DOMINGO SEGUNDO DE ADVIENTO, CICLO C  

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ORACIÓN INICIAL

Señor, Tú que has venido a hacernos ver el amor que el Padre nos tiene, te pedimos que nos ayudes en estos días de Adviento a saber disponer nuestro corazón, a preparar el camino del de tu nacimiento, y que sea también el nuestro, para que así como Tú has venido a darnos vida y salvación, también lo hagas en cada uno de nosotros, dándonos la gracia y el valor de cambiar todo lo que nos separa de ti, para que seas Tú todo en nosotros. Inunda nuestra vida de tu amor para que como tu Madre, también nosotros te demos nuestro corazón y así vivamos por y para ti dando testimonio de tu amor.

73fb57349cf9dd42229fea282c518cf6LECTURA DE LA PALABRA DER DIOS. Lucas3,1-2ª 

En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la Palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del Profeta Isaías: «Una voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios.»

Contexto La obra de Juan, y también la de Jesús, se desarrolla en medio de una historia concreta en la que estos gobernantes sobresalen. Dios entró en la historia y se puso a nuestro lado de esta forma, en las condiciones comunes de la vida humana.

Pero la visión del evangelio no es la del derrotismo frente al poder que calla a los profetas con métodos de violencia. Si estos personajes que ejercen poderes destructivos se mencionan es porque se quiere dar una buena noticia, y es que no estamos entregados de manera definitiva a los poderes históricos porque la última palabra sobre el destino del mundo la tiene Dios, el Señor de la historia.

Texto Lucas nos presenta la lista de una serie de autoridades terrenas y religiosas, cuyas intervenciones inciden profundamente en el destino de Juan. La lista de los personajes y sus fechas no es simplemente ilustrativa, a través de los datos el evangelista nos está dando el mensaje de que la acción salvífica de Dios no ocurrió en una indeterminación fantástica o mítica, sino en un marco espacial y temporal bien definido; él es el Dios de la historia.

En el marco político: El emperador del momento es Tiberio, soberano absoluto del mundo mediterráneo, continuador de la política de “pax romana” iniciada por César Augusto. Él concentra el poder político y económico de las provincias conquistadas por el imperio, todos dependen de él. El ministerio de Juan comenzó en ese tiempo preciso.

A nivel de Palestina. Los cuatro nombres que siguen se refieren a los cuatro gobernadores que gobernaban el territorio que dejó el rey Herodes el Grande:

Poncio Pilato, el procurador romano de la región de Judea.  Lo recordamos porque fue quien tomó la decisión final de ejecutar a Jesús en una Cruz.

Herodes Antipas, quien heredó de su padre Herodes el Grande el territorio de Galilea. Como tetrarca de Galilea, tiene también jurisdicción sobre Jesús, por eso Pilato le envió donde él para escuchar su opinión antes de ejecutarlo.

Filipo, tetrarca de la región del Golán, donde queda Cesarea de Filipo y Lisanias, tetrarca de Abilene, más al norte que los anteriores, en el extranjero.

En el  marco religioso aparecen los nombres de las máximas autoridades judías  en el campo religioso y, con algunas limitaciones, en el campo civil: Anás, fue el Sumo Sacerdote entre los años los 6-15 y  Caifás lo fue entre el 18 y el 37.  Parte de su tarea era presidir el Consejo de los Ancianos, donde se determinaba la rectitud de doctrina y de comportamiento religioso en el pueblo judío. Ambos se escandalizaron con el comportamiento de Jesús y pidieron su condena a muerte.

 Juan es un profeta no se presenta a nombre propio sino como delegado de Dios.  Por eso vemos en el texto a Juan recibiendo la Palabra de Dios. Y la recibió  “en el desierto” justo donde había pasado su largo tiempo de preparación.

El “desierto” nos remite a los orígenes del pueblo de Israel en el éxodo e incluso, a los comienzos de la historia misma. El desierto evoca aridez, soledad, anonimato, miedo, carencia, falta de esperanza. En él rozamos con la muerte. El desierto es el lugar donde si uno grita nadie lo escucha; donde si uno se desvanece agotado sobre la arena, no hay quien se ponga a nuestro lado; donde si nos ataca una bestia, no hay quien nos defienda; donde si se vive una gran alegría o una gran pena, no hay con quien compartirla. ¿Qué significa entonces escuchar la voz de Dios en el desierto para proclamarla también en el desierto?

Por medio de Juan toda persona queda sometida a la gracia y a las exigencias de Dios. Con esta misión Juan “se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados”.

La tarea del precursor de Jesús es preparar la venida del Señor mediante la predicación de la conversión. Pero, ¿cómo entiende este texto la conversión? Lucas responde con la profecía de Isaías 40,3-5. La conversión pedida es parecida a la transformación de un desierto: “Voz que clama en el desierto”, el desierto que cada uno lleva por dentro y el desierto de nuestras ciudades.  Juan recibió la inmensa tarea de sacudir esos desiertos, todos esos obstáculos que impiden avanzar: “barrancos”, “montes y colinas”, “lo tortuoso y las asperezas”. La imagen de los “caminos que se hacen llanos” evoca una gran apertura que nos rescata de nuestras soledades, un fluir que nos saca de nuestros estancamientos, un gran espacio para la compañía que nos saca de nuestros egoísmos, una ampliación de la visión que nos devuelve los sueños de humanidad que creíamos imposibles.

Quien vive cerca de un desierto se acostumbra a verlo siempre así y se resigna. Así mismo sucede con nuestros pecados y con los de los otros, cuando una expectativa se prolonga, viene el cansancio y se echa para adelante casi por inercia.  La voz que clama en el desierto nos dice que sí es posible cambiar, que Dios abre caminos donde parece imposible. Es así como Juan predica el regreso a los caminos de Dios para un pueblo necesitado del perdón.

El punto está en aceptar que lo necesitamos, que creamos que podemos transformar el desierto.  La conversión no es una auto-tortura como quizás alguno podría imaginar, más bien es la maravillosa aventura de aceptar participar en la creación de Dios que se realiza en nosotros mismos y que apunta a la calidad de vida en la sintonía de proyecto de vida con Dios.

MEDITACIÓN¿Qué impresión me causa la predicación de Juan el Bautista (Lc 3,1-6)?, ¿qué actualidad tiene para nosotros en este tiempo de Adviento, a qué nos compromete?  Para nuestra vida, durante este tiempo de Adviento, ¿qué sentido tiene la exhortación a la conversión que hace Juan Bautista (Lc 3,3)?, ¿de qué cosas y en qué, debo convertirme para celebrar vivencialmente la Navidad, para que sea como un nuevo nacimiento para mí y mi familia? ¿En qué consiste y de qué manera debo preparar el camino del Señor durante este tiempo de Adviento (Lc 3,4)?, ¿cuál es la actitud que debo tener?  ¿De qué manera debo prepararme personal, comunitaria y familiarmente para la Navidad?, ¿qué debo hacer?

ORACIÓN

Señor, de la misma manera como tu Madre estuvo preparándose para tu nacimiento, haciendo que Tú crecieras en su cuerpo y su corazón, ayúdanos ahora, a que también nosotros, nos dispongamos a recibirte para que Tú puedas nacer en cada uno de nosotros, siendo Tú todo en nosotros. Ven, Dios nuestro, ven a nosotros, y ayúdanos a sacar de nuestra vida, todo lo que impide que Tú nazcas en nosotros y nos llenes de vida y salvación. Ven, y dispón nuestro corazón, para que seas Tú todo en nosotros y así nuestra fe en ti sea tan viva que lo hagamos ver en nuestra manera de ser, de actuar, de relacionarnos, porque Tú estás en nosotros y nosotros vivimos por y para ti

CONTEMPLACIÓN La exhortación de Juan el Bautista, parece ser hecha para nosotros en este tiempo de Adviento, cuando buscamos prepararnos para vivir de manera viva y trascendental estas fiestas de Navidad. Aquí el Bautista nos invita a cambiar de vida para que sean perdonados nuestros pecados. Como que de entrada nos coloca de lleno en el espíritu de este tiempo, pues nos hace tomar conciencia del encuentro con el Señor, que nos debe transformar, nos debe ayudar a cambiar de vida, a acercarnos siempre más a Dios, a vivir más plenamente lo que nos pides. Por eso, nos invita a cambiar nuestra manera de ser, nuestras conductas, buscando que cada vez nuestra vida, refleje aquello que creemos.  Uno  corre el riesgo de dejarse llevar por una tradición muy poca cristiana, donde se busca celebrar una Navidad, pero sin Él, sin tenerle en cuenta, olvidando que la Navidad encuentra su sentido en Él y solo en Él, que es la Navidad. Viendo esto, la exhortación que nos deja esta palabra es algo que nos compromete, pues nos hace ver que Navidad no es solo fiestas y regalos, sino que principalmente es adhesión y unión a ti, buscando que Tú nazcas en cada uno de nosotros, en nuestras familias, viviendo así tus enseñanzas, asumiendo su estilo de vida, viviendo sus mismos sentimientos.

 Señor Jesús, ven en nuestra ayuda, y ayúdanos a ser conscientes de lo que implica para nosotros celebrar tu nacimiento. Ayúdanos a esperarte con el corazón abierto, buscando que seas Tú todo para nosotros y que nosotros te demos un lugar en nuestra vida, para que Tú nazcas en cada uno de nosotros.

 ACTUAR ¿De qué manera debo preparar el camino del Señor en mi vida durante estos días de Adviento, para que la Navidad sea una fiesta de amor y paz?  ¿Qué actualidad tiene la exhortación de Juan el Bautista a convertirnos? ¿Convertirnos a qué? ¿en qué, de qué manera y cómo?  ¿Qué va a cambiar en mi vida después de haber escuchado la invitación de Juan el Bautista a convertirme, a preparar y enderezar el camino del Señor?