DOMINGO VI DEL TIEMPO

Escrito en 16/02/2015 por Rita de Casia en General, Reflexiones Dominicales

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v Levítico 23,1-2.44-46: El leproso vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento.

v Salmo 31, 1-2.5.11: Tú eres mi refugio, me roderas de cantos de liberación.

v 1 Corintios 10, 13- 11,1: Haced todo para gloria de Dios.   

v Marcos 1, 40-43: Si quieres puedes limpiarme.

Marginaciones:

Son muchas las marginaciones que se dan entre los pueblos normalmente por ser de distintas razas, de distintas religiones, por ser de distintas regiones o distintas situaciones concretas que se viven, que puede ser hasta la de un hincha del un equipo de fútbol distinto al suyo.

La lepra es una enfermedad que ha provocado enormes marginaciones en la historia. En la misma Biblia se percibe ese aspecto en el texto que hemos escuchado en el libro del Levítico. ¿Cuál era la razón? Era comprensible la separación de los enfermos para evitar el contagio, pero llegar hasta ponerlo como ley sagrada, es ya una exageración. Llegaban a situaciones dramáticas muy bien expresadas en varias películas, recuerdo especialmente la de Ben Hur.

La lepra hoy:

Sigue existiendo, sobre todo en los países subdesarrollados, porque es una enfermedad curable con no mucho gasto, que deberían aportarlo, como necesaria solidaridad,  las naciones con más medios económicos.

La mayoría de los hospitales de dedicados a estos enfermos – denominadas leproserías – están a cargo de los religiosos y religiosas de distintas congregaciones de la Iglesia Católica. Son 547  las que atienden, una mayoría absoluta.

Jesús rompe barreras de la marginación:

Se acerca un leproso a Jesús y él no solo lo acepta, sino que, además, permite que se arrodille ante él y acepta su súplica. Miles de libros de muchas páginas serían  necesarias para poner al descubierto las marginaciones que se han dado en la historia. Lamentablemente se siguen dando en abundancia, ¿por qué? La mayor parte son por prejuicios e ignorancias, por ejemplo, la peste no es tan contagiosa como se creía. Por eso en las marginaciones se mezclan razas, religiones, estado social, aficiones, por ejemplo, deportivas… ¡Qué pena que en nuestro mundo, en muchas partes cristianos con el mandamientos del amor, veamos estas cosas!

Curar:

Nos es la obra denunciar hechos de marginación, que es necesario, es actuar en contra de cualquier tipo de marginación y ver cómo me comprometo en estas acciones.

Más de una vez, querida lectora, querido lector, se te ha acercado un mendigo, maloliente, andrajoso… y tú te has apartado de él o has hecho todo lo posible de tu parte para apartarlo. Dos actitudes propongo, practicando la virtud de la caridad:

       I.            Examinar mis relaciones con los demás, hasta con los que convivo, familiar, compañeros de trabajo, etc. Que nuestro examen sea sincero, pues tenemos subterfugios de defensa que si lo descuidamos, nos ocultan las atenciones no caritativas.

    II.            Tratar de cambiar de actitud con aquellas personas en las que descubro que no tengo un trato cariñoso o lo hago muy diferente a las que me caen bien.

¡Quiero: queda limpio!

Estas palabras de Jesús muestran la eficacia de su palabra, sí, además, detrás de estas palabras el evangelio quiere descubrimos el interior de Jesús, sus sentimientos. Dice que Jesús sintió lástima del leproso; algunos autores nos hablan de que esta expresión no tiene toda la fuerza necesaria, que habría que traducir por se compadeció.

El que se compadece, en este caso es Dios,  quien, a través de su Hijo, se hace sufriente con la humanidad sufriente. La justicia de Dios se ha hecho ternura.

Es vivir la gracia divina que la oración colecta de la misa de hoy pedimos para que merezcamos tenerte (a Dios) siempre con nosotros. Dios a nuestro lado para sentirlo con afecto, cariño y ternura.

No gana a los otros lo que no quieres para ti:

Es la enseñanza de Jesús en el evangelio. El famoso filósofo Kant, desde sus cavilaciones filosóficas, preocupado por buscar principios universales de buen comportamiento, escribe: Obra de tal manera que puedas alcanzar lo máximo de tu acción se convierta en universal.

Un poco de trabalenguas tiene esta expresión de Kant, que indica que nuestro obrar se haga permanente en el bien, universal.

Hechos concretos de amor, de ternura y afecto, cambiar nuestro corazón para hacerlo siempre cercano a los demás.  Es lo que debemos tener como buen propósito.

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