DOMINGO IV DE CUARESMA, CICLO A

free.re.co.ukORACIÓN INICIAL

Ven, Espíritu Santo a nuestras vidas. Te necesitamos porque Tú vienes a ser como la luz de nuestros ojos, para que podamos centrar la atención en los verdaderos valores de la vida. Sin tu presencia estaríamos en la oscuridad y sombra de muerte, seríamos ciegos e incapaces de ver nada del proyecto de Dios Padre. Tú eres el que haces resplandecer en nuestros corazones una nueva vida, una nueva ilusión. Con tu presencia sabremos discernir entre el bien y el mal, sabremos conducirnos por la senda que lleva a la Verdad. Tú, que te diste a conocer como luz del mundo, diste la luz a los ojos a ese hombre que era ciego de nacimiento, pero no solo le hiciste ver, sino que además le diste la luz a su alma, dándole el don de la fe. Así Señor, de la misma manera te pedimos que nos ayudes a nosotros, a creer en ti, a confiar y esperar en ti, para que Tú también puedas manifestarte en nosotros y viendo lo que Tú has hecho en nuestras vidas, podamos dar testimonio de ti, anunciándote y dándote a conocer con nuestra vida. Por Cristo Nuestro Señor.

LECTURA DEL EVANGELIO. Juan 9,1-41 (En forma ABREVIADA).

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento.
Y sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?». Jesús contestó: «Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo». Dicho esto escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)». Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: « ¿No es ése el que se sentaba a pedir?». Unos decían: «El mismo». Otros decían: «No es él, pero se le parece». Él respondía: «Soy yo». Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo». Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado». Otros replicaban: « ¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?». Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?». Él contestó: «Que es un profeta». «Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?». Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: « ¿Crees tú en el Hijo del hombre?». Él contestó: « ¿Y quién es, Señor, para que crea en él?». Jesús les dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es».
Él dijo: «Creo, señor». Y se postró ante él.

Contexto
hqdefaultNo olvidemos que en este ciclo A la liturgia dominical, la liturgia nos hace recorrer un verdadero itinerario bautismal: el domingo pasado, Jesús prometió a la samaritana el don del “agua viva”; hoy, curando al ciego de nacimiento, se revela como “la luz del mundo”; el domingo próximo, resucitando a su amigo Lázaro, se presentará como “la resurrección y la vida”. Agua, luz y vida: son símbolos del bautismo, sacramento que “sumerge” a los creyentes en el misterio de la muerte y resurrección de Cristo, liberándolos de la esclavitud del pecado y dándoles la vida eterna. A este es el domingo también se le suele dar el nombre de domingo de la “Luz” y de la “Alegría”, que es como una pausa refrescante en arduo camino en el desierto cuaresmal. En él se realizaban los segundos escrutinios a quienes serían bautizados en la Vigilia Pascual.

TEXTO
En este largo comentario de San Juan hallamos una catequesis perfectamente descrita. Son diferentes los pasos que se dan hasta llegar a la confesión plena. En primero lugar descubrimos que Jesús viene al encuentro del ciego de nacimiento, que no le pide ningún favor, salvo alguna limosna como pedía a todos. Dios tiene la iniciativa en la llamada a la conversión para sanarnos de nuestras dolencias, de dónde estamos y de dónde debíamos estar, y así entrar en la plena comunión con Él. Los discípulos vieron a un ciego, y por detrás del ciego vieron el “pecado”. Jesús vio un ciego, pero no vio en esa ceguera el pecado o un castigo de Dios; más bien, vio que a través del ciego apareciese su misericordia y compasión.

Veamos con más detención el proceso de conversión del ciego de nacimiento. Solo en dos de los momentos Jesús dialoga con el ciego-mendigo: cuando lo cura y en la confesión final, adoración. En el intermedio el ciego va madurando un camino de progresivo descubrimiento de Jesús. Sus confesiones son sinceras, sabe lo que dice y no teme las represalias que pueden venirle. Primeramente la confesión la hace ante la gente que le pregunta: un hombre llamado Jesús me ha curado; luego ante sus familiares, quienes no lo defienden ante las autoridades, temen las consecuencias, posteriormente ante los fariseos. Los interrogatorios formales terminan con la expulsión de este hombre de la sinagoga, de la comunión de fe con sus hermanos hebreos.

Progresivamente va dejando claro que el ver físico no lo es todo. El ciego de nacimiento va comprendiendo, va abriendo los ojos del conocimiento de quién es aquél que lo ungió con barro y lo mandó a lavarse a la piscina de Siloé. El suspenso culmina con el segundo encuentro de cara a cara con Jesús: por fin lo identifica plenamente y lo adora, hasta comprender quién es Jesús, expresarle su fe y, finalmente, sumergirse en adoración.

Pero el relato también contiene una parte dolorosa: los que lo rodean van apareciendo sumergidos en la más terrible de las tinieblas. Como dice el mismo Jesús en la conclusión: “Para un juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y lo que ven, se vuelvan ciegos” (9,39). El ciego de nacimiento no sólo abrió los ojos, sino que también descubrió una ruta definida para su existencia: la persona de Jesús de Nazaret.

Al llegar a la conclusión del relato escuchamos a Jesús decir que vino para un juicio: “Para un juicio he venido a ese mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos”. Unos lo acogen y aceptan su ayuda, se dejan abrir los ojos y otros lo rechazan, creen saber todo acerca de él y se vuelven verdaderamente ciegos. “¿Es que también nosotros somos ciegos?”. Por su parte, Jesús califica su actitud de “pecado”: “Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero, como decís: ‘Vemos’, vuestro pecado permanece”. El ciego, lavó los ojos en la piscina cuyo nombre quiere decir ‘Enviado’, por tanto fue bautizado en Cristo. Si, por tanto, Cristo lo iluminó cuando de algún modo lo bautizó en sí mismo, tal vez se pueda decir que cuando le ungió los ojos lo hizo catecúmeno” (San Agustín)

MEDITACIÓN

¿Qué es lo que más me ha impresionado de cuanto relata la curación del ciego de nacimiento? ¿Guarda alguna relación con mi vida? Para él fue una fuerte experiencia de Dios, que cambió toda su vida. ¿Podría recordar la experiencia de Dios más fuerte que he tenido, que me ha cambiado la vida, que me ha dado una nueva relación con el Señor, que ha sido como un recuperar la vista y así ver las cosas desde Dios?

Los padres del que fue ciego, reconocieron que él era su hijo y que había nacido ciego. Pero tuvieron miedo de dar testimonio y de contar lo que había sucedido con él, por eso, dijeron, que le preguntaran a él, lo que había sucedido. Y yo, a la hora de dar testimonio, de hablar de mi fe, ¿tengo vergüenza de hablar de lo que creo?, ¿siento respeto humano de decir era ciego, pero ahora veo?, ¿tengo reparos de hablar de lo que proclama la fe católica y de todo lo que eso implica? Si alguna vez tengo la oportunidad de defender una posición, donde la fe de la Iglesia es clara, como es el matrimonio, la natalidad, el aborto, la justicia social, ¿hablo de lo que creo o permanezco en silencio, ¡para no crear enfrentamientos!, callando así mi fe?, ¿cómo reacciono en los momentos donde debo dar a conocer lo que creo?

Jesús, cuando se volvió a encontrar con ese hombre que nació ciego, pero que ahora veía, le pregunta, si cree en el Hijo del Hombre. El que fue ciego, se postró ante Él y así lo reconoció como Dios verdadera: creo, Señor… Y yo, ¿de qué manera manifiesto y expreso mi fe en el Señor?, ¿qué hago para que se note mi fe?, ¿con qué actitudes demuestro aquello que da sentido a lo que creo?, ¿se nota que soy una persona de fe?, ¿en qué, de qué manera?

ORACIÓN

Padre Santo, toda nuestra esperanza está en tu gran misericordia. Te damos gracias y bendecimos tu nombre. Que tu Espíritu abra nuestro corazón a la conversión; una conversión que nos una a Jesús, que transforme nuestro modo de pensar y de vivir.
Concédenos la gracia de ser creadores de comunión, que seamos transmisores de tu paz en la Iglesia y en el mundo. Haznos sensibles a las necesidades de los que viven sin fe, que estemos cerca de los que sufren y de los pobres. Danos humildad y disponibilidad para seguir a Jesús. Que él llene nuestra vida de esperanza, que nos llene de amor a ti. Infúndenos, Padre, tu Espíritu, para responder con alegría a tu llamada a la santidad.

CONTEMPLACIÓN

Volvamos a situarnos en la posición del ciego de nacimiento y a experimentar sus propios sentimientos. Él, desde el comienzo reconoció ser ciego, precisaba de la vista, y se sometió gustosamente a cuanto Cristo le sugirió. Y consiguió lo que él buscaba, y mucho más de lo que ni siquiera pasaba por su imaginación. A su lado había muchos que se consideraban sanos, pero eran los verdaderos ciegos: público, autoridades religiosas, sus propios padres…tal vez ahí también estaba yo, que no sentía la necesidad de que se me devolviera la vista. Y así como el Señor se mostró compasivo con el ciego que lo acogió, el Señor irrumpe en nuestras vidas.
Y puedo pensar cuanto ha hecho cada uno, que antes éramos ciegos, y ahora vemos. Nacimos ciegos por el pecado, pero fuimos llevados a la Fuente de la Vida, a la nueva Siloé bautismal. Más adelante hemos regresado a nuestra ceguera primera, pero la Reconciliación nos ha devuelto la vista. En la actualidad hallamos personas, instituciones, acontecimientos que intentan que volvamos a la ceguera, pero la perseverancia en la oración, el apreciar la vista del más allá, nos lleva a renovar continuamente nuestra adoración en la Eucaristía, presencia real Jesucristo, vivo y resucitado, el Señor de la Vida.

ACCIÓN.
Si todavía siento que soy ciego, pedirle insistentemente al Señor que nos dé la luz. Y no temer comunicar a los demás que antes era ciego, y ahora vemos. Que muchos creen ver, pero su ceguera, es el “gran pecado”: el orgullo. Que nos ayude en esto María santísima, la cual, al engendrar a Cristo en la carne, dio al mundo la verdadera luz.

 

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