SOLEMNIDAD DE CRISTO REY

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ORACIÓN INICIAL

jesusdenazareth¡Oh Padre! Tu Verbo ha llamado en la noche a mi puerta; prisionero y atado, sin embargo hablaba todavía, llamaba todavía, como siempre, y me ha dicho: “¡Levántate de prisa y sígueme!” Al amanecer, lo he visto prisionero en el pretorio de Pilato, y no obstante todo el dolor de la pasión, todo el abandono en el que se encontraba, Él todavía me conocía, me esperaba. Hazme entrar, ¡oh, Padre! con Jesús en el pretorio, en este lugar de acusación, de condena, de muerte; es mi vida de hoy, mi mundo interior. Sí, todas las veces que tu Palabra me invita, es casi como entrar en el pretorio de mi corazón, lugar contaminado y contaminante, que espera la presencia purificadora de Jesús. Tengo miedo, Tú lo sabes, pero si Jesús está conmigo, no debo ya temer. Me quedo, Padre y escucho con atención la verdad de tu Hijo que me habla; miro y contemplo sus gestos, sus pasos, lo sigo, con todo lo que soy, con toda la vida que tú me has dado. Cúbreme y lléname de tu Santo Espíritu, te lo suplico

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 18, 33-37

En aquel tiempo, preguntó Pilato a Jesús: ¿Eres tú el rey de los judíos?  Jesús le contestó: ¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí? Pilato replicó: ¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí: ¿Qué has hecho? Jesús le contestó: Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí. Pilato le dijo: Conque, ¿tú eres rey? Jesús le contestó: Tú lo dices: Soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.

 CONTEXTO:

ecce-homo-juan-de-juanesEl año litúrgico concluye con la fiesta de CRISTO REY. Durante todo el año, la liturgia va siguiendo los pasos de la vida de Cristo, comienza con el Adviento- Navidad,  más tarde con el centro de nuestra experiencia de fe en la Cuaresma y la Pascua, con un largo tiempo en el que contemplamos la vida pública de Cristo, su obra y su mensaje en el tiempo Ordinario, para concluir toda experiencia de fe  en la fiesta de CRISTO REY, que nos hace tomar conciencia de la restauración definitiva y plena de toda la creación, donde todo será sometido bajo los pies del Señor, siendo vencida la muerte. Es el momento donde toda la creación será renovada, restaurada, plenificada de acuerdo al proyecto original del Padre.

 Estos pocos versículos de hoy nos ayudan a entrar en el relato de la Pasión y nos conducen hasta la intimidad de Jesús. Él se encuentra solo, cara a cara con Pilato. Aquí es interrogado, responde, pregunta, continúa revelando su misterio de salvación. Aquí Jesús se muestra como rey y como pastor. Aquí está atado y coronado en su condena a muerte. Después de una noche de interrogatorios, de golpes, desprecios y traiciones, Jesús es entregado al poder romano y condenado a muerte, pero precisamente en esta muerte, Él se revela Rey y Señor, Aquel que ha venido a dar la vida, el justo por nosotros injustos, el inocente por nosotros pecadores.

 Texto

 Encontramos la raíz de esta fiesta en los relatos evangélicos hablando de la “entrega” voluntaria de Cristo, de la “entrega” que el Padre hace de su Hijo por la salvación del mundo, de la  “entrega” malvada por parte de Judas, llamado por esto el traidor, o sea, el entregador,  de la  “entrega” que los Judíos hacen  de Jesús a Pilato y finalmente de la “entrega” de Pilato  a los judíos, para ser crucificado. En esta “entrega” observamos  a Jesús  atado, encadenado, como nos hace notar el evangelista Juan. Antes había expresado tanto amó Dios al mundo que entregó a su propio Hijo, para que el crea en Él, tenga Vida Eterna´

 San Pablo presenta cuanto ocurrió en la Última Cena: “El Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó el pan y dijo: “Esto es mi cuerpo, que se da por Uds.” (1 Cor 11, 23). En este contexto vemos el diálogo de Jesús con Pilato, quien le llama “el rey de los judíos” y después sólo “rey”, como si fuese un camino, una comprensión cada vez más plena y verdadera de Jesús. “Rey de los Judíos” es una fórmula usada con gran riqueza de significado por el pueblo hebreo y reúne en sí el núcleo de la fe y de la esperanza de Israel: significa el Mesías. Jesús es interrogado y juzgado en lo que mira a si es o no es el Mesías. Jesús es el Mesías del Señor, su Ungido, su Consagrado, es el Siervo, enviado al mundo precisamente para esto, para realizar en Sí en su persona y en su vida, todas las palabras dichas por los profetas por la ley y por los salmos de Él.

 Ante tales ultrajes que sufre Jesús, hemos confesar: Sí, es un rey atado, el mío, un rey entregado, arrojado fuera, despreciado; es un rey ungido para la batalla, pero ungido para perder, para ser sacrificado, para ser crucificado, inmolado como un cordero. Este es el Mesías: el rey que tiene como trono la cruz, como púrpura su sangre derramada, como palacio el corazón de los hombres, pobres como Él, pero hechos ricos y consolados por una continua resurrección. Estos son nuestros tiempos, los tiempos de la consolación por parte del Señor,  que envía incesantemente al Señor Jesús, al que nos ha destinado como Mesías.

 Jesús es Rey mártir: “He venido para dar testimonio de la verdad”, dice Jesús, usando un término muy fuerte, que contiene en sí el significado de martirio. El testigo es un mártir, el que afirma con la vida, con la sangre, con todo lo que es y lo que tiene, la verdad en la que  cree. Jesús atestigua la verdad, que es la palabra del Padre, y por esta palabra  da la vida. Vida por vida, palabra por palabra, amor por amor. Jesús es el Amén, el Testigo fiel y veraz, el Principio de la creación de Dios (Ap 3,14); en Él existe sólo el Sí, por siempre y desde siempre y en este Sí, nos ofrece toda la verdad del Padre, de sí mismo, del Espíritu y en esta verdad, en esta luz,

 Aunque la imagen de Rey hoy en día sea una imagen desgastada, porque nuestras sociedades tienen otras estructuras de gobierno, aun así, esta imagen sigue teniendo vigencia, para hacernos ver la dimensión de autoridad y soberanía que tiene el Señor, no solo a nivel terreno sino universal. El hecho de proclamar a Cristo, REY DEL UNIVERSO, nos está colocando en la perspectiva de Dios, mostrándonos que Él no solo es Señor por su resurrección, sino que además eso tiene dimensión universal, de acuerdo a lo que dice la carta a los Colosenses: : “todo fue hecho por medio de Él y para Él. El existe antes que todas las cosas y todo se mantiene en Él, porque Dios quiso que la plenitud permaneciera en Él” (Col. 1,16-19). De esta manera vemos el destino de toda la humanidad que ella camina hacia su plenitud en Cristo, cuando en Él todo será restaurado y en Él encontraremos el sentido pleno de nuestra existencia. Por eso, esta fiesta de Cristo Rey, nos coloca en perspectiva escatológica y así nos hace tomar conciencia respecto del destino último de la humanidad, cuando Cristo sea todo en todos, y la voluntad creadora del Padre se realice de manera plena y total en todo lo creado.

 MEDITACIÓN

 ¿Qué me llama la atención de este pasaje?, ¿qué impresión me causa la actitud de Jesús ante Pilato cuando era interrogado respecto a su identidad de Rey? ¿Qué está indicando y qué sentido tiene el hecho que Jesús haya dicho: “mi Reino no es de este mundo; mi Reino no es de acá”?  ¿Qué nos transmite Jesús cuando nos dice: “Yo soy REY,  para esto nací, para esto vine al mundo para ser testigo de la VERDAD”? ¿En qué nos afecta el hecho que Jesús sea Rey? ¿Sería la misma cosa, si no lo fuera? ¿A qué me compromete el hecho que el Señor dice: “todo hombre que está de parte de la verdad, escucha mi voz…”(Jn.18,37)? ¿Qué nos está diciendo con eso? ¿En qué consiste estar de parte de la verdad? ¿Cuándo uno lo está y cuándo no?

ORACIÓN

 Señor Jesús, Tú que has venido a revelarnos tu identidad, que te fuimos reconociendo como el Cristo, el Hijo de Dios vivo, el Señor, el Dios con nosotros, ahora te das a conocer como REY, como Aquel que tiene autoridad y poder, como Aquel que ejerce su autoridad sobre todo lo creado. Tú has venido a darte a conocer para que nosotros conociéndote, te sigamos y siguiéndote tengamos de ti la vida que Tú nos has dado por medio de tu Cruz. Ahora que somos más conscientes de nuestra identidad de cristianos, te pedimos que nos ayudes a vivir de tal manera que en todo momento y en cada circunstancia podamos dar testimonio de ti, manifestando que Tú eres nuestro Rey y Señor.

 Padre, te alabo, te bendigo, te doy gracias porque me has conducido con tu Hijo al pretorio de Pilato, en esta tierra extranjera y hostil y sin embargo tierra de revelación y de luz. Solo tú, con tu amor infinito, sabes transformar toda lejanía y toda obscuridad en un lugar de encuentro y de vida.

 CONTEMPLACIÓN

 Cuanto he meditado anteriormente ha de llevarme a entrar en oración contemplativa y al ver mi modo de vivir y mi manera de pensar, me podría preguntar: ¿Qué lugar ocupa Dios en mi vida?, ¿está en el centro, en un margen o vivo a espaldas de Él?, ¿en qué demuestro esto? ¿Cómo me relaciono con Él y qué injerencia tiene Él en todo lo que soy, digo, pienso y hago?

 Y es que  las enseñanzas del Señor Jesús, han ser para mí el referente, mi inspiración y mi motivación en todo lo que hago y digo. Tal es así, que entre Él y yo existe una confianza e intimidad, que me lleva a  asumir su vida, y su proyecto de amor. Quien me vea vivir y actuar de este modo, he de dar a conocer que Cristo es el Rey, que guía mi historia personal y comunitaria. Y lo mejor que puede ocurrir que se despierte la admiración en otros, como ocurrió en Pilatos.

 ACCIÓN

 Que dondequiera que esté, mi vida sea testimonio de la vida verdadera, “testigo de la verdad”, que Él es el único y verdadero Rey que existe, al que sigo en todo momento y circunstancia.