1. INTRODUCCIÓN:

San Agustín nos dice: La corona de la victoria se ha prometido únicamente a los que combaten. El apóstol San Pablo nos dice claramente: He terminado mi obra, he concluido mi carrera, he guardado la fe; nada me resta sino aguardar la corona de justicia que me está reservada (Tm 4,7). Conoce a tu enemigo, y si sales vencedor, serás coronado (De ag. christ. 1).

Tu enemigo es tu propio deseo: eres tentado, cuando eres atraído y halagado por tu propio deseo; después, tu deseo, llegando a concebir, para el pecado, el cual, una vez consumado, engendra la muerte (Sant 1,14-15).

“Tal es el combate que tienes que sostener: una lucha continua contra la carne, el demonio y el mundo. Pero no temas; porque aquél que nos manda pelear no es un espectador indiferente, ni tampoco te ha dicho que confíes en tus solas fuerzas (Serm. 344,1).Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

2. Oración inicial

Peregrino y enfermo vuelvo a ti, Dios mío, cansado de peregrinar fuera,     y agobiado por el peso de mis males.

He experimentado que lejos de tu presencia no hay refugio seguro, ni satisfacción que dure, ni deseo que dé fruto, ni bien alguno que sacie los deseos del alma que creaste.

Aquí estoy, pobre y hambriento. ¡Dios de mi salud! Ábreme las puertas de tu casa: perdóname, recíbeme, sáname de todas mis enfermedades’, úngeme con el óleo de tu gracia, y dame el abrazo de paz que prometiste al pecador arrepentido. ¡Oh Verdad! ¡Oh belleza infinitamente amable! ¡Qué tarde te amé, hermosura siempre antigua y siempre nueva! ¡Qué tarde te conocí!

¡Qué desdichado fue el tiempo en que no te amé ni conocí!  Amen.

(Confesiones X)

Amén.

3.Reflexión: LA PUREZA DE SAN AGUSTÍN

La virtud angelical por excelencia es la pureza, la tan preferida por Nuestro Señor Jesucristo, que quiso nacer de una madre virgen; que su padre nutricio fuese virgen; su precursor, virgen; y virgen, su discípulo predilecto San Juan. Al eco mágico de su divino llamamiento: Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios; han respondido millones de almas de todas las edades y condiciones, que han sacrificado sus pasiones y satisfacciones más legítimas por vivir en la tierra como ángeles en el cielo, consagrados al amor más puro de Jesús. Uno de éstos era San Agustín, que llevaba, escribe San Posidio, su amor a la pureza a un extremo, que no, solamente no permitía que vivieran con él su hermana viuda y sus sobrinas, dedicadas al servicio del Señor; pero ni siquiera hablaba con ellas a solas, sino acompañado de algunos clérigos; porque, aun sin haber peligro alguno, decía, no debemos dar motivo de escándalo a los demás. En su Regla incomparable recomienda encarecidamente la modestia de los sentidos para conservar la santa pureza: No digáis que tenéis un corazón puro, si son impuros vuestros ojos, porque el ojo impúdico es señal de un corazón contaminado con el vicio de la deshonestidad”. Otro de los remedios que nos propone es el silencio: “Ibi ergo est ponenda continentia, ubi et tacentium loquitur conscientia.”La continencia existe allí donde habla el silencio constante. Mortifiquemos, pues, nuestros sentidos y nuestra carne con todas sus pasiones, en la seguridad de alcanzar de este modo nuestra pureza de cuerpo y alma.

4. Medita en silencio:

La Carta a los Romanos jugó un papel clave en la conversión de San Agustín: “Dejémonos, pues de las obras de las tinieblas y revistámonos de las armas de la luz”. ¿Qué cosas te impiden vivir como hijo de la luz,… será que te falta oración, vivir los sacramentos, meditar la palabra, orar con María?

5. Pídase la gracia particular de esta novena.

6. Padrenuestros, Avemaría y Gloria.

7. Oración Final

Señor, estabas dentro de mí, pero yo de mí mismo estaba fuera.

Y por fuera te buscaba… Estabas conmigo,

pero yo no estaba contigo.

Me mantenían alejado aquellas cosas que,

si en ti no fuesen, no existirían.

Pero me llamaste, gritaste, derrumbaste mi sordera.

Brillaste, resplandeciste, ahuyentaste mi ceguera.

Derramaste tu fragancia, la respiré y suspiro por ti.

Gusté, tuve hambre y sed.

Me tocaste y ardo en deseos de tu paz.

Que yo te conozca, Dios mío, de modo que te amé y no te pierda.

Que me conozca a mí mismo, de tal manera que me desapegue de mis intereses y no me busque vanamente en cosa alguna.

Que yo te amé, Dios mío, riqueza de mi alma,

de modo que esté siempre contigo.

Que muera a mí mismo y renazca en ti.

Que sólo tú seas mi verdadera vida y

mi salud perfecta para siempre. Amén.

8. Himno a San Agustín

(Vuelve a luchar por Cristo)

Vuelve a luchar por Cristo,

Oh inmortal triunfador

y enciende en lo que te aman

tu amor de serafín.

Oh luz, brilla en las almas,

Oh amor, salva el amor,

vive siempre en tus hijos,

Oh gran padre Agustín. (bis)

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