Misa de Acción de gracias por los 50 años de la ordenación sacerdotal del P. Juan Cuña Calavia

Escrito en 23/04/2013 por Rita de Casia en Galería de Fotos

El P. Juan Cuña Calavia, recibió la ordenación sacerdotal un 14 de abril de 1963, Salamanca.
Como buen agustino recoleto, es un pastor cercano , humilde y en él se siente el buen olor de Cristo.

San Agustín nos habla de como debe ser un pastor: Sermón 137

…Pedro, ¿me amas?, es como decirle: ¿Qué me darás, qué harás por mí en prueba de tu amor?’ ¿Qué había Pedro de hacer en provecho del Señor ya resucitado y a punto de subir a los cielos para sentarse a la diestra del Padre? Era, pues, como decirle: ‘Lo que me darás, lo que harás por mí, si me amas, es apacentar mis ovejas; es entrar por la puerta y no encaramarte por otro lado.’ Oísteis cuando se leía el Evangelio: Quien entra por la puerta, ése es el pastor; mas el que sube por otra parte, es ladrón y salteador, y su intención desunirlas, desperdigarlas y llevárselas. ¿Quién entra por: la puerta? Quien entra por Cristo. Y ¿quién es éste? Quien imita la pasión de Cristo, quien conoce la humildad de Cristo; y, pues Dios se hizo por nosotros hombre, bien claro está que no es Dios el hombre, sino hombre. Quien, en efecto, quiere dárselas de Dios no siendo más que hombre, no imita ciertamente al que, siendo Dios, se hizo hombre. A ti no se te dice:
‘Sé algo menos de lo que eres’, sino: ‘Conoce lo que eres.’ Conócete enfermo, conócete hombre, conócete pecador, conoce ser Dios quien justifica, conócete manchado. Pon al raso en la confesión la mancha de tu corazón, y pertenecerás al rebaño de Cristo; la confesión de los pecados suscitará en el Médico ganas de sanarte. El enfermo que dice: ‘Yo no tengo nada’, no se preocupa del médico. ¿No habían subido al templo el fariseo y el publicano? El primero se ufanaba de tener salud, el segundo mostrábale al Médico las llagas; el primero decía: Dios, yo te doy gracias porque no soy como el publicano este.
Tomaba pie del vecino para remontarse; por donde, a estar sano el publicano, le hubiera el fariseo mirado de reojo, porque no habría tenido sobre quién empinarse. Mas ¿cómo llegó al templo aquel rostrituerto? Desde luego, no estaba sano; mas, como se decía sano, no bajó curado. Al revés, el otro, la vista en el suelo, sin atreverse a levantarla al cielo, hería sus pechos diciendo: ¡Oh Dios!, sé propicio conmigo, pecador que yo soy. Y ¿qué dijo el Señor? Digoos de verdad que bajó éste justificado del templo, y no el fariseo. Porque todo el que se ensalza será humillado, y quien se humilla será ensalzado.
Luego los que se empinan quieren subir al aprisco por otro lado que por la puerta; por la puerta entran en el redil los que se humillan. De ahí que éste entra y el otro sube. Subir, como veis, es buscar las alturas, quien sube no entra, sino que cae; mas quien se agacha para entrar por la puerta, ése no cae, sino que es pastor
(San Agustín, Obras X, B.A.C (2ª Ed.) Madrid: 1965, pp. 649-655)

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