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Fin del peregrinaje: la esperanza está en nosotros 

Nos presentan la Cuaresma como un peregrinaje de un largo camino, como el que tuvo que atravesar el Pueblo de Israel  al Sinaí  desde la esclavitud de Egipto y llegar a la Tierra Prometida. Durante este tiempo se nos ha pedido intensificar la oración, saber mortificarnos (el ayuno y la abstinencia) y la limosna. Es como para estar ligeros de equipaje al llegar la resurrección del Cristo, quien se desprendió de todo, hasta de sus ropas antes de morir en la cruz.  Desprendidos de todo pecado y habiendo superado la concupiscencia de nuestro cuerpo hacia el mal, podemos resucitar  con Cristo Jesús.  

¡Resurrección!

Dios nos salva. El sentirnos salvados debe ser nuestra mayor alegría. La Pascua  de la esclavitud en Egipto a la liberación; de la muerte a la Vida en Cristo Jesús  debe ser para nosotros lo mismo: “un paso”. Me siento liberado en Cristo, ¡alegría! Jesús ha resucitado, es la pascua de los que por la fe seguimos su camino, ¡alegría! Todo nuestro ser – cuerpo y alma –está llamado a transformarse, no sabemos cómo, san Pablo quiere acercarse al misterio y explicarlo en algo recurriendo a la  comparación de la semilla: una semilla tan pequeñita se transforma en un gran árbol. De este valle de lágrimas al gozo eterno del buen Dios. Un cielo nuevo y una tierra nueva son para los que fielmente seguimos el camino que nos marca Jesús, quien se ha convertido en el Señor, Rey y Cabeza de toda la creación. ¡Alegría! ¡Aleluya! 

Textos bíblicos de este domingo

  • Hechos de los Apóstoles 10, 14ª.37-43: Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén.  
  • Salmo 117, 1-2.16-17.22-23: Este es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo. 
  • Colosenses 3,1-4: ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de arriba… 
  • Juan 20,1-9: Entonces también entró el otro discípulo. El que había llegado primero; vio y creyó.

Comentario a las lecturas 

  1. Hechos de los Apóstoles: En el testimonio de los Apóstoles está el cimiento de nuestra fe., en ella se asienta la Iglesia, nuevo Pueblo de Dios. Los Apóstoles son el fundamento, porque son los testigos de todo lo que hizo y enseñó Jesús. Muerto para nuestra salvación, siendo inocente (lo reconoce Pilato) es condenado a muerte en la cruz… y ¡resucita! 
  • San Pablo nos invita a vivir de tal forma que nos lleve a gozar con Cristo Resucitado: buscad los bienes de arriba, no los de la tierra…  
  1. En la parte del evangelio de Juan, que soy se proclama, siempre me ha llamado la atención estos dos verbos; vio y creyó. Lo que no ve, le lleva a creer. Nadie se iba a llevar un cadáver deteniéndose en quitarle la mortaja tan difícil de hacerlo al estar envuelto en abundante perfume, nadie, al robar, aunque lo hiciesen, iba a dejar la mortaja dobladita. Entonces resanaron en el interior de Juan y creyó en la palabra de las Escrituras: que él había de resucitar de entre los muertos. A veces buscamos creer con la materialidad de lo que somos, ¡vano intento! Descubrir a Dios en mi vida, en la de los demás, en los mismos acontecimientos – buenos o no tan buenos, ¡quién lo sabrá! – es vivir el camino de la fe. No ha mucho tiempo ha muerto un escritor famoso, educado en un colegio religioso y, afirmaba, que se despojó de toda esa patraña de mentiras que le habían enseñado. Dios no existe, afirmaba. Dios no existe, dice el necio para sí, afirma el salmo. ¿En qué creía ese personaje? Porque en algo debía creer para sustentar su vida, o, ¿era su orgullo, el ansia de ser famoso o el ganar dinero lo que le sostenía? Aquel rico que negó migajas de pan a Lázaro pidió luego una gota de agua (cf. Lc 16,18-31). ¿Cuál es mi situación? No me he hecho a mí mismo, debo la vida a mis padres,  a tantos profesores que me formaron, el poder vivir con  compañeros y amigos, ahora en la atención de médicos y personal sanitario y la comunidad de frailes, todos ellos me llevan a Dios porque ellos en sí mismos no pueden hacer lo que hacen si no es guiados por la mano protectora del Buen  Dios con su Providencia. Solo puedo decirles a todos ellos: ¡gracias! Agradecimiento que pasa por ellos y me lleva al buen Dios por ser  lo que soy. ¡Gracias, Señor! 

Comprometidos 

El agradecimiento a Dios y a los hermanos nos debe llevar a llevar amor en todo lo que hagamos, rompiendo toda soberbia y egoísmo. Aspirad a los bienes de arriba, no los de la tierra, nos dice san Pablo.  

Sí, necesitamos de los bienes terrenos para caminar juntos hacia Dios, no son para detenernos en ellos y convertirlos en ídolos. Como dice un salmo: Y aunque crezcas en riquezas, no les entregues el corazón (Sal 60).  

Oración 

  • Señor Jesús Resucitado: ilumina mi mente y mi corazón papa que te busque y encuentre  ya en la tierra los bienes de allá arriba.  
  • Que dé testimonio de tu Resurrección en un mundo de muerte: abortos, ancianos abandonados o maltratados, niños y niñas maltratados y hasta comercializados…  
  • Dame la fuerza de tu Espíritu para buscar y conseguir una vida fraterna para mí y para los que me rodean.  
  • Como ha indicado el papa Francisco en la encíclica: Laudato si que busque y me empeñe en respetar la creación, trabajando porque todo hombre y mujer, niños, jóvenes y adultos alcancen su dignidad de hijos de Dios. Sobre todo que sepa hacerlo todo con amabilidad y ternura, porque en eso debe convertirse el amor.  

A todos mis queridos lectores, ¡feliz  pascua de resurrección!                                                      

Cristo ha resucitado:                                                   

  ¡alegría! ¡Aleluya!