I Reyes 19, 16b.19-21; Gálatas 4, 31 – 5, 1, 13-18; Lucas 9, 51-62

Oración Inicial
Señor Jesús, queremos seguir tus pasos, las huellas que ibas dejando tras de ti. Tu Vida y tu Palabra no dejaban indiferente a nadie. Hoy, Tú nos sigues invitando a que te sigamos frente a tantas voces de nuestra sociedad que promete la felicidad a quienes  le presten atención y sigan sus máximas materialistas y hedonistas. Indudablemente que son atractivas, porque son muchos los que hacen caso. Te pedimos que nos des la gracia para no caer en sus redes, porque solo Tú puedes dar la felicidad. Que tu Espíritu clame dentro de nuestro corazón que fuimos rescatados por Ti de nuestro vano vivir y que nos das una promesa de vida eterna. Concédenos la gracia de seguirte incondicionalmente, viviendo con alegría nuestra entrega, asumiendo tu estilo de vida, aun sabiendo que no tenías ni un lugar donde reclinar tu cabeza.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS. Lucas 9, 51-62

51 Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén. 52 Envió, pues, mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada; 53 pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén. 54 Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?» 55 Pero, volviéndose, les reprendió; 56 y se fueron a otro pueblo. 57 Mientras iban caminando, uno le dijo: «Te seguiré adondequiera que vayas.» 58 Jesús le dijo: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.» 59 A otro dijo: «Sígueme.» Él respondió: «Déjame ir primero a enterrar a mi padre.» 60 Le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios.» 61 También otro le dijo: «Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa.» 62 Le dijo Jesús: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios.»

Contexto

Hasta ahora Jesús he ejercitado su ministerio en Palestina, pero llega el momento en el que debe entregar su vida, y emprende el camino a Jerusalén, cosa que desagrada a los discípulos. A partir de ahora aparecerán los frecuentes conflictos de mentalidad con el pueblo y con las autoridades religiosas. Jesús comienza a hablar de su muerte y resurrección, algo que los discípulos no entienden por su mentalidad de un Mesías glorioso, con el que ellos serán importantes y poderosos. Están imbuidos de la ideología dominante de la época, promovida por la religión oficial. El texto que meditamos este domingo nos da una idea de cuál era la mentalidad de los discípulos y cómo Jesús afrontaba este problema. Algo parecido tuvo que afrontar Lucas, en las comunidades de Grecia. Para Lucas era importante ayudar a los cristianos a no dejarse llevar por “la levadura” del imperio romano y de la religión pagana. Lo mismo vale para hoy. El “fermento” del sistema anticristiano, divulgado por los medios de comunicación, propaga la mentalidad consumista, hedonista, racionalista, contraría  los valores del Evangelio.

Comentario del texto


9,51-52. “Mientras se iban cumpliendo los días de su asunción
”. Esta forma de hablar es la misma que aparece en Juan 3,1: “Sabiendo Jesús que era llegada su hora de pasar de este mundo al Padre,…”.  La segunda parte del Evangelio de Lucas (9,51-19,27), que es conocida como la “Subida a Jerusalén”, que se caracteriza por la actitud decidida del Señor de ir a la ciudad Santa, donde iba a consumar su entrega, muriendo en la cruz. Se inicia con el rechazo de los samaritanos,  y  con tres llamados vocacionales, que a diferencia de los primeros vocacionales, ponen condiciones.  No se trata de una decisión tomada a la ligera, ya en  dos ocasiones lo había anunciado Jesús.  En obediencia al Padre, “se dirige decididamente a Jerusalén”. Sabe lo que le espera: “no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén” (13,33).  Nada ni nadie lo podrá detener. Al ponerse en camino arriesga mucho: “envió mensajeros delante de sí”, expresión de acción misionera que harán sus discípulos, y que en muchas ocasiones los rechazarán, como ahora.

9,52-53. Pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén. Para llegar a Jerusalén, bajando desde la norteña Galilea, el camino más directo pasaba por Samaría.  Pero la mayor parte de los judíos evitaban esta ruta. Había una enemistad de siglos entre judíos y samaritanos. De hecho, por razones de intolerancia religiosa y por motivos nacionalistas, los samaritanos hacían de todo para fastidiar a los viajeros, incluso les hacían daño a los grupos de peregrinos que transitaban por ahí. A Jesús le niegan la hospitalidad, cosa muy difícil en la concepción de ellos, “porque tenía intención de ir a Jerusalén”. En el Evangelio de San Juan vemos cómo Jesús rompe esa hostilidad cuando habla con la Samaritana


9,54:
 Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: «Señor…» Los discípulos Santiago y Juan, conocidos como “hijos del trueno” por la impetuosidad de su temperamento, no comprenden la negativa de los samaritanos y reaccionan airados: “Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?” Es la reacción violenta ante el rechazo samaritano, inspirado por el ejemplo del profeta Elías, Santiago y Juan quieren que descienda fuego para que extermine a los habitantes de aquella aldea. Piensan que por el simple hecho de que están con Jesús, todos deben acogerlos. Ellos poseen la vieja mentalidad, la de ser gente privilegiada. Piensan tener a Dios de su parte para defenderlos. Tristemente no son pocos los que basan en sus privilegios “religiosos” para creer que todos los respetarán

9,55-56Pero, volviéndose, les reprendió; y se fueron a otro pueblo. La atención ahora está puesta en los hermanos. La reacción de Jesús ante la violencia de Santiago y Juan fue reprenderlos. Si toda su vida fue perdonar ¿cómo iba a secundar los deseos de los Zebedeos? Jesús no ha venido a condenar a nadie, sino a salvar. Toda su vida fue acoger a los pecadores y hasta  en la Cruz termina perdonando a quienes les han condenado y al buen ladrón que le pide estar con él en el Paraíso. El hecho de que alguien siga a Jesús, no le da derecho a pensar que es superior a los otros o que los otros deben rendirle honores. Todo seguimiento de Jesús ha de ser  considerado como un servicio, no como un honor ante los demás.

9,57-58: Mientras iban caminando, uno le dijo: Te seguiré adondequiera que vayas”. La respuesta de Jesús es muy clara y no deja dudas: el discípulo que quiere seguir a Jesús debe hacerlo por generosidad, sin esperar recompensas materiales. A este autoinvitado le remite a su propio destino y ejemplo: Jesús no tiene casa propia. Es más pobre en esto que los animales, vive en una inseguridad total. No posee más que su misión, que le conduce a la cruz y posteriormente a la  ascensión. Es normal que los suyos no lo reciban. Comentando la conducta de los tres, dice  San Agustín, este primer hombre sigue sus intereses pues cuando dice: te seguiré adonde vayas; se expresa con claridad el interés personal. Por eso Cristo le responde: «…las zorras tienen guaridas…pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza…»; en otras palabras le hace presente que Él descansará en la cruz, que no es el interés de éste primer hombre (Sermón 100).

59-60. A otro dijo: «Sígueme.» Él respondió: «Déjame…»  Este posible discípulo que es invitado a seguir de cerca al Maestro quiere oír la llamada, pero no inmediatamente; piensa en un tiempo más oportuno, porque le retiene un asunto familiar. Pone la condición de enterrar primero  a sus padres, y el Señor le contesta: «…deja que los muertos entierren a sus muertos…». Los muertos son los mortales que se entierran unos a otros; Jesús está por encima de la vida y de la muerte. Según San Agustín, reflexionando sobre este segundo hombre, dice: «…este es un judío piadoso que quiere cumplir el mandamiento…», pero Cristo le invita a poner en primer lugar a Dios mismo, porque en el seguimiento ante la llamada de Dios no se antepone el amor de los padres; por eso la respuesta de Cristo: «…deja que los muertos entierren a sus muertos…»; porque el anuncio del Reino de los Cielos es tan imprescindible que hará salir a los muertos de sus sepulcros (Sermón 100)

9, 61-62 También otro le dijo: «Te seguiré, Señor…» El tercer hombre quiere despedirse de su familia. El llamado a seguir a Jesús exige una respuesta radical; no hay componenda que valga entre familia y decisión por el reino. La decisión exigida es indivisible e inmediata. A partir de su norma se regulará la relación con la familia y con los demás hombres. Con respecto al tercer hombre San Agustín nos dice: «…te llamó a seguir hacia el oriente y tú te quedas mirando hacia el occidente».
De nuevo la respuesta de Jesús es dura y radical: “Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás, es apto para el Reino de Dios”. Jesús es más exigente que el Profeta Elías cuando éste llamó a Eliseo para que fuera su discípulo (1 Re 19,19- 21). La actitud de Jesús choca con la manera de ser de nuestra sociedad, que busca ser tolerante, dialogante. Aquí Jesús está pidiendo a los que llama a su seguimiento, que la respuesta debe ser de disponibilidad total. No importa la  situación, la  edad, el estado… Seguir a Cristo es una entrega absoluta, nada ni nadie debe ser más importante que Él, pero todos deben queridos en Él.

MEDITACIÓN
¿Cuáles son las exigencias que Jesús nos plantea para poderlo seguir incondicionalmente? ¿Cómo reaccionó Jesús ante el rechazo de los samaritanos? ¿Cómo reaccionó Jesús ante los llamados y autoinvitado? ¿Estoy dispuesto a abandonar todo lo que impide seguirlo? ¿Qué es lo que siento con más fuerza que debo dejar para ir tras Él? ¿Por qué me cuesta tanto ese desprendimiento?

¿Qué da a entender el hecho que Jesús diga: “…los zorros tienen madrigueras, las aves sus nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde descansar la cabeza…”? ¿Cómo debemos interpretar el hecho que Jesús diga: “…deja que los muertos entierren a sus muertos; tú anda a anunciar el Reinado de Dios…”?, ¿de qué manera puedo aplicar esto a mi vida? ¿Qué sentido tiene “…tomar el arado y mirar hacia atrás…”?, ¿en qué circunstancias uno actúa de esa manera? ¿Cuál es el punto del texto que te ha gustado más y que más te ha impresionado? ¿Qué defectos y limitaciones de los discípulos se descubren en el texto? ¿Cuál es la pedagogía de Jesús y que Él usa para corregir estos defectos?

ORACIÓN
Antes que te formaras dentro del vientre de tu madre,

antes que tú nacieras te conocía y me consagré.

Para ser mi profeta en las naciones yo te elegí,

irás donde te envíe y lo que te mande proclamarás.

Tengo que gritar, tengo que arriesgar, ay de mí si no lo hago;

cómo escapar de Ti, cómo no hablar si tu voz me quema dentro.

Tengo que andar, tengo que luchar ay de mí si no lo hago,

cómo escapar de Ti, cómo no hablar si tu voz me quema dentro.

No temas arriesgarte porque contigo yo estaré,

no temas anunciarme porque en tu boca yo hablaré.

Te encargo hoy mi pueblo para arrancar y derribar,

para edificar, destruirás y plantarás.

Deja a tus hermanos, deja a tu padre y a tu madre,

abandona tu casa porque la tierra gritando está;

nada traigas contigo porque a tu lado yo estaré,

es hora de luchar porque mi pueblo gritando está.

CONTEMPLACIÓN

Señor Jesús, Tú inicias tu camino hacia Jerusalén, y lo haces con determinación, con convicción, sabes lo que te espera allá, ya lo habías anunciado, sabías que ibas al encuentro de tu cruz y de tu muerte. Pero fue para eso que habías venido y Tú que fuiste obediente hasta la muerte y muerte de cruz, no te negaste a dar todo de ti. Sabías, que en Jerusalén sería la prueba definitiva, que allí te revelarías tal cual eres, totalmente, manifestando tu grandeza en tu debilidad; tu fortaleza en tu entrega; tu gloria en tu pasión, tu dignidad en tu humillación. Al ver tu manera de ser y de actuar, te pedimos que nos concedas la gracia de aprender de ti, el arte de vivir de acuerdo a la voluntad del Padre, para que Tú puedas actuar en nosotros y nosotros tengamos la plenitud de vida en ti, viviendo como Tú.

Señor Jesús, sorprende tu actitud ante los llamados, como que eres tajante, no aceptas partes, quieres todo, exiges todo, pides confianza total e incondicional. Pero juegas con las cartas sobre la mesa, en otras oportunidades hablabas de tomar la cruz y seguirte, ahora dices que Tú no tienes ni donde reclinar la cabeza, para que nadie se ilusione en hacer fortuna material al seguirte. Pero además pides desprendimiento de los vínculos familiares para que seas Tú el único sentido de la vida y al asumir este camino no quieres que uno viva con un pie en tu camino y con el otro en el pasado, nos pides cortar con todo lo vivido y comenzar una nueva vida en ti, por ti y para ti. Señor, eres exigente, por eso, sé Tú el que nos des la gracia de responderte como Tú quieres que lo hagamos.

Señor, nosotros que ya estamos en tu camino, que ya hemos tomado el arado, que ya estamos siguiendo tus surcos, que estamos buscando identificarnos contigo, que sabemos lo que implica seguirte, que hemos experimentado tanto tu cruz como la alegría de darte a conocer, te pedimos que nos ayudes a que cada vez más, miremos hacia ti, que nos fijemos en tu propuesta de amor, que vayamos aprendiendo de ti, a vivir como Tú. Por eso, Señor, te pedimos que nos des tu Espíritu Santo para que nos fortalezca en tu seguimiento y así no seamos nostálgicos de lo que hemos dejado, sino que con alegría busquemos identificarnos cada vez más contigo, haciendo vida tu Palabra, dándola a conocer con nuestras actitudes, con nuestras disposiciones.

ACTUACIÓN O PROPÓSITO
– Sentirse comprometido a seguir a Cristo, cuando palpas interiormente que te está llamando a servirle libre y generosamente

– Analizarme a fondo qué me está pidiendo que deje para ir a cumplir su misión evangelizadora.

– Tomar conciencia que ser Testigos de Cristo es una gloria, pero no una vanagloria.[fb_button]

Fray Víctor García Cereceda OAR