1. INTRODUCCIÓN

Cristo, obediente hasta la muerte; y muerte de Cruz

  • Recuerda el Vaticano II, Constitución Lumen Gentium, 3: Jesucristo, en cumplimiento de la voluntad del Padre, inauguró en la tierra el reino de los Cielos, nos reveló su misterio y realizó la redención con su obediencia.
  • Recuerda san Agustín: “Pero no bastó a Dios indicarnos el camino por medio de su Hijo: quiso que Él mismo fuera el camino, para que, bajo su dirección, tú caminaras por él” (Comentarios

2.Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

3. Oración inicial

Peregrino y enfermo vuelvo a ti, Dios mío,

cansado de peregrinar fuera, y agobiado por el peso de mis males.

He experimentado que lejos de tu presencia no hay refugio seguro,

ni satisfacción que dure, ni deseo que dé fruto,

ni bien alguno que sacie los deseos del alma que creaste.

Aquí estoy, pobre y hambriento. ¡Dios de mi salud!

Ábreme las puertas de tu casa: perdóname, recíbeme, sáname de todas mis enfermedades’,

ungeme con el óleo de tu gracia, y

dame el abrazo de paz que prometiste al pecador arrepentido.

¡Oh Verdad! ¡Oh belleza infinitamente amable!

¡Qué tarde te amé, hermosura siempre antigua y siempre nueva! ¡Qué tarde te conocí!

¡Qué desdichado fue el tiempo en que no te amé ni conocí!

(Confesiones X)

Amén

4.DÍA TERCERO: Miércoles  21 de agosto

Reflexión: LA OBEDIENCIA DE SAN AGUSTÍN

 “Mejor es la obediencia, que las víctimas”, dice el Espíritu Santo; porque, efectivamente, no puede haber víctima, ni ofrenda más grata a los ojos de Dios, que el sacrificio de nuestra propia voluntad. Desde el momento que Agustín se rindió enteramente al divino beneplácito en la quinta de Casiciaco, se despojó de su propia voluntad para no cumplir sino la divina en todos los días de su vida. Por obediencia aceptó la dignidad sacerdotal; y, más tarde, la consagración episcopal, aun costándole gran sacrificio; ubertim eo flente, dice San Posidio; llorando amargamente, pues él hubiera preferido vivir completamente alejado del mundo y de todas las dignidades de la tierra. “Pero nada es más conveniente al alma que obedecer”, escribió más tarde el mismo Santo Doctor. “La obediencia, dice también, es una virtud en la criatura racional, que es en cierto modo la madre y la guarda de todas las demás virtudes.” Si Dios hecho hombre obedeció hasta la muerte, razón es que nosotros imitemos su ejemplo, porque “solamente la obediencia, concluye San Agustín, es la que nos dará la victoria, así como la desobediencia el castigo”. Hoy más que nunca es precisa esta virtud, para contrarrestar los efectos desastrosos de la desobediencia, que le ponen el ropaje de  libertad, cuando es esclavitud de nuestro espíritus, en las familias y en la sociedad. El remedio eficaz de todos estos males es la obediencia de corazón.  Hacer de buena voluntad todo lo que Dios quiere que hagamos, aunque seamos los únicos en la tierra que lo hacemos. La obediencia parcial no trae bendición. Debemos hacer todo lo que Dios nos diga (Juan 2, 5).

5. Medita en silencio: La obediencia cristiana es un acto libre que busca realizar la voluntad de Dios en la propia vida, para identificarse con Jesucristo.  ¿Cómo estás caminando en ello?

6. Pídase la gracia particular de esta novena.

7. Padrenuestros, Avemaría y Gloria.

8. Oración Final

Señor, estabas dentro de mí, pero yo de mí mismo estaba fuera.

Y por fuera te buscaba… Estabas conmigo, pero yo no estaba contigo.

Me mantenían alejado aquellas cosas que, si en ti no fuesen, no existirían.

Pero me llamaste, gritaste, derrumbaste mi sordera. Brillaste,

resplandeciste, ahuyentaste mi ceguera. Derramaste tu fragancia,

la respiré y suspiro por ti. Gusté, tuve hambre y sed.

Me tocaste y ardo en deseos de tu paz.

Que yo te conozca, Dios mío, de modo que te amé y no te pierda.

Que me conozca a mí mismo,

de tal manera que me desapegue de mis intereses y

no me busque vanamente en cosa alguna.

Que yo te amé, Dios mío, riqueza de mi alma,

de modo que esté siempre contigo.

Que muera a mí mismo y renazca en ti.

Que sólo tú seas mi verdadera vida y mi salud perfecta para siempre. Amén.

9. Himno a San Agustín

(Vuelve a luchar por Cristo)

Vuelve a luchar por Cristo,

Oh inmortal triunfador

y enciende en lo que te aman

tu amor de serafín.

Oh luz, brilla en las almas,

Oh amor, salva el amor,

vive siempre en tus hijos,

Oh gran padre Agustín. (bis)

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