Al celebrar con toda la Iglesia la fiesta de san Agustín, os invito a alabar al Señor y darle gracias porque en él ha manifestado su misericordia y nos la sigue mostrando con su vida y escritos.

Vive siempre en tus hijos…

San Agustín nos guía hacia el interior de nuestro ser, lugar donde experimentamos el amor de Cristo. Este amor nos mueve a contemplar la belleza siempre antigua y siempre nueva, a escuchar la Palabra, a vivir unidos en fraternidad, a entregarnos en el servicio a la Iglesia. ¿Cómo acallar en nuestro interior los deseos de vivir y de amar, de buscar y de servir? ¿Cómo no percibir con humildad nuestra pobreza ante Dios y cómo no oír el grito de los pobres?

Con un corazón inquieto

Demos gracias al Padre porque hoy también nos encomienda la misión de vivir em comunión con la Iglesia y nos envía a ser profetas del Reino de Dios. Nos sugiere vivir con disponibilidad y esperanza el proceso de revitalización carismática de la Orden. Cada comunidad, cada uno de nosotros, sea cual sea la situación en que se encuentre, nos sentimos llamados a volver al corazón1 para encontrarnos con Cristo y avanzar como Agustín por caminos de conversión y vida evangélica.

Somos conscientes de nuestra fragilidad y percibimos la inquietud del corazón que nos impulsa a crecer en la fe y el amor. Cristo nos infunde su Espíritu y confía en los que hoy formamos esta familia, con su diversidad de vocaciones, experiencias, culturas y lenguas. No se nos promete un camino cómodo ni fácil, no lo ha sido nunca. Recordemos las palabras de san Agustín: “¿O es que ahora tenemos que sufrir desgracias tan extraordinarias que no las han sufrido, ni parecidas, nuestro antepasados? ¿O no nos damos cuenta, al sufrirlas, de que se diferencian muy poco de las suyas?.

Unidos en Cristo

Gracias Señor, porque de muchas maneras se hace presente en nuestro corazón y en nuestras comunidades tu llamada a la unidad de vida y a la coherencia, creciendo humana y espiritualmente. Nosotros te amaos, pero si aún este amor es poco, haz que te amemos más intensamente3. Gracias porque el carisma no es una teoría o algo externo, sino la acción del Espíritu en nuestro interior; gracia y experiencia que se manifiesta en nuestro modo de vivir, de rezar y de amar a Dios y a los hermanos. Ponemos nuestra esperanza en tu misericordia Señor, y con humildad nos atrevemos a pedirte: “Danos lo que mandas y manda lo que quieras”.

Nuestros sueños y deseos

Damos gracias al Señor por los procesos de comunión iniciados en la Orden; procesos que requieren una conversión agustiniana y recoleta que no se realizará sinayuda de la gracia ni sin la necesaria pobreza de espíritu por parte nuestra. Danos disponibilidad para avanzar por caminos de fe, oración y fraternidad, en comunión de bienes y construyendo proyectos comunes.

En nuestro Proyecto de Vida y Misión hemos querido destacar la visión de la Orden, nuestros deseos y nuestros sueños: queremos amar y vivir con gratitud y alegría, deseamos avanzar por caminos de humanidad, espiritualidad y comunión. La comunión que pretendemos es un proceso de conversión que sabe “anteponer lo común a lo propio, no lo propio a lo común”. El respeto a la dignidad de las personas es sagrado y ello comporta escuchar diferentes opiniones y evitar la autosuficiencia y la descalificación.

Cuando buscamos la comunión partimos de la escucha y la apertura, entablamos el diálogo y seguimos un proceso de discernimiento para lograr el bien común y buscar juntos la Verdad. “¡Grande eres Señor, y muy digno de alabanza! ¡Grande es tu poder, y tu sabiduría no tiene medida!” ¡Gracias porque tu misericordia es eterna! Te damos gracias por san Agustín y los santos de la Orden. Gracias por llamarnos hoy a todos nosotros a “tener una sola alma y un solo corazón dirigidos hacia ti”

Fray Miguel Miró Miró

Prior General de la Ordem de Agustinos Recoletos

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