ORACIÓN INICIAL

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Espíritu Santo Séptimo donSeñor Jesús, Tú que estás sentado a la derecha del Padre, Tú que tienes todo poder y gloria, que nos has redimido con tu cruz, que con tu sangre nos has dado vida, volverás con todo tu esplendor y majestuosidad a llevar a su plenitud toda la creación, a realizar plenamente el proyecto original del Padre, vendrás, a juzgar a toda la creación, a dar a cada uno su merecido, premio o castigo, de acuerdo a lo que fue su vida; ahora que vamos a reflexionar este pasaje, te pedimos que Tú derrames en nosotros tu gracia, que nos des luz para que vivamos de tal manera que nuestra vida exprese nuestra fe, que manifieste lo que esperamos, que testimonie nuestra esperanza y así vivamos en una actitud de espera activa, sabiendo que volverás como Juez y Señor para unirnos cada vez más a ti, por toda la eternidad

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 13, 24-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: En aquellos días, después de una gran tribulación, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los ejércitos celestes temblarán. Entonces verán venir al Hijo del Hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, del extremo de la tierra al extremo del cielo. Aprended lo que os enseña la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, sabéis que la primavera está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán. El día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre.

Reflexión

images (1) Nos acercamos al final del Año Litúrgico, y el Evangelio de este Domingo nos hace tomarnos en serio el tema de la salvación con el regreso final de Jesucristo. No han de asustarnos las imágenes que se nos brindan. Presenta  toda una “conmoción” cósmica. Esto es propio del lenguaje apocalíptico que utiliza esta forma para describir las intervenciones poderosas de Dios en la historia. No debe importarnos las llamativas señales, sino la venida de Jesucristo, el Hijo del Hombre que viene con poder y gloria a reunir a todos sus discípulos para darnos tranquilidad.

 Se sirve de una de una imagen tomada de la realidad de Israel. Cuando la higuera comienza a echar ramas tiernas y hojitas nuevas se sabe que se está acercando el verano. De la misma forma que a nivel de naturaleza se pude detectar las estaciones climáticas, los discípulos del Señor debemos aprender a mirar la realidad para detectar que la Segunda Venida de Cristo es inminente. No es la referencia al fin del mundo, sino al fin de Jerusalén que en el año 70 será destruida por las tropas de los romanos.

 Queda claro que no se sabe ni el día ni la hora del fin del mundo. Esto es importante recordarlo  ante los “supuestos iluminados” que pretenden saber el día del fin del mundo. Jesús es claro: nadie lo sabe, ni siquiera Él mismo en su naturaleza humana.

 Aquí nos quiere hacer ver cómo será esa venida definitiva, que ya no será en la humildad de un pesebre, sino en la manifestación plena de tu gloria, con todo tu poder, con todo tu esplendor, porque será la hora de la restauración final, la hora del juicio definitivo, la hora en la cual vendrá a darnos el premio que cada uno sembró. Ya no será el tiempo de la misericordia sino de la verdad y la justicia, donde cada uno recibirá aquello que vivió, lo que sembró, cosechará. Quien no ha sembrado en su vida el bien, se encontrará con las manos vacías. Es por ello que hemos de tomar conciencia de lo que implica creer en Dios, y que eso nos estimule a levantar la cabeza y buscar el encuentro con Él, disponiéndonos desde ahora para vivir en plenitud nuestra adhesión al Señor, estando seguros que vendrá con todo poder y gloria para juzgarnos según lo que hayamos sido  en nuestra vida. Es como ver al final nuestra propia historia y que nos toca a nosotros mismos dictar sentencia final. Dios, que no añadirá nada a nuestra vida terrenal. Habría que concluir que la sentencia final se la ofreces tú al Señor.

 Ante la rutina  de la vida, los  muchos problemas que se presentan, el dejarnos conducir por nuestras pasiones y ambiciones, nos hace olvidar nuestro fin.  Hoy la liturgia nos lo recuerda, a fin de “tomar cartas en el asunto”, tomar nuestra vida  en serio.  Y no porque no pensemos en ello no va a ocurrir, sucederá irremediablemente. A veces vivimos como si fuéramos eternos en este mundo y nos olvidamos de que ese encuentro está garantizado, y que  sucederá más tarde o más temprano, pero sucederá.  Y para evitar cualquier mal entendido, cualquier especulación y alienación, nos dice el Señor, que ese día, esa hora, NADIE lo sabe, que ni siquiera Él mismo, que eso es algo que el Padre lo guarda en lo más hondo de su corazón. De esta manera estamos invitados a que no andemos haciendo cálculos para saber hasta cuando podemos demorar nuestra conversión, hasta cuándo podemos vivir a medias, sino que estemos preparados, vigilantes, bien dispuestos para cuando Él.

MEDITACIÓN

¿Qué importancia tiene para nuestra fe el saber discernir los signos de los tiempos, el saber darnos cuenta de la presencia del Señor en los acontecimientos hoy? ¿Cuáles serían los “cataclismos” de mi vida? El hecho de que no sabemos, cuándo, ni a qué hora será esta manifestación del Señor, ¿a qué nos compromete? ¿cuál debe ser nuestra actitud y disposición? Coloquémonos delante de esta revelación del Señor y confrontemos nuestra vida con lo que el Señor nos da a conocer y veamos cuál es nuestra situación personal.  Ante esto, ¿cómo actuar hoy? ¿Me siento preparado para el encuentro con el Señor? ¿Hay algo que debería trabajar más, algo que me falta? ¿Vivo mi vida de fe como una actitud de adhesión y confianza al Señor, queriendo hacer vida sus enseñanzas? ¿Me esfuerzo por vivir con rectitud de conciencia, de acuerdo a lo que el Señor me pide para así estar preparado para el encuentro definitivo con Él? ¿De qué manera? Si la Segunda Venida de Cristo fuera hoy: ¿estaría listo para que los ángeles del Señor me reúnan como uno de sus discípulos y seguidores? ¿Aprendo a leer los signos que Dios pone en mi vida? ¿Qué signos, qué señales hoy Dios está poniendo al alcance de mi mano para que descubra y siga su santa voluntad?

ORACIÓN

 Señor Jesús, Tú vendrás con poder y gloria, vendrás para hacernos participar de tu gloria. Te damos gracias porque nos has marcado con el sello de la esperanza y la resurrección. Gracias Señor, porque nos invitas a estar preparados, a tener el corazón dispuestos y el alma vigilante para que cuando vengas, viviendo en comunión de voluntades, de intenciones y disposiciones contigo. Gracias Señor, porque quieres que compartamos contigo tu vida, y para eso, nos exhortas a estar desde ya dispuestos y preparados como si tu venida fuera inmediata, para que sea cuando sea, llegue cuando llegue nosotros ya te estemos esperando. Derrama tu amor y tu gracia en nuestra vida, para que anhelemos encontrarte y así vivamos desde ya tu vida, anticipando la eternidad en nuestro hoy, aquí y ahora. Te digo con el salmista (Salmo 119,89-96): Dios mío, tú eres eterno y siempre fiel. Mientras el cielo y la tierra existan, tu palabra permanecerá; ¡todo lo creado está a tu servicio! Si tu palabra no me hiciera tan feliz, ¡ya me hubiera muerto de tristeza! Jamás me olvido de tu palabra, pues ella me da vida. ¡Sálvame, pues soy tuyo y busco cumplir tus mandamientos! Hay malvados que quieren matarme, pero yo quiero entender tus enseñanzas. Todo en este mundo acabará; ¡sólo tu palabra no tiene fin!

CONTEMPLACIÓN.

 Cuando todo se hace agua en mi vida, Jesús me dice cada día: Mi Palabra permanece para siempre.  Cuando los “cataclismos” personales me debiliten, Jesús me dice cada día: Mi Palabra permanece para siempre. Cuando sienta que se caen los astros del cielo,  Jesús me dice cada día: Mi Palabra permanece para siempre. Que cuando vuelvas esté preparado, te esté esperando y que mi espera sea vigilando. No importa Señor cuándo, pero que al venir cuando quieras, esté amando. No importa Señor cuándo, pero que ese día sea de alegría, porque junto a ti estaré amando, viviendo por ti. No importa Señor cuándo, con tal que entre tus elegidos sea yo uno de ellos, por vivir por ti amando. No importa, Señor, cuándo si llegas hoy o mañana o pasado, simplemente dame la mano y no me sueltes para seguirte amando;  solo ayúdame a vivir amándote y así estaré esperándote, simplemente amando. Por eso, no importa cuándo, porque desde ya estás en mí, cuando vuelvas estaré junto a ti, simplemente amando.

ACCIÓN¿A qué me comprometo?  Examinemos la propia vida y descubriremos los principales signos que Dios me ha dado a lo largo de mi vida: la cercanía de un amigo, un retiro o jornada de oración, un problema que se pudo solucionar… ¿Qué signos de su presencia me está regalando