Con la presencia de miles de fieles de las parroquias, movimientos y hermandades de la arquidiócesis que llegaron desde temprano a la Catedral de Lima, el Arzobispo de Lima, reflexionó sobre las innumerables gracias que Dios ha concedido en el Año de la Misericordia.

“Señor, que hoy sepamos decirte gracias por tantas y tantas muestras que a veces no sabemos reconocer. Esta es la vida hermanos, una abundancia infinita de amor, de ternura, de perdón, pero te encuentras con esa rebeldía ¿Por qué se amotinan las naciones? ¿Por qué ese rebelarse ante Dios? Pero nos dice el Señor con toda su fortaleza: Nada, en este mundo ocurre sin que yo lo permita. Por eso al agradecerle tantas bendiciones, también hacemos propósitos: Señor que estés más presente en mi trabajo, en la calle, en mi familia, que estés más presente pero de verdad. Solamente esa presencia de Dios permitirá que el mundo cambie, podemos hacer muchas cosas pero si no cambia el corazón, no cambia nada”.

La fuente del amor a Dios

En otro momento, el Cardenal del Perú meditando sobre el pasaje de Corintios afirmó que el amor a Dios es lo que nos lleva a ser el reflejo del rostro misericordioso de Cristo.

“Por eso en estas semanas el Papa ha estado insistiendo, ese rostro que sabe visitar al enfermo, que sabe perdonar, que sabe ir a ver al que está preso, que sabe acoger el que está abandonado por la sociedad, por amor, sólo y exclusivamente por amor a Dios vuelco mi amor a los demás. No podemos dejar, que ni un instante de pesimismo, de critica invada nuestra vida, no podemos dejar que nos invada la falta de fe, estamos en tus manos Señor y en este año de la misericordia has hechos miles y miles de milagros en mi alma, en la tuya en la de aquella de persona, miles y miles de veces el Señor ha pasado a tu lado y qué pena porque tantas veces no me he dado cuenta”

Sigamos llevando a Cristo

Más adelante agradeció a los sacerdotes, religiosos y religiosas y a todos los fieles por todo el esfuerzo realizado en este año jubilar y a la vez los invitó a encontrar a Dios en las cosas ordinarias del día.

“Yo quiero agradecer de manera especial a los sacerdotes, a los religiosos y religiosas a los movimientos eclesiales que con tanto esfuerzo y cariño han hecho posible que el pueblo de Dios, que este santo pueblo de Dios que es la Iglesia que peregrina en esta ciudad de Lima, haya podido tener acceso a esos momentos de oración en el Santísimo, a ese momento maravilloso de la reconciliación, a esas visitas para dar la unción de enfermos, a esas visitas a los hospitales para llevar un poco de alegría y de paz, a esas visitas a las cárceles, a esos lugares más pobres y mas abandonados, no son gestos para la tribuna, no son gestos para la sociología, sólo tienen valor si están llenos del amor de Dios, si trasmitimos el amor de Dios”.

“Qué gran descubrimiento saber o el encontrarnos a Dios en esas cosas ordinarias del día o no lo encontramos, no está arriba, no está en unos sitios especiales ni para unos especialistas, o para los obispos. Está en medio de nosotros, en el trabajo, en la calle, en las comunidades, en la enseñanza, en la vida diaria, ahí quiere estar Él, ahí nos reclama: soy yo, sonríe soy yo atiende con justicia a esta gente, procura perdonar a esta persona, Soy yo el que te da esa fuerza, esa paz y esa serenidad para que le digamos con mucha tranquilidad: Señor, Jesús en Ti confío todo lo mío, mis debilidades, mis fragilidades, en Ti confío, Tú puedes. Señor, penetra nuestro corazón, es duro, le cuesta aceptar tanta bondad pero Tú lo puedes, haznos ese milagro. Que el Señor de la Misericordia nos deje un corazón nuevo, más comprensivo, más generoso, que busque al que está lejos”.

El demonio se pasea engañándonos

También afirmó que es importante darnos cuenta que necesitamos de Cristo para vencer al demonio que hoy está más presente en el mundo engañándonos.

“No seamos ingenuos, la presencia del mal es más fuerte que nunca, el demonio se pasea, se pasea jugando a que no existe, se pasea jugando a que todo es opinable, se pasea negando su presencia y nos engaña. Hermanos toda esta misericordia infinita del Señor se encuentra con la astucia del padre de la mentira, misericordia no es pacifismo, misericordia no es vivir pensando que no hay pecado y somos todos buenos, misericordia no es criticar a los demás, misericordia es cruz, muerte, perdón, y el maligno se disfraza de perdón, se disfraza de la persona comprensiva, ojo, es necesario clausurar este año de la divina misericordia, también le dije, ojo, ese demonio estás más suelto que nunca y al demonio solo lo vence Dios, yo solo no puedo”.

“Por eso, hasta por ese motivo de conveniencia necesito Jesús de Ti para vencer al maligno que anda en el mundo destrozando las almas, las familias, los jóvenes, creando aparentemente un mundo mejor en el que hay frialdad, mentira, odio, calumnia, no te dejes vencer por el desánimo, Dios puede más. Esa abundancia que tiene es el Espíritu Santo, no te abandona nunca, lo dice el Papa repitiéndolo: “Dios no nos abandona nunca. Dios no nos abandona nunca, Jesús en Ti confío”. Hay que repetirlo para convencernos de su presencia y de su acción”.

María, ilumínanos

Finalmente, el Arzobispo de Lima pidió por las religiosas, madres de familia y por todas las mujeres para que sean el rostro de Nuestra Madre María.

“Una última palabra a nuestra Madre, recordando esa oración de la Salve, Madre de misericordia vuelve a nosotros tus ojos en este valle de lágrimas, abogada nuestra, Madre mía, Tú pon esa ternura en nuestro corazón, ilumina a todas las madres de familia, ilumina a todas las religiosas, ilumina a todas las mujeres del mundo para que con ese rostro de María iluminen nuevamente esa maravillosa presencia de la mujer, así ha querido ser, Dios enviando a su Madre para que de ahí venga la misericordia, Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra. Por eso también les digo El Rosario, Ella nos lo dice, el Rosario. Hermanos, gracias a Dios, gracias a todos ustedes y que Jesús, ese rostro misericordioso del Padre, reine en nuestras familias y en nuestra patria”.

Concelebraron la Santa Misa los obispos auxiliares de Lima, Monseñor Adriano Tomasi, OFM y Monseñor Raúl Chau; el obispo emérito de Chachapoyas, Monseñor José Ignacio Alemany; los vicarios de la Arquidiócesis, sacerdotes y diáconos.

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