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                                                                                                                                        12 de febrero del 2017

Hecha la ley, hecha la trampa

Fastidiaba a mi hermana mayor siendo niño y me decían enseguida “eso es malo”: me metía el dedo en la nariz, y también eso “es malo”. Nos educaban en el temor y hasta en el miedo, sin darnos mucha ayuda para distinguir lo que era “malo” moralmente o “malo” por higiene. En esa mentalidad infantil llegué a pensar: ¿es que por meterme el dedo en la nariz puedo ir al infierno? Me costó mucho superar todo esto con mi formación posterior y la gracia del buen Dios. Dios es amor.

AMENSEEn el Sermón de la Montaña Jesús no da leyes como lo hizo Moisés en el Sinaí. El único mandato que aparece en los evangelios es: Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros, como yo les he amado.  En este mandato no está solo incluido el amor, sino el modo de amar: como yo les he amado. Es dando la vida por el otro, como Jesús que se entrega en la cruz por mi pecador, por ti pecador… Estas actitudes estaban muy lejos de la enseñanza de los doctores de la ley en tiempo de Jesús. Los especialistas en las Sagradas Escrituras hablan de que estos doctores habían minuciosamente estudiado la ley mosaica para sacar  mandatos y prohibiciones concretas, bien especificadas y bien nimias a veces. Hablan de más de seiscientas leyes y normas. En un mismo costal metían un adulterio  y el no lavarse las manos antes de comer; el que Jesús quebrantase el sábado por hacer un milagro.

Cuando se busca el temor o el miedo pasa que pueden cumplirse las leyes, pero siempre se educa para evadirlas. Por eso el dicho: Hecha la ley, hecha la trampa. Quitamos el miedo, vemos ventajas, nos importa un bledo la ley. Lo que puede y debe dar sentido a la ley es el AMOR. Aunque debamos purificar esta palabra, pues una señora dice amor muchísimo a mi perrito, la misma expresión que usa para referirse a su marido. Es denigrar el amor, más aún cuando escuchamos a un hombre decir: Voy  a hacer el amor y va a un prostíbulo.

Las leyes se hacen para salvaguardar el bien común, y hay que vivirlas con la perspectiva que el cumplirlas es un bien para todos. El que no la cumpla, que sea bien castigado según las penas de falta a  esa ley. Mas en cristiano descubrimos que por encima del cumplimiento, está el amor. San Agustín tiene la frase super conocida: ama y haz lo que quieras, pero, al estar en la esencia del ser humano el amar y ser amado, según palabras también suyas, ya no podemos hacer nada que dañe al otro. Nos convertimos en fieles cumplidores de la ley. Evitando, además, lo que más se practica: la ley del embudo.

Textos bíblicos 

  1. Eclesiástico 15, 15-20: es inmensa la sabiduría de Dios 
  1. Salmo 118,1-2.45.17-18.33-34: Dichosos lo que caminan en la voluntad del Señor
  1. 1Corintios 3,6-10: Ni ojo vio, ni oído oyó, ni ningún hombre pude pensar lo que Dios ha preparado para el que le ama. 
  1. Mateo 5,17-37: Se dijo a los antiguos... pero yo os digo… 

Comentarios

  1. La ley de Cristo no rechaza la de Moisés. No he venido a derogarla, sino a darle su cumplimiento, dice Jesús. Es renovar, enfocar todo de acuerdo a la naturaleza del reino, del pórtico que ha puesto al iniciar el sermón, las Bienaventuranzas. Por eso la repetición  de se dijo a los antiguos… pero yo os digo.  Lo vemos claramente lo que intenta conseguir el Maestro cuando le preguntan sobre la indisolubilidad del matrimonio, porqué estaba permito el divorcio, a lo que responde: al principio no fue así… Estamos en una sociedad en la que cada vez relativizar más las cosas, y no aceptar una única verdad  en  las cosas… es lo llamado en filosofía relativismo, todo es relativo… Hoy puede ser esto, mañana lo otro. Lo vemos bien claro en lo políticos que hoy dicen esto y mañana lo contrario, pero no es vicio de ellos solos, pues cada vez se extiende más en poner en práctica lo que dice el dicho: Donde dije digo, dije diego. Jesús insiste en la verdad en todo y la sinceridad en el mismo sermón de la montaña: Cuando es “no”, no;  cuando es “sí”, sí. 
  1. Para comprender por dónde va el Sermón de la Montaña, la Iglesia nos pone el texto del Eclesiástico sobre la Sabiduría de Dios. Si meditamos en completo el Sermón del Monte  no damos cuenta que es un ir desgranado cada una de las bienaventuranzas que pretende humanizar al hombre, que no sea un dios (un ídolo de sí mismo) ni tampoco un animal (actuando solo por sus instintos). Es el único ser pensante en la tierra y debe vivir de acuerdo a su conciencia de ser inteligente: sinceridad y autenticidad es la base de la sabiduría, no el tener muchos conocimientos.
  1. ¿Podemos conseguir todo lo anterior que se nos exige? ¿Vivir con nuestros propios medios?  San Pablo no dice que sin la gracia de Dios no podemos conseguirlo. La humanidad caída en el pecado, ¿qué puede producir? San Pablo nos sale al paso enseñándonos una sabiduría divina, misteriosa, escondida… Con la gracia del buen Dios, podernos descubrir que ser santos es conseguir la felicidad, no por otros caminos…

La sabiduría de Dios en mi vida

Debo trabajar para que todo el Sermón de la Montaña, no solo una parte, sea un programa en mi vida. Es inicio y meta de la felicidad. Porque es la única manera del ser racional que soy, otras actitudes me llevan a animalizarme o a relativizarme en todo y solo vivir el hoy, quebrando la esperanza. Se dijo, pero yo os digo… Como dice el dicho: otra vez el burro al trigo, la humanidad es una repetición de crímenes y pecados, de detracción y de muerte…  No hay vida auténtica sin solidaridad en el amor, un mandamiento nuevo os doy… 

Oración

Ábreme, buen Jesús, tu corazón, que me envuelva totalmente con tu amor y llene todo mi obrar.                                     Que el amor triunfe en mi vida, resplandeciendo en mí tu gracia; que mis ojos, mis oídos estén abiertos a  tanta bondad que hay en el mundo. Porque trabajando juntos hombres y mujeres nos comprometemos en construir un mundo mejor.

Gracias por tanta gente buena que encuentro en mi camino.

P. José Jiménez de Jubera