Hacia la luz

La Semana Santa termina en estallido de la solemne Vigilia Pascual donde tiene primacía en la primera parte la luz. Se enciende el cirio y se proclama que es Cristo resucitado, cantado: Luz del mundo, respondiendo el pueblo: Demos gracias a Dios. Cristo es la luz y con su gracia nos hace ver la luz. Porque la salvación divina es iluminación del Dios hecho hombre, descubriéndonos el camino al Padre. El que acepta esa iluminación y se transforma, porque sale de las tinieblas del pecado por al misericordia del buen Dios a gozar de su luz (gloria).

 ¿Cuál es el camino a seguir hacia la Pascua? 

Propongo que nos dejemos llevar por las celebraciones de estos días:

  • Triunfo y muerte: es lo que celebramos fundamentalmente  en este domingo de Ramos. El triunfo, pues Jesús es aclamado por la multitud por Rey y Señor: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! Paz en la tierra y gloria en el cielo (Lc 19, 18). Es la parte litúrgica de la bendición y procesión de Ramos, que pasa inmediatamente a la liturgia de Palabra, cuyas lecturas se centran en la pasión y muerte de Jesús. ¿Cómo esperaba Jesús el momento de entregarse por nuestra salvación?: Ardientemente he deseado cenar con vosotros esta pascua, antes de padecer. Tengamos en cuenta que la palabra “pascua”, significa “paso”.
  • Donación en una entrega total: Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía… (Jn 13,3). ¿A qué vino? A redimir a todos los hombres, a ser Emanuel,  (Dios con nosotros), lo demuestra a continuación en una actitud de servicio lavándoles los pies, en la que Pedro es reacio a aceptar a ese Cristo servidor de todos: No me lavarás los pies (Jn 13,8). Jesús no deja de ser el Señor, pero ese señorío  le lleva por amor a una actitud de total servicio en donación total (cf. Jn 13,12-15).
  • En el Jubileo de la Misericordia: Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso (Lc 6,36). Servir es ponerse en el lugar del otro, hacer lo que el otro no puede hacer y hasta que no quiere hacer. Es vivir con compasión – sentir con – del otro y actuar. Por ahí van las obras de misericordia.
  • Permanencia del Salvador entre nosotros. Ya hemos dicho que Jesús vino a ser Emanuel, que puso su morada entre nosotros (cf. Jn 1,14). Se queda en su Palabra, y, fundamentalmente, en la Eucaristía. Cuando llegó la hora se sentó a la mesa y los apóstoles con él (Lc 22,14). Jesús había anunciado en Cafarnaúm, al día siguiente al milagro de la multiplicación de los panes y de los peces: Yo soy el pan de la vida (Jn 6,48).  Ahora ese hecho ha llegado, y hará el mayor milagro de todos los que hizo y sigue haciendo Jesús: se queda con nosotros en las especies de pan y de vino para ser nuestro alimento y para que podamos acercarnos a adorarlo en diálogo amoroso de fe en el Sagrario. Este es mi cuerpo que se entrega por vosotros… Este es el cáliz de mi sangre… (Lc 20, 1º9 y 20). ¿Por qué y para qué se nos da? Lo explica en el sermón de Cafarnaúm: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo (Jn 6,51).

Lecturas bíblicas

 

  • En la bendición y procesión de Ramos:  
  • Lucas 19, 28-4. Os digo que si estos callan, gritarán las piedras. 
  • En la Eucaristía:
  • Isaías 50, 4-7: Ofrecí el rostro…
  • Salmo 21,8-9.17-20.23-24: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? 
  • Filipenses 2, 6-11: se rebajó hasta someterse incluso a la muerte y una muerte de cruz. 
  • Lucas 20, 14 – 23,56: Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu. 

 

Comentario

Domingo_Ramos_08La liturgia es una fuente de catequesis, en esta Semana Santa pongo el prefacio de este domingo de Ramos y el del Jueves Santo (institución de la Eucaristía y con ella el sacerdocio).

 

  • Prefacio del domingo de Ramos:                                                                            
  • En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación,                                                                                                     
  • darte gracias siempre y en todo lugar…                              
  • por Cristo, Señor nuestro.                                                          
  • El cual siendo inocente,                                                           
  • se entregó a la muerte por los pecadores                                   
  • y aceptó la injusticia al ser contado entre los criminales.                              
  • De esta forma, la morir, destruyó nuestra muerte,                                                                 
  • y, al resucitar, fuimos justificados.  
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  • Prefacio de Jueves Santo:
  • El cual, al instituir el sacrificio de la eterna alianza, 
  • se ofreció a sí mismo como ctima de salvación                                                          
  • y nos mandó perpetuar esta ofrenda                                                
  • en conmemoración suya.                                                        
  • Su carne, inmolada por nosotros,                                                  
  • es alimento para nosotros                                                                    
  • y su sangre, derramada por nosotros                                      
  • es bebida de salvación.                                                                                                                         

 

Jueves Santo: 

Jesús murió el viernes, pero ya inició su pasión en la noche en la oración del huerto y su apresamiento. Ta había iniciado su sacrificio y muerte al dar su Cuerpo y su Sangre a sus discípulos como comida y bebida. Es el misterio central de nuestra fe, pero eso proclamamos, acabada la consagración: Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡ven, Señor Jesús!