DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO                         Ciclo “A”                                                         2 de julio del 2017

Acogida

Es alabada la hospitalidad en el Antiguo Testamento, como uno de las formas de servir y venerara a Dios. Es hermoso leer el relato de Tobías, que recomiendo hacerlo. La tradición cristiana asumió esta realidad de hermosa caridad y la marcaron en la edad media en las obras de misericordia, ya que en una de las siete corporales nos dice: Dar posada al peregrino.

Recibimos de los medios de comunicación las noticias de la falta de acogida  que hay en nuestro mundo para recibir a los excluidos por la pobreza o por cuestiones políticas, buscando un porvenir en otros países. El problema se acentúa cuando para salir de su país caen en manos de la mafia; les entregan a veces todo lo que tienen  y después son dejados a su suerte en pateras en medio del mar Mediterráneo o en la frontera de México con Estados Unidos. Estando en el Perú me tocó a ayudar a un caballero que había dado todo lo que tenía a los traficantes y lo dejaron en Costa Rica. Volvió a Lima como pudo y a comenzar su vida desde cero.

Los países desarrollados están hablando mucho y haciendo muy poco por solucionar estos gravísimos problemas, no solo es cuestión de abrir las puertas a los migrantes, es algo mucho más importante, desarrollar la economía en esos países de origen para que no tengan que migrar.

Y, ¿yo?

El problema de los desplazados, refugiados políticos, etc. lo vemos normalmente a distancia. ¿Qué puedo hacer yo? Y, ¿tú?  Debemos  interiorizar los problemas de esa gente, para que, concienciados, busquemos caminos de ayuda desde mi situación concreta. ¿Y yo apartado de casi todo por la enfermedad? No puedo quedarme indiferente, pues dice el dicho, o soy parte de la solución o soy parte del problema. Pero, ¿cómo ayudar? Acercándome a todos con sencillez, ternura… cuando pueda orar, hacerlo con sencillez y humildad, llevar con paciencia los avatares de mi enfermedad, aguantar a todos, sonreír, sonrisa que brota de un corazón que siente en la presencia del Espíritu en él.

Textos bíblicos

  • 2Reyes 4,8-11,14-16ª: Para que se aloje en ella cuando viene a visitarnos.
  • Salmo 88,2-3.16-19: Cantaré eternamente las misericordias del Señor.
  • Romanos 6, 3-4.8-11: Por el bautismo somos sepultados con Cristo, a fin de participar en su muerte.
  • Mateo 10, 37-40: El que recibe a uno de vosotros como si me recibiera a mí.

Iluminación bíblica

Denunciar por denunciar es muy cómodo, despotricar contra todo y contra todos, también; es lo que abunda en toda sociedad y nación, lo mismo sea de política que de fútbol. Normalmente es caer en la condenación y así querer  ser juez. ¿Cuántas condenas realizan los medios de comunicación social de personas echándoles crímenes que después no pueden probar y que salen limpios del juicio que les han hecho? Eso es pura y sinoplemente calumniar.

La Palabra de de Dios denuncia muchas veces en el Antiguo Testamento el mal comportamiento de reyes y del pueblo, pero los profetas al mismo tiempo anuncian la salvación, indicando los medios para salir de la maldad.

Al detectar un problema, un crimen – la corrupción en los gobiernos, abusos, injusticias… – debemos pensar en nuestros robos: entro a una tienda y compro algo y me dicen: ¿Sin IGV (IVA en España)?,  y digo sí y me voy tan contento. ¿Quién paga los servicios comunes de la nación? Sí, dirás, papá gobierno, ¿pero acaso tiene una vaca lechera que da leche sin alimentarla? Pido mejores servicios en el país y ¡no pago impuestos! Además, existe la solidaridad como virtud necesaria: los que más tienen,  que den más al fondo común de la nación.

  1. La sunmanita y su esposo acogen al profeta Eliseo; Dios premia la actitud de los esposos: El año que viene por estas mismas fechas, abrazarás a un hijo.
  2. El seguimiento de discípulo a Jesús pide renunciar a muchas cosas: la atención a los padres, por ejemplo, debe estar después de lo exige seguir al Maestro. Y, ¡quede bien claro! No es no atenderlos, sino atenderlos en Cristo. Porque toda nuestra vida tiene que estar centrada en Dios, bajo ningún aspecto en otro centro (a veces los tenemos, y más de uno), por eso, el texto bíblico para mí fundamental es: Escucha Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con toda tu alma y todas tus fuerzas (Deut 6,4-5). Porque hay un solo Dios y de él dependemos en todo, nuestro amor debe centrarse en él. Al hacerlo nos da la verdadera libertad, capacitándonos para acoger a todos en Dios: al bueno o al malo, al rico o al pobre, al que no piensa como yo, al que se dice mi enemigo… Porque es compartir. Jesús descendió a nosotros y compartió nuestra frágil vida, fue un desplazado en Belén, en la huida a Egipto… Se identifica con el hambriento, el sediento, el enfermo… en cualquier desplazado. Al acoger y ayudar a uno de estos, es al mismo Jesús a quien acogemos. Escena del juicio final Mateo 25.
  • La segunda lectura de la carta de san Pablo a los romanos nos presenta el hecho fundamental de nuestra fe: por el sacramento del Bautismo  nos unimos a la muerte de Cristo para resucitar con él. Tenemos la nueva vida de los hijos de Dios. Nuestra meta es la resurrección junto a nuestro Salvador, Cristo Jesús.

En la vida y en la muerte

Leo algo que pude tener sentido en lo que vengo diciendo: Escribo en mi corazón los nombres de personas y de situaciones que requieren mi atención, mi cuidado: persona solas, migrantes desplazadas…

Pido en mi oración que el buen Dios me dé un corazón tan grande en el que quepan todos: amigos y enemigos, conocidos y desconocidos, de mi religión o de otra, de mi raza o de otra… Todo hombre es mi hermano, que nunca pierda, Dios mío, este punto de vista; que lo crea y lo realice. Termino con tus palabras, querido Jesús; lo que hicisteis con uno de estos mis pequeños, conmigo lo hicisteis.

Dame, Señor, la fuerza de tu Espíritu para obrar conforme a tu voluntad. Amén.