14La Pascua está marcada por la alegría y la esperanza. Alegría por el triunfo de Cristo sobre la muerte, por el triunfo del amor sobre el odio y el pecado. Alegría porque  Jesús sigue vivo, presente en la historia y en nuestras vidas, llenándolas de sentido y de paz. Alegría de todos, alegría comunitaria, porque es contagiosa y celebrativa. Es lo que hemos vivido de manera especial en la celebración de la Vigilia Pascual y la incorporación de cuatro adultos a la Iglesia por el sacramento del Bautismo y ocho confirmados en el Espíritu. Y también en el día de Pascua, el día más grande del año para nosotros.

La Pascua también es la fiesta de la esperanza, porque todo lo experimentado por Jesús, su muerte y su resurrección, es prenda de lo que vamos a vivir nosotros.Mejor, ya lo estamos viviendo desde que fuimos bautizados, por eso podemos decir con San Pablo que “estamos salvados en esperanza” (Rm 8,24).

De la vida nueva que nos da la Pascua nació también la alabanza. Por ello, nuestro Padre San Agustín dirá que “la obra más excelente del hombre es alabar a Dios” (Com. Salmo 44). El canto del aleluya es el gozo del alma por tres hechos que la afectan: la Resurrección de Jesús, la espiritual del alma que ha recibido el Bautismo, y la futura resurrección de la carne. Con esta esperanza cantamos el Aleluya. Y esta esperanza diariamente “nos amamanta, nos nutre, nos fortalece y nos consuela en esta vida laboriosa” (Sermón 255,6).

Como comunidad parroquial celebramos la alegría pascual unidos al Papa Francisco y a nuestro Arzobispo Carlos, caminando juntos hacia la Jerusalén celestial, donde serán colmadas nuestras esperanzas.

Preparemos con esmero nuestra fiesta patronal como un fruto maduro de la Pascua de Jesús. Que Santa Rita sea nuestro ejemplo de vida cristiana: del amor como motor de nuestras vidas y del perdón como la llave de una convivencia pacífica y armoniosa en nuestras familias.

Un abrazo pascual para todos.

Ignacio Reinares

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