Queridos feligreses:

Con mucho gusto los saludo en este primer número del Boletín de este Año Santo de 2016. Que Dios me los bendiga, mis manos heridascomo nunca antes lo había hecho.

Las palabras que les transmito enseguida están inspiradas en el Mensaje que el Papa Francisco ha dirigido a los jóvenes invitándolos a celebrar el Jubileo.

La Iglesia está viviendo el Año Santo de la Misericordia, tiempo de gracia y de paz, de conversión y de alegría que concierne a todos: grandes y pequeños, cercanos y lejanos. No hay fronteras ni distancias que puedan impedir a la misericordia del Padre llegar hasta nosotros. Ahora, la Puerta Santa ya está abierta en Roma y en todas las diócesis del mundo.

En la Iglesia de Lima ya está abierta la Puerta Santa de la Misericordia, y también en nuestra Parroquia. Por eso, como párroco, los invito a todos ustedes, feligreses de Santa Rita, a participar de manera activa y entusiasta en este Jubileo, llegando a ser protagonistas de su propia renovación espiritual, personal y comunitaria.

Quisiera llamarlos uno a uno, queridos hermanos y hermanas, quisiera llamarlos por su nombre, como hace Jesús todos los días rogando por nosotros al Padre Dios. Jesús nos asegura que el Padre nos ama y nos regala a todos, sin excepción, su Amor y Misericordia para que tengamos vida en abundancia y disfrutemos de paz y felicidad.

Si nos contentáramos con menos, queridos feligreses, despreciaríamos el Amor de Dios y lo defraudaríamos. Por eso, queremos lo que Dios haya dispuesto para nosotros en este Año Santo.

Cuenten, por tanto, con la Parroquia para todo lo que necesiten en orden a un encuentro consigo mismos y con Dios que marque sus vidas. Si en este Año Santo, no llegas a experimentar cuán bueno es el Señor, ¿para cuándo lo dejas, cuándo será? No te pierdas esta oportunidad. Ah, y no lo dejes para última hora. Cuanto antes, mejor.

Estén, pues, atentos a las iniciativas que promueva la Parroquia durante este Año Santo. En el último Boletín se te anunciaba el Año Jubilar: Una verdadera sorpresa; no puedes ni imaginar lo que Dios te tiene reservado. ¿Te atreves a soñar? Ponte en camino y prepárate para ver las maravillas que Dios hará en tu propia persona, en tu familia, en tu Parroquia… No lo dudes, pues la Misericordia del Señor dura siempre.

En intercambio de oraciones, p. Ismael, párroco