JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO

15037337_10211325069988063_7507921768347217371_nORACIÓN INICIAL

 “Señor Jesús, que seas todo en la tierra como lo eres todo en el cielo. Que lo seas todo  en todas las cosas. Vive y reina en nosotros en forma total y absoluta, para que podamos decir siempre: ¡Jesús es todo en todas las cosas! ¡Queremos Señor Jesús que vivas y reines sobre nosotros! Dios de poder y de misericordia, quebranta en nosotros cuanto a ti se opone. Y con la fuerza de tu brazo toma posesión de nuestros corazones y nuestros cuerpos, para que empieces en ellos el Reino de tu amor. Amén”. (S. Juan Eudes)

LECTURA DEL EVANGELIO. Lucas 23, 35-43

En aquel tiempo, las autoridades y el pueblo hacían muecas a Jesús, diciendo: -A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido. Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: -Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo. Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: “Éste es el rey de los judíos”. Uno de los malhechores lo insultaba, diciendo: ¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros. Pero el otro lo increpaba: -Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada. Y decía: -Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino. Jesús le respondió: -Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso

Con el domingo de hoy acabamos el ciclo C, que la mano de San Lucas nos ha guiado durante este año no nos detendremos en las siete Palabras. Una es la que especialmente nos interesa reflexionar

 Todo cuanto hemos escuchado este año tiene como colofón la Muerte y Resurrección del Señor. Hoy  en esta conclusión del año, presenta que Cristo  es el Rey del mundo, y su reinado comienza desde la Cruz. .En las palabras que pronuncia, Cristo,  hallamos la principal y  resumen de cuanto ha predicado: “Padre, perdónalos, porque no saben qué hacen”. Esta palabra debió de ser pronunciada por Cristo en diversos momentos de su crucifixión e incluso ya crucificado. El perdón que Cristo pide a su “Padre” ¿para quién o quiénes iba dirigido? La respuesta que debería ser a  primera vista, para los soldados. Pero  los soldados romanos no sabían quién era Cristo; se limitaban a cumplir una ordenanza. Pero, sí los cabecillas sabían quién era Cristo, ¿cómo dice que “no saben qué hacen”? No alude a su acto voluntario “en causa.” San Pablo dirá que, si lo hubiesen conocido como tal, nunca le hubiesen crucificado (1 Cor 2:8). Pero no lo conocieron culpablemente. Y Cristo sólo presenta esta ceguera pasional como hecho actual. Es la misericordia de Cristo volcándose por los seres humanos.

Cristo pide perdón por todos los hombres, ya que el pecado de todos es la causa real de su crucifixión. En todas las palabras de Cristo en la cruz (salvo la del buen ladrón, que tiene un carácter más personal), todas las demás tienen un sentido universal, por todos los hombres.

Cuando Cristo estaba en la cruz, el mal ladrón le injuriaba y le insultaba con las palabras que oye a los asistentes. La injuria consiste  en que, si era el Mesías, que había de estar dotado de poderes prodigiosos, que bajase de la cruz y que los bajase con El. Así sería más espectacular su triunfo. Era iniquidad.

Pero el buen ladrón le reprende, y, reconociendo la justicia de la pena a sus culpas, proclama la inocencia de Cristo, al tiempo que, por los insultos que el otro dirige a un inocente, demuestra no temer a Dios, que le aguarda ya en su tribunal. Seguramente el buen ladrón había oído hablar de Cristo: de su vida de portentos y de su mesianismo. Y ahora, ante su majestad y conducta en la cruz, se confirmaba en ello. Aquella conducta era sobrehumana.

Y, volviéndose a Cristo, le pidió que se “acordase de él,” La respuesta de Cristo es prometerle, con gran solemnidad, «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso». Este disponer por parte de Cristo de la suerte eterna de los seres humanos le presenta dotado de poderes divinos.

ORACIÓN

Señor Jesús, hijo del amor de Dios, no por nuestros méritos hemos obtenido en herencia formar parte de tu Reino, sino que nos lo ha concedido el Padre, precisamente él, que mediante ti y por ti creó todas las cosas.

Tú, que padeciste la injusticia humana para encontrar a un condenado a muerte, ayúdanos a realizar hoy la justicia de tu Reino: el perdón del pecador, la fiesta para cada hombre arrebatado al reino de la muerte.

Aleja de nosotros la tentación de la violencia que reprime la violencia, el deseo de venganza, la voluntad de hacernos justicia nosotros mismos.

Haz que nuestros ojos, cegados por los espejismos del beneficio, puedan contemplar el tesoro de tu sabiduría; que nuestras mentes necias puedan intuir políticas de desarrollo y de paz; que nuestros corazones endurecidos se apasionen de nuevo ante el misterio de la vida contenido en el universo; que nuestras manos ensangrentadas trabajen en la construcción de tu Reino.

MEDITACIÓN

Después de leer atentamente el relato, ¿Qué es lo que más me impresiona de él?

¿Se escuchan de nuevo, aún con otros términos, las afrentas que le hicieron a Jesús en cuanto estaba clavado en la Cruz? ¿Qué ejemplos concretos podría poner?

¿Cómo entienden el “Reino” de Jesús los magistrados,  los soldados, el primer malhechor y el segundo malhechor conocido como el “buen ladrón”?

¿Cuando pienso en “Jesús Rey” qué me viene ala mente? ¿Qué me corrige el evangelio de hoy? ¿Por qué la proclamación del “Rey del Universo” está estrechamente ligada al acontecimiento de la Cruz?

¿El camino de fe del “buen ladrón” de qué manera ilumina el mío para que hoy y siempre proclame que Jesús “vive” y “reina” en mi vida, en mi familia, en mi comunidad y en todos los ambientes y culturas del mundo? ¿Qué implica para mí esta proclamación si estoy viviendo una enfermedad, una situación difícil que estremece mi fe?

CONTEMPLACIÓN

Señor Jesús, te declaran REY cuando estabas en la cruz, te hacen un Rey crucificado, y te proclaman como Señor, al derramar tu sangre por nosotros, y como aclamaciones tienes el silencio y las burlas e insultos, pero es ahí, donde nos dejas tu enseñanza máxima, haciéndonos ver hasta dónde debe llegar el amor, hasta dónde debemos entregarnos a los demás, y cómo reaccionar cuando hay persecución, cuando hay rechazo o desprecio, y es ahí, donde tu silencio es más elocuente que todos los abucheos que recibes. Es ahí, donde nos muestras que la verdad uno lo vive en lo más profundo de uno mismo, que brota desde el corazón convencido, que expresa su seguridad en la paz de la entrega total de uno mismo por aquello que uno cree. Tú que eres el Rey crucificado, ayúdanos a dar testimonio de ti, en todo momento y en todas las circunstancias, para que tu mensaje sea conocido y actualizado en nuestra vida, y así conozcan tu estilo de amar, que es amar hasta el final, hasta dar la propia vida, reinando en la entrega, el amor, el servicio y en el sufrimiento redentor.

ACCIÓN

Ante la  Cruz de Cristo valora lo que Cristo hizo concretamente por ti. Adora hasta dónde llegó el amor que nos tiene.

Fray Víctor García Cereceda O.A.R.

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