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cardenal-cipriani-abrira-la-pu-jpg_700x0“Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre”. Con estas palabras el Papa Francisco comienza el texto de la Bula de convocación al Jubileo Extraordinario de la Misericordia la que he glosado brevemente en esta Carta Pastoral para invitarlos a vivir con entusiasmo y profundidad el Jubileo de la Misericordia.

 Nos enseña el Papa que “la misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en la acción pastoral de la Iglesia debería estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes; nada en su anuncio y en su testimonio   hacia el mundo puede carecer de misericordia (…) tal vez por mucho tiempo nos hemos olvidado de indicar y de andar por la vía de la misericordia (…) es triste constatar cómo la experiencia del perdón en nuestra cultura se desvanece cada vez más. Incluso la palabra misma en algunos momentos parece evaporarse. Sin embargo, sin el testimonio del perdón queda sólo una vida infecunda y estéril” (cfr. Bula, n. 10).

 No podemos olvidar la gran enseñanza que san Juan Pablo II nos ofreció en su segunda encíclica Dives in misericordia y que nos conviene volver a leer. “En la situación actual de la Iglesia y del mundo, muchos hombres y muchos ambientes guiados por un vivo sentido de la fe se dirigen, yo diría casi espontáneamente, a la misericordia de Dios (…) Ello me obliga también a recurrir a tal misericordia y a implorarla en esta difícil, crítica fase de la historia de la Iglesia y del mundo” (Juan Pablo II, Carta Encíclica, Dives in misericordia, 2).

Dimensión profética del Año de la Misericordia

Este gozoso anuncio del Jubileo hecho por el Papa tiene una fuerte dimensión profética ante la realidad de las heridas que causamos al Cuerpo de Cristo con nuestros pecados personales; ante las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de su dignidad; ante una cultura- post moderna la titular – que, en muchos lugares y de manera agresiva, pretende imponer un modo de ver las cosas, que vive como si Dios no existiera (1): desconociendo la importancia vital de la familia en el proyecto de Dios Creador, eliminando millones de vidas inocentes con el abominable crimen del aborto, promoviendo la llamada ideología de género que atropella la dignidad esencial de hombres y mujeres de manera aberrante, atropellando también la identidad de la familia.

 El año jubilar es también un llamado profético frente a la corrupción que el Papa califica de “llaga putrefacta de la sociedad (…) un grave pecado que grita  hacia el cielo pues mina desde sus fundamentos la vida personal y social (…) que impide mirar el futuro con esperanza..” (ibid,n.19)

 No queremos ser profetas de desventuras, pero tampoco queremos callar ante el ataque que sufre la humanidad, de manera especial, la juventud que desconcertada observa el desmoronamiento de toda una civilización que, sin fuerzas morales ni líderes que la orienten para resistirla, claudica sin luchar.

 “¡Este es el tiempo oportuno para cambiar de vida! Este es el tiempo para dejarse tocar el corazón. Delante de tantos crímenes, escuchen el llanto de tantas personas… La verdadera vida es algo bien distinto de lo que ahora pensamos…El Papa nos tiende su mano… basta que acojamos esta llamada a la conversión”(cf.ibid,n.19)

 

El núcleo del Año de la Misericordia

1.2 1162La luz de la esperanza se enciende con fuerza en nuestros corazones para enfrentar estos tiempos recios y seguir el llamado del Espíritu Santo para acudir al sacramento de la Reconciliación. “Muchas personas están volviendo a acercarse al sacramento de la Reconciliación y entre ellas muchos jóvenes, quienes en una experiencia semejante suelen reencontrar el camino para volver al Señor, para vivir un momento de intensa oración y redescubrir el sentido de la propia vida”(ibid,n.17)

 Por ello, en este Jubileo Extraordinario, los sacerdotes deben dedicar muchas horas al confesonario que es el lugar privilegiado de la misericordia de Dios. Den a conocer sus horarios en todas las parroquias, colegios y capellanías para que los fieles puedan con sencillez y de manera espontánea acudir al encuentro con Cristo.

 “Ninguno de nosotros es dueño del sacramento de la reconciliación, sino fiel servidor del perdón de Dios” (ibid. n.17), nos recuerda taxativamente el Papa Francisco. Por ello estoy seguro que todos los sacerdotes que trabajan en la Arquidiócesis de Lima dedicarán muchísimas horas a recibir en el confesonario “como el padre que corre al encuentro del hijo para abrazar a ese hijo arrepentido que vuelve a casa y a manifestar la alegría de haberlo encontrado…llamados a ser siempre, en todas pares, en cada situación y a pesar de todo, el signo primado de la misericordia…”(ídem)

 El Santo Padre, en este Año de la Misericordia, ha dado permiso a todos los sacerdotes que gocen de licencias en su jurisdicción para levantar la pena de la excomunión que pesa sobre el pecado del aborto. Es un gestor paterno que facilita el perdón de toda pena o censura a los que hayan cometido este abominable pecado.

Obras de misericordia

cipriani1Las Obras de misericordia son acciones con las que, a partir del amor a Dios, ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales (cf. CEC n.2447).

Las obras de misericordia corporales son: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir a los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos.

 Las obras de misericordia espirituales son: dar consejo al que lo  necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia las personas molestas, rogar a Dios por los vivos por difuntos.

 En todas las parroquias de la Arquidiócesis y en las Capellanías se  organizarán las “Ofrendas de la Misericordia” para que todos podamos ayudar materialmente a las personas que lo necesiten entregando, por ejemplo, alimentos no perecibles, ropa en buen estado, medicina de primeros auxilios, libros sencillos de lectura y, en general artículos que sean de ayuda a la gente más necesitada. La organización estará dirigida por quien designe el párroco o capellán que, contando con la ayuda de grupos de voluntarios, visiten mensualmente los lugares o instituciones más necesitadas llevando las ayudas.

 Asimismo, más adelante, desde la Oficina de Pastoral, se enviarán otras sugerencias, por ejemplo para que en los tiempos fuertes como es la Cuaresma se viva con intensidad el espíritu de la Reconciliación y Penitencia; también para que se impulsen misiones populares que visiten los hogares, hospitales, asilos y lugares de la periferia organizados con “voluntarios de la misericordia”.

 

La Puerta Santa de la Misericordia

 Decanato 1

La Parroquia de Nuestra Señora de los ángeles (Rímac)

Decanato 2

El Santuario de Las Nazarenas y la Parroquia de San Pedro (Lima)

Decanato 3

La Parroquia de San José (Jesús María)

Decanato 4

La Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús ( Magdalena del Mar)

 Decanato 5

La Parroquia de Nuestra Señora de Fátima (Miraflores)

 Decanato 6

La Basílica de María Auxiliadora (Breña)

Decanato 7

La Parroquia de Santa María de Magdalena ( Pueblo Libre)

Decanato 8

La Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe (Balconcillo)

 Decanato 9

El Santuario del Señor de la Divina Misericordia (Surco)

Decanato 10

El Santuario del Sagrado Corazón de Jesús (Barranco)

 Decanato 11

La Parroquia de San Pedro (Chorrillos)

 Decanato 12

La Parroquia de La Reconciliación (Camacho)

 Decanato 13

La Iglesia Virgen del Rosario (Manchay)

 

La Peregrinación y las Indulgencias

La Peregrinación  Eterna. También para llegar a la Puerta Santa cada uno deberá realizar, de acuerdo con las propias fuerzas, una peregrinación.

“Esto será un signo del hecho que también la misericordia es una meta por alcanzar y que requiere compromiso y sacrificio. La peregrinación, además de un signo, es un estímulo para la conversión: atravesando la Puerta Santa nos dejaremos abrazar por la misericordia de Dios y nos dejaremos abrazar por la misericordia de Dios y nos comprometeremos a ser misericordiosos con los demás como el Padre lo es con nosotros” (ibid, n.14)

 Este Año Jubilar  lleva consigo la posibilidad de ganar la Indulgencia Plenaria. Sabemos que el perdón de Dios por nuestros pecados no conoce límites. En la confesión personal  – auricular y secreto – el  nombre de Dios nos absuelve de nuestros pecados liberándonos de la pena eterna .

La experiencia nos enseña que aunque los pecados han sido perdonados por Dios, permanece la huella negativa que los pecados dejaron en el alma, así como el daño que con ellos hemos causado a los demás. Por ello se requiere de una constante purificación, de lo que llamamos la pena temporal. (cf CEC,n.1472)

 La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que cada uno bien preparado y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos.(Cf.CEC,n.1471)

 La indulgencia es parcial o plenaria si libera la pena temporal debida por nuestros pecados ya confesados, en parte o totalmente. También podemos aplicarlas a las almas de los fieles difuntos que están purgando sus penas temporales en el purgatorio.

 Las condiciones habituales para ganar la indulgencia con verdadera contrición y rechazo de todo apego al pecado, la recepción de la Eucaristía y el rezo por las intenciones del Santo Padre. En este caso se añade el signo particular de atravesar la Puerta Santa de la Misericordia. En peregrinación.

Pidamos a Dios en este Año de manera especial que, al vivir bien todo lo que la Iglesia establece, nos perdone nuestros pecados y nos dispense su indulgencia misericordiosa a nosotros y a nuestros seres queridos ya fallecidos.

María, Madre de Dios y Madre de Misericordia

 Para  terminar esta breve exhortación, nuestro pensamiento se dirige lleno de gozo y agradecimiento a María nuestra Madre, Asiento de la Sabiduría y Esperanza nuestra, Madre de la Iglesia para que, con su mirada, su ternura y la acción de su corazón amabilísimo, nos lleve a su Hijo Jesús.

 Vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos le pedimos, con palabras de la oración mariana de la Salve, al atravesar la Puerta Santa de la Misericordia para experimentar los frutos de la misericordia divina en este Jubileo en el que Dios quiere sorprendernos irrumpiendo en la historia de nuestras almas, de nuestros hogares, de nuestros pueblos.

 Lima, el 1° de Enero del año 2016, Solemnidad de la Madre de Dios.

 

Juan Luis Cardenal Cipriani Thorne

Arzobispo de Lima y Primado del Perú