Is 66, 18-21;   Sal 116;   Hb 12, 5-7. 11-13;   Lc 13, 22-30

Oración inicial:

Estamos delante de ti, oh Padre, y no sabiendo como dialogar contigo, nos ayudamos con las palabras que tu Hijo Jesús ha pronunciado por nosotros. Concédenos escuchar la resonancia comprometedora de esta palabra: “Esforzaos por entrar por la puerta estrecha, porque muchos, os digo, tratarán de entrar y no lo conseguirán”. Es una palabra que dices Tú a cada hombre y mujer que oyen el evangelio de tu Hijo. Concédenos comprenderla. Para poder leer tu Escritura y gustarla, sentirla arder como un fuego dentro de mí, te suplicamos, oh Padre: danos tu Espíritu. Y Tú, María, Madre de la contemplación, que has conservado por tanto tiempo en el corazón las palabras los acontecimientos y los gestos de Jesús, concédenos contemplar la Palabra, escucharla, y dejarla penetrar en el corazón.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS. Lc. 13,22-30

22 Atravesaba ciudades y pueblos enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén. 23Uno le dijo: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?» Él les dijo: 24 «Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán. 25 «Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, os pondréis los que estéis fuera a llamar a la puerta, diciendo: `¡ Señor, ábrenos!’ Y os responderá: `No sé de dónde sois.’ 26 Entonces empezaréis a decir: `Hemos comido y bebido contigo y has enseñado en nuestras plazas’. 27Pero os volverá a decir: `No sé de dónde sois. ¡Retiraos de mí, todos los malhechores!’ 28 «Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras a vosotros os echan fuera. 29 Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios. 30 «Pues hay últimos que serán primeros y hay primeros que serán últimos.»

Contexto

En cuanto trascurre la subida de Jesús a Jerusalén, Jesús forma a sus discípulos y responde la pregunta planteada por un desconocido. Esta era una de las preguntas más debatidas en la época: ¿Cuántos serán salvados? ¿Muchos o pocos? En este pasaje escucharemos una de las lecciones más bellas de Jesús para todos, mesa en la que el Dios del Reino acoge a todos los hombres y mujeres del mundo. Es verdad que es gratuito pero se requiere un compromiso claro, el de las exigencias que plantea el discipulado, para poder acceder. En el Evangelio Jesús recuerda que todos estamos llamados a la salvación y a vivir con Dios, porque frente a la promesa de salvación no hay personas privilegiadas. Tener fe no se agota en conocer cosas de Dios, en saber algunos mandamientos, en practicar algunos ritos, en usar algunos objetos; el tener fe es asumir el proyecto de Dios, haciéndolo nuestro, viviendo de acuerdo a sus leyes, manifestando con nuestra vida su amor y su misericordia, actualizando en nosotros la manera de ser y de actuar del Señor Jesús.

Comentarios al Texto

13, 22 Atravesaba ciudades y pueblos enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén. Continuamos con el viaje de Jesús y sus discípulos a Jerusalén. Es un peregrinaje más que geográfico, que lo es, un viaje teológico, espiritual. Por la ciudades y aldeas que pasa, aprovecha para  evangelizar a los que a Él se acercan, que son multitudes. A través de este viaje se asoma la polémica con el mundo judaico que en este capítulo XIII Lucas cuenta en tres episodios: la curación de la mujer encorvada, las parábolas del grano de mostaza y la levadura) y  el discurso de la puerta estrecha. Este último es el texto propuesto por la liturgia de la Palabra de este domingo y está así articulado.

13, 23. Uno le dijo: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?» Un espontáneo de la muchedumbre que le escucha le hace a Jesús esa pregunta, y Él no la rechaza, porque  es el Salvador y reclama fuertes exigencias a quien ha de seguir tras sus pasos. Quien le hace la pregunta no es un ignorante bíblico, conoce el texto de Isaías 37,32: “Pues saldrá un Resto de Jerusalén, y salvados del monte Sión” en medio de todo un pueblo pecador. Unos decían que “solamente pocos serán salvados” (4 Esdras 8,3), por otro lado un grupo de escribas afirmaba que “Israel entero tendrá parte en el mundo futuro”,  y solamente algunos pecadores particularmente culpables serán excluidos.

13,24. “Esfuércense en entrar por la puerta angosta…”. Jesús no responde directamente a la pegunta que le hace, sino que aprovecha la idea central y se pronuncia desde otro nivel de comprensión más profundo. Jesús no responde con aritmética, no da cifras y ni siquiera avanza aproximaciones sobre el número de los salvados; si bien, dice una frase según la cual muchos “no” podrán, si no configuran la propia vida en la que  Jesús está exponiendo. Las imágenes de la puerta estrecha y del camino difícil nos indican que para salvarnos, para ser verdaderamente felices, tenemos que buscar una vía opuesta a la del facilismo. La auténtica felicidad, sólo podemos conseguirla desapegándonos de todo lo que nos estorba: afectos desordenados que nos impiden caminar y pasar por la puerta que nos conduce a la salvación.  No son suficientes los buenos propósitos, hay que “hacer” cosas concretas para entrar. San Agustín nos dirá: “Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti,” pero recordando que, en última instancia, todos somos salvados por Dios.

13, 25. «Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, os pondréis…: `No sé de dónde sois. Aquí Jesús introduce una enseñanza verdadera y propia con una parábola que asocia a la imagen de la puerta estrecha la del dueño de la casa que, cuando la cierra, nadie puede entrar. Estos ejemplos están para indicar que hay un tiempo intermedio en el cual es necesario empeñarse por recibir la salvación, antes que la puerta se cierre de modo definitivo e irreversible. Algunos se querrán  escudar en que en alguna ocasión se sentaron  en la mesa con Él, o también porque  escucharon sus  enseñanzas, como queriendo decir que con estas actitudes  automáticamente tienen derecho a la salvación definitiva. De hecho, en Lucas, la escucha de la palabra de Jesús es condición indispensable para ser discípulo, pero no suficiente, se necesita la decisión de seguir al maestro, guardando sus enseñanzas y llevar fruto en la perseverancia. Una persona que lo rechaza se excluye a sí misma de la salvación. La salvación consiste en la comunión eterna con Él que es la fuente y la plenitud de la vida. ¿Nos salvaremos? Como se muestra en la parábola, Dios no hace más que respetar y confirmar la decisión de cada persona.

13, 27-28. Pero os volverá a decir: `No sé de dónde sois. ¡Retiraos…’. Aquellos que no han conseguido entrar por la puerta estrecha antes de que se cerrase, se llaman “operadores de iniquidad”: son los que no se han empeñado en realizar el plan de Dios. Su situación futura viene presentada de modo figurativo con una expresión que habla de la irreversibilidad de no ser salvados: “Allí será el llanto y el crujir de dientes”. “Agente de injusticia” es aquel que desprecia la voluntad de Dios. Para nada le  sirven los privilegios anotados. A algunos les podrá sorprender  el rechazo tan tajante que se nota en la voz del dueño de la casa (voz de Dios), pero nos ha dado el tiempo suficiente para enderezar nuestra conducta.

13, 29  «Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta…: ` ¡Señor, ábrenos!’ Y os responderá: `No sé de dónde sois.’ Entre los oyentes de Jesús había doctores de la ley y fariseos que se preciaban de pertenecer al pueblo escogido. Ellos consideraban que ya tenían asegurada la salvación, simplemente por ser descendientes de los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob, de quienes provenía la nación de Israel, y por cumplir unos ritos externos a los cuales habían reducido la ley de Dios promulgada por Moisés. Pero no sólo ellos. También entre los primeros discípulos de Jesús existió la tentación, y persiste todavía entre nosotros, de pensar que por pertenecer a la Iglesia, por haber participado con frecuencia en la Eucaristía (hemos comido y bebido contigo), o por haber oído sus enseñanzas (tú enseñaste en nuestras calles), ya tenemos asegurada la salvación. Nada de eso. No bastan los ritos, ni los rezos, ni haber escuchado la Palabra de Dios. Hay que llevarla a la acción, lo cual muchas veces resulta difícil, sobre todo cuando esa acción implica renunciar a nuestro egoísmo y desprendernos de los apegos que impiden en nuestra vida el reino de Dios.

13, 30. “Hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos”. El dicho se refiere a los que fueron llamados primeros (los judíos) y los últimos (los paganos). Todos  pasan por la misma puerta y la exigencia es la misma. En el intercambio radical de lugares entre ellos vemos al mismo tiempo una crítica para los primeros, que tuvieron la honra de pertenecer al pueblo de Abraham y los profetas y un anuncio de esperanza para los últimos, que tuvieron todas esas ventajas históricas. La llegada de los últimos no excluía a los primeros, pero estos mismos se hicieron últimos, quedaron al nivel de los que antes no conocían a Dios, cuando se autoexcluyeron de la comunión con Dios por no vivir en sintonía con su querer. Al final, ante Jesús cada uno se hace “primero” o “último” según su decisión.

MEDITACIÓN

¿Qué importancia tiene y qué pretende transmitir el Señor cuando nos dice: “…esfuércense por entrar por la puerta angosta, porque muchos tratarán de entrar y no lo lograrán…”? ¿Qué significan los dos términos usados por Jesús de “la puerta angosta” y “la puerta cerrada”? ¿De qué manera debemos esforzarnos para entrar por la puerta angosta? ¿Qué transmite y qué manifiesta cuando habla de la puerta que se cierra y de los que golpean queriendo entrar?, ¿en qué circunstancias puede suceder eso?, ¿qué hacer ante esa posibilidad?, ¿cómo prepararnos para ese momento? ¿Estás convencido de que la salvación  te es dada mediante la dimensión de comunión con Dios y con los otros? ¿Qué significado tiene: “…hay los que ahora son últimos y que serán los primeros, y en cambio los que ahora son primeros serán los últimos…”?

ORACIÓN

Señor Jesús, no sabemos el día ni la hora, no sabemos el cuándo, pero sí sabemos que Tú nos estás esperando, que seremos juzgados por el amor, que nos exigirás actitudes, disposiciones, hechos, acciones, que nos pedirás cuenta de lo que hemos hecho de nuestra vida, y ahí querrás saber qué hemos hecho de nuestra fe en ti, si la hemos vivido o si la hemos descuidado, si la hemos asumido o la hemos ignorado, si la hemos anunciado u olvidado, nos pedirás nuestra vida para ver tus actitudes en nosotros, por eso, es que te pedimos que nos ayudes a entrar por la puerta estrecha de la fidelidad  de la entrega, del servicio, de amor gratuito y desinteresado. Ayúdanos Señor, a buscarte de todo corazón para que el seguirte a ti sea plenificante y que eso me ayude a vivir y actuar como Tú, teniendo tus mismos sentimientos  y amando como Tú. Que así sea.

CONTEMPLACIÓN

La contemplación es el momento culminante de la lectura bíblica meditada y orada. Contemplar es entrar en una relación de fe y de amor, mediante la escucha de la Palabra, con Dios que es vida y verdad y que en Cristo nos ha revelado su rostro. La Palabra de Dios te descubre aquel rostro escondido en cada página de la Sagrada Escritura. Basta mirar con admiración, abrirse a la luz, dejar que te penetre. Es el éxtasis que se experimenta delante de lo bello y de lo bueno. Prolonga en tu vida de cada día el clima de esta gran comunicación que has experimentado con Dios en la escucha de su Palabra y conserva el gusto de la belleza en el diálogo con los otros, en el trabajo que desarrolles.

Señor Jesús, Tú nos haces ver algo que ya lo sabemos, algo que lo experimentamos, como es el hecho de vivir nuestra fe en ti y el querer hacer vida tus enseñanzas no es algo fácil, es complicado y  muy difícil. De ahí, que Tú  nos digas que nos esforcemos por entrar por la puerta que es angosta y estrecha, ya que muchos querrán entrar y no podrán. Señor, Tú bien sabes que es difícil entrar por la puerta estrecha, que es complicado vivir lo que nos pides. Muchas veces sentimos  que remamos contra la corriente, y conlleva el desprecio o de la exclusión de muchos cercanos o lejanos. Tú bien sabes que el seguirte implica esfuerzo y compromiso, te pedimos que seas Tú el que nos ayudes a vivir lo que nos pides; que vengas en nuestra ayuda, derrames tu amor en nosotros, para que podamos imitarte y asumir tus enseñanzas y así entrar por la puerta estrecha. Que así sea.

Señor Jesús, si tus enseñanzas son duras y radicales, ésta de aquí nos hace pensar mucho más, pues nos hablas de que el camino de la salvación es un camino estrecho, angosto, donde pocos entran. Nos haces ver que ese tema de la salvación no es un juego, no es cuestión de decirse cristianos y basta, sino que exige actitudes y gestos concretos, que hagan merecer esa salvación. Tú nos hablas de esforzarnos, de dedicarnos a vivir tu palabra y a imitarte para conseguir esa salvación que Tú nos la das, que en sí es gratuita de tu parte e inmerecida de parte nuestra. Señor, dispón nuestro corazón, danos la gracia de vivir con la mirada puesta en ti y con tu Palabra hecha vida. Haz Señor, que nuestro seguimiento no sea de conceptos y de ideas, sino de actitudes y gestos concretos. Ayúdanos a conseguir la salvación que nos ofreces.

PROPÓSITO O ACTUALIZACIÓN

Ante afirmaciones tan existenciales que el Señor nos hace, es menester sincerarnos con nosotros mismos y así estar preparados para el encuentro con Él, que inevitablemente se dará.

Viendo lo exigente que es el Señor en referencia a este tema de la salvación, ¿qué debo hacer para conocer más mi fe y para vivirla, para darme cuenta que sus enseñanzas no sean solo una teoría, sino que sean vida y se note mi fe en mis actos y en mi manera de ser y de actuar?

¿Cómo estimulo positivamente a las personas que viven conmigo para que, a pesar de las dificultades y luchas de la vida, asuman con valentía el reto de la salvación personal y comunitaria?

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