Jr 38,4-6.8-10; Sal 39; Hb 12,1-4;  Lc 12,49-57

Oración inicial

 Ven, Creador, Espíritu amoroso, ven y visita el alma que a ti clama  y con tu soberana gracia inflama los pechos que criaste poderoso.

Tú, que abogado fiel eres llamado, del Altísimo don, perenne fuente, de vida eterna, caridad ferviente, espiritual unción, fuego sagrado.

Tú te infundes al alma en siete dones, fiel promesa del Padre soberano; tú eres el dedo de su diestra mano; tú nos dictas palabras y razones.

Ilustra con tu luz nuestros sentidos, del corazón ahuyenta la tibieza, haznos vencer la corporal flaqueza con tu eterna virtud fortalecidos.

Por ti nuestro enemigo desterrado, gocemos de paz santa duradera, y siendo nuestro guía en la carrera, todo daño evitemos y pecado.

Por ti al eterno Padre conozcamos, y al Hijo, soberano omnipotente, y a ti, Espíritu, de ambos procedente con viva fe y amor siempre creamos.

(Fray Diego González)

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS. Lucas 12, 49-53

49 «He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya hubiera prendido! 50 Con un Bautismo tengo que ser bautizado y ¡qué angustiado estoy hasta que se cumpla! 51 « ¿Creéis que estoy aquí para poner paz en la tierra? No, os lo aseguro, sino división. 52 Porque desde ahora habrá cinco en una casa y estarán divididos; tres contra dos, y dos contra tres; 53 estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.»

Contexto

El contexto es el viaje de Jesús con sus discípulos desde Galilea hacia Jerusalén, donde Él va a padecer y a morir en la cruz, precisamente porque su mensaje es rechazado por quienes detentan el poder religioso y político en esta ciudad y en toda la nación judía. Por eso quiere advertir a sus discípulos, para que tengan bien claro que la aceptación de su mensaje implica la exigencia de estar dispuestos a seguir a su Maestro hasta las últimas consecuencias. Cristo, exige un amor supremo a El sobre todas las cosas, proclama su misma divinidad, ya que los valores que exige sacrificar son de ley natural. Sólo está por encima de estos valores el amor de Dios. Y este amor exige aún más: “El que no toma su cruz y camina detrás de mí, no es digno de mí”.

En la liturgia de hoy Jesús afirma la seriedad con la que Él mismo asume su papel en la salvación humana. A medida que camina en el mundo hacia el cumplimiento de la voluntad del Padre, el sendero se vuelve más estrecho y la hora del fuego se acerca o sea de que la humanidad nueva sólo podrá ser nueva por el crisol de la cruz.

Comentarios al texto

  1. 49. Jesús ha sido enviado a «…poner fuego en la tierra…», y asegura que desea vivamente que este fuego arda cuanto antes. Jesús emplea el símbolo del fuego, para indicar que su misión es purificar a todos los que quieran acoger su mensaje mediante una liberación interior de la escoria del pecado, de todas las formas del egoísmo que le impiden al ser humano vivir en el amor: vivir de acuerdo con el plan creador de Dios y ser verdaderamente feliz. Jesús es el enviado de Dios Padre que ha venido para realizar ese proceso de purificación con su pasión, muerte y resurrección y mediante la acción del Espíritu Santo. El fuego es precisamente  uno de los símbolos del Espíritu Santo, que además de ser un elemento de purificación es también energía que hace posible la luz y el calor para que se desarrolle y se renueve la vida. La Iglesia en su liturgia expresa una petición muy significativa en este sentido: “Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor”. Este fuego del amor  que Cristo nuestro Señor ha querido encender, y de hecho ya lo ha encendido en el mundo.

50 Con un Bautismo tengo que ser bautizado y ¡qué angustiado estoy hasta que se cumpla! Jesús, el justo por excelencia que no necesita ser bautizado, purificado, sin embargo se somete al juicio de Dios tomando sobre sus hombros la carga del pecado de toda la humanidad, para que ésta sea purificada y renovada  a través sacrificio redentor en la cruz. A esto se refiere concretamente Jesús cuando les anuncia a sus discípulos que ha venido a ser bautizado, es decir, sumergido en el torrente de su pasión y muerte de cruz, para luego resucitar en su naturaleza humana a una vida nueva, y así darnos a todos nosotros la garantía de que también nuestra existencia tiene un horizonte de eternidad.

La angustia es el síntoma de aquellos miedos que nos aferran desde dentro, nos descomponen y nos dejan sin aliento, la experimentó también Jesús. La angustia nos aferra y puede demoler toda posibilidad de movimiento interior. Y se da también la angustia de quien no tira por tierra sus ilusiones, sino que las fortifica y espera que se cumplan. Jesús está ansioso hasta que llegue el momento culminante de su fuego de amor, que lo sumerge, lo bautiza en la muerte con triunfo sobre ella.

  1. « ¿Creéis que estoy aquí para poner paz en la tierra? No, os lo aseguro, sino división. El Mesías era anunciado por los profetas como el Príncipe de la paz. Y así lo anunciaron los Ángeles a los Pastores en su nacimiento; como un Rey pacífico entra en Jerusalén el domingo de Ramos y con este saludo de paz, después de la Resurrección se aparece a sus discípulos. Ahora vemos que Cristo, el Mesías,  comienza rectificando este concepto mesiánico. Él no vino a traer la paz, sino la espada, la guerra. No es que el Príncipe de la Paz  no venga a traer la paz, sino que, por su doctrina va a ser ocasión de división. El anciano Simeón había indicado que sería signo de contradicción (Lc 2,34). Y esta guerra va a llegar a ser dentro del mismo hogar (Miq 7,6).

 Jesús dice esto, porque este fuego que Él pone en la tierra va a exigir tomar partido por El. Va a incendiar a muchos, y por eso Él  trae la división. Quien ha optado por Él y lo sigue con fidelidad encontrará enseguida “enemigos” que los llevarán a los tribunales y hasta la misma muerte. Y para ejemplificarlo recurre a tópicos tradicionales (Suegra-nuera…)  Esto quiere decir que unos acogerán su mensaje y otros lo rechazarán, produciéndose así una división que, como lo dice el propio Jesús en el Evangelio, se daría incluso en el seno de las familias.

  1. Porque desde ahora habrá cinco en una casa y estarán divididos; tres contra dos, y dos contra tres. Todo lo que divide no viene de Dios, porque en Dios se realiza la unidad. Pero en su nombre es posible ir más allá del mandamiento natural. Honra al padre y a la madre, dice la ley antigua. Y la ley nueva que es aquella del amor sin límites llega a decir: Quien ama al padre y a la madre más que a mí, no es digno de mí. En tal caso, la división se puede entender como prioridad de amor, jerarquía de valores. A Dios, fuente de la vida, corresponde el primer lugar. Al padre y a la madre que han acogido la vida, el segundo lugar… un orden tal está en la naturaleza lógica de la creación. No es honrar al padre y a la madre desobedecer a Dios, o amar menos a Cristo. Porque el amor del padre y de la madre es un amor de respuesta, el amor de Dios es generador.

Estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.» El hecho de seguir a Cristo implica para todo creyente que su misma vida será expresión de una esperanza muy diversa a la de los demás hombres. Hemos escuchado en la primera lectura la referencia a sucesos concretos, cuando Jerusalén fue sitiada por Nabucodonosor, el profeta Jeremías ya estaba en prisión, acusado de desmoralizar a los combatientes que quedaban y a toda la población. Jeremías anuncia de parte de Dios que la ciudad sería tomada; y que quien se rinda a los caldeos vivirá, y que el ejército del rey de Babilonia se apoderará de la ciudad. Entonces, no es sencillo comprender esta actitud de Jeremías que parece de traición a su patria. Pero aquí hay que ver que el Señor utiliza a los caldeos como instrumentos para castigo de su Pueblo y, que aun siendo paganos, se han convertido en gentes al servicio de Dios.

MEDITACIÓN

¿Qué significado tiene el fuego en el sentido que habla Cristo? ¿Arde en mí el fuego de la vida de Dios? ¿Deseo que ese fuego arda en el corazón de cuantos formamos la comunidad eclesial? ¿Qué hago para avivar esa llama que nunca se debería apagar? ¿Por qué dice Cristo que tiene que ser Bautizado, si es el Hijo de Dios? ¿A qué le llama Él bautismo?  ¿Cómo podría describir que quien vive ese fuego creará división? ¿Se  debe defender la fe aun a riesgo de separarte de la familia o dividirla? ¿Qué dichos trae a colación Cristo? ¿Has tenido que “perder amigos, familiares, colegas a causa de tu fe? Si no te ha ocurrido ¿serías capaz de dar testimonio de tu fe? ¿Cuál sería la máxima expresión de fe y miles de personas lo han hecho?

ORACIÓN.

Espíritu de vida, ayúdanos a crecer en la vida de Dios y en la fe recibida en el Bautismo, para que vivamos nuestro cristianismo de forma más consciente, personal, libre y responsable.

Espíritu de la Verdad, ilumina nuestra mente y corazón, para poder descubrir la verdad profunda de Jesús y su Evangelio, y la verdad oculta que hay en la Creación, en las ciencias y artes, en nosotros mismos, en cada persona, en todo acontecimiento.

Espíritu de alegría, danos entusiasmo y gozo para seguir a Jesús, y vivir como ÉL nos enseñó y vivió.

Espíritu de fortaleza, infunde vigor a nuestro espíritu, para poder superar la tentación, y ser fuertes en la fe frente a las dificultades de la vida.

Espíritu del testimonio, danos valentía, para ser testigos de Jesús resucitado, sin cobardías, y para dar razón de nuestra fe, con nuestras buenas obras y palabras.

Espíritu que ora desde nuestro interior, enséñanos a acudir al Padre con la confianza de un hijo, y auméntanos la amistad con Jesús, nuestro hermano.

Espíritu de amor, llena de ternura nuestro corazón para saber amar a Dios por encima de todo, y para amar a los demás como a nosotros mismos.

Espíritu de unión, fortalece nuestra comunión con los demás cristianos para que activamente colaboremos con todos y contigo en transformar la Iglesia, según necesita el mundo actual.

Espíritu de paz, alienta nuestro compromiso de construir, ya desde ahora, una sociedad más pacífica, justa y fraterna.

Derrama, Señor, sobre nosotros, la fuerza del Espíritu Santo, para que podamos cumplir fielmente tu voluntad y demos testimonio de Ti con nuestras obras. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

CONTEMPLACIÓN

Señor, Tú que escudriñas mi corazón y conviertes mis temores en senderos de una nueva creación, como un don, entra en mis angustias. Allí donde desaparece mi esperanza y me devora el temblor, allí donde cada chispa de gracia remueve mis seguridades y hace de mí un cúmulo de cenizas, enciende allí de nuevo el fuego del amor. ¡Dame una mirada capaz de penetrar la realidad y de aferrar tu mirada que me espera más allá del velo de las apariencias! No permitas que se aparte de mí el deseo de comunión. E, incluso, allí donde a causa de tu nombre encontrara oposición, resistencia, aversión, ¡haz que yo pueda entrar en la angustia de la división para mantener viva la llama del encuentro contigo!

Señor ¡Ojala pudiésemos también nosotros llevar el fuego a la tierra de nuestro corazón! Un fuego capaz de extenderse sin causar incendios, sino creando lazos de intercambios vivos… El que juega con el fuego se encuentra, ciertamente, con las manos quemadas, pero ¡cuánto beneficio para todos! El fuego divide, crea círculos de encuentros y barreras de tránsito inaccesibles. Como en todas las cosas divinas, también encontramos una alternativa: con Cristo o contra Él. Señor, que no olvidemos  nunca que seguirte a Ti, amarte a Ti,  es un signo de contradicción para cada época, piedra de escándalo para todos los que miran hacia lo alto esperando milagros y prodigios, y piedra angular para el que mira sus manos cansadas y agarra las manos de un carpintero tratando de construir la casa de la esperanza, la Iglesia.

¡Tú, Señor Jesús,  eres un fuego encendido! ¡Tú eres el agua que salta hasta la vida eterna! ¡Tú eres  el sol radiante de la mañana, luego de pasar una noche oscura, esperando el amanecer que aclarará todas las angustias, ansias y preocupaciones! ¡Tú eres la fuerza de los débiles, la alegría de los tristes, la esperanza de los desesperados cuando nos pides opciones en la vida que son muy duras, difíciles! Envíanos en todo momento tu Espíritu para hacer lo que Tú nos pides, aunque sea morir a nosotros mismos, a nuestras aspiraciones personales, a nuestra propia familia. Te lo pedimos a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

PROPÓSITO

Seguir fortaleciendo nuestra fe con el estudio y la oración para ser siempre testigos de la Verdad, cueste lo que cueste.

En la fe, don de Dios,  solos no podemos caminar, precisamos de la ayuda del hermano, de una comunidad eclesial, que alimente las esperanzas.

Ayudar espiritualmente a los que son débiles en la fe, para que sean testigos de Jesús con sus obras y palabras, escuchando  sus preocupaciones y alentarles en todo cuanto precisen[fb_button]