Eclesiastés 1,2; 2,21-23; Sal 94; Colosenses 3, 1-5.9-11;  Lucas 12, 13-21

Oración Inicial

Aquí estamos delante de ti, ¡oh Espíritu Santo! Sentimos el peso de nuestras debilidades, pero estamos todos reunidos en tu nombre; ven, asístenos, ven a nuestros corazones; enséñanos tú lo que debemos hacer, muéstranos Tú el camino a seguir, realiza en nosotros todo cuanto te pedimos. Sé Tú sólo el que nos sugiera y guíe en nuestras decisiones, porque Tú sólo con Dios Padre y con su Hijo, tienes un nombre santo y glorioso; no permitas que por nosotros sea dañada la justicia, Tú que amas el orden y la paz; no nos desvíe la ignorancia; no nos vuelva parciales la humana simpatía, no seamos influenciados por cargos o personas; tennos sujetos a ti y nunca nos separaremos de la verdad; haz que reunidos en tu santo nombre, sepamos contemplar bondad y ternura juntos, de modo que hagamos todo en armonía contigo, en la esperanza de que por el fiel cumplimiento del deber se nos den los premios eternos . Amén

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS.            Lucas 12, 13-21

13 Uno de la gente le dijo: «Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo.» 14 Él le respondió: « ¡Hombre! ¿Quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?» 15 Y les dijo: «Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aunque alguien posea abundantes riquezas, éstas no le garantizan la vida.» 16 Les dijo una parábola: «Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; 17 y pensaba entre sí, diciendo: ¿Qué haré, pues no tengo dónde almacenar mi cosecha? 18 Y dijo: `Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, edificaré otros más grandes, reuniré allí todo mi trigo y mis bienes 19 y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea. 20Pero Dios le dijo: ¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán? 21 Así es el que atesora riquezas para sí y no se enriquece en orden a Dios.»

Contexto

 El domingo anterior San Lucas nos presentó el sentido de la oración cristiana con el Padre Nuestro. La presente semana el mismo evangelista cambia radicalmente el sentido de su prédica al mostrarnos lo que es el desapego de las riquezas. Es importante precisar que Cristo no nos está invitando a despreciar los bienes de la tierra, pero sí a no dejarnos esclavizar por ellos; nos invita a no dar valor absoluto o prioritario a lo material, porque hay cosas más importantes; igualmente no condena a los ricos o las riquezas (tenía amigos ricos, e iba a sus casas), lo que sí condena es que se caiga en la idolatría, en la obsesión de las riquezas; porque la riqueza en sí no es mala ni buena: lo que puede ser malo es el uso de ella, y sobre todo la actitud interior ante ella. Lo insensato del rico no es que fuera rico, o que hubiera trabajado en firme por su bienestar y el de su familia, sino que había programado su vida prescindiendo de Dios y olvidando los valores trascendentales, los “…bienes de arriba…”, que son nuestros mejores valores, lo que nos enriquece delante de Dios

Comentario al texto

12,13. Uno de la gente le dijo: «Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo.» Jesús está hablando a un auditorio muy numeroso: “de miles y miles de personas, hasta pisarse unos a otros”.  La enseñanza de Jesús se centra desde el principio en los peligros que acechan la vida del discípulo,  que impiden su seguimiento: la hipocresía de los fariseos, que “matan el alma”  y las persecuciones, que nos pueden hacer perder la vida terrena con sus ventajas. Al terminar estas exposiciones, Jesús se ve interrumpido por una persona que le pide que haga de juez en la repartición de la herencia con su hermano. Jesús aprovecha esta interrupción para dar paso a la exposición del tercer peligro: el apego y avidez a las cosas terrenas. Es un tema muy común, de entonces y de ahora,  la pelea  entre hermanos por la herencia. Vemos que  Jesús es llamado “Maestro”, que aquí se entiende como experto en cuestiones legales bíblicas. Como tal, se le requiere que intervenga en una riña familiar: “di a mi hermano, que reparta la herencia conmigo”. A primera vista parece que se trata de un hombre cuyo hermano mayor se niega a darle la parte de la herencia paterna que le corresponde, y eso es una injusticia. Pero también es posible que el hermano mayor tuviera una intención positiva: vivir juntos en la propiedad y así conservarla intacta. En caso de tratarse de la segunda posibilidad, la queja del hermano menor que viene ante Jesús estaría motivada por la intención de separar su parte de la herencia para vivir independientemente, es decir, distanciarse del compartir familiar. Este tipo de problemas jurídicos, como ya se dijo, eran llevados a los rabinos que, como abogados del pueblo, debían pronunciarse sobre lo que la Ley mandaba para estos casos.

12,14. “Él le respondió: ¡Hombre! ¿Quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?”

Jesús rechaza hacer de juez entre las partes. Comentando esta frase San Agustín dice: «Como le parecía que era justa su codicia, puesto que reclamaba su parte en la herencia y no deseaba la ajena, como presumiendo de lo justo de su causa, pidió el apoyo del juez justo. Pero ¿qué le respondió? Di ¡oh hombre!, —tú que no percibes las cosas que son de Dios, sino las de los hombres—, ¿quién me ha constituido en divisor de la herencia entre vosotros? Le negó lo que le pedía, pero le dio más de lo que le negó. Le pidió que juzgase sobre la posesión de la herencia, y Jesús le dio un consejo sobre el despojo de la codicia… «Tú, pues, me pides que tu hermano te dé tu parte en la herencia. Yo, respondió, os digo: Guardaos de toda codicia. Tú piensas que te guardas de la codicia del bien ajeno; yo te digo: Guardaos de toda codicia. Tú quieres amar con exceso tus cosas y, por tus bienes, bajar el corazón del cielo; queriendo atesorar en la tierra, pretendes oprimir a tu alma». El alma tiene sus propias riquezas como la carne tiene las suyas.» (San Agustín, Sermón 107 A, 1)

12, 15 Y les dijo: «Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aunque alguien posea abundantes riquezas, éstas no le garantizan la vida. Constatando la “codicia” del hermano menor que reclama la herencia, Jesús ofrece una enseñanza a los oyentes: “Mirad y guardaos”, son palabras que  invitan a la vigilancia, al examen interior de las actitudes, de las motivaciones, de la limpieza de corazón. “Del corazón del hombre salen las codicias”: El deseo compulsivo de llenarse de cosas, malgastando el dinero en lo que no vale la pena; el entrar en competencia con los demás motivado por la envidia; el placer de exhibir lo que se tiene con el fin de obtener una nueva ganancia: la felicitación y la envidia de los otros. La codicia hace a  las personas “mezquinas y avaras”, casi incapaces de ser generosas. Y suelen ser personas tan ciegas que no se dan cuenta que quedan atrapadas por las cosas, y que su única aspiración es “tener, poder, sobresalir…e ignorar y subestimar  a los que no son de su categoría”. Pierden de vista al “otro”, que  en el fondo es una negación de Dios, que es el “Otro” por excelencia.

12, 16 Les dijo una parábola: «Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto… Para esclarecer más este tema les cuenta la parábola llamada  del “rico insensato” o “el mal planificador”. Es un hombre que llega a nadar en tal abundancia que tiene que hacer nuevos almacenes para guardar su cosecha. Jesús con esta parábola se mete en la lógica de mucha gente:  el afán de poseer. El avaro, el codicioso, el hombre de esta parábola,  no sabe decir repartiré mis bienes entre los pobres… Es un infeliz, pierde el sentido de la amistad, se hace egoísta, no piensa en los necesitados, se olvida que los bienes son de Dios, y que nadie los puede usurpar. Dios es borrado de su vida, o cuando más se busca un Dios a “su imagen y semejanza”, que no le pida cuentas de su actuar, que le llame a la conversión. El personaje siempre habla consigo mismo: lo hace tres veces (“y pensaba en sí…”, “y dijo…”, “y diré a mi alma…”) y cada vez más se sumerge en el tiempo futuro, en su “yo”, como  “principio vital”.   Ahora proyecta su futuro: “disfrutar”,  “descansar”, “comer”, “beber” y “banquetear”. Esta es la lamentable ilusión del rico, quien le hace eco a la típica manera de pensar de la sociedad de consumo.

  1. Pero Dios le dijo: ¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma… Dios en la vida del rico era el olvidado, pero Él no se deja arrinconar tan fácilmente. Las palabras de Dios se oyen con energía: “¡Necio!”. El hombre que se creía muy inteligente por el proyecto de vida casi perfecto que armó para sí, ahora es presentado como “necio, insensato, falto de inteligencia, estúpido”. Es inteligente para hacer dinero y bruto para vivir como describen los Salmos: “Dice el insensato en su corazón: “¡No hay Dios!”. Por mucho que posea, no tiene la propiedad de su vida; la vida proviene de Dios y a Dios vuelve: Sabiduría 15,8. Y viene entonces la crisis: “las cosas que preparaste, ¿para quién serán?”. Observamos que contrariamente a la lógica del mal planificador, no se pregunta “¿para qué?” sino “¿para quién?”. Habiendo llegado a este punto, se nota que la falta de inteligencia del mal planificador había llegado a un nivel muy grave. Otros disfrutarán de su trabajo, de las noches sin dormir que la ambición origina. ¿De qué le ha servido amontonar riquezas? ¿Se las reprochará el Señor cuando se encuentre frente a Él?

12, 21. El rico de la parábola se preocupó de los bienes materiales, pero descuidó los espirituales, lo que realmente importaba. El hombre que no es rico en presencia de Dios, es  un pobre. Amasar riquezas puede convertirlo en pobre ante las cosas que en última instancia cuentan. Hay que concluir que quien era hábil para llenar sus  graneros, era un inútil para asegurar la vida que permanece para siempre. La vida es recibida y sólo quien  nos la dio nos puede decir dónde está su sentido y de qué manera ella alcanza su plenitud. Jesús termina la parábola, diciendo: “Así será el que amasa riqueza para sí y no es rico ante Dios”. Hasta en los dichos populares ha quedada marcada la forma de proceder del hombre avaro, y preocupado tan solo de amontonar riquezas: Ahí va el cicatero, en un ataúd. / En la juventud, gastó su salud buscando dinero. / En la plenitud, gastó su dinero buscando salud. / Y ya sin dinero, y ya sin salud, / ahí va el cicatero, en un ataúd.

MEDITACIÓN

¿Qué razones encuentra el que le pide a Jesús que haga de juez entre él y su  hermano para repartir la herencia? ¿Por qué puedes decir que este hombre es un avaro, un codicioso,  un cicatero? ¿Conoces casos en tu familia o fuera de ella que estén enfrentados por motivos similares?  ¿Por qué afirma Jesús que las riquezas no granizan la vida? ¿Qué me están diciendo las palabras: “…eviten toda clase de codicia…, porque no son sus pertenencias las que le dan vida…”? ¿Qué actualidad tiene la parábola del rico insensato? ¿Qué sucede cuando no se da la apertura a Dios y a los hermanos? ¿En qué circunstancias uno puede actuar de la misma manera y con las mismas preocupaciones? ¿Eres consciente de que lo que tienes viene de Dios, o te sientes dueño absoluto de tus bienes? ¿Malversas el dinero siendo un comprador compulsivo y sin mirar para nada a tu alrededor? ¿Te dejas conducir en tu vida por criterios sociales consumistas o miras el  Evangelio? ¿Cómo se es pobre o rico ante Dios y ante los hermanos? ¿Hay  algo en mi vida  que no estaría dispuesto a compartir con nadie? ¿Cómo voy a tratar de cambiar de actitud?

ORACIÓN.

Señor, vivimos en una sociedad muy consumista, todo entra por los sentidos y no por la razón y menos por la fe. Llega a callarte cuando Tú nos quieres hablar. Señor, no permitas que ese huracán social nos arrastre y seamos víctimas irremediables. Comprendemos que las cosas en sí no tienen moralidad. Nosotros las hacemos buenas o malas, necesarias o imprescindibles. Si se apoderan de nuestro corazón llegarán a robarnos los afectos, los sentimientos, la fraternidad.; seremos sus fieles servidores, esclavos de nuestros pasiones. Retenemos los bienes que Tú nos das para repartir con los demás. Nos convertimos en avaros.  Abre, Señor,  nuestros oídos, despierta nuestras almas dormidas y haznos entender que los valores que deben cautivarnos  son los eternos, los que nos llevan a encontrarnos contigo y con los hermanos.

CONTEMPLACIÓN.

Señor Jesús, hoy cuando todos buscamos seguridades, cuando la sociedad nos exige ser previsores, tener reservas, estar prevenidos, Lucas nos habla de evitar toda codicia, toda avaricia, pues no son los bienes lo que nos garantiza la vida. Esto es verdad. Es cierto, que uno no puede comprar ni siquiera un minuto de vida, que eso es don tuyo, que Tú lo das y lo quitas según tu voluntad. Si es así, si los bienes que tenemos no nos pueden dar vida, ¿entonces?, ¿qué hacer?, ¿qué actitud debemos tener?, ¿es que no debemos buscarlos?, ¿y la familia, y uno mismo? Por eso, Señor, ahora que nos haces tomar conciencia de la necesidad de que seas Tú el centro de nuestra vida, que depositemos en ti nuestra confianza y así vivamos en una dependencia amorosa de ti, sabiendo que Tú estás a nuestro lado.  Te pedimos, Señor, que nos ayudes a no poner nuestro corazón en las cosas, sino que, viviendo de tal manera tu Palabra, busquemos mostrar tus enseñanzas con nuestra manera de ser, y Tú seas el que nos ayudes a vivir como  esperas de nosotros. Es por esto, Señor, que según las enseñanzas de Lucas, que nos invita a no ser codiciosos, a no vivir por el dinero, haciéndonos ver que la vida la encontramos en lo que es esencial. Tú vienes y nos haces ver que la vida tiene otra dimensión, que aunque uno consiga conquistar el mundo entero, hay otra realidad de la cual nadie se escapará, como es el momento de encontrarnos contigo, y el momento de rendir cuenta de lo que hemos hecho de nuestra vida. Por eso, Señor, te pedimos que al ver que nos ayudas a tomar conciencia, de la necesidad de hacernos ricos ante ti, de hacernos ricos en el servicio al otro, en la entrega para ayudar al que necesita, en el darnos a nosotros mismos, para ayudar al que necesita, al invitarnos a llenar nuestras manos de buenas obras, que me des la gracia de tener la sabiduría de saber esforzarnos para buscar el bien de mi familia y de mi profesión. Señor, ayúdame a llenar el corazón de buenas obras, a ser instrumento tuyo para que otros te encuentren, para que viendo nuestra vida, vean que eres Tú el que nos motivas y alientas a buscar mostrar tu proyecto de amor.

PROPÓSITO

.- En nuestra oración diaria contemplar las obras  y buscar a Aquel que las hizo. Observa lo que ves busca lo que no ves. Creen en Aquel que no ves, a causa de esas cosas que ves.

.- Querer ser ricos ante Dios, buscando el bien del otro, ayudando siempre,  siendo solidarios con el que tenemos a nuestro lado, buscando siempre amar y servir.

.- Perdón por las veces que vivimos sin pensar en Dios, que buscamos sólo nuestros intereses y  nos olvidamos de sus enseñanzas y colocamos nuestro corazón en las cosas.

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