[fbshare]Sentido de esta fiesta

Culmina el tiempo de Navidad y de Epifanía para colocarnos cuando Jesús inicia su vida pública, que lo hace recibiendo el bautismo de Juan el Bautista en el río Jordán. Voy a tratar el bautismo de Jesús y el nuestro, que hay que diferenciarlos bien, pues son muchos los cristianos – cada vez más no sé si porque no quieren a sus hijos acercarlos a la fe o por un desconocimiento de ambos bautismos -. Se escucha con frecuencia: Que lo decida él cuando sea agrande, como Jesús. ¡Qué desconocimiento! ¿No queremos lo mejor para nuestros hijos? Pues hacerlos hijos de Dios por el sacramento del Bautismo. Me viene a la mente un día que al terminar un bautismo, la abuela del bebé se acercó y le dio un beso sonoro en la frente, diciendo en voz alta: Ahora sí que eres hijo de Dios y te beso con toda el alma por toda la gracia que hay en ti. ¿Sabes en qué fecha te bautizaste y en qué parroquia? Celebras tu fecha de nacimiento… ¿La de tu Bautismo?

Nuestro Bautismo

Nuestro sello de identidad de ser cristiano está acuñado en una realidad única: la del que vive, Jesús. Porque Él tomó sobre sí nuestros pecados y en el sacrificio de la cruz nos redimió, y, al resucitar, nos abrió a la nueva Vida. A poder gozar de esta realidad se llega por el sacramento del Bautismo, que nos da la gran dignidad de ser hijos de Dios, por eso, nunca me cansaré de citar el texto de san Juan: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues, ¡lo somos! (1Jn 3,19. Todos hermanos, realidad que tantos hombres y mujeres de distintas religiones, pueblos y naciones no la comprenden, por eso, pleitos, injusticias, guerras… ¿Cuántas guerras hay en este momento en el mundo?

El bautismo de Jesús

La Iglesia ha dado mucha importancia a este acontecimiento,  además, que son los cuatro evangelistas los que lo narran con pequeñas variantes. Ya hemos dicho que no hay que confundir el bautismo de Juan con el que dio Jesús a su Iglesia, el primero era una señal de purificación en el río para mostrar que aceptaban la predicación de Juan el Bautista e iniciaban el camino de conversión anunciado por el Precursor; por el segundo, llegamos a ser hijos de Dios y miembros de su Iglesia. La gran diferencia entre ambos la manifiesta Juan cuando le dice a la gente: Yo os bautizo con agua, pero viene el que puede más que yo… Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego (Lc 3,16). Era el de Juan un bautismo para el perdón de los pecados (Lc 3,3). La eficacia ese rito no estaba en él mismo, sino en la sinceridad con que era recibido.

Jesús es bautizado por Juan

wpid-el-bautismo-de-jesucristo-superportadaJesús estaba en la fila de los que se iban introduciendo en el río para ser bautizados por Juan, el sin pecado, junto a los pecadores. Esa  realidad que una vez más la reconoce Juan al afirmar: Soy yo el que necesito que tú me bautices (Mt 3,15). Una escena única va a suceder en Jesús, pues mientras oraba, se abrió, bajó el Espíritu Santo en forma de paloma, y vino una voz del cielo: eres mi Hijo, el predilecto  (Lc 3, 20). Normalmente este texto se tiene como uno de los textos bíblicos fundamentales en donde aparece la Santísima Trinidad: el Padre, que habla; el Hijo que es llamado amado y predilecto, y el Espíritu Santo que posa sobre Jesús en forma de paloma.  La plenitud de esta realidad la recibimos cada uno de nosotros en nuestro Bautismo, recibimos cada una de las tres divinas personas:

  • Al Padre de todos (no de algunos) hombres y mujeres del mundo.
  • Al Hijo: hemos sido hechos hermanos en Él; vivamos como lo que somos.
  • Al Espíritu Santo: todos llamados a ser santos, bajo su guía.

Textos bíblicos

  • Isaías 42, 1-4.6-7: Mirada mi siervo.
  • Salmo 28, 1-4.9-10: El Señor bendice a su pueblo con la paz.
  • Hechos 10, 34-38: Dios ungió a Jesús con la fuera del Espíritu Santo.
  • Lucas 3, 15-16. 21-22: Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.

Inicio de la vida pública de Jesús

Llega la plenitud de los tiempos al iniciar Jesús su predicación: conviértanse y crean en la Buena Nueva. Son los tiempos definitivos para el mundo, porque

  1. Se cumple lo anunciado por los profetas (1ra. Lectura).
  2. Se renueva el mundo, envueltos en las oscuridades del pecado y se consigue la paz (salmo).
  • En el libro de los Hechos se nos dice que con Él llega y se inicia la salvación universal.
  1. Todo se da en la plenitud del Hijo, el amado, el predilecto (evangelio).

Jesús hombre y Dios

Debemos recalcar, apoyándonos, además, en las lecturas bíblicas, que Jesús se identificó en todo con sus contemporáneos y, en ellos, con nosotros. Es oyente del Bautista y creyó en su anuncio de la llegada del Reino de Dios, se hizo bautizar como un arrepentido más; lo cual no entiende el Bautista. No es solo que llamó la atención a Juan el Bautista, es que toda su vida fue  buscar la verdad y el amor, rompiendo esquemas de esclavitud, recibiendo el odio de los tiranos de siempre que lo llevaron al suplicio de la cruz. Se hizo maldito por nosotros (maldito el que muere en un madero, dice la Escritura) y Dios lo resucitó y a nosotros con Él.

Renovemos nuestro Bautismo

Acontecido probablemente para todos mis lectores en la infancia, ha quedado para recordarse pocas veces, pues en el Bautismo se nos da una gracia que los teólogos llaman santificante  y que imprime carácter, como una señal que nada ni nadie la podrá borrar. Seamos o no cumplidores de nuestro compromiso bautismal, ahí está la señal que nadie ni nada la puede quitar; que asumimos en las promesas bautismales. Puedo estar esa gracia muerta; la puedo hacer revivir por el arrepentimiento y confesión de mis pecados y está viva cuando vivo en unión con Cristo y su Iglesia. Hay una semejanza entre el bautismo de Jesús y nuestro Bautismo: en el Jordán Jesús asume la voluntad de Hijo de llevar adelante el plan salvador de Dios e iniciar la vida pública; nosotros por el Bautismo somos llamados a vivir de Dios y para Él a través del servicio a nuestros hermanos en el amor.

Oración

Señor Jesús, tu entrega a la voluntad del Padre es la mayor muestra de amor; que sepamos vivir como tú de la voluntad del Padre, no de nuestros egoísmos o cayendo en las tentaciones que el mundo nos pone. Amén.