DOMINGO II DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO A 

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ORACIÓN INICIAL

Salmo 8

Señor, dueño nuestro, ¡que admirable es tu nombre
en toda la tierra!

Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.
De la boca de los niños de pecho
has sacado una alabanza contra tus enemigos,
para reprimir al adversario y al rebelde.

Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos;
la luna y las estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él;
el ser humano, para darle poder?

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos,
todo lo sometiste bajo sus pies:

rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por las aguas.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS. Juan 1, 29-34
wallpaper.jesus.rio.jordan.bautismoAl día siguiente, Juan vio que Jesús se acercaba. Entonces le dijo a toda la gente: « ¡Aquí viene el Cordero de Dios que quita el pecado de la gente del mundo! Por medio de él, Dios les perdonará a ustedes todos sus pecados. Yo me refería a él cuando dije: “Después de mí viene uno que es más importante que yo, porque existe desde antes de que yo naciera.” Yo no sabía quién era, pero Dios me mandó a bautizar con agua para que todos puedan conocerlo. » Yo vi cuando el Espíritu de Dios bajaba del cielo en forma de paloma y se colocaba sobre él. No sabía yo quién era él, pero Dios me dijo: “Conocerás al que bautiza con el Espíritu Santo cuando veas que mi Espíritu baja y se coloca sobre él.” Ahora lo he visto, y les aseguro que él es el Hijo de Dios.»

CONTEXTO

Existe una conexión plena entre el Bautismo de Jesús, de la semana pasada, y la liturgia de este domingo.

El evangelista que este ciclo nos llevará de la mano es Mateo. Sin embargo hoy es Juan quien va a presentar al Mesías, mediante el testimonio de Juan el Bautista, quien “irá delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados”

TEXTO

Juan presenta a Jesús como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.  La imagen del cordero figura en la tradición judía, que en sus ritos debía ofrecer en sacrificio un cordero para que Dios perdonara los pecados. Pero Juan el Bautista, presenta desde el principio que Dios perdonará los pecados por la muerte redentora de su Hijo único. Por eso es que Jesús es llamado Cordero de Dios.

a)El cordero en el sentido apocalíptico: En  la apocalíptica  judía, y en el contexto   del  juicio final, aparece  la imagen   de un cordero   victorioso que aniquilará   el mal  que hay en el mundo. Pero en el NT, está reflejada  como cordero  victorioso: “porque el Cordero que está en medio del trono, los apacentará y los guiará a los manantiales de las aguas, de  la vida. Y Dios  enjugará toda lágrima de sus ojos.» (Apoc.7, 17). En el versículo  14 de este mismo capítulo  7 leemos: “Yo le respondí: «Señor mío, tú lo sabrás.» Me respondió: «Esos son los que vienen de la gran tribulación; han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la sangre del Cordero” Aquí  el cordero   vence   a los poderes   malignos   de la tierra.

b) En el profeta Isaías se refleja la verdadera misión de El Siervo de  Yahvé  en los cuatro  Cánticos.   Es casi seguro que  Juan Bautista  viera  en Jesús  El Siervo  

c) Finalmente El cordero   con sentido pascual. A la vez que en el templo se sacrificaban corderos para celebrar la Pascua judía  y que tenía aspecto o carácter expiatorio, fuera de la ciudad, en el monte Calvario, era sacrificado el Cordero de Dios, el que “quita los pecados del mundo” y nos trae la gran liberación, el sentido de la verdadera Pascua.

 “Este es aquél  de quien  yo dije: tras  de mí viene  un hombre  que está por delante  de mí, porque  existía  antes que yo . No quiere decir que tenga más edad que él, sino que se refiere a la existencia eterna del Verbo/Palabra de Dios, que se ha encarnado en Jesús. La existencia de Jesús históricamente, humanamente hablando comienza con la encarnación por obra del Espíritu Santo en el seno de María. Pero la verdadera existencia del Hijo, como segunda persona de la Trinidad, la Palabra Eterna del Padre, es que vive desde siempre. Todo esto lo vemos claramente confirmado en el prólogo del Evangelio de San Juan

Y Juan  dio testimonio  diciendo: he contemplado al Espíritu   que bajaba  del cielo como una  paloma  y se posó  sobre él”.  Dios da su testimonio  a favor  de Jesús  no directamente, sino a través  de Juan el Bautista. Entendería  el Espíritu  de Dios  en el sentido  del AT, como  manifestación del poder vital de Dios. Los profetas  del AT  habían predicho  una efusión  del Espíritu  en la era mesiánica. El NT  reconoce   el cumplimiento  de esta profecía  en el día de Pentecostés y en el bautismo   cristiano. 

“Y yo  lo he visto, y he dado  testimonio de que éste  es el Hijo de Dios”.   La presentación que hace Juan Bautista de Jesús  es maravillosa, llena de contenido y densa: Lo presenta  como el “Cordero de Dios”; lo reconoce  como superior a él. Lo manifiesta como sobre quien se posa el Espíritu del Señor y por último  como el Elegido, el Hijo de Dios.           

 Concluiríamos esta breve exposición con una consideración: hacen falta   testigos  de Cristo con las palabras  y con las obras. La Eucaristía, preferentemente la dominical, es un encuentro  con el Señor  comunitaria e individualmente; encuentro, que nos hace exclamar  varias veces: “Cordero de Dios” en la Proclamación del Gloria; “Cordero de Dios “en la fracción del pan; “Cordero de Dios”, cuando el sacerdote, antes de dar la comunión, presenta  a la asamblea  el pan consagrado.

MEDITACIÓN

¿Cuál es la diferencia entre el bautismo de Juan y el de Jesús?, ¿qué sentido y significado tiene cada uno de ellos?, ¿qué implica eso para nosotros que creemos en Jesús, ¿qué le aporta este pasaje a nuestra fe en Él? …dejándonos iluminar por el amor de Dios.

Yo que me llamo cristiano,  ¿quién es Jesús para mí?, ¿qué implica el creer en Él?, ¿de qué manera me relaciono con Él?, ¿qué lugar ocupa Él en mi vida?

Juan nos dice, que Jesús es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. Él dio su vida por nosotros para redimirnos y reconciliarnos con el Padre, pero a su vez nos dejó los sacramentos de la reconciliación  para el perdón de nuestras faltas y de la Eucaristía para recibir a Él mismo. ¿Busco asiduamente  el perdón y la misericordia de Dios que me vienen por estos sacramentos?  

La actitud de Juan es sumamente elocuente, él anuncia al Señor y da testimonio sobre Él, y yo, ¿de qué manera hago notar mi fe en el Señor?, ¿qué hago para que mi fe se note en mis actitudes y en mi manera de ser y de actuar? ¿Se nota que sigo al Señor por mis actitudes?, ¿de qué manera?

ORACIÓN

Tú el Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Tú que has derramado tu sangre por nosotros, para que tengamos en ti y de ti vida y salvación, te pedimos tu ayuda, para que podamos hacer vida tus enseñanzas, para seguirte e imitarte buscando ser como Tú, teniendo tus mismos sentimientos, para que así se note nuestra fe en ti, y así podamos vivir con alegría, tu propuesta de vida, buscando amar y servir como Tú, dar la vida como Tú, y hacer la voluntad del Padre, así como lo hiciste Tú. Señor, danos la gracia que así como Juan, demos testimonio de ti y que otros puedan creer en ti, por medio de lo que Tú haces en mí

CONTEMPLACIÓN

En este momento de la contemplación, busquemos una idea central para profundizar en nuestra vida.  Podríamos repetir: Jesús, Cordero de Dios, el  único que salva, que limpia mis pecados, que me reconcilia con el Padre, que me hace sentir hermano de mis hermanos.

Me ayudaría mucho entrar en oración y decirle: Señor Jesús, Tú el Cordero de Dios, el que quitas los pecados del mundo, el que has venido a darnos vida con tu vida, el que nos bautizas con Espíritu Santo, derrama en nosotros esa fuerza que viene de ti y del Padre para que podamos comprender la verdadera dimensión de nuestra fe en ti y así darnos cuenta que solo Tú eres el que nos llenas de amor, porque solo en ti, podemos encontrar vida y salvación. Señor, Tú has enviado tu Espíritu Santo y has transformado la vida de tus discípulos, que de seguidores cobardes fueron valientes y aguerridos, capaces de dar su vida por ti, para llevar la Buena Nueva hasta los confines de la tierra, así también Señor, danos a nosotros esa misma fuerza que nos transforme y nos vivifique, que nos una más a ti y que así te abramos el corazón para que Tú actúes en y por nosotros.

ACCIÓN.

Recordar el día de nuestro bautismo y señalarlo como el día en que nacimos a la Vida, fuimos hechos hijos de Dios, templos del Espíritu Santo, miembros de la Iglesia….

¿Qué podría hacer y que no hago en mi condición de bautizado, consagrado a Dios?

Reactualizar las obras de misericordia corporales y espirituales.