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corazones_jesus_maria_smLa humanidad tiene necesidad, hoy más que nunca, de la  bondad divina, del amor y de la piedad. Es lo que recibimos al consagrarnos a los Sagrados Corazones de Jesús y de María y al vivir según la consagración.

Jesús y María, al  demostrarnos su amor, quieren conducirnos hasta el amor desinteresado a Dios y al prójimo, lo cual es la base de la santidad a la que todos estamos llamados. Porque nos aman quieren salvar a la humanidad, que equivocó el camino. Es necesario creer en el amor de ellos dos, confiarles y entregárseles por completo. Cambiarán nuestros corazones para que empecemos a pensar, a obrar y a amar como ellos.

Hasta ahora era usual consagrarse por separado al Corazón de Jesús y al de María. Cada una de estas consagraciones alcanzó su cima en la consagración que realizo el Papa de la Iglesia universal y del mundo entero.

Así el Papa León XIII consagró en el año 1899 a toda la Iglesia y al mundo entero al Sacratísimo Corazón de Jesús y el Papa Pío XII le consagró al Inmaculado Corazón de María toda la Iglesia y el mundo entero en el año 1942. El Papa Juan Pablo II realizó esta consagración al Inmaculado Corazón de María en el año 1984 y en el 2000.

Jesús y María  son una comunidad de amor. Por eso  nos consagramos y nos entregamos a los dos al mismo tiempo.

Por obra del Espíritu Santo fue formado Jesús como hombre con un corazón humano en el vientre de la Virgen María. Los dos Sagrados Corazones estuvieron unidos desde el principio de una manera maravillosa.

El Corazón de María fue el primero en adorar al Corazón de Jesús y el que comprendió más cabalmente la profundidad de su amor.

Ella, como educadora, modeló el Corazón de su Hijo.

En el momento en el que el Corazón de Jesús fue traspasado en la cruz por la lanza del soldado, el Corazón de María sufrió las heridas producidas por la espada de los dolores. En el Corazón de Jesús se refleja el Corazón de su Madre.

El culto al Corazón de María se fue desarrollando en la Iglesia en forma paralela al culto al Corazón de Jesús. La fiesta del Corazón inmaculado de María está inmediatamente después de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, lo que da cuentas de su íntima unión.

 

El fundamento de la consagración

Todos los hombres somos propiedad de Jesús, porque es nuestro Creador y Salvador. Por el bautismo los cristianos somos más suyos todavía. La pertenencia a Jesús debe ser confirmada y esta confirmación debe ser renovada continuamente con nuestra decisión personal a favor de Él. Esto ocurre de una manera privilegiada en la consagración al Corazón de Jesús, siempre que esté  preparada a conciencia.

No somos solamente de Jesús. Somos también de María, ya que ella es nuestra madre espiritual. Al que se entrega a María, ella lo entrega a Jesús. Ella es el camino a Jesús, la mediadora y la intercesora ante él.

Con la Consagración le entregamos a Jesús por María nuestra alma y nuestro cuerpo,

  • el crecimiento espiritual,
  • nuestras oraciones,
  • mortificaciones y nuestras buenas obras,
  • nuestras luchas interiores ocultas,
  • nuestro esmero por la pureza del alma,
  • las cruces de todo tipo,
  • nuestro estado de salud,
  • nuestra familia,
  • a los conocidos y amigos,
  • nuestra vocación y
  • bienes materiales.

En nosotros comienza una nueva vida, formada a imagen del Corazón de Jesús y del de María.

  • Si nos entregamos conscientemente al Corazón de Jesús y al de María, se nos ofrecen también ellos dos de una manera nueva. Se trata de una alianza de dos amores.
  • Al donarnos a Jesús y a María, pasamos a ser su pertenencia y ellos dos cuidarán de nosotros, tratándonos como suyos.

La vida a partir de la consagración

La consagración no es un acto que se realiza una sola vez. Con nuestra vida la confirmamos y la renovamos día a día.

Junto a su Corazón, nuestro corazón vuelve a arder en el amor, se llena de bondad y de amor, siente el anhelo de alcanzar la santidad y comienza a amar desinteresadamente. Solamente el Amor de Dios puede motivar al hombre para un amor desinteresado.

La consagración nos pone en dirección del amor al prójimo. Nuestro apostolado es, en primer lugar, un apostolado de oración y sacrificio y de una vida cristiana ejemplar en el cumplimiento de los mandamientos Divinos y de los preceptos de la Iglesia.

Rezaremos  para que el Reino de Dios se acreciente en las almas. Para este fin aceptaremos también  renunciamientos y mortificaciones.

Principalmente llevaremos con entusiasmo nuestra cruz de cada día  y haremos así actos de reparación a los Sagrados Corazones de Jesús y  de María  por nuestros pecados y por los pecados de toda la humanidad.

NOTA: Recordemos que esta Consagración no es una fórmula mágica que nos va proteger del mal o del sufrimiento. Consagrarnos a los Corazones de Jesús y de María es un acto de amor, de humildad y de sumisión donde nos comprometemos a cambiar nuestras actitudes, a cambiar de vida, a reparar el daño que pudimos haber hecho  y a dar un testimonio fiel de nuestra fe en Jesucristo.

ORACIÓN PARA LA PREPARACIÓN DE LA CONSAGRACIÓN PERSONAL

Sacratísimo Corazón de Jesús, inmaculado Corazón de María, quiero consagrarme y entregarles mi  persona.

Os ruego me ayuden a que en el tiempo de preparación pueda comprender mejor el Amor que tienen hacia mí y que pueda devolver este amor con una oración más profunda y una vida más cristiana.

Me esmerare en rezar con gozo el Santo Rosario y adorar el Santísimo Sacramento. Me esforzare en ser más fiel al Evangelio, a los Mandamientos y a los preceptos de la Santa Iglesia, especialmente al mandamiento del Amor a Dios y al prójimo.

Participare de forma más activa en el sacrificio de la Santa Misa y de la devoción de los primeros viernes y de los primeros sábados de mes. Llena de confianza me refugio en el cobijo de Vuestros amantes Corazones.

Protéjanme en todos los peligros y condúzcanme, una vez acabado el peregrinar terrenal, felizmente a la patria eterna. Amén.

ORACIÓN PARA LA CONSAGRACIÓN PERSONAL

Padre eterno, quiero consagrarme en el Espíritu Santo y ofrecerme a los Sagrados Corazones de Jesús y de María, para ser un hijo tuyo cada vez más entregado y fiel.

Madre María, yo, (nombre), me entrego hoy a tu Inmaculado Corazón. Acógeme bajo tu protección maternal y condúceme a tu Hijo Jesús.

Señor Jesús, a través del Corazón Inmaculado de María me consagro y entrego a tu Sacratísimo Corazón. Haz que mi corazón sea imagen tu Corazón, para que tú vivas cada vez más en mí.

Sacratísimo Corazón de Jesús, Inmaculado Corazón de María, con esta consagración y entrega les devuelvo el Amor que me han demostrado en toda vuestra vida terrenal, especialmente en el Calvario, y que me siguen demostrando aún hoy. A la vez renuevo mi consagración bautismal al Dios trino: renuncio al pecado, al mal y a satanás; creo en todo lo que Dios nos ha revelado y tal como nos enseña la Santa Iglesia Católica.

Prometo cumplir con el mandamiento de Jesús de Amar a Dios y al prójimo, de observar los Mandamientos y los preceptos de la Iglesia y de obrar de acuerdo con la doctrina del magisterio de la Iglesia conducida por el sucesor de San Pedro. Con esto quiero contribuir a la unidad y al crecimiento de la Iglesia. Prometo que rezaré con alegría el Santo Rosario ya sea solo, en familia o en otras comunidades y que, con la devoción de los primeros viernes y de los primeros sábados de mes, haré acto de reparación por mis pecados y por los pecados de toda la humanidad.

Sacratísimo Corazón de Jesús, Inmaculado Corazón de María, ayúdenme a que acoja el Evangelio en mi corazón y a que viva en la fe, en la esperanza y en la caridad. De esta manera Jesucristo, con su santa Cruz y su Resurrección, será para mí el Camino, la Verdad y la Vida. Que el Pan celestial sea mi alimento y que viva del sacrificio eucarístico, para ser capaz de vencer toda clase de mal y optar siempre por la vida.

Lleno de confianza me refugio en el cobijo de vuestros amantes Corazones. Os ruego que me protejan en todos los peligros y condúzcanme, una vez acabado el peregrinar terrenal, felizmente a la patria eterna. Amén.

ORACIÓN PARA DESPUÉS DE LA CONSAGRACIÓN PERSONAL

Sacratísimo Corazón de Jesús, por medio del Inmaculado Corazón de María te ofrezco mis pensamientos, palabras y acciones del día de hoy.

Que, por la intercesión de tu Santa Madre María, toda mi vida esté impregnada de Fe, Esperanza y Caridad.

Así serás para mí, por tu cruz y tu resurrección, Camino, Verdad y Vida. Amén.

 

http://www.virgenperegrina.org/