ORACIÓN INICIAL   

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RV4708_ArticoloSeñor Dios nuestro, en estos días de cuaresma, cuando nos disponemos a celebrar el amor total de tu HIJO que dio su vida por nosotros, para reconciliarnos contigo, para que Tú nos dieras tu vida por tu perdón y tu misericordia, nos dejas esta parábola que nos habla de nuestra actitud y de la tuya, por un lado nuestra opción de alejarnos de ti y a su vez tu actitud amorosa, que dejándonos libres, no nos abandonas, sino que buscas siempre que volvamos a ti, para recibir tu perdón y tu gracia, que nos vivifica y nos plenifica. Por eso, Señor, ayúdanos, a saber mirar nuestra vida y a reconocer lo que no nos ayuda a ser libres y que nos aleja de ti, por eso, danos la gracia de volver a ti y de experimentar tu perdón y tu misericordia.

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO Según san Lucas 15,1-3. 11-32.

“Un hombre tenía dos hijos; el menos de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte que me toca de la fortuna. El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.” Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco Ilamarme hijo tuyo. Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado. Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile y, Ilamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Este le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.” Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y el replicó a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado. El padre le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.” Palabra del Señor

Contexto

La finalidad de la parábola es mostrarnos el carácter, la grandeza y las características de la misericordia de Dios para con los pecadores arrepentidos. De esta manera comprenderemos la misericordia de Jesús, que escandalizó a la gente piadosa de su tiempo, y también las actitudes que debemos tomar ante el Dios que nos perdona y ante el hermano que debemos perdonar, porque él nos sigue diciendo: “Todo lo mío es tuyo”.

El tipo de relación que Jesús entablaba con la gente pecadora era mal visto por los que representan la ortodoxia religiosa de su tiempo: los escribas y fariseos.

Texto

Los adversarios de Jesús preferían mantener cierta distancia con los publicanos y pecadores, por considerarlos personas de mala reputación y los miraban con desprecio. Jesús, por su parte, iba al encuentro de ellas, anunciándoles la misericordia de un Dios que se arrimaba a ellos sin pudor, dispuesto a perdonarlos y a acogerlos de nuevo en la comunión con él.

La acogida que Jesús les daba no era superficial ni tampoco momentánea, ni  interesada. Su acogida era lo más profunda posible, invitándola a compartir la intimidad de su mesa.  Paro todo esto fue mal visto por los representantes de la ortodoxia religiosa, por eso recibió severas críticas, a las que Jesús responde con tres parábolas en las que en diversos personajes (un pastor, una madre y un padre) que han perdido algo preciado para ellos, una vez que lo encuentran invitan a todos (a los amigos y vecinos, a los siervos y al hermano) a compartir su alegría: “Alégrense conmigo”, “comamos y celebremos una fiesta”. Ahí está la explicación del comportamiento escandaloso de Jesús.

Relata cómo un padre tiene dos hijos. Y el hijo menor le pide repartir la herencia que le corresponde, la recibe y se “va lejos”. El centro de la parábola está en el encuentro entre el hijo menor y su padre. Hacia allá apunta toda la primera parte. Los siervos y el hijo mayor no logran comprenderlo, se les vuelve un enigma.

El hijo arrepentido va hacia su Padre, pero al final es el padre el que “corre” hacia su hijo, impulsado por la “conmoción” interior. Esta agitación interna que se vuelve impulso de búsqueda es lo que se traduce por “misericordia”: puesto que el hijo nunca se le ha salido del corazón (lo lleva en lo más profundo como una madre lleva a su hijo en las entrañas), la visión del hijo en su humillación y sufrimiento descompone el distanciamiento.

La misericordia reconstruye la vida del otro: a) El padre que corre al encuentro de su hijo primero “lo abraza”: se humilla más que el mismo hijo. No espera sus explicaciones. No le pide purificación previa al que viene con el mal aspecto de la vida disoluta, contaminado en el contacto con paganos y rebajado al máximo en la impureza (legal y física) de los chanchos; el padre rompe las barreras. No hay toma de distancia sino inmensa cercanía con este que está “sucio”, para él es simplemente su hijo.

  1. b) Lo “besa efusivamente”. El beso es la expresión del perdón paterno. Nótese que el perdón se ofrece antes de la confesión de arrepentimiento del hijo. Le manda poner “el mejor vestido”: el padre le restituye su dignidad de hijo y le confirma sus antiguos privilegios. El vestido viejo, su pasado, queda atrás. Ha de llevar “el anillo”, que es la insignia real y con él se sellaban las grandes transacciones. Se trata de un gesto inaudito para con un hijo derrochador de plata. También manda que le pongan “Sandalias”: este era un privilegio de los hombres libres, incluso en una casa sólo las llevaba el dueño, no los huéspedes. Este gesto es una delicada negativa al hijo que iba a pedir ser tratado como jornalero.

Hace sacrificar el “novillo cebado”, el animal que se alimentaba con más cuidado y se reservaba para alguna celebración importante en la casa. Convoca una “fiesta” con todas las de la ley: la mejor comida, música y danza. La fiesta parece desproporcionada, pero el padre expone el motivo: su hijo que estaba perdido ha regresado.

Todo vivido por el Padre contrasta con la postura del hijo mayor, que siente envidia, rechazo, desprecio por cuanto hace el Padre con el hijo menor, al regresar “su hijo” perdido y ha sido hallado. Para el hijo mayor el rechazo radica en que él ha estado siempre en casa y nunca le “ha dado nada”.

El problema no es simplemente “estar” con el padre: “Hijo, tú estás siempre conmigo”, sino de qué manera se está. Mientras el hermano mayor mide su relación con el padre a partir del cumplimiento externo de la norma (“hace tantos años te sirvo y jamás dejé de cumplir una orden tuya”). Piensa que el servirle reclama reconocimiento, retribución (“pero nunca me has dado un cabrito…”.

La relación entre el padre y el hijo menor se rige por el amor, en el cual lo que importa no es lo que uno le pueda dar al otro sino el hecho de ser “hijo”. Sale a flote en inmenso valor de la relación y de su verdadero fundamento. Basta recordar qué es lo que le duele al Padre: la “perdida”, y para él lo “perdido” no fueron los bienes sino “el hijo mío”, “este hijo mío estaba perdido y ha sido hallado”.

  1. b) El hijo menor admite que ha “pecado”, pero el fondo de su pecado es el abandono de la casa, es decir, el rechazar ser hijo. Pedir la herencia es declarar la muerte del padre, es decir la muerte de la relación padre-hijo. Por eso dice: “pequé contra el cielo y ante ti”. La vida disoluta es el resultado de una vida autónoma que excluye la relación fundante. En el perdón se reconstruyen todos los aspectos de esta relación y esto es lo que importa en primer lugar: un hijo que redescubre el amor paterno y que se goza en ello porque resurge con una nueva fuerza de vida: “estaba muerto y ha vuelto a la vida”. El hijo mayor, en cambio, aún en casa, seguirá viviendo como un extraño.
  1. c) El redescubrimiento de la filiación lleva a la recuperación de la fraternidad. Por eso el Padre se permite corregir al hermano mayor: le sustituye el “¡Ese hijo tuyo!” por “¡Este hermano tuyo!”. Los caminos de reconciliación con el hermano deben partir del encuentro común en el corazón del Padre, allí donde “todo lo mío es tuyo”.

 MEDITACIÓN

El hijo pródigo, no ha sabido valorar lo que significaba el amor del Padre, se alejó, lo abandonó, rechazó el amor que le tenía, yo, ¿de qué manera experimento el amor de Dios?, ¿vivo mi fe como una opción de libertad, como una respuesta al amor que Dios me tiene?

El pecado, es ruptura y alejamiento de Dios, es rechazar a Dios como Padre, es tener un proyecto opuesto al del Padre, siendo así, ¿cuál es mi actitud ante lo que Dios me pide?, ¿vivo mi fe en una actitud de confianza en el Señor, buscando asumir lo que Dios quiere y espera de mi o hay aspectos que todavía debo purificar en mí? Si es así, ¿cuál es mi pecado, qué es eso que me está separando de Dios?, ¿qué puedo hacer a ese respecto?

La conversión es una actitud, una decisión, es volver a optar por el Señor, así el hijo menor que se había alejado, reconoce su error, recapacita y decide cambiar. En mi caso personal, ¿qué debo hacer para volver al Señor, qué es lo que debo cambiar?, ¿cuál es la decisión que debo tomar?

El padre sale al encuentro de ese hijo que se había ido. Esto nos hace tomar conciencia del amor incondicional de Dios, ante esto, ¿qué puedo hacer para acercarme al Señor, para experimentar su perdón y así reconciliarme con Él, volviendo a vivir de acuerdo a su voluntad?

El medio que la Iglesia nos plantea para experimentar el perdón de Dios, es el sacramento de la reconciliación, siendo así, ¿no sería ésta una buena oportunidad para acercarme a ese sacramento y así experimentar la misericordia de Dios? En estos días, ¿no sería oportuno volver a comenzar, pidiendo al Señor, perdón por todo aquello que me separa de Él?

ORACIÓN

Padre Santo, Señor Dios nuestro, Tú que nos das libertad, que nos das espacio para decidir, para optar y adherirnos o no a ti, Tú que nos das la gracia para decirte, te pido Señor, que me concedas tu gracia para que pueda optar por ti, para que reconozca dónde y cómo estoy, para que me dé cuenta de mi situación, y como el hijo pródigo sea capaz de recomenzar, levantándome, desinstalándome, cortando con aquello que me ata, abandonando el pecado y el alejamiento de ti, y pueda volver a ti. descarga

CONTEMPLACIÓN

Después de haber reflexionado y orado entramos presencia contemplativa. Observamos su misericordia y le vamos diciendo: Señor Dios nuestro, viendo la manera que Tú tienes de relacionarte con nosotros, viendo como Tú nos respetas tanto que hasta permites que nos alejemos de ti, que busquemos otros caminos que no son los tuyos; teniendo en cuenta que tu amor es mucho mayor que nuestra debilidad y fragilidad.

Y nos duele pensar que nos podemos olvidar de su misericordia y le decimos: Señor, que si alguna vez nos alejamos de ti, y tenemos la desgracia de caer en el pecado y separarnos de ti,  no nos abandones, no nos dejes en esa situación, sino que sigue insistiendo, en tu amor y tu misericordia; si por alguna razón, nuestro corazón se endurece y nos cerramos a tu voz, ven Tú en nuestra ayuda, y cárganos en tus hombros, como lo hace el pastor que abandona a sus ovejas para ir a buscar a la descarriada. Tú bien sabes cuál es la situación del hombre pecador, que se enceguece en su pecado y va muriendo lentamente, apagando en su corazón la llama de tu amor, siguiendo los caminos de la muerte y la desdicha

Sé, Señor, qué es vivir lejos de ti como ese hijo pródigo. Que él sea mi modelo para regresar a ti y descansar en tus brazos, porque eres misericordioso, porque es eterna tu misericordia.

 ACTUACIÓN

Tener en mi mesilla de noche o en un lugar bien visible las obras de misericordia  corporales y espirituales, y practicar al menos una cada día