Celebración del Santísimo Nombre de Jesús en la iglesia del Gesú de Roma

Papa Francisco: la fuerza de la Iglesia se esconde en las aguas profundas de Dios

beato-pedro-fabro-e1372185518180El Papa Francisco ha celebrado esta mañana la Santa Misa de la fiesta del Santísimo Nombre de Jesús en la iglesia del Gesù, en acción de gracias por el nuevo santo jesuita Pedro Fabro. Con el Papa concelebraron el cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación de la Causa de los Santos; el cardenal Agostino Vallini, vicario general de Su Santidad para la diócesis de Roma, los obispos Luis Francisco Ladaria Ferrer, S.I., secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Yves Boivineau, de Annecy (Francia), en cuya diócesis nació Fabro y el vicario general, Alain Fournier-Bidoz; el Preposito General, P. Adolfo Nicolás, S. I., y siete jóvenes sacerdotes jesuitas.

Canonizado por el Papa Francisco el pasado 17 de diciembre,Pedro Fabro fue el primer compañero de san Ignacio de Loyola -por esto se le llama “el segundo jesuíta”-, uno de los fundadores de la Compañía de Jesús y el primer sacerdote de la misma. Las tumbas de san Ignacio y de san Pedro Fabre están en la iglesia del Gesú, en Roma.

interior-il-gesuLa Iglesia de Gesú, es la iglesia madre de la Compañía de Jesús u Orden de los jesuitas, está situada en la plaza del mismo nombre, en Roma. Dicha iglesia fue iniciada en 1568 y consagrada en 1584. 

Reflexión el Santo Padre: 

«Una fe auténtica implica siempre un profundo deseo de cambiar el mundo. Aquí está la pregunta que tenemos que hacernos: ¿Tenemos también nosotros grandes visiones e impulsos? ¿Somos también nosotros audaces? ¿Nuestro sueño vuela alto? ¿El celo nos devora? (cfr. Sal 69, 10) ¿O bien somos mediocres y nos conformamos con nuestras programaciones apostólicas de laboratorio? Recordémonos siempre: la fuerza de la Iglesia no habita en sí misma y en su capacidad organizativa, sino que se esconde en las aguas profundas de Dios. Y estas aguas agitan nuestros deseos, y los deseos agrandan nuestro corazón».

Pedro Fabro experimentó el anhelo de dejar que Cristo ocupe siempre el centro del corazón y su familiaridad con Dios le llevó a comprender que la experiencia interior y la vida apostólica van siempre juntas, recordó el Papa Francisco:«Fabro era devorado por el intenso deseo de comunicar al Señor. Si nosotros no tenemos su mismo deseo, entonces tenemos necesidad de detenernos en oración y, con fervor silencioso, pedir al Señor, por intercesión de nuestro hermano Pedro, que vuelva a fascinarnos: aquella fascinación por el Señor que llevaba Pedro a todas estas “locuras” apostólicas, aquél deseo, bajo control, sin pausa».

Renovar la consagración al Santo Nombre de Jesús, invocando la ayuda de la Madre de Dios, sin olvidar reconocer que somos pecadores, fue la exhortación con la que el Papa culminó su homilía:

hqdefault«Nosotros somos hombres en tensión, somos también hombres contradictorios e incoherentes, pecadores, todos. Pero hombres que quieren caminar bajo la mirada de Jesús. Nosotros somos pequeños, somos pecadores, pero queremos militar bajo el estandarte de la Cruz en la Compañía distinguida con el nombre de Jesús. Nosotros que somos egoístas, sin embargo, queremos vivir una vida agitada por grandes deseos.

Renovemos entonces nuestra oblación al Eterno Señor del universo, para que con la ayuda de su Madre gloriosa, podamos querer, desear y vivir los sentimientos de Cristo que se despojó de sí mismo. Como escribía san Pedro Fabro, “no busquemos nunca en esta vida un nombre que no se relacione a aquél de Jesús” (Memorial, 205). Y pidamos a la Virgen ser puestos con su Hijo».

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