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                                                       ¿Quién soy?

¿Quién debo ser?

Soy atrevido al realizar estas dos preguntas y reconozco la dificultad en el autoexamen y que sea sincero. Pero necesito saber quién soy para ir determinando ya ahora quién debo ser. Responde a esto la vocación, de la que quiero desarrollar tres aspectos. La vocación (significa “llamada”) es, valga la reiteración, una llamada y es una llamada a la vida. Nazco y estoy obligado a que me realice permanentemente y dentro de la comunidad concreta en la que vivo. La vida es para vivirse, en mi trabajo pastoral con los jóvenes – bastantes años y con muchos jóvenes  – les machacaba constantemente: No permitas que te viva la vida; vívela tú. No hay que permitir que yo deje de ser el agente y responsable de lo que hago.

No es lo mismo dejarse llevar por la fuerza de las aguas  del río, que nadar y más aún, hacerlo  contra corriente. Totalmente integrado en la humanidad: Soy hombre y todo lo que afecte a cualquier hombre o mujer, me afecta a mí.

Vocación a vivir la fe. Siempre que escucho “no creo”, y sí que me vuelvo escéptico hacia el que lo afirma. ¡Me quiere hacer creer a mí una tontería! Sea ateo o agnóstico quieren que nosotros “creamos” lo que ellos quieren, una contradicción: pues dicen que no tienen fe en Dios y en nada y quieren que nosotros  tengamos fe en ellos… Además su “dios” es el poder, el placer, el tener… no solo los creen como dioses, sino que los adoran… Un solo Señor, una sola fe, un solo Bautismo y un Dios y Padre de todos. Ahí está la raíz y el sentido de nuestra vida.

Que lleva el sentido de llegar al cielo o al infierno, aunque sea una palabra políticamente no correcta. La vocación cristiana se da de varios modos, según los dones de Dios:

Laical: es la fundamental de todo cristiano, llamado a ser luz y sal para el mundo, que lo hace con su ejemplo como soltero (a), casado (a), viudo (a)…

Vocación al servicio del Pueblo de Dios: es la vocación consagrada por los sacramentos del orden sacerdotal y el matrimonio, Los ministros dedicados al servicio de Dios y del pueblo (el culto) y el matrimonio para formar santas familias que renueven en santidad al Pueblo de Dios. Familias sanas, una sociedad sana.

Vocación religiosa: hombres y mujeres que se consagran a vivir su relación con Dios como consagración, a través de los tres votos de pobreza, castidad y obediencia. Normalmente lo hacen dentro de las reglas y normas de un instituto u orden aprobados por la Iglesia.

Hay una vocación para el Reino que se denomina profesión: hombres y mujeres que se entregan al servicio de la sociedad y que con su trabajo cumplen el deseo de Dios: construir una sociedad mejor. Hay profesiones que exigen una mayor vocación, como el ser profesor o  médico, menos que ser peón de albañil (que no expreso que una profesión sea mejor que otra como desarrollo humano; todo trabajo bien hecho dignifica). No hay que vivir cada profesión y trabajo pensando en cuanto gano para vivir, sino en cómo el trabajo bien hecho, me humaniza. Porque es abrir caminos de bienestar y belleza. ¿Quién no se emociona ante un poema?

Textos bíblicos

Isaías 6,1-2ª.67: Aquí estoy, mándame.

Salmo 137, 1-8: Delante de los ángeles tañaré para ti, Señor.

1Corintios 15,1-11: Os recuerdo el Evangelio que os prediqué y que vosotros aceptasteis y en el que estáis fundados. 

Lucas 5,1-11: No temas: desde hoy serás pescador de hombres.

Comentario

En las tres lecturas encontramos relación directa con el tema tratado: la vocación (Isaías y Lucas) y la proyección que la vocación tiene (Pablo).

En Isaías leemos el relato de su vocación a ser profeta. Es normal en otros profetas (cf. Ex 9,19; Jr 16…). Ante la presencia de Dios y su llamada se siente incapaz e impuro. El fuego quema lo no necesario y purifica para la misión. Dios da al mesonero la misión y los medios para serlo.

San Pablo se autoconfiesa como predicador fiel del Evangelio y lo hace desde la dimensión de quien sabe qué y de dónde ha recibido el cumplir esa misión: por la gracia de Dios soy lo que soy. Y su amor en su lectores está en conservéis el Evangelio que os prediqué. ¡es admirable la fortaleza que muestra san Pablo en todo!

Pescadores de hombres…tú que lees estas líneas,  eres quizás como Pedro, Juan, Santiago… a quienes llama a construir directa y en entrega total el Reino; a otros que quieren seguirlo Jesús los envía al mundo: vete a su pueblo, anuncia lo que Dios ha hecho contigo…

Compromiso 

El creyente discípulo de Jesús lleva la vocación de ser luz y sal para un mundo envuelto en la oscuridad del pecado (injusticias por todos lados) y falta de un sentido auténtico de la vida. San Pablo en sus cartas indica muchos de estos aspectos a sus lectores. Copiamos. Así, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de comprensión, entrañas de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia… Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta. Sed también agradecidos. Cantad al Señor, dando gracias (Gál 3,12-17).

Señor, presento ante ti mi debilidad; sé que tú puedes con tu gracia revestirla de fortaleza.  Sé que tu ayuda es continua, sin pausa, que sepa descubrir esa ayuda de tu gracia en todo momento de mi existencia y vivirla con mis hermanos. Amén.