DOMINGO IV DE ADVIENTO

Ciclo “B”                                                                                                                                        24 de  diciembre del 2017

María

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Hablé de ella en la homilía del domingo pasado, decía de ella que brilla con luz propia en todo el acontecimiento del nacimiento del Hijo de Dios en Belén, porque es la llena de gracia, de la que dice el ángel Gabriel: El Señor está contigo e Isabel la proclama bendita entre todas las mujeres. Adornada de toda esta belleza espiritual, los es porque está destinada a ser la Madre del Hijo de Dios, Jesús.

¿Cómo respondió Marita a la elección? Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humildad de su esclava (Lc 1, 47-48).

Elegida y engrandecida por Dios, reconoce que todo es don de Dios y, si le llamarán dichosa todas las futuras generaciones, lo es por la gracia de Dios. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, ¿por qué? Porque el Todopoderoso ha hecho obras grandes en mí, dice (Lc 1,48-49). La humildad no consiste el achicarse, en no reconocer las cualidades de que tenemos, es reconocer que no son nuestras, que son don de Dios y no debemos apropiarnos de ellas sino ponerlas al servicio de los hermanos.

Textos bíblicos

  • 2Samuel 7, 1-5,8b-12. 14ª-15: Tu casa y tu reino se mantendrán permanentemente en mi presencia y tu trono permanecerá para siempre. El rey David es considerado con razón el mejor rey de Israel. Fue un gran guerrero, un gran y honesto político, buscando la primacía de Dios sobre todo y el bien de su pueblo; no fue perfecto, más bien cometió grandes errores y pecados, más supo reconocerlos y hacer penitencia ante Dios y el pueblo. Después de tantas décadas de guerras, llegó la paz y el rey se construyó un palacio en la ciudad de Jerusalén. Hombre religioso al estar cómodamente en su casa, el rey percibió que el Arca de la Alianza, signo de la presencia de Dios en medio del pueblo, estaba en una tienda de campaña de un lado para otro. Piensa, entonces, construir en la ciudad un templo que llamase la atención de todos por su magnificencia y belleza, porque a Dios había que darle lo mejor. Dios le hace ver por medio del profeta que no iba a ser él quien construye el templo, sino su hijo Salomón. Para que su hijo pidiese hacerlo lo mejor posible, buscó y con siguió maderas y metales preciosos para construirlo. La liturgia ha escogido esta lectura porque hace referencia a que el Padre busca una casa para que tomase su Hijo la carne humana, esa casa es el seno virginal de María, la Madre.
  • Salmo 88, 2-5.27-28: Cantaré eternamente las maravillas del Señor. El salmo 88 canta el amor de Dios son su pueblo, es un amor fiel con el pueblo elegido libremente por él. En ese misterio de amor está lo que será la redención de todos los hombres por el Mesías.
  • Romanos 16,25-27: Este es un breve y profundo texto de la fe del apóstol Pablo que es la nuestra. Jesucristo centra todo el plan de salvación sobre los hombres que tiene Dios, a quien sea la gloria por siempre a través de Jesucristo. Amén.
  • Lucas 1, 26-38: Soy la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Este relato de la Asunción es muy especial, para mí como un no de los más hermosos de los evangelios que une lo humano y lo divino. Recomiendo leerlo pausadamente, palabra por palabras, gustando de cada una de ellas, gozando del mensaje del ángel Gabriel, de las actitudes de María, desde la expectación ante las palabras que le dicen, me la imagino ruborizada ante tan hermosas palabras de Gabriel, terminando confiando totalmente en Dios.

Prontos para escuchar y obrar

Sí, siempre dispuestos a la acción de Dios, como María. Él sale a nuestro encuentro de muchas maneras y llamarnos a una misión concreta. En cualquier momento y circunstancia Dios nos puede pedir salir de la rutina y llegar a vivir una experiencia que nunca la pensábamos vivir.

Como discípulos de Cristo en una comunidad suya es donde está nuestra llamada primera es a servir desde dentro de ella, después está la vocación al matrimonio, al sacerdocio, a la vida consagrada… pero lo principal es que yo, hombre o mujer, lo sea íntegramente según la fe en la que creo. Con María hay que decir siempre: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad, como Jesús lo hizo en la oración del huerto: Padre… no se haga mi voluntad, sino la tuya…

Oración    Tú escuchaste la palabra de Dios, la acogiste con fe y con confianza en el Creador. Y la creaste como seno virginal de la concepción de tu Hijo.

Tú, María, que no solo acogiste la persona de Jesús, sino también su obra redentora,   eres su madre y el madre nuestra,

Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios…