Sb 9, 13-19; Sal 89; Flm 1, 9-10.12-17; Lc 14, 25-33

Oración inicial

Señor Jesús, Tú que eres tan exigente a la hora de seguirte, que exiges preferencia absoluta, que no aceptas partes, sino entrega total, te pedimos que nos ayudes a seguirte como Tú nos pides, tomando nuestra cruz, asumiendo nuestra vida, buscándote a ti sobre todas las cosas, para que cada vez más, nuestra fe en ti, sea vida, sea actitudes, sea testimonio, mostrando así que Tú eres el sentido de nuestra vida, y que buscamos vivir como Tú encontrando en ti, el sentido pleno de lo que somos y buscamos. Que así sea.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS. Lucas 14, 25-33

25 Caminaba con él mucha gente y, volviéndose, les dijo: 26 «Si alguno viene junto a mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío.27 El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío. 28 «Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos y ver si tiene para acabarla?29 No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: 30 `Éste comenzó a edificar y no pudo terminar.’ 31 O ¿qué rey, antes de salir contra otro rey, no se sienta a deliberar si con diez mil puede salir al paso del que viene contra él con veinte mil? 32 Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz.33 Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.

Contexto

Para situar mejor el evangelio de hoy, es bueno que tengamos presente el pasaje inmediatamente anterior. Después de la parábola sobre “los invitados que se excusan” (14,15-24), donde los intereses personales de los invitados: la hacienda, los negocios, el matrimonio… los llevan a posponer la participación en el banquete, Jesús deja de observar a los fariseos y concentra su atención en los que le siguen. Habla de no querer tener seguidores a medias. Quien le siga debe estar consciente de lo que asume, que implica una nueva vida, una opción total, es a su vez un seguir al Señor en su realidad personal, hasta si es preciso dar vida por Él. Es lo que hoy nos propone a todos sus seguidores: No quiere cristianos domingueros, para los que servir no es amar, no busca cumplidores de ritos y costumbres. El Evangelio de esta semana pone en evidencia que Jesucristo es el centro de nuestra existencia, y lo manifiesta con tres ideas: Si no lo ponemos a Él por encima de nuestros intereses y proyectos, si no nos disponemos a ver nuestra cruz a la luz de la cruz gloriosa, si no tenemos el sentido de la realidad de los bienes materiales, entonces no podemos ser de sus discípulos, no podemos llamarnos cristianos. Vemos cómo Jesús expone claramente las condiciones para llamarse “discípulo” suyo: el desapego afectivo, completo e inmediato para darle la prioridad a Jesús y la disponibilidad para la cruz y la renuncia a todo. Ser discípulo de Jesús comporta decisiones y riesgos que determinan la vida entera de quien hace la opción.

Exégesis y comentarios al texto

14, 25-26. En este caminar hacia Jerusalén, Lucas presenta a Jesús acompañado de multitudes. Con esto no quiere decir que todos son discípulos. En Jesús hay una seria preocupación por la firmeza  de estos seguidores.  Al hablar no se dirige solamente al grupo de los Doce, se dirige a todo el que, caminando con él, quiere llegar a ser verdadero discípulo. Estos serán los futuros proclamadores del mensaje de la salvación. En un momento  concreto les dice: “Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío”. Nos llamará la atención el que diga “No odia…”. Pero leamos bien la explicación.  Y es que en la concepción hebrea el término “odiar” nada tiene que ver con la repulsa interior del afecto,  sino con una prioridad en el amor (“amar menos”/ “amar más… por encima de”. Lo que Jesús está diciendo es que hay que colocar todos  los valores de este mundo en un segundo rango, tanto la familia como los bienes de fortuna. Nada ni nadie es más importante que Dios. Pero la decisión de amar a Dios sobre todas las cosas y personas,  no nos impide que  amemos a nuestros familiares, sino que deben ser “pospuestos” al amor de Dios, y en Él los amaremos más y mejor. A continuación  hace la lista de los “siete amores” del corazón de todo ser humano: padre, madre, esposa, hermanos, hermanas, y  la propia vida. Dios está por encima de los afectos familiares.


14, 27 El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío. Las exigencias que Jesús pone al que lo siga han de ser que Él sea el centro de su vida, guardando una estrecha relación con él. Deja total libertad para escogerlo, pero una vez tomada la decisión conlleva un desplazamiento interior y exterior de la persona hacia su persona: “venga en pos de mí”. De otra manera “no puede ser discípulo mío”. Tiene que anteponer a Jesús, él es la prioridad desde la cual se reconfigura todo el tejido relacional del discípulo. “El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío”. Esto es como si nos dijera: “hay que nadar contra corriente”. El mundo no lo entiende, “porque no somos del mundo”.  El amor por Cristo no excluye los demás amores sino que los ordena. Es más, en él todo amor genuino encuentra su fundamento, su apoyo y la gracia necesaria para ser vivido hasta el final. Este es el sentido de la «gracia de estado» que confiere el sacramento del matrimonio a los cónyuges cristianos. Asegura que, en su amor, serán apoyados y guiados por el amor que Cristo tuvo por su esposa, la Iglesia.


14, 28-32 «Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos y ver si tiene para acabarla?  Para aclarar su seguimiento Jesús presenta dos parábolas que llevan a la misma moraleja: una persona que no cuenta con suficientes recursos no debería embarcarse en una empresa que de antemano sabe que va a fracasar, sea en construcción o sea en una batalla. Jesús enseña que un compromiso a medias es peor que un rechazo total. Pero esto no lo dice para desanimar a los u le escuchan, sino para dar coraje. Si no se quiere ser “discípulo a medias” hay que parar un poco y reflexionar sobre las implicaciones de seguir a Jesús. Así  como lo hacen el constructor antes de comenzar el edificio o el rey antes de emprender la guerra. Centrarse en Jesús, es centrarse en su Cruz. Jesús no estaba pidiendo a sus seguidores ser despiadados con los suyos sino precisamente todo lo contrario: amarlos pero desde el amor aprendido en la escuela de la Cruz.  Esto lo tiene que recordar el discípulo cada vez que vaya a hacer algo, en cada instante de la vida ha de tener el horizonte de la Cruz, que  le dará una nueva visión de la vida. A  Jesús no se le puede seguir sin la cruz, sin ese despojo total que nos identifica completamente con el Maestro.

14, 33.  Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes no puede ser discípulo mío. Jesús no hace ilusiones a nadie, pero tampoco desilusiona a nadie; pide todo porque quiere darlo todo; es más, lo ha dado todo: «Cristo nos amó y se entregó por nosotros» (Efesios 5, 2). Un hombre que modela su vida sobre el tener es un hombre vicioso: el que pretende tener poder sobre todo (soberbia), de gozar a todo placer (lujuria), de salir del límite como derecho que le pertenece (ira), de estar saturado de bienes (gula), de robar lo que es de los demás (envidia), de quererlo todo para sí (avaricia), de arrojarse en la apatía, sin empeñarse en hacer algo (pereza).

El discípulo al contrario que viaja sobre la senda de la virtud, vive de los dones del Espíritu: un hombre que posee el sentido de las cosas de Dios (sabiduría) y lo dona sin apropiárselo, que penetra el significado esencial de todo lo que es Vida (entendimiento), que escucha la voz del Espíritu (consejo) y se hace eco de todo discernimiento (consejo), que sabe dejarse proteger por el límite de su ser hombre (fortaleza) y no cede a las lisonjas de la trasgresión, que sabe conocer los secretos de la historia (ciencia) para construir horizontes de bien, que no se arroga el derecho de dar sentido, sino que acoge la fuente de lo divino (piedad), que bebe en los abismos del silencio, que da gracias por todas las maravillas de su Creador (temor de Dios) sin temer su pequeñez. Un discípulo así, es otro Jesús. Una nueva frase completa la lista de las exigencias de la primera parte del pasaje: “Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros, que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío”. En la lista de las exigencias no habían aparecido los “bienes”. Ahora la idea queda completa: quien no se libera de todos sus lazos terrenos, no puede ser seguidor de Jesús.

MEDITACIÓN

Viendo que el Señor nos dice, que para seguirlo, uno debe preferirlo a todo y a todos, haciendo alusión al mandamiento de amar a Dios sobre todas las cosas ¿De verdad, lo prefiero a Él antes que a todos los demás? El Señor nos habla de que debemos tomar nuestra cruz y seguirlo, en este sentido, ¿qué actitud tengo ante las dificultades que encuentro a la hora de vivir mi fe?, ¿cómo reacciono cuando se me complican las cosas de mi vida y eso me dificulta vivir lo que creo?, ¿de qué manera me impactan las adversidades que encuentro en la vida, ya sea en mi familia, o en mi relación con los otros o las circunstancias que me toca vivir?, ¿las dificultades que me toca experimentar, los siento como un peso y una cruz, o tengo la suficiente fuerza para salir adelante?, ¿de qué manera asumo las cruces que debo llevar en la vida? ¿Soy voluntarioso y decido para seguir a Cristo, luego de haber sopesado lo que me reclama? O por el contrario ¿valoro más otras posibilidades? ¿Cuáles son las dos frases que pronuncia Jesús y en las cuales nos señala las condiciones para ser sus discípulos? ¿En los momentos en que me siento o nos sentimos (familia, grupo, comunidad) cargando una cruz muy grande, lo hacemos con la certeza de que Jesús va caminando a nuestro lado? ¿Por qué será que a veces nos desesperan tanto los momentos difíciles, las cruces que nos llegan y no sabemos qué hacer? ¿A Cristo solamente lo llamo cuando las cosas empiezan a ponerse difíciles? ¿Soy un cristiano a medias o lo soy totalmente?

ORACIÓN

Señor Jesús, Tú que quieres ser el sentido de nuestra vida, te pedimos reflexión y oración. Que tu Espíritu  nos ilumine, dos dé la fuerza para actuar  de acuerdo a lo que es para nosotros con mucho lo mejor, porque Tu, Señor, Tú que nos pides cargar con nuestra cruz. Haz que venciendo las dificultades la tome y le siga.

Para seguirte y vivir lo que nos pides precisamos escuchar atentamente tu Palabra, que es palabra de vida eterna: la que nunca nos defrauda y nos hace ser felices.

Transforma nuestra mentalidad y nuestro corazón…llénanos de tu amor y de tu paz…

Haz que te conozcamos siempre más… ayúdanos a mirar la vida como lo haces Tú…

Haz que confiemos siempre más en ti…ayúdanos a vivir con alegría nuestra fe en ti…

Haz que encontremos en ti, el sentido pleno de lo que somos…ayúdanos a amar hasta el final, como lo hiciste Tú…

Haz que tu Espíritu Santo nos inspire e impulse…haz que sintamos necesidad de ti…

Haz que Tú seas el sentido de nuestra vida…ayúdanos a abrirte el corazón…

Haz que nos dejemos conducir por tu Espíritu Santo, que Él nos enseñe lo que debemos hacer y nos recuerde lo que tenemos que vivir

CONTEMPLACIÓN

Señor Jesús, Tú siempre has pedido todo, nunca has aceptado mitades. Tú esperas de nosotros una opción libre y total, pero plena para seguirte. Esperas que nuestro seguimiento a ti sea radical, nos dejas tu enseñanza donde nos dices que es necesario amarte a ti, más que nuestros padres, más que nuestra propia familia, aún más que a nosotros mismos. Es la manera que tienes para darnos a entender que Tú debes ser el primero y en único en toda nuestra vida, el sentido de todo lo que somos y hacemos. De esta manera nos haces ver que el seguirte a ti, no es cuestión de teorías, ni se conocimientos, sino que seguirte a ti es vida, es actitud, es disposición, es algo que implica todo lo que soy y todo lo que hago. Por eso, Señor, Tú que has permitido que te conozca, Tú que me has dado la gracia de saber, que Tú eres el sentido de la vida, que solo Tú tienes Palabras de vida, que Tú eres el camino, la verdad y la vida, que quien está contigo tiene la plenitud de vida, y ahora que me invitas a vivir de manera más radical tu seguimiento, te pido que Tú que has comenzado esta obra en mí, me llenes de tu presencia y de tu Espíritu Santo, para que mi seguimiento a ti, sea algo vivencial y existencial, que Tú seas el sentido de todo lo que soy y hago, para que tu evangelio sea en mi vida el sentido y el estilo de mi manera de ser. Señor, dame la gracia de conocerte cada vez más, de amarte, seguirte y vivir lo que Tú me propones. Que así sea.

Señor Jesús, pero también nos dejas esas dos parábolas, la de la torre, aquella donde el que construye debe saber si puede o no terminar lo que comienza y de la misma manera el que va a la guerra debe ser consciente si puede o no enfrentar a su enemigo. En las dos parábolas, nos haces ver que seguirte a ti implica ser conscientes de lo que significa asumir tu estilo de vida. Y que no es cuestión de emoción del momento o de una etapa de mi vida. Es una propuesta que nos haces  para siempre. Que la Cruz que asumimos nos santifica y te glorifica. Pero eso sí, ven en ayuda de nuestra flaqueza, porque como humanos somos inconstantes y no faltarán invitaciones a dejarte de lado. Si estamos contigo podremos agarrarnos a los Cruz e ir tras de Ti hasta el final para morir  y resucitar contigo. Ayúdanos Señor, porque sin ti, nada podemos. María, Madre de Jesús y Madre nuestra, recuérdanos tu Cruz y en quien te apoyaste para cumplir la gran y difícil tarea que tuviste que cumplir, o apoyada en tus fuerzas sino en el Dios y Señor nuestro. Que así sea.

ACTUACIÓN

¿De qué manera, con qué actitudes debo preferir al Señor, más que a mis padres, más que a mi familia, más que a mi propia vida?, ¿qué debo hacer?

Hoy, en la actualidad, ¿cuáles son las cruces que debo llevar para estar con el Señor y seguirle?, ¿ante qué dificultades tengo que enfrentarme para ser fiel hasta el final?

Para seguir al Señor de manera radical, ¿a qué cosas debo renunciar para vivir el evangelio?, ¿cuáles son esas cosas que me alejan o me apartan de Él?

¿Cómo me enfrento, con cierta alegría y satisfacción, a las oposiciones del contexto que me toca vivir? ¿Sigue siendo el Señor mi fuerza y mi poder, porque en Él está mi salvación?

P. Víctor García Cereceda OAR

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