La esperanza

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Es el tema fundamental del tiempo litúrgico que iniciamos en este domingo de Adviento. Todo el Antiguo Testamento intenta mantener a todo el pueblo de Israel en la espera del Mesías, el auténtico Salvador del pueblo. En la sociedad actual llena de ídolos (muchos esperan no sé qué), es necesario volver, como Israel, al Dios único y el auténtico Salvador. La Iglesia quiere renovar en la liturgia de estas cuatro semanas antes de la Navidad el espíritu de espera, para que ese Niño que nació, nace y seguirá naciendo en Belén, busca nacer  en cada corazón que lo acoja para que sea el hoy eterno de la salvación. Adviento viene del latín ad (prefijo que significa acción) y ventus (venida), significa, entonces hacer llegar. Cómo favorecer esta llegada en cada uno de nosotros es lo que vamos a intentar con algunas ideas.

Despistados

acoge-como-mariaLas formas de buscar la felicidad en las naciones desarrolladas (y en todos sitios se está  sembrando cada vez más esta semilla), que responde al marketing (esa palabra inglesa que tiene una bonita palabra en castellano: mercadeo). Busca dormirnos. El marketing en algunas y despertarnos para otras, es hacer que necesitemos y compremos cosas, aunque después no sepamos ni para qué las hemos comprado. Pero es más peligroso aún cuando se mete en las personas despertando deseos y durmiendo otros, manipulados al antojo por quien ni sabemos.  Fiestas, jaranas, bailes, drogas, consumismo, etc. es llegar a vivir en desenfreno. Por vender más se venden hasta las almas, con el diablo del marketing se cumple lo imaginado por el poeta alemán en Fausto y sigue más eficiente que nunca. Es querer  atrapar a todos en este camino, procurando que no se escape nadie, esos a los que llaman idealistas, engañados, etc. El mundo está sembrado de ello.

Dios viene y viene siempre que encuentra a alguien dispuesto a abrirle su corazón. Eso exige vigilancia, que estemos atentos, que no dejemos pasar el tiempo de salvación. Son las enseñanzas que nos quieren dar las lecturas bíblicas tanto los domingos como los días de entre semana. Son lecturas que no son para meternos miedo – aunque moralistas y predicadores las hayan usado en exceso por ese camino -; sino para darnos esperanza, como lo expresa claramente san Lucas en el evangelio de hoy: levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.  

Textos bíblicos

  • Jeremías 37, 14-16: cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel.
  • Salmo 24,4-5.8-10.14: A ti, Señor, levanto mi alma.
  • 1Tesalonicenses 3,12-4,2: os presentéis santos e irreprochables ante Dios nuestro Padre.
  • Lucas 21, 25-28.34-36: Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza, se acerca vuestra liberación.

Comentarios a las lecturas

  • Jeremías es fiel observador de cómo los jefes de Israel han hundido la nación, llegando los babilónicos a conquistar Jerusalén y, peor aún, destruir totalmente el templo. La situación se hace peor cundo se llevan cautivos a las familias más importantes de Israel y los preparados en distintos oficios, Destruyen todo y dejan muy difícil la reconstrucción del país, más empobrecido que nunca. El profeta denuncia que han llegado a esa situación por la falta de amor y de solidaridad. Los abre a la esperanza en que llegarán tiempos mejores, porque Dios no abandona a su pueblo. Especialmente comienza a hablarse de un personaje, que se irá remarcando en los profetas sucesores: es el Mesías.
  • Este amor de Dios a su pueblo que pretende inculcar el profeta Jeremías, san Pablo lo ha vivido en su conversión. Varias veces en sus cartas hace referencia a esto: tocado por la gracia de Cristo, se entrega totalmente a que los demás vivan esa experiencia que les hace vivir cotidianamente en la presencia de Dios, que nos hace ser santos e irreprochables ante Dios nuestro Padre.
  • Todos los elementos en que se fundamenta la realidad en que vive la sociedad actual (pensemos en tantos actos de dantesco terrorismo) se expresan en este lenguaje apocalíptico; por eso, toda la parafernalia apocalíptica de san Lucas es abrirnos a la esperanza. En noche o en día, el bien o el mal, de nuestra vida y la de los demás manteneos en pie ante el Hijo del hombre. ¿Quién puede mantenerse en pie ante Dios? El que vive el amor de Dios en los hermanos; el que, aunque pecador, aunque se sienta pecador, sabe de la bondad de Dios: Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Tú un corazón arrepentido y humillado, tú no lo desprecias, Señor. Es buscar el camino para que Dios nazca en cada uno de nosotros.

Puestos en oración

  • ¿Cómo reavivo mi esperanza? ¿Me siento aplastado por los acontecimientos de cada día o pongo ganas en superarlos con la ayuda de la gracia del buen Dios?
  • ¿Busco que mi vida espiritual se proyecte en buscar un mejor trato y calidad de vida en y con los demás?
  • ¡Señor!, concédeme la alegría de confiar siempre en ti, viviendo en ti.
  • Amén (que significa: así debe ser).