[fbshare]

2116512308_4010dc6579María

En estas vísperas de la Navidad la Iglesia nos presenta, con muy buena pedagogía religiosa, a María, la Madre. Los profetas nos han ido presentando en las lecturas de este tiempo litúrgico la expectación del pueblo de Israel, cada vez más acentuada, del Mesías; y toda esta realidad la resume la Iglesia en María, que en muchas comunidades cristianas se refleja en tener una imagen de la Virgen en manifiesto estado de gestación y, a la fiesta que celebran, la denominan “Nuestra Señora de la Expectación”.

Las madres desde que conocen su estado de gestación comienzan a pensar en la vida nueva que hay en sus entrañas, según avanza la gestación preparan cosas para el bebé que llega, cada vez más los padres asisten a los hospitales donde se forma a los padres – conviene que vayan los dos esposos – para llevar mejor el momento tan importante del parto, que suele acarrear mucho sufrimiento. María muy pocas cosas pudo preparar, dada su humilde condición, además, menos podría llevar en el viaje de Nazaret a Belén. María y José seguramente se acercaron más a Dios, poniéndose en sus manos y más aún al Niño que iba a nacer. Prepararon su corazón sobre todo buscando la forma más humilde y silenciosa para que el Hijo de Dios naciese. Es como yo entiendo y, por eso, no encontraron, según san Lucas, lugar en la posada, demasiado movimiento de ir y venir cara al público  en una posada de aquellos tiempos. Como en el nacimiento y posteriores actuaciones, María conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón (Lc 2,19).

Textos bíblicos

  • Miqueas 5,2-5a: de ti saldrá el jefe de Israel.
  • Salmo 79,2-3.15-16.18-19: Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.
  • Hebreos 10, 5-10: Aquí estoy para hacer tu voluntad.
  • Lucas 1,35-45: ¿Quién soy yo para que me visite la Madre de mi Señor?

Encuentro

mariaeisabel¿Cuál fue el motivo principal que llevó a María a visitar a su prima Isabel? Hay algo que no se puede negar y  es que su presencia buscaba ayudar a Isabel, pues queda claro si nos fijamos en el texto evangélico que nos pone a María estando con ella unos tres meses (Lc 1,36). Yo quiero ver algo más profundo y en las mismas prisas que María  va a casa de su prima. María va de prisa a casa de Isabel para poder alabar juntas a Dios, ya que ha bendecido maravillosamente a ambas.

María recibe en el anuncio de Gabriel no solo que va a ser Madre de Dios, sino también, y como acción milagrosa del Todopoderoso, que su prima Isabel – estéril y con edad avanzada – está en siete meses de gestación. Dos almas agraciadas por Dios y, puesto que María, seguramente, no sabía cómo enfrentar con José el hecho, va de prisa a ver a Isabel para, juntas, agradecer y alabar juntas al Dador de todo bien. En el encuentro, Isabel, en condensadas palabras, expresa la realidad de María: ¿Quién soy yo para que me visite la Madre de mi Señor (Dios)?  (Lc 1,43). Una afirmación total y rotunda de que María, llena de gracia, es la Madre de Dios. Desde el momento de la aceptación que María hace al anuncio del Arcángel, la segunda persona de la Santísima Trinidad es, al mismo tiempo, Dios y hombre.

El encuentro de las dos primas y madres por don de Dios es una de las escenas más hermosas de los evangelios. Isabel reconoce a la Madre de Dios y María canta el cántico de alabanza, otro de los textos más hermosos de la Biblia, donde ella reconoce lo que es por el don de Dios y que la llamarán, por eso,  bienaventurada todas las generaciones,  porque el Todopoderoso ha hecho obras grande en ella.

Una nueva realidad

A María desde los primeros escritores cristianos se la ha considerado la mujer nueva, la nueva Eva. Si por la primera Eva entró el pecado en el mundo; por María, segunda Eva, entró por su Hijo la salvación para todos los hombres.

Esta plenitud de María nos debe llevar a confiar en ella, abriéndole nuestro corazón.  Ella es nuestra Madre (nos la dio Jesús cuando estaba ella al pie de la cruz – Jn 14, 25-27- ) y sabemos el poder de intercesión que tiene una madre. Así lo vive la Iglesia al declarar que María es el mejor ejemplo de santidad y la mejor intercesora ante su Hijo Jesús. Dicen que la primera oración que los primeros cristianos elevaron a la Madre de Dios es esta:

Bajo tu amparo nos acogemos,
santa Madre de Dios;
no deseches las oraciones
que te dirigimos
en nuestras necesidades,
antes bien
líbranos de todo peligro,
¡oh Virgen gloriosa y bendita!
Amén.

En unión con Jesús, María y José

  • Aprendemos con ellos el silencio. De José no conocemos ni una palabra, pero sí magníficos hechos.
  • La obediencia de José: acoger a María, ir a Belén, huir a Egipto…
  • Reconozcamos con María las maravillas de Dios, especialmente en los pobres y humildes.
  • Miremos y aprendamos en Belén.
  • Nos preparamos bien para la Navidad, tratando de que la celebremos especialmente y lo hagamos con la misa y la participación en la comunión.

Oración

  • Es contemplar y alabar, es aprender. Es rezar individualmente, en familia y en la comunidad.
  • Pedimos: Jesús llévanos al amor (ternura) con los demás.
  • Nos sentimos arropados por Jesús, María y José.
  • Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.