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El Reino de los cielos

Expresión frecuentemente en el evangelio según san Mateo;  en los otros dos evangelistas Lucas y Marcos,  los tres son  llamados  sinópticos, en los textos paralelos usan Reino de Dios. ¿Cómo explicar esto? Los especialistas dicen que el evangelio de Mateo nace en el seno de una comunidad cristiana de origen judío. Es, pues, por influencia judía. Los judíos en las lecturas del Antiguo Testamento públicamente en las sinagogas, cuando aparecía la palabra Yavé (“Dios”, en hebreo) realizaba el lector una pausa y una inclinación de cabeza, continuando las lecturas. Los oyentes también inclinaban la cabeza sabiendo que era una referencia a Yavé.

Iniciamos hoy prácticamente el ciclo litúrgico del Ciclo “A” y nos presenta san Mateo el inicio de la vida pública de Jesús: A partir de aquel momento (“momento” se refiere a la estadía de Jesús en el desierto y ser tentado por el diablo) Jesús empezó a predicar diciendo: “Convertíos porque se acerca el Reino de los cielos.

¿Qué es el Reino de los cielos?

Podemos hablar de que este realiza en dos etapas continuadas: 1) aquí en la tierra y  2) después de la muerte para los triunfadores. Para formarlo llama Jesús a discípulos de los cuales escoge doce apóstoles como fundamento de su Iglesia. Proclamamos hoy la elección de Simón  (Pedro) y su hermano Andrés y los hermanos Santiago y Juan. Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.

¿El Reino de los cielos se identifica con la Iglesia?

No.  Hemos precisado en el punto anterior que el Reino comienza aquí en la tierra, es ahí donde entra la Iglesia. La palabra iglesia  aparece una sola vez en los evangelios: Cuando le dice Jesús a Pedro que sobre él (Piedra): Edificaré mi iglesia (Mt 16,18). La palabra griega en su sentido clásico tiene dos acciones fundamentales:

a) El pueblo reunido para una acción social o tomar un decisión  y

b)  el pueblo reunido para una reunión religiosa de culto a los dioses.

La Iglesia tiene la misión de continuar la predicación de Jesús y los apóstoles y la santificación de los discípulos de Jesús especialmente a través de los siete sacramentos.

Textos bíblicos

  1. Isaías 9, 1-4: El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz…
  2. Salmo 1, 10-13.17: El señor es mi luz y mi salvación.
  3. 1 Corintios 3,2-3.5-6: Poneos de acuerdo y no estéis divididos. 
  4. Mateo 4,12-33: A partir de aquel instante Jesús comenzó a predicar. 

Comentarios

Por este tiempo litúrgico ordinario normalmente seguiré este orden en los comentarios: Inicio el comentario con el evangelio, la lectura central; a continuación la primera lectura, porque está elegida en referencia al evangelio con más o menos suerte.  La segunda lectura tiene su orden propio: lecturas semicontinuadas de las cartas apóstol.

  • Evangelio: Mateo presenta el inicio de la vida pública de Jesús, su apostolado. El Mesías enviado por el Padre, pide la “conversión”, paso previo para formar su pueblo, su Reino.
  • Isaías anuncia la llegada del Mesías como luz para todos los hombres. Es la llamada de Jesús a ser discípulos que es asimismo para cada uno de nosotros: Id por todo el mundo y haced discípulos de todos los pueblos (Mt 28,18). Escuchar y practicar es la tarea. Pero no hay peor sordo que el que no quiere ver; ni peor ciego que el que no quiere oír. 
  • Para san Pablo– siempre pensando en la comunidad que forman los discípulos de Jesús: Os ruego en nombre de nuestro Señor Jesucristo poneos de acuerdo y no andéis divididos. Estad bien unidos en un mismo sentir. 

Los cristianos en el mundo.

La llamada “Carta a Diogneto” es un pequeño tratado de la vida cristiana en defensa de las cosas raras que decían  de ellos los paganos. Es curiosa su historia pues no se conocía hasta que un joven sacerdote alemán buscando manuscritos en Constantinopla en el siglo XV la encontró en una pescadería para envolver el pescado. Está escrita a finales del siglo II. No pongo comentarios, lean ustedes estos dos grandes párrafos.
En cuanto al misterio de la religión propia de los cristianos, no esperes que lo puedas comprender de hombre alguno. Los cristianos no se distinguen de los demás hombres ni por su tierra, ni por su lengua, ni por sus costumbres. En efecto, en lugar alguno establecen ciudades exclusivas suyas, ni usan lengua alguna extraña, ni viven un género de vida singular. La doctrina que les es propia no ha sido hallada gracias a la inteligencia y especulación de hombres curiosos, ni hacen profesión, como algunos hacen, de seguir una determinada opinión humana, sino que habitando en las ciudades griegas o bárbaras, según a cada uno le cupo en suerte, y siguiendo los usos de cada región en lo que se refiere al vestido y a la comida y a las demás cosas de la vida, se muestran viviendo un tenor de vida admirable y, por confesión de todos, extraordinario. Habitan en sus propias patrias, pero como extranjeros; participan en todo como los ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros; toda tierra extraña les es patria, y toda patria les es extraña.
Se casan como todos y engendran hijos, pero no abandonan a los nacidos. Ponen mesa común, pero no lecho. Viven en la carne, pero no viven según la carne. Están sobre la tierra, pero su ciudadanía es la del cielo. Se someten a las leyes establecidas, pero con su propia vida superan las leyes. Aman a todos, y todos los persiguen. Se los desconoce, y con todo se los condena. Son llevados a la muerte, y con ello reciben la vida. Son pobres, y enriquecen a muchos (2Cor 6,10). Les falta todo, pero les sobra todo. Son deshonrados, pero se glorían en la misma deshonra. Son calumniados, y en ello son justificados. «Se los insulta, y ellos bendicen» (1Cor 4, 22). Se los injuria, y ellos dan honor. Hacen el bien, y son castigados como malvados. Ante la pena de muerte, se alegran como si se les diera la vida. Los judíos les declaran guerra como a extranjeros y los griegos les persiguen, pero los mismos que les odian no pueden decir los motivos de su odio.

Oración

Me pongo en tus manos, buen Jesús,  porque solo en ti están la paz y el descanso.  Tú eres mi esperanza, me afianzo en tu palabra, para dar sentido a mi vida.  Quiero vivir alegre en tu Iglesia y trabajar en tu Reino. Podré hacerlo con tu gracia, que no va  a fallar. Me enseñarás el camino de la vida; me saciarás de gozo en tu presencia (Salmo 15,11).

Fray José Jiménez de Jubera Rubio OAR