EL CUERPO Y LA SANGRE DEL SEÑOR JESÚS         Ciclo “A”                                                                                                                                         

 18 de junio del 2017

La EUCARISTÍA  entre los siete sacramentos de la Iglesia es el principal, pues en los seis restantes se da la gracia divina especial para uno de los sacramentos, mientras en la Eucaristía se nos da el mismo autor de la gracia, Cristo Jesús. Es un sacramento en el cual se nos da la totalidad de la vida: El que come mi carne tiene vida eterna, y yo lo resucitaré el último día (Jn 6,44). Por eso, es necesario cumplir y participar en el mandato de Jesús: Haced esto en memoria mía (Lc 22,19).

Los sacrificios en la Biblia

Llamamos a la Eucaristía “Sacrificio” redentor de Cristo, porque en ella realizamos la Cena de Jesús en el Cenáculo con sus apóstoles. Es “memorial”, porque realizamos en la misa  lo mismo que aquella noche, es como  estar nosotros en aquella última Cena, pues el tiempo es nuestro, pero lo perfecto es eternidad, Cristo murió en la cruz en la eternidad, por lo mismo su sacrificio es único y eterno (san Pablo en sus cartas, la carta a los hebreos). Para conocer mejor este sacrificio de Cristo nos fijamos en los sacrificios en la Biblia.

  1. En el Antiguo Testamento se especifican distintos sacrificios, pero nos importan dos:
    1. El llamado holocausto. Consistía en ofrecer una víctima propiciatoria en honor de Yavé, el nombre hebreo de Dios, que lo hacia el rey, los sacerdotes, un oferente (s) y era un toro o un carnero normalmente. La palabra holocausto en su origen es que se quemaba en el fuego de los sacrificios toda la víctima entera, con huesos y todo.
    2. El sacrificio llamado de comunión en el que en honor a Yavé se ofrecía una víctima, toro o carnero, normalmente igual que en el anterior. ¿La diferencia? En este se quemaba en el altar la mitad de la víctima y la otra parte la comían el oferente (s) y normalmente con su familia. Era unirse con una misma víctima a Dios, de ahí comunión, o sea, unión común. Lo hermoso es que Creador y criatura participaban en la misma víctima.
  2. En el Nuevo Testamento hay un solo sacrificio: el de Cristo en la cruz. Jesús, cuerpo entregado y sangre derramada por nosotros, realiza un verdadero sacrificio de holocausto, que recalca con una de sus últimas palabras; Todo está cumplido, satisfaciendo plenamente la voluntad del Padre. En la última Cena adelantó este sacrificio: esto es mi cuerpo, esta es mi sangre derramada por vosotros. Pues queda bien claro que Jesús en la última Cena se nos da como sacrifico de comunión de su entrega en la cruz. Es el único sacrificio y perpetuo, es de comunión, o sea, unión de Cristo y el fiel discípulo suyo. Es único sacrificio posible e irrepetible: Cristo se ofreció una vez para quitar el pecado de todos (Hbr 9,25).

Textos bíblicos

  • Deuteronomio 8,2-3. 14b-19ª: Te alimentó con el maná que tú no conocías. Y afirma Jesús: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo, sino mi Padre; porque Jesús afirma que es más que el maná, pues los que comieron del mamá, murieron, pero el que come del maná que él da, tiene su misma vida: Yo soy el pan de vida (Jn 6,32.35).  
  • Salmo 147, 12-15.19-20: Glorifica al Señor, Jerusalén.
  • 1Corintios 13,10-17: El pan que partís, ¿no es el cuerpo de Cristo?
  • Juan 6, 51-59: El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día.

Comentarios bíblicos

La palabra de Dios en este domingo: la Iglesia, o sea, cada uno de nosotros vive en camino  y cada uno necesita alimento. En este caso, espiritual, Cristo – el buen Pastor ­– se hace nuestro alimento. Él que es el camino, la verdad y la vida, es nuestro alimento: Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna. ¡Qué alegría poder compartir el Cuerpo y la Sangre de Cristo en la eucaristía dominical (día del Señor)  y en otras ocasiones! Haced esto en memoria mía (Lc 22,19).

  • Vida: pregunto ¿qué lugar ocupa Cristo en mi vida? ¿Creo en él como alimento y cuándo participo de él? A veces he oído decir: No son mejores los que van a misa, que los que no van. Confieso que choca mucho escuchar esto, pero pensando… hay quienes van a misa y no sé cómo participan en ella, pero salen igual… sin compromiso por ser mejores. Hay cristianos que comulgan sin tener en cuenta la unión entre ella y la vida cotidiana. Nada nos debe ser ajeno, sino más bien llevar todo a nuestras eucaristías y comuniones.
  • No puede haber Eucaristía sin fraternidad. ¿Hasta dónde y cómo nos compromete? ¿Puedo ir a la celebración eucarística sin sentirme unido a Cristo y a los hermanos? Participar en la eucaristía es compromiso con el mundo en trabajar en él por la paz, la justicia y el amor fraterno.

Esta fiesta

De la institución de la Eucaristia su día propio es el Jueves Santo, Cristo en ese día no solo adelantó su entrega por nosotros, sino que, además, instituyó el sacerdocio para que se celebrase a perpetuidad su memorial (la Eucaristía). En plena Semana Santa como  que esta celebración el Jueves Santo no adquiría todo su significado y, por ende, en la Edad Media hubo todo un movimiento de Adoración al Santísimo (al Amo, como en muchas partes del Perú, se le invoca) con solemne culto público y procesiones

Oración

El santo Cura de Ars, que pasaba horas y horas en el templo delante del Santísimo, afirma: ¡Qué consoladores y suaves son los momentos que paso ante el Dios de bondad!

Y, ¿yo? Aquí sí tengo que decir más que nunca: Señor, sí creo, pero aumenta mi fe. Porque reconozco mi tibieza al acercarme a la Eucaristía y al revivirla, pues tenía que provocar en mi un gran incendio de fuego de amor.

Señor, al verme tan limitado por mi enfermedad, ha hecho que me acerque más a ti; no buscando consolación, sino buscando dar sentido a mi enfermedad que tanto me limita. Pienso que tú te quedas solo en el sagrario esperando que lleguen almas sedientas de ti, a veces solo estás, solo… ni el párroco te visita.

¡Cuándo aprenderemos a buscarte de todo corazón! Necesito de ti, ahora más que nunca, para convertir el fastidio de mi enfermedad y la rutina de mi tratamiento en acción de gracias a ti Dios y de unión a los hermanos, especialmente a todos los enfermos. Señor, recibe mi humilde agradecimiento.

¡Pan del cielo, pan para nuestro caminar, Señor Jesús! Que mi vida esté cada más unida a ti y en ti a los hermanos. ¡Ven Señor, Jesús!