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Creo que merece la pena volver a repasar, revivir, hacer memoria, rescatar lo expresado y experimentado en la misa del Papa Francisco. Me fijaré en las cuatro formas de presencia de Cristo en la misa.

  1. Cristo, presente en la asamblea. Donde haya dos o tres reunidos en mi nombre, allá estaré yo en medio de ellos, y lo que pidan, el Padre se lo concederá. Está Cristo porque él desea la unidad y comunión de sus discípulos, el bien de la Iglesia para que así el Padre tenga su pueblo, se cumplan sus deseos de que todos tengan vida en abundancia… Se pide lo esencial de la Iglesia: por eso está garantizada la presencia de Cristo y el cumplimiento de los deseos del Pueblo de Dios.

En la misa de Las Palmas resplandecía con inusual esplendor la imagen de la Iglesia Católica, o universal, representada por el Vicario de Cristo, el Siervo de los siervos de Dios, los cardenales del Perú y de otras iglesias, los obispos y presbíteros de casi toda la Iglesia que peregrina en Perú, religiosos y religiosas de diversas congregaciones, instituciones, cofradías, movimientos apostólicos, gente adulta, jóvenes, adolescentes… de todas las clases sociales, de todos los partidos políticos, de distinta formación y cultura… Todo con la misma fe y los mismos intereses, pidiendo la unión, la comunión de toda la Iglesia y de la sociedad, rogando por los enfermos, los ancianos, los encarcelados, los difuntos…

Se percibía la presencia del Espíritu que da el mismo sentir a todos, el mismo querer, la misma súplica, los mismos deseos… Todo formábamos el Cuerpo de Cristo, la Iglesia; el Pueblo santo de Dios congregado a imagen de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu. Con un mismo Espíritu y un mismo canto de alabanza, de súplica, de admiración por la presencia de Dios en la asamblea santa, pueblo sacerdotal…

  1. Cristo, presente en el ministro presidente, el celebrante principal, el Papa Francisco. Él le daba visibilidad a Cristo, primero por su condición de vicario de Cristo, tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y segundo porque preside la asamblea santa en nombre de Cristo, en representación de Cristo, en su nombre, en su persona: Esto es mi cuerpo… La paz esté con ustedes…

El Papa Francisco le prestaba a Cristo su humanidad, y le daba un rostro, una cara concreta. Y junto con él, también los concelebrantes, obispos y sacerdotes y todos los fieles… El Papa, los obispos y los presbíteros deben ser imágenes y réplicas vivas de Cristo. Otros cristos, vivientes. Gozan del ministerio sacerdotal. Los fieles participan del sacerdocio real de Cristo, deben reflejar a Cristo que transforma todas las realidades creadas y las lleva al Padre por la santidad y la justicia…

Los laicos se integran en la asamblea santa para constituir la ofrenda grata al Padre que ofrece el mismo Jesucristo por manos del Ministro sagrado y la misma asamblea se ofrece con Cristo, en el poder del Espíritu. Los laicos y los sacerdotes se sienten confirmados en su fe por el ministerio “petrino”: y tú, cuando te recobres, confirma a tus hermanos en la fe… Quien a ustedes escucha, a mí me escucha…

El Papa representa a toda la Iglesia extendida por todo el mundo, es la universalidad de la Iglesia, la catolicidad

  1. Cristo se hace presente por la proclamación del Evangelio: Obras y palabras del mismo Jesús. Gloria a ti, Señor Jesús.

El comentario homilético del Papa tiene un alcance inigualable, único porque tiene la gracia específica del ministerio petrino: de universalidad y de confirmar en la fe y en las buenas costumbres a todos los miembros de la Iglesia. El Papa está iluminada por esa designación personal de Cristo y también porque tiene la visión global de toda la Iglesia y sus necesidades más urgentes, más importantes, más necesarias para que sea sal de la tierra y luz del mundo ante todas las naciones.

Aparte de los aspectos numéricos, cuánticos… nos topamos con la gracia especial dada por Cristo en razón del bien de la Iglesia y del mundo entero como tal: su gracia es un carisma, es un dos para los demás… no dado en razón de la santidad personal sino en razón de la utilidad y conveniencia de la Iglesia y del mundo entero…

Y esto en los tres aspectos de la homilía: exégesis de la Palabra; aplicación de la Palabra al hoy y aquí de la Iglesia y del mundo, y también en la celebración mistérica, en la sacramentalidad concreta de la celebración… en lo más nuclear o esencial de la Iglesia.

La proclamación de la Palabra por parte del Papa no sólo mueve y transforma la asamblea concreta y puntual, sino que, de alguna manera, influye y se proyecta en la Iglesia universal por la comunión de los santos, y así la comunión eucarística de los “presentes” también recibirá un toque y una proyección más allá de lo fáctico-histórico.

  1. Presencia de Cristo en las especies de pan y de vino. La comunión en el clímax de la celebración, del encuentro personal y comunitario con Cristo vivo, glorioso y presente en su Iglesia, en el cosmos, en la historia.

Los que comulgan se intercomunican esencialmente para formar el Cuerpo del Cristo. Toman lo que son, reciben lo que son, para llegar a serlo de verdad, ser el Cuerpo de Cristo en el tiempo y en el espacio, para darle visibilidad a Cristo en la historia para gloria de Dios y salvación de los hombres.

Y esos hermanos con los que entramos en comunión están presentes en la celebración eucarística y están extendidos por todo el mundo, por toda la Iglesia que es representada por el Papa Francisco, vicario de Cristo en la tierra.

Tomamos todos del mismo pan único y partido para ser un solo pan, una misma asamblea santa en todo el mundo, alimentada por el mismo Cristo y guiada por el mismo Espíritu de la verdad y la santidad. Glorifiquen a Dios con su vida… Vayan en paz y vivan lo que han celebrado.

Ismael Ojeda O.A.R.

 

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