ORACIÓN INICIAL

angeles-en-belen1Acudid, fieles, alegres, triunfantes
venid, venid a Belén.
Ved al nacido Rey de los ángeles. ……

Venid adoremos, Venid adoremos

Venid a adoremos al Señor


He aquí que dejado el rebaño, 
los pastores llamados se acercan a la humilde cuna
y nosotros nos apresuramos con paso alegre.
El esplendor eterno del Padre Eterno
lo veremos oculto bajo la carne
Al Dios Niño envuelto en pañales. Venid adoremos,
Por nosotros pobre y acostado en la paja
démosle calor con nuestros cariñosos abrazos
A quien así nos ama ¿quién no le amará?

Venid adoremos, Venid adoremos
venid adoremos al Señor.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS. San Lucas     2, 1-14

476777_136090566547982_18764878_oEn aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria. Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen. José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue. En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche. De pronto, se les apareció el Ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor, pero el Ángel les dijo: «No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre.» Y junto con el Ángel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: « ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él!»

Contexto

nativity-wallpaperLa alegría que nos inunda por ser Navidad, no solo ha de aparecer en los Villancicos, en las multitudes que se apiñan para celebrar este nacimiento, sino en el Pregón que los Ángeles anuncian a los Pastores que estaban asombrados de cuanto veían: “No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor”.

Texto

En las lecturas previas al Evangelio hallamos que en esta noche Santa, el pueblo que caminaba en las tinieblas vio una luz grande” (Is 9, 1). Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres” (Tt 2, 11).  Cada año adquieren un nuevo sabor y hacen revivir el clima de expectación y de esperanza, de estupor y de gozo, que son típicos de la Navidad.

Sí, una luz verdaderamente “grande”, porque la que irradia de la humildad del pesebre es la luz de la nueva creación. Si la primera creación empezó con la luz, mucho más resplandeciente y “grande” es la luz que da comienzo a la nueva creación: ¡es Dios mismo hecho hombre! La Navidad es acontecimiento de luz, es la fiesta de la luz: en el Niño de Belén, la luz originaria vuelve a resplandecer en el cielo de la humanidad y despeja las nubes del pecado.

Ha nacido Aquel que fue preanunciado por los profetas e invocado constantemente por cuantos “habitaban en tierras de sombras”. En el silencio y la oscuridad de la noche, la luz se hace palabra y mensaje de esperanza. Pero, ¿no contrasta quizás esta certeza de fe con la realidad histórica en que vivimos? Si escuchamos las tristes noticias de las crónicas, estas palabras de luz y esperanza parecen hablar de ensueños. Pero aquí reside precisamente el reto de la fe, que convierte este anuncio en consolador y, al mismo tiempo, exigente. La fe nos hace sentirnos rodeados por el tierno amor de Dios, a la vez que nos compromete en el amor efectivo a Dios y a los hermanos.

Nace para todo hombre y mujer el Niño llamado “Maravilla de Consejero, Dios guerrero, Padre perpetuo, Príncipe de la paz” (Is 9, 5). Él tiene la respuesta que puede disipar nuestros miedos y dar nuevo vigor a nuestras esperanzas. Sí, en esta noche evocadora de recuerdos santos, se hace más firme nuestra confianza en el poder redentor de la Palabra hecha carne.

Cuando parecen prevalecer las tinieblas y el mal, Cristo nos repite: ¡no teman! Con su venida al mundo, Él ha derrotado el poder del mal, nos ha liberado de la esclavitud de la muerte y nos ha readmitido al convite de la vida. Nos toca a nosotros recurrir a la fuerza de su amor victorioso, haciendo nuestra su lógica de servicio y humildad. Cada uno de nosotros está llamado a vencer con Él “el misterio de la iniquidad”, haciéndose testigo de la solidaridad y constructor de la paz.

Los pastores “se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho” (Lc 2, 17). Al igual que los pastores, también nosotros hemos de sentir en esta noche extraordinaria el deseo de comunicar a los demás la alegría del encuentro con este “Niño envuelto en pañales”, en el cual se revela el poder salvador del Omnipotente. No podemos limitarnos a contemplar extasiados al Mesías que yace en el pesebre, olvidando el compromiso de ser sus testigos. Hemos de volver de prisa a nuestro camino. Debemos volver gozosos de la gruta de Belén para contar por doquier el prodigio del que hemos sido testigos. ¡Hemos encontrado la luz y la vida! En Él se nos ha dado el amor.

ORACIÓN (De San Juan Pablo II)

“Un Niño nos ha nacido…” Te acogemos con alegría, Omnipotente Dios del cielo y de la tierra, que por amor te has hecho Niño “en Judea, en la ciudad de David, que se llama Belén” (cf. Lc 2, 4). Te acogemos agradecidos, nueva Luz que surges en la noche del mundo. Te acogemos como a nuestro hermano, “Príncipe de la paz”, que has hecho “de los dos pueblos una sola cosa” (Ef 2, 14). Colmanos de tus dones, Tú que no has desdeñado comenzar la vida humana como nosotros. Haz que seamos hijos de Dios, Tú que por nosotros has querido hacerte hijo del hombre (S. Agustín). Tú, “Maravilla de Consejero”, promesa segura de paz; Tú, presencia eficaz del “Dios poderoso”; Tú, nuestro único Dios, que yaces pobre y humilde en la sombra del pesebre, acógenos al lado de tu cuna. ¡Venid, pueblos de la tierra y abridle las puertas de vuestra historia! Venid a adorar al Hijo de la Virgen María, que ha venido entre nosotros en esta noche preparada por siglos.

MEDITACIÓN

¿Qué implica y qué significa para nuestra fe y en sí el hecho que el VERBO que estaba junto a Dios y que era Dios, se hizo CARNE y habitó entre nosotros (Jn 1,1.14)? En sí, ¿qué le aporta esto a nuestra fe?

Hoy que es Navidad, ¿qué manifiesta el hecho que Dios se haya hecho hombre y que haya nacido de María Virgen? Para mí, como creyente, ¿qué siento al saber que Dios está tan cerca de nosotros, que se hizo uno de nosotros, para redimirnos y llenarnos de su amor, desde nuestra propia realidad y situación?

A la luz de este pasaje, sabiendo y conociendo el amor sin límites del Padre hacia nosotros, ¿qué implica y qué significa para nosotros celebrar la Navidad?, ¿qué nos revela y qué nos manifiesta respecto de nuestro Dios?

Viendo que el Amor de Dios no tiene límites, para mí, que busco conocer, seguir y adherirme a su proyecto de amor, ¿de qué manera, debería hacer que esto que celebro litúrgicamente, lo exprese y lo manifieste en mi familia, para vivir en amor como estilo y  proyecto de vida?

CONTEMPLACIÓN

Estos días son especiales para sentarnos frente a un Nacimiento o frente al Sagrario o frente a María Virgen. En verdad que el misterio nos transciende. Todo lo que pensemos, meditemos o expresemos podrá ayudarnos a un acercamiento a este misterio de amor. “Dios se hace hombre, para que el hombre se haga  Dios”. Es confortable reflexionar en María, que  no solo llevó a Dios en sus entrañas y le dio nuestra sangre al Dios vivo y verdadero, sino que además lo tuvo en sus brazos y allí le dio calor y cariño de Madre,

Seguro que María, apretó fuerte al Hijo de Dios en su pecho y allí le dio calor y afecto de Madre. En nuestra relación familiar, buscamos demostrar el cariño que nos tenemos, valoramos al otro, lo consideramos un regalo de Dios y nos esforzamos que esa persona se sienta querida, valorada y amada dándole así el amor que el Padre le tiene?

Navidad, es la fiesta de la vida, es la fiesta donde nos damos cuenta que el mayor regalo que Dios nos puede dar es la existencia. Aprovechemos esta ocasión para agradecer a cada uno de los que comparten nuestra familia y así expresarle lo que sentimos, manifestarle nuestra gratitud y hacerle sentir aquello que tenemos en el corazón

ACCIÓN

Que la alegría de esta noche se exprese entre todos, tanto en las felicitaciones como en cuanto ocurra, porque “Dios vive entre nosotros, está en nuestro hogar, en la satisfacción de cada uno.

Fray Víctor García Cereceda OAR

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