleva al pecado, aunque algunos no quieran pensar esto.

Amenazas para la libertad, el libertinaje:

El ejercicio de la libertad no implica el derecho a decir y hacer cualquier cosa. No hay frase más falsa que ésta: Soy libre y hago lo que quiero. La  verdadera proposición es: Soy libre y hago lo que debo. Por eso es falso concebir al hombre como un sujeto de esa libertad, como un individuo autosuficiente que busca la satisfacción de su interés propio en el goce de los bienes terrenales. Por otra parte, las condiciones de orden económico y social, político y cultural requeridas para un justo ejercicio de la libertad son, con demasiada frecuencia, desconocidas y violadas. Estas situaciones de ceguera y de injusticia destruyen la vida moral y colocan tanto a los fuertes como a los débiles en la tentación de pecar contra la caridad. Al apartarse de la ley moral, el hombre atenta contra su propia libertad, se encadena a sí mismo, rompe la fraternidad con sus semejantes y se rebela contra la verdad divina. No podemos caer en la idea que nos quieren meter a toda costa de que la libertad es una cosa únicamente mía y puedo hacer con ella lo que quiera.

Liberación y salvación:

Por su Cruz gloriosa, Cristo obtuvo la salvación para todos los hombres. Los rescató del pecado que los tenía sometidos a esclavitud. Para ser libres nos libertó Cristo. En El participamos de la verdad que nos hace libres. El Espíritu Santo nos ha sido dado, y, como enseña el apóstol, donde está el Espíritu, allí está la libertad. Ya desde ahora nos gloriamos de la libertad de los hijos de Dios.

Libertad y gracia:

La gracia de Cristo no se opone de ninguna manera a nuestra libertad cuando ésta corresponde al sentido de la verdad y del bien que Dios ha puesto en el corazón del hombre. Al contrario, como lo atestigua la experiencia cristiana, especialmente en la oración, a medida que somos más dóciles a los impulsos de la gracia, se acrecientan nuestra íntima verdad y nuestra seguridad en las pruebas, como también ante las presiones y coacciones del mundo exterior. Por el trabajo de la gracia, el Espíritu Santo nos educa en la libertad espiritual para hacer de nosotros colaboradores libres de su obra en la Iglesia y en el mundo.

Opción decidida:

Es aquí donde entran las dos parábolas de hoy. Hay que ser un especialista y decidirse. En especialista se convierte el agricultor que, por casualidad, encuentra un tesoro en un campo que no es suyo. Según la legislación de entonces todo lo que había en el subsuelo pertenencia al propietario de la superficie. Por eso, el sorprendido agricultor toma una decisión valiente: lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El cristiano debe ser especialista como el negociante en perlas finas que al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra. En ambos casos se habla de una decisión forme: vender todo, decidirse totalmente, no en parte, no con algo. El ejemplo nos lo da Cristo Jesús que nos se quedó con algo, sino que se entregó y totalmente. De este ejemplo de Cristo nace este dicho popular que a mí me agrada: corazones partidos yo no los quiero, que cuando doy el mío, lo doy entero.   

Oremos:

Dios mío, lléname y envuélveme en los fulgores de tu santidad, ilumina, purifica y santifica mi ser. Enséñame a contemplarte a ti, a conocerte en ti, a considerar mis miserias a la luz de tu perfección infinita, a abrir mi alma a la irrupción de tu luz purificadora y santificadora.

P. José Jiménez de Jubera

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