ORACIÓN INICIAL

Dios Padre eterno, Tú que has hecho al hombre y a la mujer para que se unieran siendo los dos una sola carne, en una mutua interrelación de complementación para que viviendo el uno para el otro, se santificaran en el amor mutuo. Tú que los hiciste para que en mutua complementariedad realizaran tu proyecto de amor, y que los uniste hasta que la muerte los separe, te pedimos que ahora que vamos a reflexionar este pasaje donde el Señor Jesús confirma tu proyecto original, nos ayudes a comprender tus motivaciones y tu intención al unir el hombre y la mujer hasta que la muerte los separe para que nadie separe lo que Tú has unido. Danos la gracia de valorar el don del matrimonio y así comprender tu voluntad original buscando hoy vivir como Tú nos pides

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS Marcos 10, 2-16

b52 Unos fariseos se acercaron a él para ponerle una trampa, y le preguntaron: ¿Puede un hombre divorciarse de su esposa? Jesús les respondió: ¿Qué les mandó hacer Moisés? Ellos dijeron: Moisés permitió al esposo escribir un certificado de divorcio y separarse de su esposa.  Entonces Jesús dijo: Si Moisés les dejó escrito ese mandamiento, es porque ustedes son muy tercos. Pero desde el principio Dios hizo al hombre y a la mujer para que vivieran juntos. Por eso el hombre tiene que dejar a su padre y a su madre para casarse y vivir con su mujer. Los dos vivirán como si fueran una sola persona. Así que, los que se casan ya no viven como dos personas separadas, sino como si fueran una sola persona.
Si Dios ha unido a un hombre y a una mujer, nadie debe separarlos. Más tarde, cuando ya estaban en casa, los discípulos preguntaron de nuevo a Jesús acerca del divorcio. Él les respondió: «Si un hombre se divorcia de su esposa y se casa con otra mujer, comete pecado, pues sería infiel a su esposa. Y si la mujer deja a su esposo y se casa con otro hombre, también comete el mismo pecado.»  Algunas madres llevaron a sus niños para que Jesús colocara su mano sobre sus cabezas y los bendijera. Pero los discípulos las regañaron. Al ver Jesús lo que estaban haciendo sus discípulos, se enojó con ellos y les dijo: «Dejen que los niños se acerquen a mí. No se lo impidan, porque el reino de Dios es de los que son como ellos. Les aseguro que quien no confía en Dios como lo hace un niño, no puede ser parte del reino de Dios. Jesús tomó en sus brazos a los niños y, poniendo sus manos sobre ellos, los bendijo.

Contexto

De entrada de se percibe el objetivo de estos fariseos que se acercan a Jesús: “ponerle una trampa”. No les interesa conocer la verdad. No les importa las enseñanzas del Maestro sino poder sorprenderlo en alguna afirmación en contra del Antiguo Testamento para poder acusarlo de blasfemo o de negar las tradiciones de los antepasados. Además la pregunta no es amplia. Es más bien restrictiva. No preguntan sobre la situación del divorcio en general sino que se quedan en un detalle legal de su propia situación: “¿el hombre puede divorciarse de su esposa?”.

La ley permitía la decisión de divorciarse o no solamente al varón. La mujer no era libre, no podía “elegir” dejar a su esposo. La mujer era discriminada a tal punto que era considerada por algunos casi como un “objeto” o una “propiedad” del varón que, podía tenerla o “descartarla” si había un motivo mínimo para ello. De hecho esta es la gran discusión que está detrás de la pregunta que le hacen a Jesús.

Texto

Querían tenderle una trampa, quieren averiguar que piensa el Señor con respecto a los “motivos” del divorcio para que el varón pueda despedir a la mujer. Jesús no va a entrar en la “trampa legalista” y los lleva al centro del problema para presentar una enseñanza más amplia y universal. Primero va a la misma Escritura y les pregunta qué es lo mandado por Moisés. Ellos le responderán que Moisés  autoriza al esposo escribir un certificado de divorcio y separarse de su esposa. Jesús va a situar esta “prescripción” de Moisés en su justo lugar. Esto fue dado en el pasado porque “ustedes” son “muy duros de corazón”, poco abiertos a la verdad de Dios. A partir de aquí el Señor enseña lo que Dios quiso desde el principio. Presenta cómo Dios crea al varón y a la mujer para que estén juntos. La unidad y la comunión en la pareja, en el matrimonio, es el designio primigenio de Dios. Para ello cita  cómo en el libro del  Génesis dice que el varón deje su casa paterna para ir a formar una nueva familia con su mujer. Está unidad entre el varón y la mujer es tan fuerte que los dos vivirán como si fueran “una sola carne”. La unión de los que se casan en Dios es tan fuerte que nadie los puede separar. Es claro que el hombre no puede separar lo que Dios ha unido.

En casa, los discípulos le hacen preguntas sobre este mismo tema del divorcio. Jesús extrae conclusiones y reafirma la igualdad de derechos y deberes entre el hombre y la mujer. El evangelio de Mateo (cf. Mt 19,10-12) aclara una pregunta de los discípulos sobre este tema. Ellos dicen:“«Si tal es la condición del hombre respecto de su mujer, no trae cuenta casarse”. Prefieren no casarse, antes que casarse sin el privilegio de continuar mandando sobre la mujer. Jesús va hasta el fondo de la cuestión. Pone tres casos en los cuales una persona no se puede casar: (1) impotencia, (2) castración y (3) a causa del Reino. Sin embargo, no casarse porque alguien no quiere perder el dominio sobre la mujer, esto ¡es inadmisible en la Nueva Ley del Amor! Tanto el matrimonio como el celibato, deben estar al servicio del Reino y no al servicio de intereses egoístas. Ninguno de los dos pueden ser un motivo para mantener el dominio machista del hombre sobre la mujer. Jesús propone un nuevo tipo de relación entre los dos. No permite el matrimonio en el que el hombre pueda mandar sobre la mujer, o viceversa.

Marcos 10,13: Los discípulos impiden acercarse a las madres con sus niños. Algunas personas trajeron a los niños para que Jesús los tocase. Los discípulos tratan de impedírselo. ¿Por qué se lo impiden? El texto no lo aclara. Según las costumbres rituales de la época, los niños pequeños junto con sus madres, vivían en un estado casi permanente de impureza legal. ¡Jesús quedaría impuro si los tocaba! Probablemente, los discípulos quieren impedir que los toque para que Jesús no quede impuro. Jesús reprende a los discípulos y acoge a los niños. La reacción de Jesús enseña lo contrario: “¡Dejen que los niños vengan a mí. No se lo impidan!” El abraza a los niños, se los acerca y pone las manos sobre ellos. Cuando se trata de acoger a personas y promover la fraternidad, a Jesús no le importan las leyes de pureza legal, no tiene miedo de transgredirlas. Su gesto nos trae una enseñanza: “Quien no recibe el Reino de Dios como niño, ¡no puede entrar en él!” ¿Qué significa esta frase? 1) Un niño recibe todo de los padres. Él no merece lo que recibe, sino que vive del amor gratuito. 2) Los padres reciben los hijos como un don de Dios y cuidan de ellos con cariño. La preocupación de los padres ¡no es dominar sobre los hijos, sino amarlos y educarlos para que se realicen

 

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA FAMILIARIS CONSORTIO DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II

Divorciados casados de nuevo

  1. La Iglesia, en efecto, instituida para conducir a la salvación a todos los hombres, sobre todo a los bautizados, no puede abandonar a sí mismos a quienes, unidos ya con el vínculo matrimonial sacramental, han intentado pasar a nuevas nupcias. Por lo tanto procurará infatigablemente poner a su disposición los medios de salvación.

Exhorto vivamente a los pastores y a toda la comunidad de los fieles para que ayuden a los divorciados, procurando con solícita caridad que no se consideren separados de la Iglesia, pudiendo y aun debiendo, en cuanto bautizados, participar en su vida. Se les exhorte a escuchar la Palabra de Dios, a frecuentar el sacrificio de la Misa, a perseverar en la oración, a incrementar las obras de caridad y las iniciativas de la comunidad en favor de la justicia, a educar a los hijos en la fe cristiana, a cultivar el espíritu y las obras de penitencia para implorar de este modo, día a día, la gracia de Dios. La Iglesia rece por ellos, los anime, se presente como madre misericordiosa y así los sostenga en la fe y en la esperanza.

La Iglesia está firmemente convencida de que también quienes se han alejado del mandato del Señor y viven en tal situación pueden obtener de Dios la gracia de la conversión y de la salvación si perseveran en la oración, en la penitencia y en la caridad.

 

MEDITACIÓN

Para los esposos

¿De qué manera alimentamos la vida cristiana de nuestra familia?, ¿qué estamos haciendo para vivir el proyecto de Dios como familia?  Como matrimonio, ¿con qué actitudes y disposiciones alimentamos nuestro amor, para que el SÍ que nos dimos sea algo que se renueve y se revitalice cada día más? 3. Ya que el Señor dijo: que el hombre no separe lo que Dios ha unido, siendo así, ¿qué estamos haciendo para que la unión matrimonial sea cada vez más plena, no solo física, sino también espiritual y emocional, palpitando plenamente con la vida del otro?  ¿Qué espacio le damos a Dios en nuestra vida para que así podamos recibir de Él gracias y bendiciones y así poder dar testimonio de su amor en nuestra vida de familia? ¿Dios, tiene parte de las decisiones que tomamos ya sea como matrimonio y a su vez como familia, sus enseñanzas inspiran nuestro diario vivir?  ¿Qué podemos hacer para anunciar y dar a conocer el proyecto de Dios sobre el matrimonio y sobre la familia? ¿Qué podemos hacer por las parejas que están pasando dificultades o que ya se han separado?, ¿de qué manera podemos marcar una presencia cristiana ante la situación que les toca vivir?

Para todos

¿Hay algo en mi corazón de estos fariseos que quieren ponerle una trampa al Señor? ¿En qué medida puedo ser yo también un poco “doblez” y buscar con palabras o preguntas hacer caer en una trampa al hermano?
En el diálogo: ¿Busco la verdad con sinceridad o me interesa solo mi postura?
En las situaciones problemáticas o difíciles de la vida: ¿por dónde comienzo a buscar las soluciones por el designio primero de Dios o por el “remedio” a los defectos de los hombres?
¿En qué medida hoy Jesús me puede decir que soy un “terco”, un duro de corazón?                                                                                        ¿Busco la voluntad de Dios del principio para el varón y la mujer? ¿Qué pienso del matrimonio cristiano?                                                   ¿Más allá de las dificultades y problemas de la vida me formo y formo a los demás, dentro de mis posibilidades, para aprender a vivir “como una sola persona” en el hermoso regalo del matrimonio?
¿Qué implica para mí hoy pensar que el matrimonio es “ser una sola carne”?
¿Qué alcance tiene la expresión: “Si Dios ha unido a un hombre y a una mujer, nadie deberá separarlos”?

ORACIÓN

Danos a todos Señor, la gracia de valorar lo que es la mutua entrega, de ser conscientes lo que implica seguirte a ti como matrimonio, para que teniéndote a ti como nuestro Dios y Señor, vayamos creciendo en la mutua entrega uniéndonos siempre más en ti y por ti, creciendo en la fidelidad, buscando que cada vez más nuestra unión sea fecunda en los demás, dando testimonio del amor que Tú nos tienes, buscando amar como Tú, siempre y hasta el final.

Señor regala a los matrimonios el mismo amor que Tú nos tienes para que amándose el uno al otro, se sientan tan unidos que experimenten tu amor en el amor mutuo que se tienen. Concédeles la gracia de vivir de tal manera su entrega que el amor que los unió vaya creciendo y afianzándose con el tiempo, de tal manera que cada vez más sientan que son una sola carne, teniendo una sola alma y así puedan crecer como personas, amándose hasta el final, siendo el uno para el otro. Dales Señor a los matrimonios, la gracia de perseverar y crecer en su amor, para que nada ni nadie los separe, siendo felices hasta el final

CONTEMPLACIÓN

Una vez que ya hemos meditado y orado sobre las lecturas. Conviene situarnos en la presencia de Dios para preguntarnos y vernos involucrados en el actuar en todo como los niños  para poder entrar en el reino de los cielos. ¿Cómo interiorizamos el mensaje? Contemplamos el ejemplo del niño que nos regala Jesús al final del Evangelio. Sabemos que en nuestras fuerzas nada podemos lograr, pero si somos como niños Dios nos mira con cariño especial.

Deseo confiar en Dios como un niño para aceptar su voluntad en mi vida…
Quiero confiar en Dios como un niño para aprender a vivir la realidad del matrimonio como Él nos enseña…
Quiero confiar en Dios como un niño… ¿A qué me comprometo? ¿A qué nos comprometemos?

 

ACCIÓN

Si vivo casado intentaremos vivir el uno para el otro, teniendo un mismo sentir y un mismo corazón,  buscando la felicidad de a dos, complementándonos mutuamente, dándonos totalmente el uno al otro, soñando y caminando juntos, siendo auténticos y veraces